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La Coctelera

El peletero

WHAT YOU SEE IS WHAT YOU GET

16 Diciembre 2006

El peletero/El dogo

Cuando vi el anuncio en la prensa algo se puso a bailar dentro de mi cabeza. “Casa en Venta”, ponía el precio, la dirección y un teléfono de contacto. Inmediatamente cogí la escalera y bajé una caja de cartón del trastero. Allí guardaba las postales que a lo largo de los años había ido recibiendo. Empecé a buscar. Y la encontré. Efectivamente, la dirección era la misma, no estaba segura del número, la casa entonces debía ser también la misma.

Llamé al número de teléfono, era una agencia. Concerté una entrevista para el día siguiente a primera hora. Ahora voy a buscar las fotografías, me dije. También estaban en varias cajas de cartón, todas desordenadas. No hice nada más en todo el día que mirar aquellas viejas fotos. Había, mezcladas con otras, varias de la fachada, del salón, del jardín, de la piscina y de su pequeño gran bosquecillo de pinos y de todos aquellos que frecuentábamos la casa. Yo, mi amiga, sus hermanas, su madre, varias invitadas, amigas de unas y de otras y, naturalmente, la abuela. Ella era la única que no podía faltar. Aun la recuerdo, vestida de blanco, su largo cabello gris recogido en un moño, siempre con su bastón y asiendo con fuerza la correa de aquella enorme bestia, un blanco dogo argentino. Aunque podía andar, muchas veces se hacía empujar sentada en una silla de ruedas. Todas mujeres. El único macho que había, biológicamente hablando, era el perro, que mostraba con evidencia que no estaba castrado. En alguna de las fotografías también aparecía la criada. Una mujer tan mayor como la abuela que como ella casi nunca hablaba, pero que hacía todo el trabajo de la casa.

Llegué temprano, pero estacioné el automóvil un poco lejos, quería llegar andando, paseando. Todo estaba igual, pero abandonado, no había nadie en las calles llenas de hojas secas sin recoger. Las otras casas parecían vacías y en muchas de ellas había letreros de “En Venta”. Cuando llegase a la próxima esquina debía torcer a la derecha, entonces la vería. Soplaba viento, las hojas se arremolinaban en los pórticos oxidados, aquellos árboles hacía tiempo que no habían sido podados, sus ramas se balanceaban encima de mi cabeza como más arriba lo hacían unas nubes negras llenas de tormenta. Llegué a la esquina y torcí a la derecha.

Allí estaba la casa. Me asusté al verla, parecía una elefanta vieja sin sus cachorros. Digna, anciana y aun capaz de aplastarte con una sola de sus patas. Una de las ventanas del primer piso estaba abierta y también lo estaba la puerta principal. Entré.

La casa se hallaba en una zona residencial, en las afueras de un pequeño pueblo del interior, de clima templado en verano y no demasiado frío en invierno, ventoso en otoño y lluvioso en primavera. De lugar de moda hace ya muchos años, para veraneantes tranquilos y sus familias, había acabado convirtiéndose en lo que es hoy, una pequeña comunidad fantasma abandonada. La decadencia fue lenta al principio, para más tarde precipitarse en una caída libre. Su sitio fue ocupado rápidamente por las excitantes playas de aguas poco profundas que había unos cuantos kilómetros más allá.

De jovencita y durante algunos veranos fui una de las invitadas de la casa, gracias a mi relación con la hija menor que siempre insistía en que fuese a pasar unos días. Su madre había enviudado hacía muchos años, decía, aunque los números no me cuadraban nunca, a veces eran más, otras menos. Yo me callaba, nunca puse en evidencia aquella disparidad de edades y de años que no encajaban. Tampoco mencioné jamás la ausencia de fotografías del padre. Una vez pregunté por él, pero la respuesta fue tan evasiva que opté por callarme y no insistir.

