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Terra
La Coctelera

El peletero

WHAT YOU SEE IS WHAT YOU GET

9 Diciembre 2006

El peletero/Balenciaga

El arte del vestir es una lucha titánica en contra del tiempo. Cristóbal Balenciaga llegó a ser un baluarte y un estandarte en esta desigual contienda que nunca terminará. La ley de la gravedad fue una de las más importantes armas que utilizó. Esa ley que rige la caída de las cosas es una aliada fiel y segura, aunque siempre difícil de acomodar, exigente y poderosa nunca hay nada que la desvíe de su deber, y sólo a veces el tiempo consigue doblegarla. Con ella dentro de la cabeza, Balenciaga esculpió una nueva anatomía humana.

El ángulo recto que formaban su pulgar y su índice fue la escuadra que le permitió cartografiar las sisas y los escotes, los bajos y las pinzas de pecho. Luchó sin descanso contra la resistencia que manifiestan los tejidos a dejarse domesticar o se alió con ellos si esa era la predisposición natural que manifestaban. El carácter de las cosas puede jugar a favor o en contra; la personalidad indomable de las telas o su capacidad de sumisión eran los polos de su batalla.

La memoria o la amnesia de los materiales en recobrar la forma “libre” y la exigencia de los cuerpos en ser cubiertos, vestidos y adornados, son los proveedores de todo este enorme arsenal de fuerzas y resistencias que facilita o entorpece, en este ámbito del vestir, todo intento decidido de construir un “atractor”.

Un atractor es una región del espacio-tiempo hacia donde convergen las trayectorias originadas en otra región distinta. Una trayectoria es aquello que nos hace resbalar sin remisión hacia ese punto, algunos consiguen deslizarse, los hay que logran llegar incluso patinando y con cierta elegancia, otros en cambio caen, rompiéndose huesos y cartílagos. Los vestidos de Balenciaga eran y son un atractor. Hacia ellos convergemos. Cuando eso ocurre el caos se descabalga a sí mismo y trota. A veces camina asido por nosotros de las riendas, manso pero desconfiado. En términos psicológicos podemos llamarlo seducción, fascinación o, incluso, atracción fatal.

Sobrio, navarro y soltero. No la usó nunca, suponemos, pero parecía ir siempre vestido con una sotana, abrochada entera en sus mil botones y ojales, el vestido perfecto. Sin embargo, la bata blanca inmaculada que sí llevaba, lo asemejaba a un cirujano, enguantadas sus manos en seda. Recibía en su “casa”, mostraba en sus “salones” y trabajaba en su “taller”. Casa, salón, taller. Diseñaba, cortaba y cosía, sabía hacerlo todo. Nada estaba listo hasta el final que nunca llegaba, descosiendo y recosiendo. Siempre corrigiendo. Por imperativo estético y por lógica artesanal, su trabajo nunca terminaba.

Balenciaga siempre concibió sus vestidos como un puente colgante. Suspendidos de un cuerpo, de él pendían, tensos, oscilantes y vibrantes. Afinados. Su obsesión por las mangas y su puesta a punto era indubitada y tenaz. Muchos lo han calificado, con razón, de arquitecto; sus vestidos son una complicada red de contrafuertes y contrapesos que mantienen la obra en pie para que todos puedan verla y admirarla. Y también heredarla, porque ahora, las hijas de aquellas madres son las nuevas usuarias, orgullosas de ello y generosas también al poder donar públicamente sus colecciones para el elogio de todos y el estudio admirado de algunos.

Los cimientos, el andamiaje y toda la labor de ingeniería de sus obras permanecen escondidos. Para observarlos, hay que destripar las piezas, descoserlas y desmontarlas. Sólo así veremos las costuras, las pinzas y los cortes ocultos; incluso las plomadas que ponía en los dobladillos son imperceptibles. Arquitectura, pero también escultura y, por supuesto, representación, donde todo el artificio, su maquinaria y engranaje permanecen detrás, fuera del escenario donde tiene lugar el espectáculo. Allí, en aquel recóndito lugar al que todavía no ha sabido llegar ningún bisturí sin provocar la muerte, él, escondió su secreto.

Balenciaga vivió y pudo disfrutar de los mejores años de la alta costura en un mundo satisfecho y confiado. Los desastres de la guerra aun eran recientes, frente a su doloroso y desgraciado recuerdo sólo cabía la huida y la recuperación vana del tiempo perdido. Una minoría privilegiada disfrutó de la alegría de siempre y de los tesoros que Balenciaga y otros ponían en sus manos. Su fiesta duró hasta muy avanzada la madrugada. Lentamente la industria de la moda y las generaciones que la dirigían fueron mudando. Todo cambiaba para que todo siguiera igual. En uno de esos momentos hubo que poner fin y Balenciaga se retiró. Sin embargo, la fiesta continúa imperturbable en otras nuevas madrugadas y en muchas más que han de venir mientras consigamos seguir huyendo. Sin mirar jamás atrás. Para eso están los museos.

Desde el inevitable cierre, la casa, el salón y el taller, bulliciosos y cálidos entonces, permanecen ahora vacíos. Sus muebles, sus lámparas y sus máquinas de coser continúan cubiertos por enormes sábanas. Su blancura polvorienta y ya sucia recuerda tanto un paisaje helado y hostil, como las salas nevadas y abandonadas de un depósito de cadáveres.

servido por el-peletero 12 comentarios compártelo

12 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Agatha

Agatha dijo

Qué misterio resultas ser Peletero. Un beso.

9 Diciembre 2006 | 09:04 PM

XXXXXXXXXXXX

XXXXXXXXXXXX dijo

XXXXXXXXXXXXXXXXXX

10 Diciembre 2006 | 01:01 PM

sarah

sarah dijo

Como siempre genial el homenaje a las personas que supongo admiras.
Para mí el nombre de Balenciaga es sinónimo de moda y elitismo, lo asocio con las tardes de salón de belleza hojeando revistas de moda con fotos de modelitos, accesorios y zapatos de precios desorbitantes...o con el canal de moda con desfiles maravillosos con modelos hermos@s y ropa perfecta y puestas en escena que son todo un arte a la imaginación...también a paseos y tardes de compras.
Me gusta la moda, y la ropa y los accesorios...y sobre todo los zapatos!...así como las pieles y las joyas no me dicen nada.
Pero no soy una fashión víctima, me gusta donde esté saber estar...pero nada mas....aunque me encanta ir de compras con mis amigas y probarme ropa, sobre todo ropa interior...me fascina!!
Pero lo que mas me gusta son mis vaqueros, mis deportivas y mis camisetas de ck negras, grises y blancas..y pasear por la playa en invierno.
En el mundo de la moda hay también mucho de postureo y escandalo...sobre todo en lo referente a los precios que se piden por modelitos de marca, yo creo que aunque me sobrase la pasta no los compraría...me parece una soberana memez...ni mas ni menos que tantas otras que tienen que ver con el mundo del arte.
Bonito post, encantada de conocer al señor Balenciaga en foto, que como decía el alter ego de Sardá, no tenía la bondad...
Un beso pele.

10 Diciembre 2006 | 01:12 PM

El-peletero

El-peletero dijo

Apreciada Agatha, tu comentario también es un misterio, no sé que decirte, excepto devolverte el beso con todo mi cariño.

10 Diciembre 2006 | 07:57 PM

El-peletero

El-peletero dijo

Apreciada sarah. Las buenas cosas de la vida las podemos hallar en cualquier parte, reconocerlas, apreciarlas y no tener prejuicios sobre ellas es algo que siempre nos enriquecerá. Para hacer eso también deberemos esforzarnos; en esta vida no hay nada que venga dado por si solo, ni siquiera el placer.

Yo creo que sí eres perspicaz, lo que ocurre es que a veces te dejas llevar por algún que otro prejuicio o lugar común. Tienes tanto ímpetu que te arrollas a ti misma.

Si te gusta el arte ¿cómo es que no te gustan las joyas?, (no me atrevo ni a mentarte a las pieles). ¿Por lo caras que son?, ¿por lo elitistas? Dices que te gustan los complementos, una joya lo es. Una joya puede estar hecha con un diamante o con una humilde piedra de río.

¿Qué tal el puente?, ¿bien?

Besos.

10 Diciembre 2006 | 07:58 PM

sarah

sarah dijo

Valeeeeeeeeeeeee, bien.
Procuro no tener prejuicios, tal vez la vena roja tire de mí.
A ver, procuraré explicarme...yo admiro el arte, por ello te digo que me gusta y admiro las pasarelas con su ropa y su puesta en escena...me gusta la ropa, mucho.
También admiro el arte en joyería..bueno, aunque no conozco mucho.
uf! lo de la piel, bueno, no sé si son prejuicios...supongo que dentro de la legalidad y el bien hacer...yo tengo mis bolsos y mis chupas...no sé mas que nada me refiero a las otras pieles..
bueno ya me has liado, a mí no me gusta llevar joyas, no las uso aunque las tengo por regalos,no por caras o elitistas, es por que no me gusta ni siquiera llevar reloj...pero me encanta la bisuteria africana..los collares africanos,
y las pieles con todo mi respeto me parecen una horterada, las de pelos y eso...al margen de todo lo demás...que bueno supongo que habrá quien trabaje eso como comentabas el otro día ...con granjas y "bien"..
Bueno, lo que quiero decir es que yo no le doy el valor que le dan a todas esas cosas, que hoy en día es universal sobre todo en el arte y que personalmente no lo comprendo ni comparto.
Pero yo no soy intransigente y me parece bien todo, allá cada cual.
Solo digo que si alguien que me ama me regala una rosa , un poema, una canción... yo seré mas feliz que si me regala un diamante y un abrigo de bisón, ya sé que suena a chorra, pero es lo que yo siento. Pero me parece bien que exista todo para que cada cual sea feliz a su manera.
Uf, que rollo de justificación que he soltado.
Bien, sí, el puente bien. Solo que me aburro, todo me aburre, todos me aburren.
Un beso pele.

10 Diciembre 2006 | 11:23 PM

Agatha

Agatha dijo

Más que un comentario a tu post, era un pensamiento "en voz alta" sobre ti. Gracias por tu beso cariñoso.

11 Diciembre 2006 | 02:40 AM

El-peletero

El-peletero dijo

Apreciada sarah, no suena a “chorrada”, te has explicado muy bien, por lo menos yo te he entendido. Yo llevo reloj por necesidad, no sé ni la marca que es, tampoco llevo joyas ni colgantes, ni anillos, los he llevado, pero ahora no. ¿Una horterada las pieles?, eso es que no conoces la peletería moderna, que como la joyería y el vestir en general se hacen cosas de auténtica vanguardia. En todo caso en un vestido o adorno, siempre, siempre, lo más importante es la percha.

Besos y buen lunes.

¿Yo también te aburro?

11 Diciembre 2006 | 11:00 AM

El-peletero

El-peletero dijo

Apreciada sarah, no suena a “chorrada”, te has explicado muy bien, por lo menos yo te he entendido. Yo llevo reloj por necesidad, no sé ni la marca que es, tampoco llevo joyas ni colgantes, ni anillos, los he llevado, pero ahora no. ¿Una horterada las pieles?, eso es que no conoces la peletería moderna, que como la joyería y el vestir en general se hacen cosas de auténtica vanguardia. En todo caso en un vestido o adorno, siempre, siempre, lo más importante es la percha.

Besos y buen lunes.

¿Yo también te aburro?

11 Diciembre 2006 | 11:13 AM

sarah

sarah dijo

jajajajaj!!
Nooooo, tú no me aburres, tú me encantas abuelo cebolleta!
Un beso en tu frente.

11 Diciembre 2006 | 11:13 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Hola, prueba.

11 Diciembre 2006 | 09:08 PM

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Sobre mí

Si desnudar a alguien no ha sido nunca una actividad baladí, vestirla tampoco lo es y mucho menos cuando la materia prima es algo tan sublime como la piel. Este es el hecho, sin más, y en él nos regocijamos y sobre él nos preguntamos y nos hacemos responsables, hasta las últimas consecuencias. ______________________________________________________________ __________________________________________________________________

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