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Terra
La Coctelera

El peletero

WHAT YOU SEE IS WHAT YOU GET

7 Junio 2007

El peletero/Y sus zapatos

Era conveniente y necesario ahorrar el dinero que podía costarme el autobús. Eso significaba que debía ir y volver a pie. El trayecto sería tan largo como lo podían ser dos horas andando cuesta arriba. Un humilde ahorro para mi bolsillo que sin duda mi corazón también agradecería. Caminar es saludable, me recordaba a menudo mi médico de la sanidad pública. Ya que yo era pobre -me reí al pensarlo- al menos que fuera un pobre sano. Ya que estaba hambriento, al menos ágil. Ya que era soltero, al menos alegre. Me volví a reír mientras caminaba calle arriba. Durante un tiempo pensé que aquella excursión urbana valía y valdría la pena.

¡Caramba!, aquella muchacha vivía lejos, allí donde la ciudad se levanta, donde las perspectivas son inusuales y espectaculares. Allí también, donde las calles que bajan te muestran avaras pedacitos de mar oscuro, brillante, casi negro, debajo de un cielo azul, insultante y vanidoso.

Menchu, Merche, Conchi, Pili, no recuerdo exactamente el nombre, era una peluquería pequeña, sencilla y humilde. Estaban ella, que era la dueña, y una empleada con la cara llena de clavos, agujas y tornillos que taladraban su carne todavía tierna. Sus novios debían de ser faquires para poderla besar.

Me cortó el pelo y me cobró poco. Rubia pálida, sin un rayo de sol en la cara, años más tarde tuvo un amante con el que debía vestirse de cuero negro y usar el látigo para mantener el entusiasmo. Eso lo sé porque la gente no sabe mantener la boca callada y guardar los secretos. Si no quieres que algo se sepa, no se lo cuentes nunca a nadie.

Me cobró poco, pero yo había supuesto ingenuamente que acostarme con ella me daba derecho a que me cortara el pelo gratis, pero no, estaba equivocado. A mi también me cobró. Eso demostraba que yo no tenía ni idea de mujeres ni de economía.

Una vez a la semana peinaba y cortaba en una residencia de ancianos. Todos ellos pasaban por sus manos. Empezaba temprano por la mañana y a media tarde ya había terminado.

Tenía la boca no del todo fea y los dientes de coneja o de ratón, no sé. Y pensaba muy satisfecha de si misma que el matrimonio por interés es una aberración. Era una de esas mujeres que están absolutamente convencidas de ser unas románticas. En la peluquería escuchaba mucho y hablaba lo justo para no ser descortés y procuraba reír siempre las gracias de las clientas. Más tarde te decía que todas eran iguales, que daba lo mismo que tuvieran 15 años o 95. Pero eso solamente te lo contaba a partir del tercer gin-tónic, cuando ya se quedaba dormida en el sofá. Yo, con todo el miramiento del mundo la llevaba a la cama, la desnudaba, le colocaba el pijama rosa con angelitos infantiles dibujados, la acostaba, le daba las buenas noches con un beso en los dientes de roedora y me iba. Andando.

El bolsillo y el corazón, tarde o temprano me lo agradecerían.

¡Caramba!, esta muchacha vivía lejos de mi casa aunque muy cerca de su propia peluquería, pequeña, sencilla y humilde. Al regresar, el camino se hacía cuesta abajo, y las casi dos horas de ida se convertían a la vuelta en algo más de una. De noche no podías divisar el mar desde ninguna atalaya. Parecía que el cielo se hubiera ido al otro lado del mundo, que hubiese abandonado el Mediterráneo para iluminar el Caribe. Todo se había oscurecido tanto que ya daba igual qué era lo que veías, si una cosa u otra. Ya daba lo mismo bajar que subir. Ir que volver.

