Publicidad:
La Coctelera

El peletero

WHAT YOU SEE IS WHAT YOU GET

22 Noviembre 2006

El peletero/Una vida difícil

Lo difícil fue llegar. Hasta dos veces nos dejó tirados aquel trasto ruinoso. Una, fueron los amortiguadores, la otra, la correa de no sé qué. Por suerte no llovió, ni se nos reventó ninguna rueda. A la chica le gustaba hablar. ¿Quieres que te cuente mi vida?, me preguntaba riéndose. Salía poco del automóvil, para estirar las piernas, orinar o cambiarse las compresas. Incluso en más de una ocasión, tuve que servirle la comida dentro del automóvil como en las películas americanas, llenándolo todo de migas y de aceite. La chica nunca se quejó. Al cabo de un par de días aquello apestaba. No paraba de masticar unos chicles multicolores y con sabor a frutas. Los dos olíamos mal pero yo no menstruaba y ella sí. Aquella sangre era joven, potente, dura y negra. Sin lugar a dudas manaba de dentro. Después de recorrer su cuerpo y atravesar su corazón, salía muerta y cansada. Es curioso, a mi tampoco se me ocurrió quejarme.

Yo le estaba haciendo un favor a un antiguo amigo que se encontraba enfermo y aunque había prometido pagarme los gastos, era sin duda un favor. Tenía que llevarle a su hija adolescente. Recogerla en el internado, más o menos cerca de donde yo vivía, atravesar el país entero y entregársela a él, su padre.

Se divertía sola, contándose y contándome una vida que no había vivido. Yo no la escuchaba. El paisaje era llano y el ruido del motor sospechoso. El volante temblaba y las ruedas chirriaban al girar. Como yo no quería gastar mucho dinero buscábamos moteles baratos. Pero una noche no encontramos ninguno; tuvimos que salir de la carretera, no quería exponerme a que nadie nos viese allí, solos y desamparados. Escondí el automóvil lo mejor que pude tras unos árboles y un muro medio en pie. Saqué un hornillo y me calenté una sopa preparada, ella prefirió comer frío y se durmió enseguida. Yo miraba la carretera, allí a lo lejos, o la miraba a ella tumbada en el asiento de atrás, durmiendo feliz con sus labios húmedos y su pelo revuelto. Algún que otro bicho se acercó y sin dejarse ver nos olió y se fue refunfuñando. Por la mañana, antes que los pájaros cantasen, yo ya me había levantado, ella seguía durmiendo. Aproveché su silencio para dejarme ir. Fue un momento dulce, incluso el motor parecía sonar bien.

No paraba de hablar, lo hago para que no te duermas, me decía. Flaca, de cabellos negros, largos y lacios. Labios anchos, ojos grandes, todo aun por formar, a medio hacer. Los dedos de sus pies eran casi tan largos como los de sus manos, huesudos y blancos. No era fea ni bonita, tenía unas piernas largas y vestía unos shorts demasiado pequeños, toda ella lo era, larga, casi delgada, aunque sólida; huesos duros y grandes, fuertes rodillas. Como su rostro, un perfecto ángulo de noventa grados. Cejas negras, pobladas, grandes pómulos y grandes dientes. Una magnífica cadera y una mejor espalda y dos pechos pequeños pero visibles. Vestida y pintada de mujer daría el suficiente miedo como para enamorarse de ella.

Me miraba y me sonreía. Afirmaba con su extravagante sentido del humor que recordaba incluso el parto de su madre. Su vida tenía quince años de longitud, decía, exactamente su edad. Al lado de mis cincuenta mal llevados, sus quince hacían mala pareja. Yo no entendía lo que decía a pesar de usar ambos el mismo idioma. Nuestra diferencia de edad era insoslayable. Pero ella no parecía darse cuenta, me trataba con una confianza y con una falta de distancia que yo no sabía como interpretar.

Después del divorcio, la madre se había quedado con la pequeña y mi amigo se había ido a vivir lejos de las dos. A la niña no le faltó nunca nada, pero la veía poco, dos veces al año, no más. Ahora la madre había muerto, y a él no se le había ocurrido otra cosa que internarla en un colegio, no se atrevió a traérsela consigo. Prefirió seguir manteniéndola alejada de sí, al menos la mayor parte del año. Cuando llegaban las vacaciones la iba a buscar y pasaban un mes juntos; cuando el hielo entre los dos empezaba a fundirse y volvían a tomarse confianza, ya era hora de regresar. Mi amigo, además de enfermo, no tenía ni muchos medios, ni tampoco muchas amistades para pedirles el favor. Ingresado ahora en un hospital sólo lo visitaba la señora que le limpiaba la casa una vez por semana. Su hija tal vez hubiera podido venir sola, no era tan pequeña, pero… pasan tantas cosas que no se atrevió.

