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Terra
La Coctelera

El peletero

WHAT YOU SEE IS WHAT YOU GET

12 Mayo 2007

El peletero/Natalie

Natalie no era una mujer, era la hija de seis años de Constandinos. La niña se había quedado con su madre en Buenos aires, y él había regresado a su país, Grecia, y a su ciudad, Kastoriá, para vivir con otro hombre, Alexis, su amante y su socio al mismo tiempo. Los dos abrieron la taberna cerca de la estación de autobuses y la bautizaron con el nombre de “Natalie”.

Una vez terminado el trabajo, Vanguelis acostumbraba a dejarme a media tarde en el Hotel Tsamis, yo pedía un taxi y me iba a la taberna de Constandinos a beber cerveza y a charlar con él. Sus años en Argentina le permitían hablar un excelente castellano y era un hombre repleto de historias y anécdotas interminables. Era alto y corpulento, al igual que su enamorado Alexis. Los dos mostraban ser unos genuinos representantes de esa raza de maravillosos baloncestistas que han dado los eslavos. Los dos, aunque griegos, eran también macedonios. Sus cuerpos tan fornidos debían provocar terremotos cada vez que se entregaban el uno al otro.

En algunas ocasiones Vanguelis también venía, le gustaba la cocinera, Anna, pero él era muy tímido para estas cosas. Había atravesado varias veces solo toda Europa con su camión de gran tonelaje, había sido contrabandista en Albania y se había jugado la piel durante los años de la dictadura de los coroneles. Era un hombre valiente, de pocas palabras, de cejas pobladas a lo Leónidas Breznev y apocado con las mujeres que le gustaban.

Otras tardes me acompañaba Christos cuando podía desprenderse por fin de su novia, ya que a ella no le gustaba ese lugar de maricones, decía siempre malhumorada. Si nos emborrachábamos lo suficiente también se nos añadía Dimitri, el cuñado de Christos, poeta y dramaturgo de cierto renombre, que para sobrevivir debía hacer de peletero y aceptar las ayudas de su suegro.

Algunas noches todos nosotros acabábamos cantando canciones tristemente alegres, y en otras, la taberna se vaciaba antes de hora y nos íbamos a dormir temprano. A veces hablábamos de política, de dinero y a veces de sexo. Y había noches que venía un muchachito que se quedaba a escuchar el cóctel de idiomas que allí se oía y que pedía vino barato y nunca decía nada. La que tampoco hablaba era Anna, la cocinera, pero se comía con los ojos al muchachito éste, que no le hacía caso, ni mucho ni poco. Era muy joven y bello, con cabellos negros y ensortijados, y su rostro apenas empezaba a parecerse al de un hombre. Hubiera podido ser su propio hijo, al menos por la diferencia de edad podía haberlo sido, pero sólo pensarlo la entristecía. Yo la miraba disimuladamente y veía su anhelo, y me fijaba en su piel, en su cuello, en sus brazos, en su escote, brillantes y húmedos. Pobre Anna, todavía era una mujer guapa, la verdad es que sí, hermosa y llena de regalos, pero...

----------------------------------------------------------------------------------------------------------

La noche anterior había llovido, y en los pliegues de las lonas que cubrían unos bultos medio olvidados, se había acumulado algo de agua. Fue esa agua la que aprovecharon para lavarse la cara, más mal que bien, tres hombres y una mujer. Los cuatro muy jóvenes.

Al invierno le quedaban pocos días y ya había transcurrido más de un mes desde que el lago se había deshelado, pero aun hacía frío por las noches, y aquellos cuatro habían dormido al raso.

Era muy temprano, las seis de la mañana, y yo me estaba tomando un café muy caliente con Vanguelis, en la taberna “Natalie”, cercana, como ya sabemos, a la estación de autobuses. Los ventanales eran amplios y estaban extrañamente limpios, y vimos claramente la escena desde el interior. Albaneses, ¿verdad?, pregunté.

Sí, deben haberse escapado del campo esta noche, respondió Vanguelis.

¿Y qué crees que se proponen?

Subirse al autocar que va a Thesaloniki, el mismo que te llevará a ti dentro de una hora si sale puntual, y una vez allí intentarán enrolarse en algún barco que vaya a la Europa atlántica o a los Estados Unidos. La otra posibilidad es ir hasta Igumenitsa para pasar luego a Italia por Brindisi. Antes, muchos usaban la carretera para ir a Alemania, pero ahora no es conveniente atravesar Yugoslavia.

