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Terra
La Coctelera

El peletero

WHAT YOU SEE IS WHAT YOU GET

1 Septiembre 2007

El peletero/Besos para una armónica

Yo no estaba en este poema,
sólo había un charco puro y brillante,
pequeño ojo de lagartija, el viento
y la música de una armónica
que no se había pegado a mis labios.

(Yo no estaba en este poema. Adam Zagajewski)

De París a Pushkar.

París puede ser muy caluroso en verano y también muy frío en invierno. La humedad del Sena te puede llegar a matar si te atreves a dormir debajo de uno de sus puentes.

La humedad entristece los huesos y, desafortunados, se quiebran sólo con respirar.

Entonces no te cabe más remedio que permanecer quieto y tranquilo mientras piensas que si respiras morirás.

Durante estos pocos segundos de vida que te restan puedes ver al río descender imparable, y si tienes suerte, mucha suerte, quizás puedas también ver o sentir a alguien a tu lado, ignorándote y ocupado en sus cosas.

Procura entonces recordar alguna canción, una melodía, cualquier cosa que te ayude a bien morir.

Algún beso que suene como las pequeñas armónicas de bolsillo puede servir, una armónica de esas plateadas, llenas de colores, que caben en la palma de la mano y que al mismo tiempo que ella la abraza y la toma, le hace de caja de resonancia para que el sonido sea más ventral.

Hay armónicas que son mejores que unos labios, y hay besos que te ayudan a cantar. Ambas cosas son buenas compañías para morir, que es una de las diferentes maneras que hay de cantar.

Y mientras cantas, el río continúa inmisericorde su deriva, deseando cruel, que Dios decrete de nuevo el Diluvio Universal.

____________

Siempre recordaré a Victoria en París, afirmando con su falso y característico estilo tranquilo y al mismo tiempo sorprendido que la forma más contundente de engañar es decir la verdad. El poder de la verdad, decía, no es el de la luz, ni tampoco el de la claridad, afirmaba sin mirarme, sino el del resplandor, el de la ceguera total. La mentira, en cambio, posee la fuerza de la sombra, la virtud del perfil, es el don de la diferencia. Siempre la recordaré robándole sin manía ninguna, y sin pedirle permiso, esa frase a su amigo peletero. Sabía que él no se quejaría.

Siempre recordaré también su deliciosa sonrisa, su cuerpo de gacela, su voz ronca y sus ojos de boxeadora noqueada, tan hinchados y cerrados que cuando te guiñaba uno, no lo cerraba, sino que abría el otro.

Victoria se quejaba de mis descripciones y caricaturas anatómicas, y me decía que a sus ojos lo único que les ocurría era que sufrían alergias y que en todo caso tenían rasgos asiáticos. Yo me reía de ella rasgándole, suave y dulcemente, todavía más los ojos con mis dedos. Me dejaba hacer y se reía conmigo.

Victoria tenía un amigo peletero que le regalaba vestidos chinos, qipaos de piel y de sedas de colores, bordados con hilos de oro o de plata, y según parece eso la hacía reír mucho más. Y cuanto más reía más se le hinchaban los ojos y más se parecía a Shirley MacLaine, o a una de esas mujeres asiáticas de edad indeterminada, que tienen esos ojos difíciles de interpretar. Tenía una apariencia muy extraña mirándome como un búho dormido a través de las rejas de la cárcel, susurrándome con su tentadora ronquera que los funambulistas siempre caminan en línea recta.

Quizás fueron esos extraños sofismas sobre la verdad y la mentira, los que suscitaron que a lo largo de toda su vida no terminara nada de lo que empezaba. O fue su barata poesía de mago de feria que nunca llegó a publicar, o también su curiosidad desordenada y su absoluta falta de constancia, las que la convirtieron en algo que casi era algo, pero que casi nunca era nada. Ni ella, ni sus amores ni sus propósitos eran algo sólido. Todo y todos éramos casi nada, incluso del peletero no conocíamos ni su nombre, excepto ella. Al menos nos aseguraba que sí, que el peletero tenía uno, tenía un nombre y que ella sabía cuál era.