Lo que me ahorraba en autobuses serviría para comprarme un buen par de zapatos. Tanto ir y venir empezaban a desgastar los únicos que me quedaban. Un botón de la camisa caído se puede disimular. Si eres hábil con la aguja y el hilo puedes zurcir apañadamente un siete, un descosido o un desgarrón, pero es muy triste tener que colocar un pedazo de cartón en el zapato para tapar el agujero de la suela. Y ¿si la suela se desclava entera?, ¿qué haces?, ¿andar descalzo? Desgraciadamente este tipo de cosas me habían sucedido. Por eso no podía ver nunca la escena aquella en la que Charles Chaplin se come un zapato como si fuera un pavo al horno y los cordones como si fueran espaguetis.

La mayoría de las personas nunca se fijan en los zapatos que calzas, pero hay algunas que precisamente es lo primero que miran de ti. Ha de ser aquello de que para conocer de verdad a alguien debes ponerte en sus zapatos, solamente así te haces cargo de la verdadera dimensión de su vida. Ponerte en su lugar. He de reconocer que mi peluquera siempre me recriminaba el estado de los míos. Pero lo suyo no era empatía ni simpatía, ni tampoco amor por la estética y el buen gusto. Podía haber sido fetichismo, eso lo hubiera entendido, o simplemente interés por mi aspecto; no era nada de eso, solamente era malestar ante una muestra de pobreza. A pesar de ella, de mi pobreza, yo trataba de cuidarme. A veces mis pantalones podían brillar demasiado por el uso, es cierto, pero siempre estaban limpios. En alguna ocasión me habían llegado a cortar el agua por falta de pago, pero siempre había un buen amigo que me ofrecía su baño y su lavadora para lavarme y lavar mi ropa.

Procuraba sacar partido de la situación fabricándome un cierto aire bohemio que disimulaba mi falta de medios y mi precariedad económica. A mi peluquera fue una de las cosas que le gustaron de mí. Ese desaliño estudiado le agradó. Se pensó que era un poeta. Se entretenía despeinándome más de la cuenta, para así poder peinarme después. Le gustaba la parte superior de mí, mi rostro y mi cráneo, tal vez porque era peluquera, pero a medida que iba bajando se iba desalentando hasta llegar a los zapatos. Con ellos no había nada que hacer, ni siquiera cuando me desnudaba y me los quitaba, conseguía su absoluta atención, esa atención que se necesita tener cuando dos están desnudos y pegados el uno al otro. Pensaba que era un poeta.

Siempre llegaba tarde a mi propia casa. Llegaba o salía, pero tarde, siempre de noche. Si la madrugada estaba ya muy avanzada, al salir del ascensor conseguía que el dulce aroma de la pastelería vecina me cubriera como un bálsamo, era un buen presagio. El vestíbulo de la escalera y el obrador del establecimiento se comunicaban por una estrecha puerta y una rejilla de ventilación. La dura oscuridad del exterior contrastaba con la suavidad de los olores, y la paradoja se acentuaba siempre que deslizaba la mirada por encima de las podridas paredes y estucos que supuraban tristeza y abandono. Incluso una noche, la paradoja se redobló cuando, a medio metro de la puerta principal, una rata de considerables dimensiones se me quedó mirando inmóvil. Ninguno de los dos dio un paso; la sorpresa nos había paralizado a ambos por igual. Di una patada en el suelo y la rata comprendiendo que yo sólo deseaba pasar, dio media vuelta y lentamente se escondió por donde seguramente había salido. Su pelado rabo todavía asomaba por una rendija cuando cerré la puerta de la calle.

Hoy he tomado una decisión respecto a mi peluquera, se lo he dicho con mis mejores palabras, pero no sé si ha comprendido exactamente que no nos volveremos a ver más. Que no subiré otra vez el camino que lleva a su casa, que no iré a su peluquería para cortarme el cabello y que nunca más la acostaré con ternura en su cama después de su tercera copa. No estoy muy seguro, pero yo diría que no ha entendido lo que le estaba diciendo.