Parecían unos mendigos, sucios y harapientos, pero había en ellos algo infrecuente. Los cuatro parecía que repetían los mismos gestos, casi al unísono. Y además, me sorprendieron sus movimientos de manos y de cuerpo, eran muy precisos, delicados, nada bruscos, eran elegantes. Hace mucho tiempo conocí a un bailarín que no andaba, se deslizaba. Esos cuatro también parecían ir en patines.

Tres de ellos entraron en la taberna donde estábamos, el cuarto, uno de los hombres, se quedó fuera.

Vanguelis se dirigió a la muchacha y le preguntó educadamente en albanés cómo se llamaba. La chica se sobresaltó. ¿Cómo te llamas?, insistió. Uno de sus compañeros respondió por ella, Natalie, se llama Natalie, dijo de manera cortante y también en albanés.

Pidieron cuatro cafés. Constandinos se los sirvió con aire sorprendido. Allí mismo se los bebieron, pagaron con dracmas, y se llevaron el que sobraba para su amigo que los esperaba en la calle.

Nada más salir aquellos tres, Vanguelis dijo, no son albaneses. ¿No?, ¿cómo lo sabes?, le pregunté.

El acento no es albanés, no sé qué son, pero albaneses no.

¡Natalie!, ha dicho que se llamaba Natalie, como mi hija, dijo Constandinos con cara de padre, ¡qué casualidad!, ¿verdad?

No hombre, no, le respondió Vanguelis, “Natalie” como la taberna, que es lo que han leído en el letrero que tienes afuera y que es lo que han repetido aquí dentro.

Claro, estos cuatro deben ser rusos o serbios, dijo Alexis. Yo creo que son americanos, oímos que decía Anna, desde detrás de unas ollas. La muchacha se parece a una artista de cine americano, ¿cómo se llamaba?, sí, una que murió ahogada, muy guapa, morenita, una que hizo una película de bandas callejeras, un musical.

Natalya Nikolaevna Zakharenko, oímos que decía alguien desde el fondo de la taberna. Era el muchachito aquél que nunca decía nada, el que venía a escuchar y a tomar vino barato. Se había mimetizado entre las mesas y sillas y nadie le había prestado atención. Ni siquiera Ana se había dado cuenta de su presencia.

¿Quién?

Natalie Wood. Queréis decir Natalie Wood, repitió alto.

Sí, eso es, Natalie Wood, ahora la recuerdo, ¿era rusa?

No, no era rusa, era una belleza.

El muchacho se levantó para irse y al pasar por mi lado, me dio con una leve sonrisa, un papel doblado. Todavía lo conservo.

Tomé el autocar que me debía llevar a Thesaloniki, y sí, en él se habían subido también aquellos cuatro albaneses, servios, rusos o norteamericanos. Efectivamente, la chica era igual que Natalie Wood. Cuando paramos a medio camino para estirar las piernas me acerqué para hablar con ella, pero ésta es otra historia que de momento no hace al caso.

Para permanecer

Debía de ser la una de la noche,
o quizás la una y media.

En un rincón de la taberna
detrás de la mampara de madera.
Aparte de nosotros dos, el local estaba vacío del todo.
Una lámpara de petróleo apenas lo iluminaba.
El camarero, que hacía el turno de noche, dormía tras la puerta.

No nos veía nadie. Pero
ya nos habíamos excitado de tal manera
que prescindimos de cualquier precaución.

Los vestidos entreabiertos – no había demasiados,
porque abrasaba el divino mes de julio.

Placer de la carne
por entre las ropas medio abiertas,
apresurada desnudez de la carne… Y su visión
ha traspasado veintiséis años. Y ahora llega
para permanecer en este poema.

Konstandinos P. Kavafis

servido por el-peletero 24 comentarios compártelo

24 comentarios · Escribe aquí tu comentario

X

X dijo

Alucinante historia en torno a un nombre, Señor Peletero.
Precioso el poema que se supone que era un papel doblado,
Un saludo.

14 Mayo 2007 | 06:45 PM

El-peletero

El-peletero dijo

Gracias por su comentario, querida X, pero en nigún momento digo que en el papel doblado esté el poema.

Saludos.

14 Mayo 2007 | 07:00 PM

X

X dijo

Bueno, pero yo lo supuse así. Mal o bien así fue.

14 Mayo 2007 | 07:07 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Pues si usted lo supuso así, querida X, está bien supuesto.

Saludos.