Cosas como ésas son las que escribió sobre Victoria su amigo peletero al redactar su necrológica muchos años antes de su muerte, en una noche de fiesta, melancolía y angustia. Medio en broma y un poco bebida, Victoria le había pedido al peletero que la escribiera. Así como ponen espejos en las habitaciones de los burdeles, así quería verse muerta, balbuceaba entre hipos y risas. No deseaba morirse, ni tenía tampoco ningún ánimo suicida y, aunque lo pareciese, no era tampoco el deseo raro de ver su cadáver escrito en un papel. Sólo deseaba sentirse muerta, algo así como soñar despierta.

Aquellos días, semanas y meses en París fueron muy extraños, siempre lluviosos, grises, medio fríos, intempestivos, con muy poco dinero en los bolsillos, y ese poco que teníamos era para ella. El peletero trabajaba de lo suyo y de él vivía ella, y algo también de mí. Otros amigos también le daban regularmente dinero cuando podían.

Fue una necrológica premonitoria, pretenciosa y cómica, llena de mentiras y también muy corta, pues aunque la servilleta de papel en la que fue escrita no daba para más, su vida tampoco daba para mucho, nunca dio para mucho. Por aquel entonces Victoria era todavía joven y nada había hecho aun digno de ser mencionado. Luego, de mayor, tampoco hubiera habido mucho más que mencionar, la verdad es que no.

Sólo recuerdo que llegó a ser la madre de un niño, inteligente y guapo, pero ella no paraba de repetir que buscaba a su hija muerta. Naturalmente era mentira, ella no tenía ni llegó a tener jamás una hija, ni mucho menos muerta. Yo creo que hablaba por boca de otro. Pero no paraba de mencionarla. Incluso esa hija inexistente llegó a tener un nombre. Que no diré, ya no.

Pobre Victoria, no logró nunca a parir esa hija, de la que llegó hasta a imaginar parte de su vida. La ciudad, la escuela y el padre de la niña, que no era el mismo de su hijo. Una pura fábula.

Yo en cambio, lo que no pude encontrar nunca fue a mi hermana. Un día se me perdió al abandonarme. Mi hermana no era ninguna invención como la hija de Victoria. Mi hermana existió y existe en los registros y en los archivos del hospicio.

Estuve toda mi vida buscándola. Aun recuerdo las cartas que de mayor le escribí y que nunca le pude enviar. No tenía ninguna dirección donde enviarlas. Parecían mensajes dentro de una botella lanzados al mar. Aun podría volver a dictarlas todas, las tengo memorizadas como el rosario que los dos rezábamos en aquel hospicio también enrejado.

Por más que quiere no podré olvidar aquellas letanías tranquilizadoras y suaves que simulaban el ronroneo de un viejo motor y que a nosotros nos recordaban los latidos de un corazón que nunca habíamos escuchado.

Aterido de frío contemplaba absorto, mientras recitábamos, el cálido vaho que expelía aquella extraña máquina que eran nuestras voces, niños aun, y las de las monjas que nos acompañaban en aquel coro infantil. Monjas jóvenes y viejas, tan cálidas sus bocas y manos, como pálidos sus rostros calvos; hermosas todas ellas, de ojos deslumbrantes, casi siempre cerrados y vestidas de la cabeza a los pies de un negro inmaculado. Yo las miraba y me enamoraba, por santas y por humanas. Eran mujeres inexpugnables, llenas de sombras y rincones acogedores, absolutamente fascinantes, misteriosas y sorprendentes.

Por la noche, cansado y extrañado, me dormía abrazado a mi hermana con mi oreja pegada a su pequeño corazón de niña.

Algunos años después, aquella niña convertida ya en una mujer, huyó, abandonándome a mí, que nunca he conseguido llegar a ser ni siquiera casi un hombre.

También recordaré a los oxidados barrotes de la cárcel, o aquello que parecía una cárcel, y que me impedían ver a Victoria entera, siempre troceada, troquelada, como si un matarife loco y geómetra la hubiera descuartizado. No digas tonterías, me recriminaba Victoria, los geómetras o los cartógrafos no pueden estar locos ni ser matarifes, están tan cuerdos como cualquier cirujano, tan cuerdos como tú o como yo.

Recuerdo sus palabras, sin embargo he olvidado completamente quién de los dos era el que estaba preso allí dentro, ¿Victoria o yo? ¿Quién de los dos sabía tocar aquella pequeña armónica que tantas noches nos había acompañado? ¿Ella o yo?

Creo que ninguno de nosotros dos, debía de ser otro, un tercero, alguien más, no sé. Pero seguro que no eran esos que me venían a buscar cada día con su uniforme blanco y que daban por terminada la conversación con Victoria, no, esos no eran.

Tampoco recuerdo quién fue el que murió primero, tal vez fue ella y yo aun me estoy muriendo, o tal vez fui yo y mi muerte dura ya demasiado. Poco a poco me mutilan y yo no puedo evitarlo. Pedazo a pedazo, dedo a dedo, el pulgar primero y el índice luego. Y así, sin piedad ninguna, permiten que el tiempo se me desvanezca por entre los muñones, y con él esa terrible belleza de su umbral.

Cuando estamos vivos nos preguntamos llenos de curiosidad y angustia por qué el mundo que nos cobija se nos muestra indiferente, sin embargo fuera de él somos nosotros los indiferentes, los extraños y los mudos.

A Victoria no la he vuelto a ver más, no sé por qué dejé de verla detrás de aquellos barrotes.

Hace tiempo, todavía oía la voz del peletero hablándome de algo, pero nunca pude oír bien qué trataba de decirme, solamente me daba cuenta que ya no nos encontrábamos en París.

Así terminó todo.

Aquello ya no era París.

____________

El polvo era limpio y las casas narraban los viajes a la Meca, en algunas.

En otras, las mujeres, llenas de colores adornaban las entradas, sus puertas.

Con una mano se apoyaban en la pared y con la otra se arreglaban los pañuelos, floridos.

Y se dejaban mirar porque ellas también te miraban, atentas.

El cielo era despiadado, pero también estaba limpio, como el polvo.

Y en un rincón, apartado y sin molestar, el lago, pequeño y brillante.

Redondo y solitario.

¿Lago solitario?

Sí, rodeado de azafrán y canela, moteado de rojo oscuro y perfumado de vainilla, deslizante.

Quieto. Casi inmóvil.

Opaco si lo mirabas de lado.

Transparente si le mirabas a la cara.

Tal vez Pedro navegaba por él viendo caminar a Jesús. Pero no. No era necesario, allí no.

El polvo era amarillo y las mujeres eran oscuras y de ojos negros, que de tan bellas te mataban al sonreírte.

Sus caderas eran una señal y una invitación a un baile secreto.

Yo miraba una nube de polvo a lo lejos, ¿quién sería?

Encaramado a algo miraba y miraba y no dejaba de mirar, inquieto.

Alguien se acercaba.

Alguien venía.

Y mi hermano, a mi lado como siempre, tocaba la armónica.

Y ella sonreía.

¿Quién?

Ella.

Y nada más.

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Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Y vuelve el amor fraternal a ser parte de este relato, o es sólo una continuación del anterior? Como quiera que sea, el sentimiento de este hombre es el mismo que el del pintor. "Aquellas letanías suaves que a nosotros nos recordaban los latidos de un corazón que nunca habíamos escuchado". El narrador también llena la ausencia de la madre con la presencia idealizada de su hermana, y transforma esa nostalgia en un gran amor por ella, aunque siente que al final, también la hermana lo abandonó: "Algunos años después, aquella niña ya convertida en mujer huyó, abandonándome a mí, que no he conseguido llegar a ser ni siquiera casi un hombre". Una declaración evidente de derrota, una radiografía de una vida vacía y carente de amor..., tan inacabada y difusa como la de Victoria, la mujer que era un espejo de su propia imagen. Victoria que prefería vivir de mentiras, amparada bajo la sombra protectora de ese mundo que ella inventaba. Otro pasaje difícil, Pele, por la cantidad de emociones conflictivas de los personajes. Yo diría que es que hay verdades tan contundentes que casi parecen engaños. Te voy a decir un secretito: la felicidad tiene mucho de superficialidad. Cuando se "escarba" y se "profundiza" en exceso sobre el amor y la vida, es más difícil ser feliz. Un saludo, y no me vayas a decir que no me he "esforzado", je, je. Claro, sólo porque el post me ha gustado.

5 Septiembre 2007 | 05:30 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Amiga mía, querida Madeleine, tú siempre te esfuerzas, al menos conmigo y siempre eres necesaria, al menos para mi.

Creo que has hecho un análisis preciso. Yo escribo y no pienso nunca ese tipo de cosas que luego vosotras contáis, ni tú, ni tampoco ren, ni nuestra amiga X, pero las tres ilumináis las historias y las completáis, pues nada termina y nada está nunca completo, siempre queda algo por decir, siempre.

Dices: “la felicidad tiene mucho de superficialidad. Cuando se "escarba" y se "profundiza" en exceso sobre el amor y la vida, es más difícil ser feliz.”

Yo creo que no es difícil serlo, si queremos dar a esa palabra algún sentido. Pero no podemos dárselo si la revestimos de “superficialidad”. No debemos ni podemos permitirnos el lujo de ser banales, vivir es demasiado importante. Hay que ser valientes y atreverse a ser conscientes que felicidad y tristeza siempre van juntas y acompañadas del dolor. Cualquier otra cosa no es felicidad.

El dolor no debe acobardarnos, solamente así podremos aprender. La poesía es una buena ayuda, leerla y escribirla.

“Hay armónicas que son mejores que unos labios, y hay besos que te ayudan a cantar. Ambas cosas son buenas compañías para morir, que es una de las diferentes maneras que hay de cantar.”

Todos sabemos cuál será el final.

Que tengas un buen despertar.

5 Septiembre 2007 | 10:38 AM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Qué alegría, Pele, que con mi reflexión "superficial" sobre la felicidad logré por fin sacarte una frase que para mí es la esencial: "no debemos ni podemos permitirnos el lujo de ser banales, VIVIR es demasiado importante". Sabes que no hablaba totalmente en serio cuando asociaba la felicidad a la superficialidad. No, no podemos permitirnos el lujo de ser banales, al menos no todo el tiempo..., y sí, vivir es muy importante, por eso me sorprende la recurrencia del tema de la muerte en todos tus escritos, y especialmente en éste. La sombra de la parca está en todos los personajes, en la vida del pintor y su hermana desde sus primeros años (un par de huérfanos), en los hijos muertos de la hermana, en el abandono de que él la acusa, luego en la misma muerte de Teodoro, en Victoria, etc. Me parecen todos como muertos en vida. Tal vez por eso es que el que narra esta última historia, sólo ve de Victoria sus ojos como rendijas, abotagados, que se niegan a mirar la vida abiertos, asombrados. Tal vez porque creo que la muerte es la única realidad que tenemos no le brindo ni uno solo de mis pensamientos. A ella y a la tristeza y el dolor que acarrea, no les sirvo un solo vaso en mi casa. La vida, Pele, la vida esa es la que hay que celebrar, y disfrutar mientras se pueda. La vida, con todas las cosas lindas que tiene. La vida sin murciélagos, ni escorpiones, ni serpientes, ni sabandijas, que ya sabemos que existen, pero que no son las únicas criaturas de Dios. La vida con alegrías, con risas y con amor..., sin que neguemos el dolor, la tristeza y el odio. La vida desde una perspectiva más positiva. Es que de nuevo, ser trascendental es importante, pero no todo el tiempo. Un abrazo.

5 Septiembre 2007 | 03:03 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Tienes toda la razón Madeleine, pero te recuerdo que eso que ahora mismo tienes delante de tus ojos no es nada más que literatura, buena o mala, sólo literatura.

El peletero no es una bitácora, tampoco es un diario personal. El peletero no es el que escribe, no lo es del todo. El que escribe es un ser humano, no un personaje. Pero tú únicamente hablas con ese personaje. Tu hablas con “El peletero”. Ya sé que lo tienes claro, sé que lo sabes, pero no está mal decirlo y repetirlo una vez más, es necesario que lo haga, aunque sea un pesado. Permíteme que sólo te diga que tengo mis buenas razones para insistir en ello.

Dicho eso, cada uno escribe lo que le apetece o le que cree más conveniente. Todos robamos poesía de la realidad y la realidad cada uno la ve con sus propios ojos.

Benditos sean los tuyos Madeleine, si en la vida no ves la muerte pegada a ella. Disfruta pues, canta tu canción y hazlo alto para que todos la podamos oír. Al menos yo quiero oírla, quiero escucharla.

Pero mi canto es mío, es el que es y no otra cosa.

A mi me gusta mi música, con ella ordeno mi mundo y lo clasifico y al hacerlo creo entenderlo, yo al menos, y muy de cuando en cuando, hay alguien que también lo ve como yo. Cuando eso ocurre se produce una especie de “comunión”, es una experiencia valiosa que no se limita a la “sociedad del mutuo elogio” en que muchas veces se convierten los blogs.

De todas maneras hay que ir con mucho cuidado, esas “comuniones” también pueden dejarte medio muerto y también tengo buenas razones para decir lo que digo. Y yo, aunque considere la Muerte parte de la Vida, no tengo ningunas ganas de morirme y sí de disfrutar de ella, tantas como las que puedas tener tú.

¿Sabes que ocurre?, yo también te contaré un secreto. Escribir “drama” es mucho más fácil que escribir “comedia”, mucho más. Es más fácil hacer llorar que hacer reír. Yo estoy aprendiendo y un día de estos me atreveré. No a decir que las flores son bonitas y los valles son verdes, no. Me atreveré con la comedia. Pero, ¿cuál es la comedia realmente buena?, la amarga. No puedo evitarlo, ¿ves? A mi me gustan esas risas que se quedan congeladas por el…

Pon tú la palabra.

En “Besos para una armónica” hay una especie de prólogo y algo también parecido a un epílogo. Ambos son dos escenas oníricas. En la primera se habla claramente de muerte y la segunda de esperanza, ¿Por qué?, porque alguien viene y además ella está sonriendo, ¿quién?, ella, no es necesario decir nada más. ¿Ha de tener nombre y apellidos?, yo creo que no.

Ninguna de las dos escenas son escenas tristes a la manera convencional. En las dos se canta y en las dos suena la música. La música humilde de una armónica. Cuando tocas una de ellas pones lo labios de una manera muy especial, muy parecida a cómo los pones cuando besas. Y las manos son esenciales, pues la abrazas igual que si asieras la nuca y la cabeza de tu amante, como si fuera la fruta más sabrosa del mundo.

La historia de Victoria y la de su narrador parecen raras, pero no lo son, te puedo asegurar que no, no lo son en absoluto. Cosas así y personas así las hay en cada esquina. Lo que si es cierto es que mis personajes tienen las defensas bajas y las enfermedades que sufren les dañan e incluso algunos mueren. En la vida real normalmente la gente tiene un mecanismo perfecto para sobrevivir, para aliviar sus males y mantener esa necesaria superficialidad de la que tú hablas. El remedio ideal, ¿cuál?, la desmemoria.

También es necesario tener presente que los médicos no curan a sanos, a sabiendas que siempre saben el resultado final.

Con toda la modestia del mundo te diré que, entre otras cosas, yo escribo para recordar, aunque todo lo que escriba sea mentira.

Saludos de un peletero que lo es, ¿no me crees?

5 Septiembre 2007 | 05:04 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Peero, noooo, Peletero, si el punto de que "cada uno escribe lo que le apetece" ya hace un tiempo lo habíamos tocado. Creo que fue porque me llamó la atención el tipo de animales que mencionabas en tus relatos, i.e., perros sarnosos, murciélagos, ratas muertas, alacranes, mirlos negros, etc. y además algunos de tus personajes y sus pasiones: mujeres ventajosas, hombres despiadados, sin corazón, amores mercenarios, etc. Entonces, creo que te pregunté cuál sería la razón para que te concentraras en ellos, y yo misma concluí que tal vez si eligieras otros temas dejarías de ser el Peletero. Así, que aunque este blog, no es precisamente un club de "elogios mutuos", (de lo cual sinceramente me alegro), quiero que te quede claro que lo que te he dicho aquí no llevaba espíritu crítico, ni la intención de cambiar a nadie, solo mera, llana curiosidad y un punto de vista muy personal de como yo veo las cosas. De más está decir, que si no encontrara tus artículos interesantes, profundos y sumamente didácticos, no dedicaría tanto tiempo a tratar de analizarlos y a entenderlos. Se que hablo con el Peletero, el personaje inventado, pero me es muy difícil separarlo del autor, quien es a fin de cuentas el que le da vida a sus personajes. Porque aunque ellos no sean sino ficción, es obvio que cuando escribimos le inyectamos a nuestros personajes nuestras emociones y convicciones. Pero te pido que no lo mires como una intromisión..., aunque para ser sincera, el Peletero no deja de ser intrigante y es obvio, que fascinante. Nada personal, por favor. No te estoy haciendo un pase. Hablo con el Peletero.
Gracias de todos modos, Peletero, por esa maravillosa explosión de sentimientos. Gracias por el tiempo que me has dedicado con tu respuesta. No, trato de no ver la vida con la muerte pegada a ella. Es que la muerte no me gusta sobre todo por caprichosa, inoportuna y "entrometida", porque en los casos en que debería presentarse no lo hace, y sin embargo, viene donde nadie la ha invitado. Y no me gusta porque por lo general donde llega, deja una estela de lágrimas y de dolor..., sólo dolor. Por eso, siento mucha alegría que mi padre la haya tomado del pelo..., y creo firmemente que él se marchó cuando a él le dio la gana..., y ni siquiera con ella, sino con el Pescador de almas..., pienso que se fueron juntos con su música a otra playa.
Conoces la leyenda del pájaro espino? yo leí el libro, y se que el amor y el dolor van de la mano, pero es un dolor distinto uno que conlleva también mucha felicidad..., no es así como comienza la vida, después de todo?
La estampa de la armónica y del beso es sublime, Pele. Mira qué eres un encanto cuando escribes cosas así. Te resulta la poesía mejor que a mí. No, por favor, si te dedicas a la comedia, que no sea amarga. Quién eres Pele, el Peletero o eres Garrick? Un abrazo.

5 Septiembre 2007 | 07:47 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Madeleine, no tengas nunca reparos en decir lo que piensas, pues de eso se trata. Si quieres criticarme hazlo también, bienvenida será tu crítica. En mi blog no se borran los comentarios a no ser que sean vejatorios. Ni siquiera quitaría los insultos. Insultar bien es todo un arte, cualquiera no puede hacerlo, debería enseñarse en las escuelas.

En mi blog no se borra nada. No soy como aquellos faraones que se dedicaban a borrar el nombre de sus antecesores de los monumentos.

Aunque empecé en abril de 2006 si alguien tuviera la paciencia de rastrearlo podría saber muchas cosas del peletero y de su “fantasma” que le da vida, muchas más de las que te imaginas. Todo está escrito y allí se quedará.

El peletero es obra de alguien, naturalmente, en el hay parte de ese “otro” del que incluso tienes una imagen de sus primeros años de adolescente al lado de su garbancito, su prima más querida. Y una fotografía de su verdadero “ángel de la guarda”, su hermano. También sabes cómo era “luz de mandarina”, su madre, y conoces el rostro de “la sonrisa más bonita del mundo”, su padre, del que pronto publicaré algo.

Sabes mucho de él. Mucho y suficiente.

También hay gente que sabe quien soy, parte de mi familia y mis amigos naturalmente. Ellos me conocen y reconocen mi olor y mi sabor en el peletero.

Pero no te preguntes quien soy y mucho menos me lo preguntes a mí.

La muerte siempre es injusta. Pero permíteme no decir ahora nada más.

Al menos hoy, y con respecto a ella, quiero ser fiel al post que he publicado, y guardar silencio.

Aquí ya es de noche y al menos ahora, no hace al caso hablar de ella.

Pero eso que dices de tu padre hay que destacarlo, es obligado: “Por eso, siento mucha alegría que mi padre la haya tomado del pelo..., y creo firmemente que él se marchó cuando a él le dio la gana..., y ni siquiera con ella, sino con el Pescador de almas..., pienso que se fueron juntos con su música a otra playa.” Es muy hermoso.

Ya estamos en septiembre,
agosto pasó ligero,
aunque de julio todavía me acuerdo.
Más rápido aun llegaremos a octubre,
tal vez entonces tenga pesadillas,
quizás las tenga yo
y no las tenga ella.

Como le decía a tu amigo Padrón Dueñas, todo es un mosaico, ¿verdad?

Saludos y saluda a tu padre de mi parte.

5 Septiembre 2007 | 09:14 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Uff!!! Pele, siento que he pisado un terreno pantanoso, yo espero no haberte ofendido con mis comentarios. Sabes que esa no era mi intención. Sé muy bien que la indiscreción es peligrosa, pero en realidad NO esperaba una respuesta concreta a mi pregunta. Lo decía un tanto en broma, y porque se que te das maña para decir sólo lo que necesitas. Te pido mil disculpas. Sí, se suficiente de ti, y créeme que se que no tengo por qué saber más. En realidad, es el Peletero, el personaje de ficción el que me intriga. Cuando tenga un poco más de tiempo seguiré tu sugerencia y comenzaré a leerte desde el principio. Claro, que le daré a mi padre los saludos de tu parte, y le diré además que tuviste la delicadeza de elogiar mis palabras..., esa delicadeza, que sin querer en este caso me faltó a mí.

