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La Coctelera

El peletero

WHAT YOU SEE IS WHAT YOU GET

11 Junio 2007

El peletero/El Gordo y ella

Me llaman “El Gordo”, incluso aquí que no me conocen de nada. Incluso aquí, en este balneario de lujo, que también está lleno de sobrepesos, me apodan, sin ningún atisbo de originalidad ni piedad, “El Gordo”.

Quiero creer en cambio, que los que sí me conocen me llaman así para atemperar el miedo que siente al tratarme. Ellos saben que soy su beneficio, pero también su castigo, su daño y su mal, esa es la verdad. Y la verdad siempre la tenemos delante, desnuda y desnudada, desabrida y cruel. Ella no es misericordiosa ni muestra piedad alguna con nadie.

Y yo quiero ser la verdad.

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Un médico ha conseguido aquello que nadie había logrado todavía, obligarme a algo. Mi corazón le ha convencido que debía ordenarme una cura de adelgazamiento. Y aquí estoy, tomando baños, recibiendo duchas y sometido a un régimen estricto y nauseabundo.

No hablo con nadie y nadie me habla a mí. Pero…, ha sucedido algo. La directora del establecimiento me recibió para darme la bienvenida, yo quiero pagar mucho más que los otros huéspedes, y claro, se ha visto forzada a darme un trato especial.

Se asustó al verme, pero se recompuso enseguida. Adoptó un aire profesional y falsamente cálido. Yo no presté atención a su impostura, me dediqué a observarla. Tendría alrededor de los cincuenta años. Castaña, alta y esbelta de cuerpo, de ojos marrones y piel no muy clara. No escuché nada de su discurso, de sus palabras y de sus cumplidos. Seguramente esperaba una respuesta mía cortés. Como no la hubo nos quedamos en silencio, en uno de esos silencios embarazosos que los demás sienten y que yo nunca noto. Continué callado mientras ella empezaba a ponerse nerviosa, ¿Usted cree en la amistad?, le pregunté de pronto. ¿Qué?, ¿cómo dice? Que si cree en la amistad, repetí. Yo sí, yo creo en ella, creo en la amistad, afirmé muy seguro de mí.

Se quedó estupefacta. Ahora era yo el que esperaba una respuesta. Pero ella era una profesional en hablar y en no decir nada, y se repuso con una amplia sonrisa, tan hermosa y franca como falsa. Por supuesto, naturalmente que creo en ella, ¿cómo no iba a creer?, me respondió manteniendo la sonrisa perfectamente dibujada en su cara. Me alegra saberlo, le correspondí. Es una condición indispensable saber que la gente que trabaja para mí tiene amigos, se lo aseguro. Si necesita algo pídamelo, lo que sea, no tenga reparos, se sorprenderá de las cosas que puedo ofrecer, le manifesté con la mejor de mis voces también impostada.

¿Trabajo para él? ¿Si necesito algo?, debió de preguntarse sorprendida la directora.

Era yo el que había conseguido darle la bienvenida a ella y no ella a mí.

Porque a mí nadie me aloja, nadie me invita, nadie me hospeda. Yo nunca vivo en casa ajena.

Esas habían sido nuestras primeras palabras. Ya sé que estaría pensando que debía de estar loco o que simplemente era un tipo muy raro.

Mientras me hablaba y yo no la escuchaba, la miré. Me gustaron sus nudillos oscuros en los dedos, son un indicador de más cosas; de sus pliegues, de cómo su carne se doblega y su cuerpo se abate. Su maquillaje era escaso, buena señal pensé, debe tener un buen despertar. Sin embargo no sabe esconder el miedo, le cambia el olor, los perros lo deben notar enseguida. Ni la mejor colonia esconde la adrenalina. Eso me hizo sospechar que quizás no era una persona adecuada para jugar al póquer. Y esa es siempre una señal inequívoca de no saber perder.

Yo no es que tenga una nariz especial; cuando digo que la olí quiero decir que la observé con atención. De buena mirada sí que puedo presumir. Cuando a uno se le dispara esta clase de hormonas, cambia ligeramente de color. La piel se oscurece levemente y las fosas nasales se abren para atrapar más oxígeno. Es una simple cuestión de riego sanguíneo y de sudoración. La sangre inunda los capilares dérmicos y la humedad de la piel que causa el sudor, la lubrifica; ambas cosas, el sudor y el rubor, la oscurecen. Muchas veces mi vida ha dependido de estos detalles sin importancia, nacimiento, sexo, dolor y muerte, que como ya sabemos, todos ellos son aspectos del mismo suceso.