14 Mayo 2007 | 07:58 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Peletero, espero que lo que digo no le suene a "lambonería", como decimos en mi país, pero cuando vengo a este blog, no quiero salir de él. De lejos es uno de los mejores que he visitado. Hay que ser hábil en la escritura para recrear de una manera tan fiel, el ambiente del momento que se narra y transmitir la gama de emociones y sentimientos de los personajes, y hacérselos vivir al lector, i.e: "sus cuerpos fornidos debían provocar terremotos, cada vez que se entregaban uno al otro". "Era un hombre valiente y apocado con las mujeres que le gustaban". Cómo se ve que usted ha recorrido mundo y es un conocedor profundo de la naturaleza humana. Luego la frase del griego y el comentario: "Natalie, ha dicho que se llamaba Natalie, como mi hija..., dijo Constandinos con cara de padre". No deja de llevar ternura e ironía que un hombre que dejó a su hija y a la madre por un amante, y en apariencia, jamás se preocupó por ellas, lo asalte el amor filial con solo la mención del nombre de la hija abandonada. Así es la vida. Sin embargo, confieso que al final me he confundido..., como con la mayoría de sus relatos. No veo la relación entre el joven silencioso y el papel que le entregó. Me parece que el poema describe la relación espúrea que tuvo el griego con la mamá de su hija, o me equivoco? En todo caso una maravilla de relato. Me ha hecho soñar, hasta con la coincidencia: No es que yo fuera una belleza de jovencita, pero algún enamorado miope que tuve, me sacaba parecido con Natalie Wood. Gracias, por las sonrisas de vanidad, que me produjeron esta mención. Y gracias por continuar escribiendo. Para serle sincera, utilizo su espacio como mi "propio taller". Me fascina leer y además escribir, y aquí creo que estoy aprendiendo y mejorando a través de la pluma de un verdadero maestro. Un saludo.

15 Mayo 2007 | 04:54 AM

X

X dijo

Querido Peletero, ¿no me estará dando la razón como a los locos?
:-)
Por suponer de este relato supongo muchísimas cosas más y usted como buen escritor deja pues, que así sea. Pero yo como buena o mala lectora me gustaría que usted las explicara.
A mí me interesa, por ejemplo ese chaval joven que tanto sabe de mujeres hermosas.
Y ese poema que no deja clara ninguna tendencia y es para todo el que lo quiera coger.

Saludos.

15 Mayo 2007 | 09:18 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Madeleine, le agradezco profundamente sus palabras que sin duda son injustas.

El muchachito griego es un personaje neblinoso, pero es un muchacho, un hombre, que entrega un papel al narrador, otro hombre, en una taberna regentada por dos hombres que son amantes y pareja, sentimental y económica.

En ningún lugar del relato se dice que Constandinos haya "abandonado" a su hija y que no se haya preocupado por ella. En ningún lugar se dice que él fuera el primero en tener un amante, tal vez fue su esposa la que lo abandonó antes a él por otro hombre u otra mujer. Cada vez hay más madres y padres separados que conviven con parejas de su propio sexo. Cada vez hay más y les parece ir mucho mejor.

En todo caso es importante ver en el dibujo que encabeza la historia que son dos hombres desnudos los que yacen juntos en la misma cama.

Y mucho más importante es saber quién fue el autor del poema que hay al final.

Konstandinos P. Kavafis. Fue uno de los grandes poetas griegos, reconocido mundialmente por su homosexualidad. Icono gay de renombre y un enorme placer leerlo para todo aquel que guste del placer. Sea furtivo o no.

Saludos.

15 Mayo 2007 | 01:00 PM

X

X dijo

Pues vale,

DESDE LAS NUEVE
Doce y media. Rápido pasó la hora
desde las nueve cuando encendí la lámpara
y me senté aquí. Estaba sin leer,
y sin hablar. Con quién hablar
enteramente solo en esta casa.
La imagen de mi cuerpo joven,
desde las nueve cuando encendí la lámpara,
vino y me encontró y me recordó
cerradas piezas perfumadas,
y pasado placer -¡qué atrevido placer!
Y también me trajo ante los ojos,
calles que ahora se volvieron inconocibles,
locales llenos de movimiento que se acabaron,
y teatros y cafés que alguna vez existieron.
La imagen de mi cuerpo joven
vino y me trajo también las cosas tristes:
duelos de la familia, separaciones,
sentimientos de los míos, sentimientos
tan poco apreciados de los muertos.
Doce y media. Cómo ha pasado la hora.
Doce y media. Cómo han pasado los años.

15 Mayo 2007 | 01:09 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Mi muy querida X, claro que no le doy la razón de los locos, ni mucho menos. Pero los escritos pertenecen tanto, o incluso más a los lectores que al propio autor. Por eso es perfectamente legítimo que usted vea en él lo que crea conveniente.