Yo también era huérfana de padre, pero mis números sí que cuadraban, tanto como mi memoria. Esa coincidencia en nuestra orfandad fue tal vez la que hizo que mi amiga se fijase en mí. Por mi parte me seducía la extraña libertad y también la alegría que allí se respiraba. Era al mismo tiempo excitante y tranquilizador formar parte de aquella pequeña comunidad femenina. Me sentía más segura y confiada y al mismo tiempo también llena de curiosidad, aquellas mujeres parecían saber secretos a los que yo pronto podría acceder. A mi madre no le gustaba su amistad, desconfiaba de algo, pero no sabía de qué. ¿No hay ningún hombre?, me preguntaba. Eso no puede ser bueno, se respondía a sí misma. Pero mamá, nosotras estamos igual, y ¿tu?, dime, ¿por qué no te has vuelta a casar? Entonces se reía y me decía ¿y para qué quiero yo a un hombre?, no sirven para nada. Las dos acabábamos riendo juntas y diciendo alguna vulgaridad. Yo naturalmente no se lo contaba todo a mi madre. No le decía que muchas noches mi amiga se metía en mi cama, según parece muerta de miedo por algún trueno o por el ruido del viento que se colaba por alguna ventana; tampoco le decía que casi cada día nos bañábamos juntas y que desnudas nos mirábamos al espejo comparando nuestros pechos o cual de las dos tenía mas bello en el pubis. ¡Peluda!, me decía mi amiga. ¡Poca teta!, le respondía yo.

Cuando terminaba el verano todas regresábamos a la ciudad menos la abuela, ella se quedaba, siempre vivía allí, en aquella casa, con la única compañía del perro y de la criada silenciosa. Cuando terminaba el verano el pueblo perdía mucha población y el barrio residencial donde se hallaba la casa se quedaba completamente vacío, casi como lo está ahora. En esa soledad hibernada vivía la abuela el resto del año. La piscina se iba llenando de hojas secas y bichos muertos hasta el verano siguiente.

Ahora la piscina estaba vacía y sucia. En la parte más honda había un charco de agua negra. El resto estaba lleno de hierbas y musgo resbaladizo. ¡Eh!, grité, ¿hay alguien? Una cabeza se asomó por la ventana abierta. Era la chica que la agencia había mandado. Si tuviera dinero, la compraba yo, fue lo primero que me dijo. ¡Qué romántico!, todo esto parece estar lleno de fantasmas, ¿verdad? Por eso la quiero comprar, le respondí con una sonrisa. Se rió. Dígame, le pregunté, ¿quién es su propietario actual?

El dogo no se separaba jamás de la abuela. A los demás habitantes de la casa no les hacía el más mínimo caso. A mí me daba miedo. El animal parecía inofensivo, ausente y ensimismado, incluso sabio, pero sabíamos que una sola palabra de su ama era suficiente para ponerle en guardia. Ella afirmaba que le daba seguridad, que cuando se quedaba sola se sentía más protegida. Y también afirmaba con una media sonrisa que era “el hombre de la casa”. No iba desencaminada, fue al final de un verano, faltaba una semana para irnos y los días eran notoriamente más cortos. Entraron a robar. Era de noche y eran dos muchachos jóvenes, casi adolescentes. Todo sucedió en silencio, sin un solo ladrido. Los dos asaltantes no tuvieron ni tiempo de defenderse. Uno quedó tendido en la cocina, y al otro lo cazó cerca de la piscina. En la mano del que parecía más joven quedó la navaja sin abrir.

Todo en silencio hasta que el perro despertó a la abuela y ella a las demás. Todas se pusieron manos a la obra como si ya conocieran su papel de antemano. Mientras cogían picos y palas la madre de mi amiga se me acercó y me dijo: Puedes hacer dos cosas, o nos ayudas a enterrarlos y te callas para siempre o nos denuncias, tampoco será tan grave lo que nos pueda ocurrir, a estos desgraciados los ha matado el perro, no nosotras. Su voz no tenía matices, debes decidirlo ahora, así nos ahorraremos trabajo, afirmó. Estaba intentando pensar cuando ya oí los primeros golpes de pico. Yo me quedé muda. Como no decía nada, alguien puso en mis manos trapos y jabón; limpia la sangre, me ordenaron. ¿Por qué no llaman a la policía?, pregunté al fin, ¡Hay dos personas muertas!, ¿no les dan lástima? Podíamos haber sido nosotras las muertas querida… además, así es mucho más sencillo, me respondieron, ¿qué quieres?, ¿qué se lleven al perro y lo sacrifiquen? A mi dogo no, afirmó contundente la abuela desde un rincón, a mi dogo no lo mata nadie. El timbre de su voz era extraño y el perro, que hasta entonces parecía estar tranquilo, se puso muy tenso. ¿Qué decides?, me presionaron. Voy a limpiar la sangre, les respondí obediente. A la mañana siguiente todo parecía haber vuelto a la normalidad. Mis anfitrionas estaban igual de alegres y felices como siempre. Parecía que nada había ocurrido. Yo, por supuesto, hice la maleta y me fui. Jamás regresé, hasta hoy, muchos años después.