Alguien puede preguntarse cuál es el motivo para dedicar tanta atención a esa mujer, que por decir algo, no llegará nunca a ser la presidenta del país. Me da igual si me creen o no, pero la única razón era que no tenía nada más que hacer. Aquellas eran para mí una especie de vacaciones forzadas, con ninguna obligación laboral que cumplir y todo el tiempo del mundo. Cuando uno no tiene nada más que hacer puede incluso enamorarse del primero que pasa, a muchos les sucede. Pero ella no era la primera que pasaba, por supuesto que no.

La directora era una mujer de vida normal. Tenía un hijo que empezaba a tener una vida independiente. Estaba divorciada desde hacía diez años y mantenía con su ex marido una relación forzadamente cordial, aunque cada vez más distante a partir del momento en que el hijo de ambos se hizo mayor. Ahora vivía sola.

No lo sé todo, pero procuro saber aquello que me conviene, y me conviene saber qué clase de personas son las que deben cuidar de mí. Aunque ahora solamente se trataba de un divertimento, nada más que eso. Pero así y todo había que hacer las cosas bien. Yo ya había lanzado mi anzuelo, ella podía morderlo o no. Según hiciera una cosa u otra sabría mejor qué clase de mujer era.

El paso siguiente era pues esperar. Ella tal vez haría averiguaciones y yo debería facilitarle el trabajo no escondiendo nada, quería que supiese exactamente quién soy. Yo era el gusano del anzuelo.

Mientras esperaba su reacción me dediqué a flotar en la piscina. Tomaba masajes y daba mis paseos por un bosque de pinos cercano. A mí nunca me ha gustado la naturaleza, me repugnan los animales excepto cuando están cocinados, pero ahora debía caminar. Cumplía con mi gimnasia, mis duchas, mis baños de fango y algas. Y también me sometía sin rechistar al suplicio que la dietista me había impuesto. Solamente la infringía con el whisky que tomaba. Mi naturaleza me impide obedecer…del todo.

Vino a verme en la mejor de las horas del día. La siesta. Todos los demás dormían cuando la oí llegar antes de verla venir. Desde una de las butacas del salón, escuché el taconeo de sus zapatos que la precedía, y que resonaba limpio y claro en aquellos largos pasillos vacíos.

No se anduvo con demasiados preámbulos ni remilgos. Nada más sentarse en la butaca de enfrente me dijo –sin impostar la voz-:

Usted me preguntó si creía en la amistad, le respondí que sí, que creía en ella. Pero no es cierto, le mentí. No creo que exista eso que los demás llaman amistad, y ni mucho menos el amor.

¿Y por qué me cuenta eso?, le pregunté.

Se quedó callada.

Suspiré profundamente, dejé de mirarla, giré indolentemente la cabeza y detuve mis ojos en el jardín que había a mi izquierda. En el centro, rodeado de matas y flores había una sencilla fuente de la que no paraba de manar agua, vaya tontería pensé.

¿Quiere un whisky?, le ofrecí mientras se lo preguntaba. ¿Solo o con agua?

servido por el-peletero 14 comentarios compártelo

14 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Qué personajes tan repulsivos, Peletero, francamente..., los dos castrados de sentimientos. Sin embargo, el gordo se reconoce y se muestra tal como es. No tiene empacho en aceptar su ruindad. En cambio ella esconde la frigidez de su alma, detrás de una bella, pero falsa sonrisa. Debe ser espantoso vivir sin experimentar un sentimiento de bondad o nobleza por alguien o por algo. Sin embargo, no dejan de asombrarme la profundidad de las reflexiones. Un saludo.

12 Junio 2007 | 07:01 AM

X

X dijo

Buenas Querido Peletero, ese tipo de preguntas son las que fácilmente se responden pero que claro si uno se para a pensarlas…ese tipo de preguntas son las que te hacen dar vueltas al coco y te enganchan.
Es cierto lo del sudor como tan cierto es cuando un hombre enamorado besa a una mujer le ronda una cierta y pero muy, muy sutil halitosis, casi imperceptible, que le delata también por mucho que quiera ocultar. El cuerpo y sus reacciones son fascinantes aunque alguna gente se cachondee de estas cosas.
Ahora me sorprende porque no cree que la amistad y el amor existan. Existir existen, ahora queremos alargarlas eternamente. Este es el verdadero quebradero de cabeza.
Con cocacola jeje y un saludo.

12 Junio 2007 | 11:00 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Apreciada Madeleine, le recuerdo que eso solamente es literatura, no es la vida real. Y la primera ni es útil para la segunda ni viceversa.