Pero usted también me pregunta y yo debo responderle.

No sé si el muchachito entendía de mujeres, ¿qué le hace pensar así? En todo caso, sí puedo afirmar que "entendía" de hombres y mucho.

La remito a la respuesta que le he dado a mi amiga Madeleine de Cubas.

Quizás es curioso ver también que a Vanguelis le gustaba Anna. A Anna le gustaba el muchachito. A el muchachito le gustaba el viajero y narrador al que le entrega la nota. Y a éste parece gustarle la albanesa que se parece a Natalie Wood.

Eso acostumbra a pasar mucho en la vida, donde los amores y los sexos se entrecruzan sin encontrarse jamás. Es una lástima, es una fuente inagotable de dolor. A veces parece que todos vayamos detrás del conejo equivocado. De eso, el poeta Kavafis sabía mucho. De placer y de dolor.

Saludos X y que tenga un buen día.

15 Mayo 2007 | 01:12 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida X, le puedo asegurar que los cuerpos siempre son jóvenes. Siempre. Todo depende de quien los mira y no me interprete mal. En mi casa tengo a dos "niños" con dos cuerpos preciosos y bellos.

Saludos

15 Mayo 2007 | 01:16 PM

X

X dijo

Querido Peletero no quise decir que entendía de mujeres, más bien que entendía de hermosura o belleza...pero ahora que veo el comentarío da lugar a equívocos.
El poema que tan acorde, tenía una segunda interpretación particular ¡¡¡Desde las nueve que puse el comentarío!!! (es una bromita).

Besos.

15 Mayo 2007 | 01:24 PM

X

X dijo

¡¡¡Que bueno!!!, ahora que vuelvo a releer sus comentarios...creo que me reiré.
Saludos.

15 Mayo 2007 | 01:55 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Querido Peletero, saber aceptar los elogios merecidos es también una señal de humildad..., claro, que usted nunca ha dicho que tenga esa cualidad. Es que se me antoja a mí añadírsela a las tantas que tiene. Muchas gracias por las explicaciones. Creo que las necesitaba. Aunque sospeché que el chico era homosexual, no me atreví a decirlo explícitamente, porque no estaba segura. Fíjese, creí que tenía un romance secreto con Costantinos, ja, ja. Así es la vida, y el objeto de sus amores era el narrador. Yo no dije que el griego no se hubiera preocupado por la hija y la madre, dije que en APARIENCIA no se había preocupado, pero tiene razón en decir que la historia no menciona que las hubiera abandonado. Una que no sabe ser "imparcial" cuando de infidelidades y abandonos se trata. Tiene razón, mucha razón, la vida nos da sorpresas y no siempre la realidad es como una se la imagina. Tampoco conocía a Kavafis, reconozco mi ignorancia en ese sentido, a pesar de que me encanta la poesía. Y a propósito de poemas, el que X ha puesto aquí, también me gusta muchísimo. Un saludo y gracias por contestar.

15 Mayo 2007 | 07:44 PM

rincones

rincones dijo

Madeleine no exagera en absoluto, Pele. Tienes una endiablada habilidad para pintar paisajes humanos, la trastienda de la sociedad, de las más altas y bajas pasiones humanas. La cara oculta de la luna... Y no sé si es tu intención, pero por muy crudos que sean tus personajes y las situaciones en que los sumerges aparecen siempre dotados de una cierta aura de fragilidad. Tienen vocación de personajes de tragedia griega...

El matrimonio que fracasó, Vangelis enamoriscado de una Anna que a su vez solo tiene ojos para el hermoso efebo de los cabellos negros y ensortijados (¿tal vez una alusión a Kavafis?), quien contempla al narrador con ojos soñadores... Barcos que se cruzan en alta mar sin tocarse nunca, lo que parece ser el sino de tantas y tantas relaciones humanas....

Y al final del relato, tras la contemplación de ese fresco de miserias humanas (la que empuja a los no-albaneses, o lo que fueran), de destinos truncados en uno u otro sentido y que deja cierta sequedad de boca, el licorcito fuerte de este espléndido poema...

Un besazo, Pele. Madeleine lleva toda la razón del mundo.

15 Mayo 2007 | 08:02 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Gracias a usted Madeleine por pasarse por mi casa. Es de justicia repetir eso que afirma respecto al poema de X, efectivamente, a mí también me gusta.