Él y yo hacía tiempo que no nos habíamos visto, alguna que otra llamada, también alguna visita cuando él venía para ver a su hija y las consabidas felicitaciones de Navidad. No mucho, pero no había más, por eso decidió que fuera yo el correo. Le dije que sí aunque mis medios estaban peor que los suyos. Mi amigo aun podía mantener a su hija, yo en cambio a duras penas conseguía llegar a fin de mes a pesar incluso de vivir solo y sin nadie a mi cargo.

Me la entregó una monja simpática y de aspecto bondadoso. Ahí la tiene, me dijo, señalando hacia un rincón. Allí estaba, sentada en una silla con una pequeña maleta a su lado. Cuando se levantó para ponerse en pie me asusté. Demasiado alta para una piel tan blanca, pensé. Me dio un par de besos y me sonrió lo justo y raro, pero se partió de risa cuando vio mi automóvil. Vaya, al menos no es una llorona, me dije.

Tardamos cinco días en llegar, mi auto no podía ir muy deprisa y perdimos uno entero por culpa de las averías y también otro más cuando pasamos cerca de aquel parque de atracciones de moda. Se encaprichó en ir. Yo tengo miedo a esas cosas que suben y luego caen como piedras contigo dentro. Me la miraba desde fuera como se divertía y gritaba de contenta. Me dio envidia verla tan alegre. Se hizo amiga de unos muchachos bastante mayores que ella, no sé, pero no me fié y se los saqué de encima. Cansada y colgada de mi brazo nos fuimos a buscar una habitación donde pasar la noche. Con aquella parada me había gastado demasiado dinero, aunque en el fondo yo también estaba contento, no tenía hijos y nunca había hecho algo parecido con una niña, llevarla de paseo, dejar que se divirtiera y comprarle helados. Bien, en realidad ya no era una niña, era casi una mujer. No sabía como debía mirarla. Yo no era su padre y no lo había sido nunca de nadie.

Llegamos a la casa de mi amigo. Una vecina nos dio las llaves y entramos. Dejamos las maletas y nos fuimos enseguida al hospital.

Mi amigo, nada más verme me tiró el libro que estaba leyendo por la cabeza, ¿Por qué has tardado tanto?, me preguntó enfadado. Le conté el viaje mientras su hija se recostaba a su lado cariñosa, parecía que se hubieran visto ayer, y no hace un año. Me extrañó esta confianza y esta ternura tan súbita, incluso a su propio padre se le veía incómodo. Yo también lo estaba. Abrazada a él, tenía medio cuerpo dentro de la cama.

Mi amigo estaba muy enfadado por mi torpeza en venir por carretera con mi viejo auto. Estaba enfadado y también estaba muy enfermo, no duraría demasiado, meses, tal vez otro año. Y yo me iba mañana, tenía cosas que atender en mi trabajo mal pagado y una avería en mi cocina que debía reparar. Llevaría el coche al desguace y regresaría en tren.

Nos alojamos en casa de mi amigo. Aquella noche no dormí demasiado bien. Por la mañana vino la señora que limpiaba, y a partir de ahora ella se haría cargo de la niña. Ella la llevaría y ella la recogería, hasta que su padre saliera del hospital. Cuando nos despedimos me dio un sonoro beso en la mejilla, yo ni se lo devolví, estaba atontado. Cuando llegué abajo, a la calle, la muchacha estaba en el balcón diciéndome adiós con la mano.

Vendí el automóvil en un desguace y de allí me fui directo a la estación. En el vagón del tren se sentó a mi lado una jovencita que pensé que se le parecía, pero no se le parecía en nada, ni olía como ella. Lástima. ¿Lástima? En la próxima estación me apeé. No sabía ni donde estaba, ni si quería irme a casa. Estuve todo el resto del día y toda la noche dudando, sentado en un banco de madera, mirando las vías que sólo iluminaba una bombilla solitaria colgada muy alta. Cuando me decidí ya era el día siguiente.

servido por el-peletero 18 comentarios compártelo

18 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Aurora

Aurora dijo

Humbert Humbert.

22 Noviembre 2006 | 10:46 PM

Agatha

Agatha dijo

Me encantó!

23 Noviembre 2006 | 04:15 AM

sarah

sarah dijo

Uf pele, que bonito!!
me ha sabido a poco el final...no sé
Me ha recordado a Lolita, preciosa peli!
Una vida difícil,...la de la niña...la del padre...y la del protagonista...
Cuando te leo es como si me contaran un cuento, ahora me apetece meterme en cama y soñar...hoy estoy triste, le dí mi amistad a alguien y...bueno no sé porque te cuento esto...cada día estoy mas triste, me maravilla ver como me supero día a día en imbecilidad.
Has jugado sucio, con relatos así nos pones difícil a zig y a mí hincarte el diente.
Un beso, ayer me lo pasé genial en el blog de zig!!
Aquí no para de llover, pordios!! me van a brotar champiñones en el trasero!!!