Hoy, después de esa conversación con ella, y al llegar tarde también a mi casa, me he encontrado con la ordinaria ironía de hallar la finca otra vez sin luz. La escalera estaba completamente a oscuras y el ascensor, por supuesto, inutilizado. Debía subir los cinco pisos a pie.

Como no fumo no tenía ni un triste mechero que me iluminara y la batería de mi teléfono móvil se había agotado. No me ha quedado más remedio que subir a tientas.

A medio camino me he encontrado con mi vecina de rellano, Angelina, con una cerilla prendida. Es una mujer que ya supera los ochenta años, es viuda, no tiene hijos y vive sola. La he hallado sentada en la escalera, tan asustada como cansada.

¿Qué haces aquí a estas horas?, ¿te encuentras bien?

No me ha respondido, solamente me ha pedido que la ayudara a terminar de subir los dos pisos que le faltaban.

Yo siempre hacía bromas con ella y con su nombre llamándola mi Ángel de la Guarda, y hoy sinceramente, me lo ha parecido más que nunca.

Cuando hemos llegado a nuestro rellano hemos tenido que abrir nuestras respectivas puertas a tientas porque sus cerillas ya se nos habían agotado, y a tientas también entrar cada uno en su casa.

Una vez dentro he cerrado.

A tientas.

Y con llave.

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He dado mi corazón a una mujer barata.
Se me pudría en las manos. ¿Quién la habría querido?
En la basura un viejo zapato
luce igual y parece un tesoro casi perdido.

Todas las muchachas finas que rondan a mi vera
no han tenido la virtud de ofrecerme el consuelo
que da un abrazo, pues el hombre no llora
por los ojos, llora por el sexo, y es amargo llorar solo.

Quiero que lo sepáis bien los parientes y amigos:
Josep Palau no es un ángel ni un niño modelo.
Si tenían de mí una imagen bonita,
ahora les ofrezco una de muy fiel.

No quiero más ficciones alrededor de mi vida.
Aquella mascarada ha durado demasiado.
Como que os angustia que os muestre la herida,
por eso dejo todavía el zapato en el estiércol.

“El zapato” Josep Palau i Fabre

servido por el-peletero 21 comentarios compártelo

21 comentarios · Escribe aquí tu comentario

X

X dijo

Hola querido Peletero ¿Qué tal?…
¿Porqué después de tanto gastar zapato decide no volver?.
Las mentiras hacen tomar a veces decisiones increíbles, como no volver a gastar unos zapatos remendados cien veces. Pero como usted bien dice a veces contar una verdad acaba por ser noticia y las mentiras embellecen. Pero siempre serán mentiras.
Saludos.

7 Junio 2007 | 07:46 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Mmm..., Peletero, interesante relato. Tenía razón la peluquera, unos zapatos descuidados pueden arruinar hasta al más elegante de los trajes. Para mí son un accesorio muy importante, y resulta que mucha gente no le presta atención a este detalle. Qué coincidencia, he escrito un cuento, que se titula los "Zapatos de Isidro" (todavía no me decido a publicarlo, porque no estoy tan segura de que sea tan bueno como los tuyos), pero es precisamente de un chico que conocí, que trabajó de jardinero de mis tíos, y para quien tener un par de zapatos fue el motor de sus sueños. Pero volviendo a tu historia, curioso personaje la peluquera, llegaba al extremo de cobrarle a su amante por cortarle el cabello, lo que indica que le daba un valor a su trabajo de peluquera, sin conceder excepciones, y no le cobraba por acostarse con él, lo que me lleva a pensar que en efecto era romántica y no prostituta. Pero luego, consideraba aberrante casarse por interés, y sin embargo, no podía pasar por alto la pobreza evidente de su amante. Yo sí creo que caminar es un buen ejercicio para la salud, en el caso de este hombre lo fue también para el corazón..., hasta cuando se dio cuenta que en realidad el esfuerzo no valía la pena. Hizo bien, en abandonar a la peluquera. Los zapatos se pueden mandar a "remontar" cuando se gastan, o con lo que ahorras te puedes comprar un par nuevo, pero no vale la pena acabarlos en quien no merece el esfuerzo. Como siempre muy buen post. Un saludo.