En relación a Kavafis es necesario decir, que independientemente de su homosexualidad, es uno de los grandes poetas griegos y europeos del siglo pasado. Pocos han hecho, entre otras cosas, una poesía erótica tan atrevida y hermosa.

Él también forma parte de ese pequeño grupo tan interesante y seductor, de escritores "poco" seductores en su vida privada. Grises oficinistas, como Franz Kafka o Fernando Pessoa. Poco ruidosos, ellos, no su obra.

Saludos.

15 Mayo 2007 | 08:08 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida ren, lo has dicho muy bien, la cara oculta de la luna.

Yo creo que la vida es así, somos frágiles y tenemos miedo, mucho miedo, estamos aterrados y nos causa pavor sufrir, tener dolor. Equivocarnos. Que nos abandonen.

¿Qué debemos hacer?, yo no lo sé. Hasta donde me permite mi miedo me arriesgo.

Besos ren.

15 Mayo 2007 | 08:22 PM

rincones

rincones dijo

Totalmente de acuerdo, Pele. A veces nos causa temor hasta la felicidad, por miedo a perderla.. ¿Qué hacer? Solo vivir; es que además estamos condenados a ello desde punto y hora que nos nacen. Porque ni siquiera venimos a este mundo queriendo; en ese sentido no somos más que sujetos pacientes. Nos nacen... ¿Cómo hacerlo? Como dices: arriesgando. Solo gana el que apuesta, aun a sabiendas de que puede perder. El que desde luego jamás obtiene nada es el que no se la juega. Qué facilito parece dicho así, ¿verdad..?

Buenas noches, amigo, que sueñes con los angelitos. O mejor..con los dioses. Con esa tan hermosa de piel canela.. :-)

Por cierto, echo de menos al Gordo.

16 Mayo 2007 | 12:33 AM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Gracias por el respaldo, querida Ren. Eres otra maestra. Es que entre profesionales es muy fácil reconocerse. Debo decir que he disfrutado inmensamente este post y también los comentarios. Abrazos estrechos para todos.

16 Mayo 2007 | 06:30 AM

rincones

rincones dijo

..al César lo que es del César... Es que llevabas toda la razón, Madeleine; este señor escribe como los propios ángeles, sobre todo cuando desciende a los infiernos y remueve demonios, cuando trae pobres diablos a sus líneas. Yo también me confieso Pele-dependiente. Un besote.

Pele, bon día. Un petonet.

16 Mayo 2007 | 12:19 PM

X

X dijo

¿Ya se puede?, no se podía comentar…Buenos días y un saludo afectuoso a todos.
Querido Peletero estoy de acuerdo en que los cuerpos siempre son jóvenes. Y además puedo confesar que me encuentro en ese momento, que ya parece un clásico, mágico por el que las mujeres pasamos en el que te miras y el cuerpo es perfecto y la cabeza lo entiende, es más siempre lo fue pero la cabeza no lo entendía. Es tan simple como que dejas de probarte cincuenta camisas antes de salir a la calle. Ahora la primera que cae, cae de maravilla y así sales y observas que los demás lo advierten. Peletero estoy en esa edad que podría hacer verdaderas maravillas con mi cuerpo. Pero también es verdad que algo que es el paso del tiempo, ahora es pensado de una forma muy especial, como si fuera muy, muy mayor. Ese desde las nueve de Kavafis es precioso. Descubrí a Kavafis de una manera casual, en una "simple" conversación, como casi todo lo que he descubierto en esta vida.
Y si no le importa lo copiaré y pegaré en el corcho de mi casa. Un saludo.

16 Mayo 2007 | 01:03 PM

el-peletero

el-peletero dijo

No me importa querida X, por supuesto que no, péguelo en su corcho. Por cierto, ¿qué es un corcho?

16 Mayo 2007 | 02:12 PM

X

X dijo

Querido Peletero que pregunta tan simple, pero que difícil.
Un corcho, es un pedazo de alcornoque.

16 Mayo 2007 | 03:23 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Eso significa X, que usted tiene un pedazo de alcornoque en su casa, ¿para qué?

16 Mayo 2007 | 04:07 PM

X

X dijo

Para descorchar.

16 Mayo 2007 | 04:19 PM

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Sobre mí

Si desnudar a alguien no ha sido nunca una actividad baladí, vestirla tampoco lo es y mucho menos cuando la materia prima es algo tan sublime como la piel. Este es el hecho, sin más, y en él nos regocijamos y sobre él nos preguntamos y nos hacemos responsables, hasta las últimas consecuencias. ______________________________________________________________ __________________________________________________________________

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