El propietario actual es un banco, me respondió la agente inmobiliaria, la mayoría de estas casas lo son. Quiebras, embargos, hipotecas impagadas, ya sabe, cosas así. Es una casa vieja pero tiene estilo, a su marido seguro que le gustará, me dijo con una vocecita inocente y mirando hacia otro lado. Yo no tengo marido preciosidad, estoy soltera, le respondí mirándola a los ojos. Se ruborizó.

Nos pusimos de acuerdo enseguida. A la mañana siguiente firmamos las arras y al cabo de un mes el notario nos recibió para escriturar la compra-venta. Al salir pasé por delante de una tienda de animales, entré y les encargué un cachorro de dogo argentino blanco y macho.

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32 comentarios · Escribe aquí tu comentario

maría

maría dijo

mala costumbre carnicero.

16 Diciembre 2006 | 01:47 PM

El-peletero

El-peletero dijo

Apreciada maría, ¿cuál es la mala costumbre?, ¿por qué me llama usted carnicero?, que yo sepa no tengo ninguna carnicería, ni vendo carne de ninguna clase, ni siquiera la humana que es precisamente la que más demanda tiene desde siempre, y siempre satisfecha con una gran y variada oferta, aquí y allí, en el Polo Norte y en Polo Sur.

¿O se refiere usted a la mala costumbre de entrometerme donde no me llaman?, si es así tiene usted toda la razón. Mala costumbre, sin embargo, que se compensa con la suya de no llamar a las cosas y a las personas por su nombre. Yo tengo un nombre: “el-peletero”, como usted tiene otro: maría. Le ruego pues maría, que me llame por mi nombre, si no es mucho pedir.

Le recuerdo, que respecto a esta mala costumbre mía ya le he pedido perdón y según parece usted no me lo ha concedido. ¡Qué lastima!, ¿es usted rencorosa?

Saludos.

16 Diciembre 2006 | 05:03 PM

sarah

sarah dijo

Eres muy bueno,
no puedo evitar volver y leerte.
Voy a pensar en ello mientras veo el partido.
No, no soy rencorosa.
Y me dá igual que dejes colgada la medalla, tengo 65 años, soy fea, baja, gorda como un tonel y tengo caspa y muchas cosas mas que a estas horas te darían arcadas.
Buenos días pele, un beso.

17 Diciembre 2006 | 11:30 AM

El-peletero

El-peletero dijo

Muchas gracias sarah por tus elogios.
Lo de rencorosa no va por ti, ya sé que no lo eres, a no ser que maría y tú seáis la misma persona.
Mientes muy mal, no eres físicamente cómo dices, pero aunque lo fueras no tendría ninguna importancia (excepto en lo de las arcadas, todo tiene un límite). Una vez le dije a una amiga, perdona que te hable de mis amigas, que la belleza física sólo es importante a media distancia. Cuando se está muy lejos, como tú y yo ahora, no tiene ningún valor. Y cuando se está muy cerca, cuando las pieles y los labios se tocan, tampoco. Entonces entran en funcionamiento otras cosas que tu ya sabes cuales son.
Hay feas encantadoras, gorditas requetesuper atractivas y morbosas, bajitas juguetonas y traviesas y mujeres de sesenta y cinco años sabias y sedientas. ¡Ay sarah!, aunque fueras así, ¡qué hermosa serías!
Besos.

(¿lo de la medalla?, ¿a qué te refieres?

17 Diciembre 2006 | 06:28 PM

Julio

Julio dijo

La casa y el perro de esta historia carecen de nombre y ha sido ese -ignoro el porqué- un detalle que me ha llamado la atención... Pero lo que yo realmente
veo en esta original narración es un magnífico apunte para un relato más largo. Incluso para una novela corta.
He disfrutado su lectura.
Un abrazo

17 Diciembre 2006 | 09:00 PM

El-peletero

El-peletero dijo

Bienvenido a mi casa, Julio. Tal vez tengas razón, quien sabe, si lo voy cuidando con amor y ternura vaya creciendo el relato como un arbolito. El tiempo lo dirá. Quizás algún día lleguemos a construir una casita entre sus ramas, si lo logramos yo invitaré a subir a Agatha, a sarah y a pocas más, ¿a quién invitarás tú?

¿No te asusta y te atrae al mismo tiempo ese poder escondido y secreto que las mujeres tienen? A mi sí. Ellas son las dueñas de todo, sin embargo, no sé como han permitido que se lo arrebatásemos durante tanto tiempo.

Saludos.

17 Diciembre 2006 | 09:34 PM

Agatha

Agatha dijo

No soy una experta Querido Peletero, pero soy mujer. Déjame que te muestre algo que un hombre escribió, tu me dirás lo que piensas:

"...Y cual es el fundamento de nuestro poder, el de las mujeres? El amor, dices. Puede que sea el amor. A veces dudo de esa palabra. No reniego del amor, nada de eso. Es el mayor poder sobre la tierra. Sin embargo, a veces siento que cuando los hombres nos aman, porque no pueden hacer otra cosa, al mismo tiempo desprecian un poco ese sentimiento.
En todos los hombres de verdad hay espacio reservado, como si quisieran ocultar parte de su ser y de su alma a la mujer que aman, como si dijeran: "Hasta aquí querida, y no más allá. Aquí, en la séptima habitación, quiero estar solo". A las mujeres tontas esto las hace enfurecer de rabia. Las inteligentes se entristecen, sienten curiosidad, pero, al final, se resignan..."

(Sándor Márai - La Mujer Justa)

Saludos

17 Diciembre 2006 | 11:20 PM

sarah

sarah dijo

Buenos días pele,
Este relato era el que iba de sexo y economía?
Me encantaría que me lo explicaras como si fuera una niña pequeña, para entender todo lo que quieres decir.

18 Diciembre 2006 | 10:35 AM

sarah

sarah dijo

¿ Qué nos lo arrebatasteis ?
Pero, ¿ alguna vez lo hemos tenido ?
Ese poder solo me interesa de igual a igual compartido con el hombre.
Hay hombres muy sensibles que abren su alma y ponen su corazón en nuestras manos...y mujeres que no se dejan querer.

18 Diciembre 2006 | 10:35 AM

sarah

sarah dijo

¿ Qué los hombres nos aman porqué no pueden hacer otra cosa ?
Aparte de amar no hay nada.
Amar es un todo, es un mundo.
Besos, yo veo una peli, en este relato veo una hermosa peli también.
¿ A qué actrices pondrías de protagonistas ?
Subiré a ese árbol feliz y orgullosa, pero tendrás que alquilar una grua, que estoy muy mayor y muy gorda.
Besos pele, he tenido que cortarlo porque no me dejaba meter nada, lo he intentado varias veces pero nada...no iba.

18 Diciembre 2006 | 10:37 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Apreciada Agatha, el cartero ya salió.

Menudas preguntas me haces, se merecen un libro entero, o toda una noche contigo hablando de ello, entre copa y copa. O más de una noche, sí, más de una noche.
Un matrimonio amigo mío, del que fui testigo el día de su boda, duerme en camas y en habitaciones separadas. Se quieren mucho y cuando se necesitan se buscan. Tener cada uno su rincón privado te obliga a no dar nada por supuesto y te obliga a esforzarte, a seducir en cada ocasión. La rutina es demoledora y esta es una humilde forma de romperla. Naturalmente los dos tienen que poner de su parte y no hacer como el chiste aquel que cuenta que una mujer le dice a una amiga: “mi marido y yo dormimos en habitaciones separadas, es magnífico” y la amiga le pregunta: ¿y cuando queréis hacer el amor cómo lo hacéis?, “muy fácil” responde, “si mi marido quiere hacer el amor silba y yo voy a su habitación”, ah, ¿y si quieres hacer el amor tú?, muy fácil también, le pregunto a mi marido, ¿cariño, qué has silbado?

La palabra amor es un cajón de sastre, hay tantas cosas en ella que ya no sabes muy bien qué significa. En todo caso hay muchas personas, hombres y mujeres, que no pueden entenderla sin la idea de posesión. Yo sólo la concibo entre seres libres, independientes y autónomos. También distingo entre amor y pasión, entre amor y enamoramiento, son dos cosas distintas donde una es demasiado efímera. También tengo un amigo que su esposa sólo concebía el sexo como si siempre fuera la primera vez, si no, no. Naturalmente esto es imposible y no sólo es imposible, es también darle una trascendencia que no tiene. Con lo bonito que es hacer también el amor en la siesta, después de haber comido, rápido y con pocos preámbulos y después dormir a pierna suelta, para después, al despertar, repetir.

Me está saliendo esto muy largo, continúa tú, luego lo haré yo. Y sí, los hombres como también vosotras, necesitamos nuestro jardín secreto, sólo para nosotros, donde nadie pueda entrar.

Besos.

18 Diciembre 2006 | 05:42 PM

el-peletero

el-peletero dijo

El amor no lo es todo, Sarah, se puede vivir sin él, muy dignamente y tener una vida plena. Supongo que hablas del amor sensual, del erótico. Yo amo mucho a mi familia y no me acuesto con ella, eso es también amor. Mi madre piensa como tú, es algo casi religioso, a veces creo que también enfermizo. Las personas deben ser autónomas, no depender de nadie, sólo así pueden servir a los demás y amarlos. Eso de abrir tu alma, poner tu corazón en manos de otro, todas estas cosas sólo sirven para hacer poesía y en todo caso eso siempre pasa por abrirse primero de piernas, no me fío, el fuego siempre produce cenizas. Todo es demasiado físico y por otra parte no puede ser de otra manera. ¿Por qué hay unas mujeres que encuentran maravilloso parir y otras en cambio consideran que es un asco? Todas las mujeres con las que he tenido confianza, que no son muchas, me han confesado en voz baja que eso de dar a luz es, con perdón, una mierda. Dolor, sangre, líquidos, caca, secreciones, peste, llantos. Demasiado físico. Los hombres, las mujeres no tanto o muchísimo menos, somos víctimas de la “depresión poscoitum”, es algo terrible, horrendo, nefasto, demasiado físico, rompe relaciones poco fundamentadas en un santiamén.
También me estoy alargando mucho. ¿Qué si alguna vez tuvisteis el poder?, claro que sí. Hace mucho, mucho, muchísimo tiempo, eso sucedió cuando Dios era mujer. ¿Has oído hablar de la “dios blanca”?, algún día te hablaré de ella, fíjate sólo en la enorme tradición mariana que hay en España, desde Galicia a Catalunya, hasta Andalucía, son los restos lejanos de vuestro naufragio, cuando los hombres os servíamos.
Besos.

18 Diciembre 2006 | 06:11 PM

Agatha

Agatha dijo

Querido Peletero: Si bien no tengo duda de la maravilla que sería un libro en torno al tema, a mi me me gustaría más la conversación al calor de unas copas.

Ahora bien, pocas palabras puedo decir al respecto. Al amor no hay que idealizarlo, sino mas bien respetarlo. Principalmente porque tiene tantas acepciones como seres pueblan este planeta. Decidirse a sostener un vínculo con otro universo llamado ser humano me parece de los retos más complejos que hay pues puede ser tremendamente sencillo o completamente imposible. No sé, a veces veo como el amor se entrelaza peligrosamente con el poder y ahí comienza la debacle. La idea de poseer a ese otro que supuestamente amamos me parece por principio una contradicción con un asunto superior y es el de la autonomía y libertad del ser amado.

Quizá nos falte aprender que hombres y mujeres poseemos nuestro jardín secreto, íntimo, privado y eso no necesariamente es un problema.

Un beso

18 Diciembre 2006 | 10:04 PM

sarah

sarah dijo

Pele, estas enamorado?
Lo has estado alguna vez?
La maternidad es un gran handicap.
La base de todo es la educación, las soluciones estan bien...inventar el parir como los pollos, el carnet por puntos, la ley antitabaco, antidroga,antialcohol, las leyes para los maltratadores, asesinos, violadores, pederastas,ladrones, terroristas...aplicar la justicia, el castigo....................................pero la base de todo es la educación....hay que ir ahí...educar. Si tu educas personas en el respeto , en el amor, en la tolerancia...amigo, todo sería distinto, de otra manera. El hombre, la mujer, los niños, los ancianos, los enfermos, los minusválidos, los que son diferentes...todos tendríamos nuestro lugar en el mundo para poder luchar contra los problemas de la vida, que no serían eses pero serían otros.
Buscaré lo de la diosa blanca, pero no creo que me sorprenda nada, tal vez hables de un movimiento, pero el día a día de la mujer ha sido siempre el mismo desde que el mundo es mundo.
Y bueno, cada persona es un mundo. A mí me parece bien lo que cuentas de tus amigos y amigas, si a ellos les vá bien, estupendo.
Para mí el amor lo es todo, yo no sé vivir sin amor, tal vez porque lo conocí una vez, y no puedo olvidarlo, mi mente, mi alma, y mi cuerpo no desean otra cosa en esta vida...creeme, pele, es mi cruz...un año de amor por el resto de mi vida.
Besos.

19 Diciembre 2006 | 10:58 AM

El-peletero

El-peletero dijo

Apreciada sarah, te responderé luego, ahora no puedo, el mundo me arrastra hacía un torbellino aniquilador que se llama “trabajo”. Ayer quise ponerte un comentario en tu página que era todo un piropo y no puede, no me dejaba. ¿Y hoy?, ¿qué sucede con tu página?

Besos.

19 Diciembre 2006 | 12:25 PM

X

X dijo

El amor existe, distinto a lo que pensamos sobre lo que debería ser. Pensamos en el amor como algo inventado por el hombre. El amor nos hace valorizar a esa persona como un todo total e individual, aceptar tanto lo negativo como lo positivo, las imperfecciones igual que a las cualidades. Cuando se ama verdaderamente y no una proyección de ti mismo, se ama la sombra igual que todo lo demás. Se acepta el todo de la otra persona.
El amor es algo distinto de los deseos . El amor tolera mucho, no envidia; no tiene intereses propios, tiene esperanza en todo, lo resiste todo. El amor real comienza sólo cuando una persona conoce a otra por lo que realmente es.
Pero lo confundimos con el amor romántico. El amor romántico es por su propia naturaleza egoísta. La pasión del romance siempre busca tu proyeccion, tus expectativas, tus fantasías. Es el amor dirigido a uno mismo y por eso nunca permitiria un “espacio exclusivo” del otro.
Cuántas personas conocen el verdadero amor?

19 Diciembre 2006 | 12:47 PM

sarah

sarah dijo

por dios pele, ponme ese piropo o me muero!!!
un beso

19 Diciembre 2006 | 03:35 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Apreciada X, yo no lo hubiese dicho mejor, tienes toda la razón. Yo sólo añadiría que querer a alguien no excluye el enfado, ni la crítica, ni la exigencia. El amor también se confunde con la indulgencia. También a quien quieres hay que demandarle que cumpla con lo que es. Las personas a veces nos perdemos, nos acomodamos, nos equivocamos. Yo necesito tener a alguien que me recuerde lo que soy.
Saludos. (Muy pronto probaré su guiso, se me hace la boca agua)

19 Diciembre 2006 | 06:01 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Apreciada sarah, la educación no lo es todo, nada lo es todo, por suerte, es así. No estoy de acuerdo contigo, pero como te quiero muy poco, muy poco, pero que muy poco, pero te quiero algo, te respeto y respeto lo que dices y me esfuerzo en comprenderte.
Cuando Dios era mujer, no fue un movimiento, fue toda una civilización que duró miles de años.
No cambies tu vida por nada, ni siquiera por un año de amor, puede que haya algún diablo escondido en algún rincón que te oiga y te conceda el deseo. Lo peor que a uno le puede pasar cuando desea algo, es obtenerlo.
Besos.

19 Diciembre 2006 | 06:24 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Hay cosas sarah muy extrañas. No puedo publicar ni en tu casa ni en la mía ese piropo prometido. No me deja, es imposible, no lo entiendo. Debe haber en él alguna palabra maldita, clave que lo inhabilita. Lo he intentado de mil maneras, puedo publicar lo que quiera, menos esas cuatro palabras. Las he cambiado un poco, lo he reducido, lo he ampliado. No puedo. Lo seguiré intentando.

19 Diciembre 2006 | 06:32 PM

X

X dijo

Bueno, bueno, fíjese que yo no tendría tan claro que usted pruebe mi guiso, pero si que usted pruebe la receta de mi guiso…jajajaja.
Un saludo.

19 Diciembre 2006 | 06:43 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Agatha, tus palabras han acertado de lleno: “con un asunto superior y es el de la autonomía y libertad del ser amado”. Esa es la clave. El amor no es el hecho máximo, superior, como tampoco lo es la vida. Sí lo es la libertad, la independencia y la autonomía del otro. O en todo caso es la circunstancia a la que se ha de someter.
Bien, como eso, tú y yo lo tenemos claro, hablemos de otra cosa o no hablemos de nada, a veces el silencio del otro es la mejor caricia. ¿Qué música suena?
Besos

19 Diciembre 2006 | 06:44 PM

el-peletero

el-peletero dijo

X, me ha pillado. Es usted mala, muy mala, tanto como yo.
Otro saludo

19 Diciembre 2006 | 06:46 PM

X

X dijo

Me encanta hilar y tejer aunque no sea mi oficio...yo mala? anda ya!, y usted?...pues si!...

Adios, y un saludo malvado jejejeje

19 Diciembre 2006 | 06:58 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Releyendo mi última respuesta Agatha, no quiero que interpretes mis palabras al pie de la letra. Son sólo una forma de hablar. Al volverlas a leer, me he dicho a mi mismo: “peletero, lo has escrito fatal”, suerte que Agatha es una mujer inteligente y sabrá interpretar, que yo, llevado por el entusiasmo ya me encontraba físicamente a tu lado, esa es la situación adecuada para guardar silencio y no en la que realmente nos encontramos, separados por miles de kilómetros. Bueno, mejor me callo que aun lo complico más.
Besos.

19 Diciembre 2006 | 09:01 PM

sarah

sarah dijo

¿ Porqué nunca contestas a mis preguntas ? Vale, porque no te dá la gana, oh, no sarah, de ninguna de las maneras...
¿ Por qué siempre te vas por los cerros de Úbeda ? ¿ Sócrates ?
¿ Cuándo vas a poner un poema, en catalán, en vasco, en inglés, francés o polaco ?
Dices, la educación no lo es todo, y te quedas tan ancho. Pero no lo argumentas.
Vale, me respetas. Yo también a tí.
Bien, te esfuerzas. Idem.
Pero nunca me explicas nada.
¿ La Diosa Blanca de Robert Graves ?
Vale muy poético.
Pero yo hablaba de parir, hacer la comida, fregar los platos, criar a los hijos, cuidar enfermos y ancianos, hacer las labores del hogar y del campo, trajinar con los animales...ya sabes, de esas cosas que no son propias de lunas ni estrellas ni musas ni diosas.
Dile al diablo que tengo mi alma en venta.
Sin cambios.
Un año, por el resto de mi vida.
Besos.