23 Noviembre 2006 | 10:04 AM

zigzag

zigzag dijo

Pues Aurora parece asociarlo a la música, ya nos lo explicará. De la narración me desagrada la cuestión fisiológica de la quinceañera que rompe la tensión sexual que podrías producir, ya que sesgadamente lo insinúas. El final es más surrealista que mis textos y sin conexionar con todo el resto. Parece un final precipitado. Hay que cuidar un poco más el lenguaje cuando como tú buscas el "realismo pictórico"; es decir, hay palabras inadecuadas para definir circunstancias(las edades no son "insoslayables"). Te has extendido mucho pero has condensado sin uniones aparentes. En fin, un desastre!!!
Ja, ja, ja, no me hagas ni caso peletero, pero es que algo tenía que decirte!!!
Me ha gustado pero...joder, hazlos más cortos que te leo desde el curre y vampirizas mucho tiempo que te juro no tengo.
Un saludo.

23 Noviembre 2006 | 10:12 AM

Aurora

Aurora dijo

Señor Zigzag,
Que un grupo malísimo de pop usurpe el nombre del protagonista de la novela Lolita de Nabokov no es cosa mía.
Lea un poquito más...
Saludos a todos.

23 Noviembre 2006 | 10:31 AM

El-peletero

El-peletero dijo

Apreciado zig, gracias por tu crítica, tal vez tengas razón, pero déjame que te explique. El sexo es una cuestión fisiológica, las secreciones y los olores son fundamentales en él.
Gracias a la menstruación de la muchacha el protagonista descubre crudamente la doble realidad niña-mujer. El protagonista es alguien que mal vive solo, ese viaje lo trastorna. El final no es surrealista, zig, simplemente no hay final, porque lo que menos importa es la decisión que toma, lo importante, como siempre es el viaje. Dices que es un final precipitado, tal vez sí, pero a cierta edad no se puede perder tiempo, las oportunidades empiezan a escasear muy deprisa. La diferencia de edad sí que es insoslayable, no se puede eludir y donde más se nota es en los referentes de cada uno y en el lenguaje, a pesar de usar el mismo idioma. Dices que me he extendido mucho, es posible, no he sabido hacerlo más corto. No lo leas en el trabajo, deprisa, corriendo y de mala manera, tómate tu tiempo.

Los tres personajes están solos. Una empieza a vivir, otro empieza a morir y un tercero, el cartero o transportista no sabe qué hacer con un regalo que la vida le acaba de dar. Exactamente lo mismo que nos pasa a todos, ¿no?

Otro saludo.

23 Noviembre 2006 | 10:34 AM

El-peletero

El-peletero dijo

Apreciada Aurora, la muchacha protagonista tiene quince años pero no es una Lolita, aunque ya empieza a conocer el enorme poder que el sexo tiene. El amigo que la acompaña en el viaje no es Humbert Humbert, jamás traspasa la frontera moral ni siquiera tiene deseos explícitos de hacerlo, sólo está desconcertado. Tampoco mata a la madre de la muchacha, el pobre hombre no es capaz de matar a nadie, ni lo desea. Con la adolescente tiene una relación y emociones ambivalentes, rechazo y atracción al mismo tiempo. Un mundo los separa, un abismo que ninguna tentación erótica puede traspasar. Lo que los tres protagonistas necesitan no es precisamente sexo.

Saludos.

23 Noviembre 2006 | 10:53 AM

El-peletero

El-peletero dijo

Apreciada sarita, todos aprendemos de los errores, pero tú parece que aprendes de los tropezones. Haz como los boxeadores, mantén la distancia, utiliza tu izquierda, lánzala directa y recta hacia el rostro del otro, no golpees de lado, usa el camino más corto, izquierda, izquierda, luego, cuando no se la espere, dispara la derecha, como un obús. ¡Ah! no te olvides de los pies, baila, gira a su alrededor. Si caes, no te levantes enseguida, respira hasta ocho.

“Piel de serpiente” se puede encontrar en Internet como “The Fugitive Kind”, película dirigida por Sydney Lumet y protagonizada además de por Marlon Brando y Anna Magnani, por Joan Woodward i Maureen Stapleton. Está basada en una obra teatral de Tennesse Wiliiams titulada “Orpheus”.

Besos

23 Noviembre 2006 | 11:06 AM

El-peletero

El-peletero dijo

Gracias Agatha.