8 Junio 2007 | 07:40 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida X, yo no sé si en esta historia hay alguna mentira, pero sí un cierto desajuste entre lo que uno cree de sí mismo y lo que uno hace. Ese desajuste es muchas veces necesario para sobrevivir, aunque sea haciendo daño a otros, sin querer por supuesto, aunque sea vistiéndose de cuero negro, colocándose el antifaz y usando el látigo para no perder la ilusión.

Para sobrevivir a la vida y a los demás, y no tener que cerrar la puerta con llave.

Saludos.

8 Junio 2007 | 11:36 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Apreciada Madeleine, has hecho un análisis perfecto y preciso.

Efectivamente, la peluquera solamente cobra por su trabajo, no por acostarse con él. Pero aunque se crea una romántica no soporta la pobreza. La falta de dinero corroe los mejores sentimientos, las intenciones más bondadosas, las esperanzas más ensoñadoras, los amores más apasionados. La pobreza destruye el futuro.

Él lo sabe y lo sabe muy bien, pero su cuerpo, más que su corazón, lo impelen a intentarlo una vez más cada cierto tiempo, y una vez más fracasa y fracasará.

Él lo sabe y ella no, que se cree una romántica.

Saludos.

8 Junio 2007 | 11:37 AM

X

X dijo

Sí querido Peletero eso pasa más de lo creemos, lo que decimos no se ajusta muchas veces con lo que hacemos. Pero creer que lo que se dice es lo cierto, es tan erróneo como pensar que lo que se hace es lo incorrecto. Mantener una ilusión es bueno, siempre y cuando se tenga muy, muy claro que no se hace daño como usted dice y esto sólo se sabe siendo uno coherente, pensando que una vestimenta como esa no mantiene una ilusión, sino más bien un poder. ¿Todo nos lleva al poder?.
Y sí también la falta de dinero puede hacernos muy infelices, es lo que nos toca vivir porque sin dinero no eres ni tienes nada, es la ausencia absoluta de todo. El mundo está montado alrededor del dinero, y es así como nos controlan traspasando las fronteras de los sentimientos.
Un saludo.

8 Junio 2007 | 01:25 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Yo te aseguro, Peletero, que es la pobreza de ESPIRITU, lo que destruye el futuro. El dinero sólo sirve para comprar cosas, y no se puede negar que es importante, pero aunque suene como una frase "cliché", doy fe de que NO es la felicidad. Por lo mismo, hay tanta gente miserable con mucha plata. Y por supuesto, que ni el "cuerpo", ni las energías físicas nos bastan para triunfar, es preciso obrar desde el corazón. Tienes razón, Peletero, por eso nuestro héroe sabe que fracasará. Ah! y me olvidaba decirte que también me encantó el paralelo entre la mujer y la rata. Porque me supongo que no es casualidad el aspecto físico de ella y su actitud tan parecidas al animal y a la actitud del animal, o me equivoco? Bueno, muy bueno, el relato, Peletero. Ni sabes bien, cómo me ha ayudado para reafirmarme en algunas de mis convicciones. Me ENCANTA leerte. Lo único que me pone nerviosa son los animales y los personajes que escoges. Pero ese eres tú, Peletero, y no puedo pretender que elijas lo mismo que yo. Un abrazo.

8 Junio 2007 | 08:50 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Apreciada X, las personas han de vivir con lo que pueden y eso casi siempre es muy poco para casi todos. Pero no pidas que la vida te dé aquello que tú no le das, esa es siempre una condición necesaria aunque muy pocas veces suficiente.

Pero nos hemos de empeñar, insistir, aunque a veces cerremos la puerta, tarde o temprano, habremos de volverla abrir.

Saludos.

8 Junio 2007 | 09:27 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Siempre eres muy amable conmigo Madeleine y te lo agradezco profundamente.

La escena de la rata es cierta e inquietante, por eso la usé. Y la escena de mi ángel de la guarda también. Y la del obrador y sus dulces olores y perfumes igualmente.

El personaje de la peluquera no sabe que es una rata, no saberlo es el problema. Por eso no entiende que él se está despidiendo de ella.

Saludos.

8 Junio 2007 | 09:34 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Eres un caso, Peletero. No te alabo sólo por amabilidad, lo hago, porque en realidad eres muy bueno escribiendo, y supongo que tú lo sabes. Pero, me encanta que me agradezcas..., porque eso indica que eres una persona fina, y además sabes que soy sincera. Entonces, sí tuve razón en lo del paralelo, la peluquera era ruin, que no lo supiera no es importante. Con que él se diera cuenta fue más que suficiente.
Ya estoy en espera de la próxima historia, ja, ja. Estoy como cuando era niña y dejaba un dientecito para que el ratón Pérez me trajera un regalo. Me la paso "vigilando" a ver qué nuevo regalo ha dejado el Peletero. Un abrazo.

9 Junio 2007 | 03:46 AM

Aurora Ferrer Sancho

Aurora Ferrer Sancho dijo

Bue. ¿Y mi anterior comentario? Hm.

9 Junio 2007 | 12:03 PM

El-peletero

El-peletero dijo

Apreciada Aurora, se me han borrado cuatro mensajes, cosas de la coctelera, ya sabe.

9 Junio 2007 | 12:55 PM

X

X dijo

Querido Peletero tiene usté razón y es más le diré que es bueno conformarse con TODO lo que la vida te da, que es lo mismo que decir con NADA.
Saludos de nuevo.

9 Junio 2007 | 04:27 PM

Aurora Ferrer Sancho

Aurora Ferrer Sancho dijo

Sí, ya sé, querido Peletero; por eso estoy de mudanza. Se hace pesado perder comentarios y posts y andar siempre de morros con el servidor porque no te deja publicar o subir archivos o te desconfigura la mitad del blog. Mi nuevo sitio será http://auroraferrer.wordpress.com, por si quiere hacerme alguna visita de vez en cuando; sabe que será bien recibido. Si le parece a usted bien, yo le enlazaré desde mi nueva casa y seguiré leyendo sus historias de grandeza y miseria humanas.
En el anterior comentario le decía que se le había escapado a usted una dirección de correo electrónico en su última observación en página y le preguntaba sobre el significado del desliz.
Por cierto, algunos zapatos están bien para caminar (otros sólo son fuente de rozaduras, dolores varios y/o recalentamientos), pero yo creo que siempre se está mejor descalza.
Saludos domingueros.

10 Junio 2007 | 11:35 AM

rincones

rincones dijo

Este ha sido uno de los relatos tuyos que más me ha gustado, Pele, sin duda. Y el personaje que más me ha encadilado a pesar de que no ha dispuesto más que de un capítulo para desplegerse ante nuestros ojos. Por el Gordo he llegado a sentir simpatía, casi cariño, y una ternura motivada precisamente por la agresividad con que se defiende del entorno, porque me parece que por dentro debe de tener mucho miedo a caer en la más mínima debilidad y que se le desmoronen todaslas murallas que se ha construido en derredor.

Pero este otro personaje me ha llegado al alma. Siendo el más pobre, creo sin embargo que es el más rico porque su estoicismo ante la vida le protege de lo que es inalcanzable para él. Es capaz de reconducir sus sentimientos, sus emociones, de plegarse como junco ante los vientos que le embisten. Incluso se ríe cuando piensa en su pobreza. Juraría que esa risa le nace de dentro... Me gustan de él la dignidad con que lleva su estado, esa limpieza que procura a toda costa, el estudiado desaliño con que intenta disimular una pobreza de la que sin embargo no reniega ni una sola vez. Se alimenta del olor del obrador de al lado, ni siquiera intenta matar a la rata, no despotrica contra la falta de luz... Asume su pobreza con dignidad, entereza, con naturalidad...Creo que hasta con sabiduría.