19 Diciembre 2006 | 10:17 PM

comentario

comentario dijo

Interesante narración. Y divertido ver la "androfobia" de todas y cada una de las protagonistas. Y un perro de por medio, macho y guardian. Cadáveres enterrados, osamentas olvidadas por los alrededores de la casa, vecinos supuestamente ciegos, sordos y nada indiscretos. Noches cerradas de pico y pala, vientos gélidos.
Lástima de policía inglés curioseando por la zona ante semejante aislamiento de las propietarias sucumbiendo en las fauces del perro y devorado por todas ellas en un festín caníbal. Ya puestos...

20 Diciembre 2006 | 10:05 AM

El-peletero

El-peletero dijo

Ya puestos, apreciado comentario, podríamos sacar mucha más punta a la relación que una mujer puede tener con un perro. Podríamos hacerlo, pero no lo haremos, aun no es el momento.
Gracias por tu comentario, comentario, aunque me ha parecido un comentario un poco “zigzagueante”, ¿no?
Saludos.

20 Diciembre 2006 | 11:07 AM

El-peletero

El-peletero dijo

Queridísima sarah, tienes toda la razón, casi nunca la tienes, pero esta vez sí (es broma, anda, enfádate un poquito conmigo, pínchame, azótame).
El otro día te contaba que un torbellino llamado “trabajo” me tragaba, pues eso Ya me gustaría contarte todo lo que tú me pides, pero el día sólo tiene veinticuatro horas. Dame tiempo, poco a poco, mientras nos sigamos hablando y enfadando todo irá bien.
Un reconocimiento: Sí, es la diosa de Robert Graves.
Un argumento corto: la educación no lo es todo, antes está la condición humana.
Otro reconocimiento: Sí, los hombres somos unos perezosos.
Una propuesta: el alma te la compro yo, ¿a cambio de qué?, a cambio de mi sonrisa.
Una confesión: En tu post del sueño quería colgarte un poema en catalán, con su traducción al castellano de J. V. Foix, titulado “És quan dormo que hi veig clar” (Es cuando duermo que lo veo claro), pero era muy largo y no tenía tiempo. Es precioso, un poco surrealista como a mi me gustan. Te lo debo.
Un hasta pronto: Hasta pronto.
Un beso: ¡Mua!

20 Diciembre 2006 | 11:22 AM

sarah

sarah dijo

Trabaja mucho pele, no te preocupes, cuando te mueras ya descansaras.
Pon guapo a todo el mundo, que sea feliz en Navidad, bueno has adivinado que tengo poca cadera...me creo que algo sabes de esto, aunque sea de trabajar en el Corte Inglés.
Supongo que sí, que la condición humana marca, aunque no sé hasta que punto, tal vez se pueda con educación encaminar...
Te vendo mi alma, y tú me das tu sonrisa?
Y mi año de amor?
Y el hombre de mis sueños?
Oye que solo se vive una vez, y tu sonrisa debe ser preciosa, pero yo quiero un año de amor, mejor se la vendo al diablo, seguro que él me lo consigue.
Ya he leido el poema, también lo canta Serrat, precioso pele. Gracias
Un beso, buenas noches!

21 Diciembre 2006 | 12:48 AM

El-peletero

El-peletero dijo

Apreciada sarah, sólo puedo darte mi sonrisa, todo mi patrimonio es ese, no tengo más. Ya sé que una mujer como tú necesita más, ya lo sé, pero yo soy pobre, vivo del aire y de las miradas de niñas como tú. De nada más, de ello me alimento y mira por donde, consigo sobrevivir. De niñas como tú, de culo pequeño y pechos de loba joven.
Mira como te miro, ¿te gusta?

21 Diciembre 2006 | 05:03 PM

sarah

sarah dijo

siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, me gusta mucho!!!
besos!!

21 Diciembre 2006 | 08:57 PM

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Si desnudar a alguien no ha sido nunca una actividad baladí, vestirla tampoco lo es y mucho menos cuando la materia prima es algo tan sublime como la piel. Este es el hecho, sin más, y en él nos regocijamos y sobre él nos preguntamos y nos hacemos responsables, hasta las últimas consecuencias. ______________________________________________________________ __________________________________________________________________ Suscribir con Bloglines __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ Blogalaxia __________________________________________________________________ Add to Technorati Favorites __________________________________________________________________

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