6 Septiembre 2007 | 06:21 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Madeleine, soy yo el que debe pedirte disculpas. Creo que he sido poco delicado y brusco al querer reservar mi identidad.

En ningún momento me has ofendido, molestado ni nada parecido.

Soy una persona absolutamente normal, puedes estar segura, pero en mi blog procuro hacer literatura, nada más. Esa fue la única y exclusiva intención que tuve al inaugurarlo y que procuro mantener. Hacer literatura.

Te confesaré que el nombre de “El-peletero” fue un detalle reivindicativo de mi profesión tan denostada y criminalizada. No te exagero si te digo que me han comparado con traficante de armas, drogas y de puro asesino, así, sin más. Siempre que conozco y saludo a alguien y viene a bien preguntarse de qué trabaja cada cual, todo el mundo me mira muy raro. Yo ya estoy acostumbrado, y ahora, ya tanto me da qué demonios piensen de mí.

Al final incluso me está gustando ser un verdadero “outsider” y formar parte de una manera “real” y no literaria, de todo un mundo que termina. Estoy orgulloso de ser una especie en vías de extinción. Eso no es ninguna película, donde los outsiders tienen un aspecto especial, eso es la realidad, aunque a decir verdad mi imagen tampoco es convencional, pero hoy en día, ¿quién la tiene?

No soy una persona cerrada, todo lo contrario, también puedes estar segura. Tampoco tengo prejuicios sobre Internet, es un instrumento maravilloso al tener la sensación que el Mundo entero está depositado en la palma de tu mano. Pero… es una herramienta demasiado poderosa, ya lo sabes, en Internet hay lo mejor de este Mundo nuestro, y también lo peor. Pero yo ahora soy un hombre precavido, si eres una mujer perspicaz adivinarás qué quiero decir.

Ayer te daba pistas gráficas sobre mí y mi familia, me olvidé de una muy importante. En el post de “L’aigua beneïda” (El agua bendita), estamos todos. Mis padres, yo y mi hermano, los cuatro. En la fotografía grande están mis padres con mi hermano antes que yo naciera. Por cierto este post en concreto se visualiza mucho mejor con el navegador Mozilla que con Explorer, con ése último la traducción castellana queda muy mal colocada.

En una de las fotografías de al lado, si buscas bien y después de todas las mujeres embarazadas que aparecen, estoy yo de pequeñito muy sonriente. Y en las que hay al final, volvemos a estar todos. Estamos los “cuatro” y alguien más.

Una niña morenita y muy bonita. ¿Debe de estar? ¿Por qué no?

Yo no pienso borrar nada.

Que tengas un buen jueves florido.

6 Septiembre 2007 | 12:18 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

No has sido para nada brusco, al contrario tienes toda la razón. Creo que la prudencia nunca está de más. Lo que pasa es que en algunas cosas, yo soy como un libro abierto, y la verdad, he tenido que luchar para aprender a ser más reservada. En tu blog haces literatura, y de la buena, Peletero, por eso es que vengo acá, aunque no me gusten todos los temas.
Y hablando de prejuicios, es curioso cómo la gente le cuelga una etiqueta a las personas, ya sea por la nacionalidad o la profesión, i.e.: "todos los colombianos son mafiosos", todos los abogados son ladrones, todos los peleteros son...", lo que sea. Es que parece más honorable, ser un político corrupto y millonario que un peletero, porque en ese caso nadie pregunta cuál ha sido el origen de los millones. Por lo mismo ese tipo de opiniones me tiene sin cuidado. Yo a los demás les doy el beneficio de la duda, para formarme mi propio concepto.
Oye, y gracias por remitirme al post del agua bendita. Lo he disfrutado muchísimo. He tenido un jueves florido.

7 Septiembre 2007 | 06:27 AM

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Sobre mí

Si desnudar a alguien no ha sido nunca una actividad baladí, vestirla tampoco lo es y mucho menos cuando la materia prima es algo tan sublime como la piel. Este es el hecho, sin más, y en él nos regocijamos y sobre él nos preguntamos y nos hacemos responsables, hasta las últimas consecuencias. ______________________________________________________________ __________________________________________________________________

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