Nada que ver con la peluquera. Creo que aún teniendo mejor situación económica que el protagonista es mucho más pobre que él, carece del savoir faire que éste emplea con su existencia. Ella se limitará siempre a reptar por la vida. Lo único con que se intenta elevar sobre ella es con su convicción de que el matrimonio por interés es una aberración. Es su único galón...

Un beso, Pele, de verdad que ha sido un relato espléndido.

13 Junio 2007 | 10:46 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida ren, siempre sabes hacer un análisis preciso, delicado y absolutamente acertado. Una vez más lo has hecho.

Mis palabras no pueden mejorar las tuyas que son perfectas. Así que me callo y te doy las gracias.

Saludos.

14 Junio 2007 | 12:35 PM

rincones

rincones dijo

Si algún día decidieses continuar con las andanzas de este personaje, sería un verdaero placer para mí. De verdad que me ha gustado...

besos.

19 Junio 2007 | 11:29 AM

lamujeresqueleto

lamujeresqueleto dijo

Peletero, como me ha gustado esta historia.
Me ha pasado como con Victor, enseguida me he encariñado con él personaje.
La peluquera solo veía al poeta que imaginaba en él y él, que creía que merecía la pena, gastaba sus zapatos para estar con ella.
Pero ella era una rata y no lo sabía.Y se creía romántica y no lo era.Porque si lo fuera, ella no malgastaría su tiempo bebiendo, si fuera romantica de verdad apreciaría todo lo que él hace por estar con ella.
Pero pese a tomar la decisión de no volver a verla el sentimiento que transmite no es de enfado o fracaso.Es de aceptación.Como dice el poema final ,él le dió su corazón a una mujer barata.Y de vuelta a casa, la oscuridad.Una oscuridad que huele a obrador.
Cerrará la puerta ,a tientas y con llave.Pero él la volvera a abrir.

"No quiero más ficciones alrededor de mi vida.
Aquella mascarada ha durado demasiado.
Como que os angustia que os muestre la herida,
por eso dejo todavía el zapato en el estiércol."

No conocía el poema y me ha encantado, sobretodo el final.

Te dejo una canción, habla de otra peluquera.
Una historia triste pero preciosa.Espero que te guste.
http://www.youtube.com/watch?v=0ZT6L9LhH4c

Sabes lo que más me gustaría hacer ahora????
Me encantaría poder lavar tu pelo.
Un beso.

pssssss REN, gracias por traerme hasta aquí.
Un beso muy ,muy grande.

4 Febrero 2008 | 11:52 AM

rincones

rincones dijo

Me alegro de que te haya gustado, Contxa, imaginaba que sería así. Este personaje llena de ternura por esa dignidad y estoicismo con que afronta la vida. Me pareció un verdadero príncipe...

Besos, guapa. Pele, besos para ti también.

4 Febrero 2008 | 12:27 PM

el-peletero

el-peletero dijo

¡¡Caramba!! Ana Galiena, “El marido de la peluquera” Eso son palabras mayores, una verdadera joya. Una película inolvidable, fantástica, preciosa, bonita, encantadora, gracias, gracias, mil gracias por el regalo, un millón de gracias por recordarme esa película.

Desgraciadamente la peluquera del relato era distinta.

Sabes lo que más me gustaría hacer ahora????
Me encantaría que me pudieras lavar mi pelo.
Un beso.