Saludos desde el otro lado del mar.

23 Noviembre 2006 | 11:08 AM

Aurora

Aurora dijo

Lo supongo, señor P. Fue sólo una asociación de ideas.
Abrazos.

23 Noviembre 2006 | 01:31 PM

zigzag

zigzag dijo

Ja, ja, ja...Aurora picó, je, je. Me debes una!!!
Y para ti peletero no hagas ni caso de mis críticas, al menos de forma literal porque ni se me ocurriría criticar el esfuerzo de nadie, nunca jamás. Todo lo que creamos está lleno de riqueza y nunca de carencias. Cada uno es muy libre de hacer lo que y cómo le venga en gana. Era una pequeña "provocación", como con Aurora. Nada más y créeme que lo digo de verdad. La crítica salvo con uno mismo me parece osada y estúpida a veces. ya sé que eres polemista, cosa imposible conmigo, y que ni siquiera entenderás mis "débiles" argumentos. Pero son los que son. Amo la figura del ser humano tal cual es, con sus carencias múltiples, que poseemos todos además(las carenc¡as, claro). Imagino por otro lado que sobran estas explicaciones porque ambos os habíais dado más que cuenta pero por si acaso estas líneas. Ni lejanamente me gusta aparentar estupidez, aunque a veces me considere yo a mí mismo como el paradigma de esa denostada estupidez.
Saludo fuerte.

23 Noviembre 2006 | 01:51 PM

Aurora

Aurora dijo

¿A quién y dónde piqué?

23 Noviembre 2006 | 02:01 PM

zigzgag

zigzgag dijo

Aunque sea aprovechando la "casa" de peletero...nada Aurora, hoy estoy poco insuflado de materia incandescente. Apagado vamos. Así que con el permiso de peletero...un beso para ti, un abrazo para él.

23 Noviembre 2006 | 03:10 PM

Agatha

Agatha dijo

Sí señor Peletero, al otro lado del mar se le sigue con interés.

23 Noviembre 2006 | 05:05 PM

Manuela

Manuela dijo

Me recuerdas a alguien.....

23 Noviembre 2006 | 09:41 PM

sarah

sarah dijo

Eh!! que chulo el símil de boxeo!
y la peli, gracias, me la estoy bajando de la burra, eres un cielo, aunque te hagas el duro.
ZIIIIIIIIIG, ven mi arma, que yo te prendo fuego, como la canción del boss!!!
Eeeeeeeeeeehhhhhh!!! Manuela, eres tú? Qué alegría encontrarte aquí!!!
Oye cuenta, cuenta....no nos dejes asíííííííí...niña!!!
¿ a quién te recuerda ?
Al Dr. Jecklin?
Al Dr. Franskenstain?
Al de rojo de los Teletubis?
Un beso a los tres!!!

23 Noviembre 2006 | 11:34 PM

Manuela

Manuela dijo

Haber, no es que te conozca, es que por algunas cosas que he leido en tu blog, me recuerdas a la forma de escribir de alguien que lo hacía en LA COCTELERA y que me encantaba leer.
Sarah: si soy yo. De hecho, me dijiste que visitara a tus "amigos" y ya ves que te hago caso. ¿De verdad que a ti no te recuerda en algunas cosas a un amigo que tenemos en común? Por cierto le echo de menos y deseo que vuelva pronto.
Un besito para vosotros dos, y un inmenso abrazo para Jorge.

24 Noviembre 2006 | 01:59 PM

sarah

sarah dijo

Manuela, un beso.
Me alegra mucho que visites a mis amigos, ya verás como estoy en lo cierto.
Peletero tal vez te recuerde a ese amigo común que escribe tan bien, pero mucho me temo que no es él, aunque no seré yo quien lo jure, que ya se sabe que internet lo inventó el diablo.
Pero Jorge está entre mis amigos, búscalo Manuela, pero no busques lo que escríbía antes...porque ahora anda enamorado y está muy triste, no es feliz y escribe diferente, distinto...pero su esencia está ahí, profundo, profundo...o a lo mejor es un espejismo y no es él...que sé yo!!!

25 Noviembre 2006 | 01:24 AM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Si desnudar a alguien no ha sido nunca una actividad baladí, vestirla tampoco lo es y mucho menos cuando la materia prima es algo tan sublime como la piel. Este es el hecho, sin más, y en él nos regocijamos y sobre él nos preguntamos y nos hacemos responsables, hasta las últimas consecuencias. ______________________________________________________________ __________________________________________________________________ Suscribir con Bloglines __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ Blogalaxia __________________________________________________________________ Add to Technorati Favorites __________________________________________________________________

Fotos

el-peletero todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera