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La Coctelera

El peletero

WHAT YOU SEE IS WHAT YOU GET

3 Enero 2007

El peletero/Le gigoló blessé (1)

Me llaman “El Gordo” y cada vez que termino un “trabajo” me embarga esa quietud tormentosa que algunos cursis llaman melancolía. Me sobreviene una tristeza dulce y pegajosa por un ayer que jamás volverá a ser un pasado mañana. No sé si es el dinero que gano con ello o la satisfacción que procuro a mis clientes. Su codicia satisfecha, aquella venganza incubada durante años y por fin ejecutada o la lujuria liberada de su jaula de cristal. Disfruto por mí y por ellos también, me placen mis buenas obras. Por ellas soy conocido y por ellas algunos hasta son capaces de pagar mucho dinero.

Aquella pobre mujer necesitaba eso, dinero y también amor, tal vez sólo sexo, que más da, en cualquier caso quería ser respetada o temida que es lo mismo. Para ello nada mejor que alguien enamorado o sometido que también es lo mismo. A su edad no podía permitirse ser burlada. Estaba cada día más cerca de convertirse en una anciana y eso es algo terrible que sólo el amor, el dinero o una pistola en la boca pueden atemperar. Yo no le podía ofrecer amor, en cambio armas y dinero sí. De todas formas las tres cosas siempre están intercomunicadas, una lleva a las otras. Es un triángulo misterioso en cuyo centro siempre hay el tiempo. Es una carrera contra el reloj, ganar tiempo como sea, arañar tiempo al tiempo. El tiempo, esa cosa tan líquida, turbulenta y desencantada. Asesina.

Ahora era una mujer mayor casi arruinada y con pocos posibles para llenar mis bolsillos insaciables. Años atrás, en cambio, había estado en el centro de algo importante. Había convivido con aquellos que fabrican directamente esa cosa tan hermosa de la que todo emana, el dinero, “l’argent”, decía ella para darse la clase que no tenía. Estaba añorada, melancólica también. No se podía quitar de la nariz aquel olor tan especial que hacen los regalos por abrir. Necesitaba darle un nuevo aire a su vida, una nueva perspectiva, quería que volviese la Navidad, esa visita tan aterradora para algunos que el tiempo nos hace cada año, el mismo día y a la misma hora y que ella llamaba “Noël”. Y pensó en mí, quería que yo fuese Santa Claus aunque no vistiera de rojo y pesara mucho más.

La dama estaba flaca. Sus cincuenta kilos mal contados, contrastaban con mis ciento ochenta y tantos, también mal contados y muy mal repartidos. Medio sentado, medio dentro y medio fuera, incómodo, casi cayéndome, mi gordo trasero no cabía en aquella minúscula silla. En esa postura tan ridícula me confesó su deseo.

Antes he de decir que ella me conocía por mis “trabajos” con el primero de sus maridos. Al volvernos a encontrar después de tanto tiempo y nada más verme, su lengua se encasquilló con su dentadura postiza, mientras su rostro me ofrendaba una mueca de disgusto. Su saludo quedó interrumpido por un balbuceo ininteligible, que yo interpreté con la sorpresa y el desagrado que produce en los demás mi aspecto obeso. Ya estoy acostumbrado. Cuando les hago saber mis honorarios, aun tuercen más el gesto. Yo me río por dentro observándoles como se les desmorona la arquitectura facial.

Me contó que tenía unas viejas y apolilladas cartas y fotografías que comprometían a uno de sus antiguos amantes, tan mayor como ella, pero mucho más rico gracias a un matrimonio oportuno con la hermana de un famoso banquero. Quería que yo organizase el chantaje.

Fue un trabajo fácil y cómodo, este tipo de gente entiende con mucha facilidad cierta clase de argumentos, no tienes que repetírselo dos veces. A fin de cuentas para ellos nada es personal, todo es una cuestión de negocios. Eso es tan así que la que pagó no fue ese vejestorio de amante, de bigote fino y canas teñidas, fue su esposa, la hermana del banquero famoso. Las infidelidades, los asuntos de cama, las perversiones de la libido, son sólo facturas que a veces hay que pagar. El dinero es una magnífica vara de medir y pesar, te ofrece una fotografía muy fiel y es ergonómicamente perfecto, no necesita manual de uso.

A las pocas semanas de haber concluido mis gestiones y mientras me encontraba “convenciendo” a un perito para que subiese la tasación de unas piezas de porcelana de Sèvres, me llamó mi desdentada clienta, desesperada y furiosa. Estaba tan nerviosa que tampoco se le entendía gran cosa con sus dientes danzando dentro de su boca.

La mujer tenía un “secretario” y acompañante asiduo. Francés, joven, guapo y muy atractivo. Este personaje, que yo no conocía aun, había gestionado los escasos bienes de mi clienta, era su pareja en las pocas fiestas a las que estaban invitados. También era su masajista y su osito de peluche en las frías noches de invierno. Su fuerte torso era la almohada donde reposar y olvidar el peso del tiempo pasado. Pues bien, esta perla sin ensartar había desaparecido con el dinero del chantaje. Normal, pensé. Casi me rompe el tímpano al gritarme: ¡je veux mon argent! Mi clienta quería, no sólo recuperar el dinero, quería también que le devolviese a rastras al guapo secretario. Con estas palabras me lo ordenó, esta vez sin francés: “arrástralo ante mi”.

Mire señora, le dije, esto le va a costar mucho más caro. La desgraciada se lo estaba tomando como algo personal, craso error, por eso le subí la tarifa, naturalmente aceptó, sin regatear. No me extraña, pensé, que se haya arruinado un par de veces, a los ricos de verdad, eso no les ocurre nunca, procuran robarte hasta los cabellos de tu cabeza calva.

Al poco tiempo recuperé casi todo el dinero y en el portamaletas de un auto robado le entregué a su “amigo” francés con la cara algo tumefacta y todo él un poco magullado. Lo estropeé un poquito, sólo cuatro bofetadas, aun podía dar de sí y servir a su ama. Tarea cumplida.

Años más tarde me los encontré en una recepción devorando canapés. Ella parecía no haber cambiado, era igual de mayor y estaba igual de delgada. El secretario en cambio sí lo había hecho, estaba diferente, había perdido su encanto varonil, cojeaba ostensiblemente y aunque muy bien vestido, sus ojeras, su sonrisa caída y su extraña voz aflautada, le conferían un aire de desamparo y de juguete roto. En aquella relación debía haber algo más turbio que el dinero, pensé. Ella se alegró mucho al verme, él parecía suplicarme socorro con sus ojos hundidos.

A veces los perros mandan en sus dueños, no era este el caso. La correa era corta y el perro estaba herido. Mal herido.

Yo había engordado y me embargaba esa quietud tormentosa que los cursis llaman melancolía. Al cabo de pocos días me visitó el secretario francés de la dama, quería contarme algo, pero ésta ya es otra historia.

servido por el-peletero 20 comentarios compártelo

20 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Nick Furia

Nick Furia dijo

Grande, obeso y trabajador, qué más da si el trabajo está bien hecho?

Fuerza y honor, me ha gustado mucho.

3 Enero 2007 | 12:38 PM

sarah

sarah dijo

Ay dios!!
un beso, pele...vuelvo y lo releo...no, si gustar, a mí también me ha gustado , pero yo quiero entenderlo, joé pal gordo, que pesao!!...es bueno o malo??...estoy perdida... vuelvo a la noche y lo releo...que manía que le tengo al gordo esteeeee!!! y a tí, por pesao y ponerlo otra vez!!...me voy a comprar regalos...¿ qué quieres de reyes ?

3 Enero 2007 | 04:16 PM

El-peletero

El-peletero dijo

Apreciado Nick, me alegro que te haya gustado. Efectivamente, se puede ser malvado, pero responsable y puntilloso en el trabajo. Lo cortés no quita lo cobarde.

Saludos.

3 Enero 2007 | 05:46 PM

El-peletero

El-peletero dijo

Apreciada sarah, aquí no hay que entender nada. El gordo es malvado y cínico, aunque a veces sus clientes lo son más.
¿Qué quiero para reyes?, tu amistad, es lo mejor que puedes regalarme. Yo tengo la mía envuelta en papel de regalo para ti.

Besos.

3 Enero 2007 | 05:46 PM

Julio Irles

Julio Irles dijo

Intuyo que esa otra historia tiene algo que ver con la visita del gordo a la pastelería de la esquina para matar su tristeza con un chute de glucosa.

Me he divertido leyéndote.

Un abrazo.

3 Enero 2007 | 07:26 PM

El-peletero

El-peletero dijo

Gracias Julio y discúlpame por no visitarte, llevo unos días descolocado y ajetreado y el día sólo tiene veinticuatro horas nada más, ¡qué rácano!

Hasta muy pronto.

3 Enero 2007 | 07:47 PM

ren

ren dijo

Qué personaje tan curioso... Frío, calculador, cínico, implacable... Y sin embargo yo diría que alienta algo de humanidad -más de la que él quisiera reconocer- dentro de ese corpachón que se acerca peligrosamente a los 200 kilos. A ver si puedo corroborarlo en la continuación de la historia.

Por cierto, el secretario francés ¿tenía la voz aflautada desde siempre..? Es que eso y la cojera me han dado que pensar....

Un besote, Pele.

4 Enero 2007 | 01:34 AM

El-peletero

El-peletero dijo

Apreciada ren, te anticipo algo, no, antes ni cojeaba, ni tenía la voz aflautada. Démosle tiempo, ya nos lo explicará.
La buena predisposición de muchas personas, entre ellas tú, os lleva a pensar que sólo el bien es consustancial en el ser humano y que la verdad únicamente puede brotar de él. “El gordo” es un personaje grotesco y absolutamente artificial, no existe en la realidad, pero su maldad pretende ser también humana. El mal también dice verdades.
Un beso, ren.

4 Enero 2007 | 10:40 AM

ren

ren dijo

Esperaremos, pues, las explicaciones del secretario, y si te soy sincera, con ganas... Este relato tiene todos los ingredientes para enganchar.

Creo que me expresé mal, Pele, quizás debí matizar la palabra "humanidad" . Coincido plenamente contigo en que en ella se engloba todo lo bueno y lo malo de que es capaz el ser humano; consustancial a nosotros son la bondad y la maldad, en todos sus estadíos, y te aseguro que no creo en absoluto en que la bondad nos sea inherente como especie. Casi te diría que todo lo contrario... Para mí, el tan manido "Homo homine lupus est" es un casi un axioma, del que nos salva la existencia de las buenas personas que hay en todos sitios.

Cuando mencionaba que quizás en este personaje alentaba algo de humanidad empleaba esta palabra con las connotaciones positivas que posee; ya ves, no sé por qué me había dado la impresión de que no todo es frialdad y maldad en él, que esa tristeza que a veces lo embarga, esa melancolía de la que parece renegar al llamarla despectivamente "cursi", indicaban que no se ha endurecido del todo. Bueno, ya iremos viendo cómo evoluciona el Gordo. No tardes mucho, ¿de acuerdo?

Un besote, Pele.

4 Enero 2007 | 11:53 AM

El-peletero

El-peletero dijo

Apreciada ren, me gusta tanto estar de acuerdo contigo como no estarlo. También me gusta pinchar a las personas que valen la pena ser pinchadas y tú lo vales. Perdona, pero ya sabía lo que querías decir, pero así mi respuesta ha provocado la tuya.
Besos.

4 Enero 2007 | 01:29 PM

Aurora

Aurora dijo

Aunque no le diga apenas nada, le leo.
Sigo teniendo una visita pendiente a "El Gordo". Quizás la haga pronto.
Abrazo para estrenar el año (aunque ya tenga 4 días).

4 Enero 2007 | 02:32 PM

ren

ren dijo

¡Jajajajajaja..! pero qué rejoío eres , Pele... Ya me extrañaba a mí que no hubieras captado el sentido de mis palabras, pero pensé que hacías hincapié en la otra cara de la dualidad en que consiste el concepto de "humanidad", que me recordabas que es una noción matizable puesto que lo bueno y lo malo forman parte del ser humano en la misma medida.

También a mí me gusta estar de acuerdo con los demás y disentir en ocasiones, me gusta confrontar distintos puntos de vista, valorarlos... A veces te das cuenta de que había perspectivas desde las que nunca te habías situado, y eso ensancha horizontes. Al final, puedes llegar a coincidir con la otra persona o no, pero de lo que no hay duda es de que el intercambio de ideas siempre es positivo. Y me da la impresión de que contigo lo serán.

Gracias por el piropo, Pele, te aseguro que es algo recíproco.

besotes.

4 Enero 2007 | 03:40 PM

El-peletero

El-peletero dijo

Gracias Aurora, igualmente le digo, yo también la visito y miro sin decir nada. Tiene usted un carácter que provoca en los demás este silencio, al menos a mí. Pero no se preocupe, siga siendo como es.
Saludos.

4 Enero 2007 | 04:48 PM

El-peletero

El-peletero dijo

Me gusta tu tono, me gusta tu aire, ren. Qué aburrido estar siempre de acuerdo, ¿no?
Besos.

4 Enero 2007 | 04:53 PM

sarah

sarah dijo

Vaaaaaaya, así que aquí no hay que entender nada. Pues vale.
¿ Qué es amistad para tí ?
Que bonito, gracias, abriré la tuya mañana, y esta noche te enviaré con un beso la mía...para que mañana cuando te levantes tropiezes con ella en la orilla de tu cama...besos pele, feliz noche de reyes, pásalo bien y sé feliz, y que mañana tengas todo lo que deseas!!

5 Enero 2007 | 03:20 PM

ren

ren dijo

Gracias, Pele, igualmente. Aburrido estar siempre de acuerdo.. Bueno, depende de con quién y para qué... Pero en la variedad está el gusto, eso también es verdad. :-)

Besos, y espero que los Reyes Magos te traigan todo lo que deseas..y sobre todo lo que no te atreves mucho a desear, pero que empieza a hacerte feliz.

5 Enero 2007 | 10:00 PM

El-peletero

El-peletero dijo

Apreciada sarah, pondré las zapatillas en el balcón, y un poco de pan y agua para los camellos y me dormiré deseando encontrar mañana, como tú dices, tu regalo a los pies de mi cama. Haz tú lo mismo.
Besos.

5 Enero 2007 | 10:02 PM

El-peletero

El-peletero dijo

Gracias ren, amiga, adivinas incluso aquello que no digo. Igualmente para ti y los tuyos, que los Reyes Magos os concedan todos vuestros deseos.
Besos.

5 Enero 2007 | 10:16 PM

sarah

sarah dijo

Buenos días pele.
Ya somos amigos.
Un beso de bienvenida a mi corazón.
Jjajajj!!! Pan y Agua ?? joé pele, eso suena al Conde de Montecristo!!! Yo le pongo una copita de vino oporto dulce Portugues y turrón de chocolate...y se lo comen toooooooooodo!!! jajajaj!!!
Ahora como ya somos amigos...si silbas iré...y tú,... borrarás lo que te pida si, como siempre, me arrepiento de decirlooooo?????
BESOS...BESOS...BESOS...uno de cada rey mago!!!

6 Enero 2007 | 11:44 AM

ren

ren dijo

Te he leído mucho, Pele, sobre todo tus comentarios. Y con todas las limitaciones que impone este medio, por supuesto, me ha parecido captar alguna que otra cosilla. De todo corazón te deseo que todo salga bien.

Un beso y una sonrisa.

6 Enero 2007 | 11:29 PM

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Sobre mí

Si desnudar a alguien no ha sido nunca una actividad baladí, vestirla tampoco lo es y mucho menos cuando la materia prima es algo tan sublime como la piel. Este es el hecho, sin más, y en él nos regocijamos y sobre él nos preguntamos y nos hacemos responsables, hasta las últimas consecuencias. ______________________________________________________________ __________________________________________________________________ Suscribir con Bloglines __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ Blogalaxia __________________________________________________________________ Add to Technorati Favorites __________________________________________________________________

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