4 Febrero 2008 | 12:35 PM

lamujeresqueleto

lamujeresqueleto dijo

Peletero, ayer domingo pude leer un artículo de Juan Goytisolo sobre Josep Palau i Fabre.
Murió el sabado 23 de Febrero a los 90 años en Barcelona.
No pude más que recordar este post, pues incluye "La sabata" en el artículo.
Te dejo el final de las palabras que le dedica:

"Recuerdo ahora su aguda observación acerca de la búsquedade una universalidad sin frnteras, en los antípodas de "pequeño contexto"(Kundera dixit) del nacionalismo identitario:

Que dos de los más grandes alquimistas medievales-Llull y Vilanova-sean catalanes,debería haber hecho reflexionar algo más a la gente de nuestro país.
Junto a la presunta filosofía catalana y a la escuela llamada del juicio 8del seny), doméstica y rancia, se yergue esta otra tradición, preñada de locura,que es la alquimia.Es la única que puede darnos un rango universal.La única por donde podemos hallar una grandeza que se corresponda con la grandeza del hombre."

Palu i Fabre, escritor catalán y europeo,pertenece a este universo sin fronteras que le otorga una perdurable modernidad.

Rest in peace

En el Comiat: La tinta m'empastifa els dits, les venes:/ He deixat al paper tota la sang.

Josep Palau i Fabre

U

25 Febrero 2008 | 10:04 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Palau i Fabre fue muchas cosas, entre ellas un hombre modesto, entrañable y un gran estudioso y trabajador.

Él también quiso ser un alquimista, un estrafalario, y un aventurero, pero era demasiado humilde y sencillo para ello, sin embargo hizo sus pinitos y sus intentos. Es enternecedor verlo actuar como secundario en esa fantástica película (es el de la barba), “El salario del miedo”.

http://es.youtube.com/watch?v=RjmYpKazUps

Su obra dedicada a Picasso es la referencia mundial del malagueño. Nadie que quiera saber algo del “gran” Pablo puede eludir a Palau i Fabre.

En el post cito su más conocido poema traducido al castellano, “la sabata”

Aquí está recitándolo él mismo en una grabación sonora y a continuación el texto, la traducción al castellano se encuentra, como he dicho, en el mismo post.

http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras?portal=147&Ref...

LA SABATA

He donat el meu cor a una dona barata.
Se'm podria a les mans. Qui l'hauría volgut?
En les escombraries una vella sabata
fa el mateix goig i sembla un tresor mig perdut.

Totes les noies fines que ronden a ma vora
No han tingut la virtut de donar-me el consol
que dóna una abraçada, puix que l´home no plora
pels ulls, plora pel sexe, i és amarg plorar sol.

Vull que ho sapigueu bé les parentes y amigues:
Josep Palau no és àngel ni és infant model.
Si tenien de mi una imatge bonica,
ara jo els n'ofereixo una de ben fidel.

No vull més ficcions al volant de la vida;
aquella mascarada ha durat massa temps.
Com que us angunieja que us mostri la ferida,
per aixó deixo encara la sabata en els fems.

Como hombre siempre me ha gustado eso de: “pues el hombre no llora
por los ojos, llora por el sexo, y es amargo llorar solo.”

Es una verdad que pocos se atreven a reconocer, pocos, pero sin duda pocas. Es una verdad áspera, ruda, según como decepcionante, según como tierna y según como triste. No es la verdad de ningún héroe, solamente es la verdad de un gran hombre, Josep Palau i Fabre.

Josep Palau no és àngel ni és infant model.
Si tenien de mi una imatge bonica,
ara jo els n'ofereixo una de ben fidel.

Que en paz descanse, fue uno de los grandes.

25 Febrero 2008 | 07:29 PM

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Sobre mí

Si desnudar a alguien no ha sido nunca una actividad baladí, vestirla tampoco lo es y mucho menos cuando la materia prima es algo tan sublime como la piel. Este es el hecho, sin más, y en él nos regocijamos y sobre él nos preguntamos y nos hacemos responsables, hasta las últimas consecuencias. ______________________________________________________________ __________________________________________________________________

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