Saludos.

12 Junio 2007 | 06:21 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Apreciada X, se nota que usted no se ha dado un beso a sí misma, si lo hubiera hecho descubriría también esa halitosis de que habla.

Esa mujer dice que no cree, con eso es suficiente y necesario. La amistad y el amor son como el calentamiento global, todos hablan de él.

Saludos.

12 Junio 2007 | 06:28 PM

X

X dijo

¿Se está usted metiendo conmigo? ¿vuelve usted con la cañita? querido Peletero yo me quiero mucho pero no hasta tal punto de estar dándome besos, que hay gente que sí. Me gusta más querer al que saboreo su halitosis y que él me la saboree a mí la mia, eso al menos dice algo y mucho.
A veces el amor y la amistad solo corresponde al calentamiento pero primaveral y de ese si que se habla.
¿Usted cómo anda en primavera?¿Se calienta?

Saludos y cordiales.

12 Junio 2007 | 07:08 PM

X

X dijo

"me la", lo quita

12 Junio 2007 | 07:11 PM

el-peletero

el-peletero dijo

No se enfade apreciada X, todos en determinado momento tenemos halitosis y cosas peores, la mar de inoportunas. Yo lo decía porque usted sólo mencionaba la de él, y que yo sepa todos tenemos boca.

Únicamente eran ganas de puntualizar, quisquilloso que soy.

Saludos.

12 Junio 2007 | 08:36 PM

X

X dijo

Sí todos tenemos boca y además ya sabe que muchas veces el que tiene boca se equivoca. Gracias por su puntualización y quisquillosidad.
Saludos.

12 Junio 2007 | 10:11 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Por suerte, Peletero, por suerte es sólo literatura..., y no por eso deja de impresionarme. Aunque hay que decir que a veces la realidad supera con creces a la ficción. La vida a menudo puede ser escalofriante. Un saludo.

13 Junio 2007 | 07:04 AM

rincones

rincones dijo

Por fin... Echaba de menos a este personaje, ya sabes que siento especial debilidad por él y por el mundo que observa y refleja luego en sus reflexiones. Cuando he visto la ilustración no he podido evitar la sonrisa.. Es el mismísimo rostro que imaginaba para este personaje, te lo aseguro... No podía ser otro. Eso sí, embutido en un cuerpo de mucho más volumen.

"La verdad no es misericordiosa ni muestra piedad alguna con nadie", afirma el Gordo.Y es cierto.Él quiere ser la verdad, y de repente me pregunto por el pasado de este personaje. La vida nos va moldeando como a pellas de barro; nadie nace queriendo ser la verdad, no creo que haya mucha gente que en realidad desee serlo... Ser la verdad supone enfrentarse a esta a cara descubierta, con los puños desnudos, y creo que la inmensa mayoría busca paños calientes para poder afrontarla, y que muchos adoptan la postura del avestruz ante ella. Ya, ya sé que esto solo es literatura, pero sería muy interesante conocer el pasado de este personaje, qué circunstancias lo han modelado hasta convertirlo en lo que es. Ya sabes que termino encariñándome con los protagonistas de determinadas historias; algunos llegan a parecer más humanos que más de uno de los de carne y hueso que llegas a conocer.. Hasta este, que intenta desmarcarse de cualquier rasgo de humanidad pero que no puede..."me apodan, sin ningún atisbo de piedad, “El Gordo”.

¿De verdad que el Gordo cree en la amistad? Se me hace tan cuesta arriba... Supongo que él ni la quiere ni la necesita, más bien la teme por lo que conlleva de fragilidad, de dependencia y servidumbre, de emotividad. Es bueno saber que la gente con la que trata tienen brechas, debilidades, mientras que él no.

Me ha gustado esta reflexión sobre le lenguaje fisiológico.. Con el oral se puede mentir, con éste y con el gestual, no...

Quedo a la espera del próximo episodio.Un beso grande, grande, Pele.

13 Junio 2007 | 02:21 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida ren, recuerda que el cuerpo de nuestro “Gordo” está siendo sometido a una tortura moderna de adelgazamiento y eso se nota en su volumen. Ya ves la cara que hace, esperando una nueva sesión de duchas a presión.

En algún que otro post ya se ha reflejado una pequeña muestra de su pasado. Ten por seguro, que lentamente ya se ira revelando. Seguramente es lo que él más desea.

El Gordo no cree en la amistad, cuando lo afirma es solamente una trampa para poner a prueba a la directora. En cierta manera la está imitando, hace una caricatura. Se burla de ella y la directora no se da cuenta. Se burla haciendo lo que ella hace, decir obviedades, afirmar aquello que no se puede negar, hacer de San Pedro en las puertas del cielo.

Pero ella después rectifica y confiesa, se le confiesa. Es una buena señal. Quizás nos los volvamos a encontrar. Más adelante.

Los jugadores profesionales son mucho mejores que cualquier polígrafo, saben detectar el movimiento de una pestaña y saber qué significa.

Saludos.

14 Junio 2007 | 12:32 PM

mantis_religiosa

mantis_religiosa dijo

Ok, no había leído tremendo post, pero por los comentarios veo que hay post anteriores del "gordo". Hoy rectifico "borde" por alguien muy realista, pero como soy tan veleta, mañana leeré otro post y vaya usted a saber si me parece un insoportable hombretón, jajaja..
Lo que no me ha gustado es que no le gusten los animalitos, más que cocinados, pobre de mí.... aischhhh

Peletero aclaro, te leo desde hace meses, no todo, pero me gusta los comentarios que dejas en los blogs, por eso más de una vez en mis post mencioné que necesitaba un Peletero, porque está más que a la altura, se lo aseguro. Me gusta la opinión de gente inteligente, cariñosa, pero sobretodo de grandes sabios, con esto seguro que ya sabrá que por supuesto estará a la altura de las circunstancias. Muchísimas gracias, intentaré corresponder, dentro de mis muchas limitaciones mononeuronales.
Petonets, ya ves que los devuelvo.

21 Octubre 2007 | 02:02 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Mantis, yo no soy sabio, si lo fuera no me equivocaría. Yo sólo soy un peletero que trabaja con pieles de animales. Animales criados en granjas para ese propósito, aunque al mismo tiempo sirven también para la industria cosmética y para obtener alimentos para mascotas. Soy un hombre muy orgulloso de mi trabajo, pero que puede confraternizar y charlar con quien piense lo contrario.

Peletero también que además escribe en un blog. Nada más, tenlo muy presente, de sabio nada de nada y de tonto mucho.

¡Ah!, también te advierto que no tengo fama de cariñoso y sí de antipático, quién así me considera no va muy desencaminado.

Te todas maneras muchas gracias por tus palabras, ellas sí son cariñosas y amables.

“El Gordo” solamente es un personaje literario, al igual que la directora del balneario. Ambos son un instrumento para algo, en este caso para hacer una reflexión moral sobre la verdad. Y la inanidad de ciertas afirmaciones que hacemos sin pensar.

No se puede afirmar aquello que no se puede negar, siendo así que manifestar que uno cree en la amistad no tiene valor ninguno, es mera palabrería. La directora nos hace un gran favor al confesarnos que ella no cree en eso. Sólo así nuestra afirmación adquiere sentido.

Exactamente igual que afirmar que a uno le gustan los animales.

¿Por qué no cree en la amistad?, parte de la respuesta está en los capítulos de “Mi querida Natalia”, sólo parte y no es ella quien lo cuenta, todavía, a pesar de sus cincuenta años no es capaz. En su lugar responde por ella un tal Miguel.

Saludos Mantis, deja alguno con vida, no te los comas a todos.

21 Octubre 2007 | 08:13 PM

mantis_religiosa

mantis_religiosa dijo

Nadie dijo que un sabio no pudiera equivocarse, pero si lo prefieres lo dejaremos en presunto antipático. Ya contesté en mi blog para aclarar mi admiración por sus escritos y comentarios, nada más. Pero leeré más del gordo y Natalia para ver si puedo aportar algún comentario coherente, será dificil. Me gusta lo que voy leyendo y seguiré despacio porque son largos.
Por cierto, dejo a todos con vida, la leyenda sobre las Mantis como todas ellas tiene algo de realidad pero no siempre. La Mantidae sólo devora al macho después de la copulación si realmente tiene hambre, y eso no es asi en la mayoría de los casos. Voy a seguir leyendo... Petonet

22 Octubre 2007 | 12:41 PM

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Sobre mí

Si desnudar a alguien no ha sido nunca una actividad baladí, vestirla tampoco lo es y mucho menos cuando la materia prima es algo tan sublime como la piel. Este es el hecho, sin más, y en él nos regocijamos y sobre él nos preguntamos y nos hacemos responsables, hasta las últimas consecuencias. ______________________________________________________________ __________________________________________________________________ Suscribir con Bloglines __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ Blogalaxia __________________________________________________________________ Add to Technorati Favorites __________________________________________________________________

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