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La Coctelera

El peletero

WHAT YOU SEE IS WHAT YOU GET

8 Septiembre 2007

El peletero/Justine y sus corolarios

NOTAS A VUELA PLUMA DESPUÉS DE LA ENÉSIMA LECTURA DE “JUSTINE” DE LAWRENCE DURRELL

UNA CONVERSACIÓN CON UN FANTASMA

Y UN POEMA DE KAVAFIS

LA PLUMA QUE VUELA Y QUE NO PESA

Nessim, hombre influyente, rico y poderoso, esposo de Justine, le habla de ella al narrador de la novela, que es precisamente amante de Justine, como también lo son muchos otros en la ciudad, hecho que Nessim desconoce pero que sospecha. Que todos sospechan. Toda Alejandría lo sabe, él no, pero quiere saberlo y para eso contrata espías, para que le digan la verdad que todos ya conocen.

- Le asombrará si le digo que siempre he visto en Justine una especie de grandeza. Como usted sabe, hay ciertas formas de grandeza que si no se aplican al arte o a la religión, hacen estragos en la vida corriente de los hombres. El error está en que Justine consagró sus dones al amor. Es cierto que en muchos casos ha sido mala, pero en ninguno de ellos su actitud tenía importancia. Tampoco puedo decir que nunca haya hecho daño a nadie. Pero los perjudicados han salido ganando. Los arrancó de sí mismos. Era forzoso que sufrieran, y muchos no han comprendido la naturaleza del dolor que ella les inflingía. Yo sí.

Y con esa sonrisa que todos le conocían, dulce y al mismo tiempo de una inexplicable amargura, murmuró otra vez:

- Yo sí.

El narrador y amante de Justine, nos habla de ella. Nos relata su primer intercambio de palabras aunque ya se conocían de vista, todos al menos la conocían de vista. Todos sabían quien era Justine.

Al principio no vi el gran automóvil que había quedado en la calle con el motor en marcha. Entró en el almacén, brusca, resuelta, y con el aire de autoridad de las lesbianas o de las mujeres adineradas cuando se dirigen a la gente evidentemente pobre, me dijo:

- ¿Qué entiende usted por la naturaleza antinómica de la ironía? O algo por el estilo.

Me miraba con desconcierto, con una franqueza que me hacía sentir incómodo, como si se preguntara qué hacer conmigo.

- Me gusta su manera de citar los versos sobre la ciudad. Usted habla bien el griego. Se ve que es escritor.

- Se ve, le respondí.

- Me gustaría presentarle a Nessim, mi marido. ¿Quiere venir?

También nos ofrece a los lectores y a sí mismo algunas reflexiones sobre el carácter y personalidad de Justine.

¿Quién puede pretender que Justine no tenía su lado estúpido? El culto del placer, las pequeñas vanidades, la preocupación por el juicio de quienes eran inferiores a ella, la arrogancia. Podía ser terriblemente exigente cuando lo quería. Sí. Sí. Pero el dinero es el que hace crecer esa cizaña. Diré solamente que muchas veces pensaba como un hombre, y en sus actos desplegaba en cierto modo esa independencia vertical propia de la actitud masculina.

(…) Ella quería robarme ese tesoro de desasimiento, la piedra preciosa escondida en la cabeza del sapo. Veía la marca de ese desprendimiento a lo largo de toda mi vida, con sus discordancias, sus casualidades, su desorden. Mi valor no residía en nada de lo que llevaba a cabo o de lo que poseía. Justine me amaba porque yo era para ella algo indestructible, un ser humano ya formado y que no podía quebrar.

Otra mujer, Clea, le habla de Justine al narrador de la novela. Ella también ha sido una de las amantes de Justine. Clea es una verdadera alejandrina, mujer solitaria que no esconde su debilidad, pero que presume, cuando es el caso, que solamente el recuerdo de su amor lésbico la sustentará el resto de su vida.

He tenido pocas experiencias; en realidad una sola me marcó para siempre, y fue con una mujer. Todavía vivo en la felicidad de esa relación perfectamente consumada; cualquier sustituto físico me parecería hoy horriblemente vulgar y hueco.

Ya te habrás dado cuenta, que ella (Justine), era la mujer de quien te dije una vez que estuve tan enamorada. (…) Justine no era realmente inteligente, sabes, pero tenía la astucia de un animal acorralado.

El narrador la escucha con atención, está empapado por la lluvia y quizás también por las lágrimas. Justine se ha ido, ha huido, la impostura era ya imposible de mantener. Acosada por los espías de su influyente, poderoso y rico marido, Nessim, huye a Israel y se instala en un Kibbutz.

Clea le cuenta un encuentro con Justine algún tiempo después de que huyera.

Quizá te interese el relato de mi breve encuentro con Justine hace pocas semanas. (…) en un primer momento me costó reconocerla. Ha engordado mucho de cara, y el pelo mal cortado le cuelga como colas de ratón. (…) No queda en ella el menor rastro de su antigua elegancia, de su chic. Se diría que sus facciones van cobrando el típico aire judío, que los labios y la nariz tienden a juntarse. Me sorprendió al principio el brillo de sus ojos y su manera casi jadeante de respirar y de hablar, como si tuviese fiebre.

En el primer momento no aludió ni a Nessim ni a ti, sino que se puso hablar de su nueva vida. Me dijo que el “servicio de la comunidad” le había dado una felicidad nueva y perfecta; su tono sugería una especie de conversión religiosa. (…) Aseguraba que en las agobiadoras faenas de esa colonia comunista había logrado una “nueva humildad”. (¡Humildad! La última trampa que espera al ego en busca de la verdad absoluta).

Dicho sea de paso, Justine no se ha vuelto marxista; es tan sólo una mística del trabajo. (…) Cuanto más la miraba y pensaba en la persona fascinante y cruel que alguna vez había sido para todos nosotros, más difícil me resultaba comprender que se hubiera convertido en esa pequeña campesina regordeta, de manos ásperas.

Quiero decir que en este caso, una vez curada de las aberraciones mentales producidas por sus sueños y sus temores, Justine se desinfló como un globo. La fantasía ha ocupado tanto tiempo el primer plano de su vida, que ya no le queda ninguna reserva. (…) Por decirlo así, junto con su sexualidad Justine ha extinguido todas sus razones de vida y hasta de lucidez mental.

Al final, Clea, debe decirle al narrador que la escucha, cuáles han sido las palabras que Justine ha dicho de él. Son poca cosa y tal vez hubiera sido mejor callarse.

De ti, Justine dijo simplemente, encogiéndose de hombros: “Tenía que olvidarme de él”.

(“Justine-El cuarteto de Alejandría” Lawrence Durrell)

____________________

EL FANTASMA Y YO

- ¿Cuántas veces has leído “Justine”?

- Varias, bastantes, me fascina el final.

- Ese anticlímax, ¿verdad?

- Sí, es inesperado, es doloroso ver la vulgaridad en quién suponías era “grande”, aunque fuera en el mal.

- Como su propio esposo afirma.

- Sí, eso dice él, pero envía y paga espías para que la vigilen.

- Dice que comprende el dolor que causa esa “grandeza” de ella.

- Claro, eso afirma, pero miente, se engaña a sí mismo. No hay tal “grandeza”, hay futilidad. No puede aparecer como un simple tonto.

- Como afirmaría Hannah Arendt.

- Exacto, es el mismo mecanismo del nazismo y es también el dilema: el gran horror del mundo y del ser humano, no es más que banalidad. El mal es banal.

- Y Justine también, ¿no?

- Sí, lo es, y vulgar y cursi, penosamente cursi. Decepcionante. Cobarde.

- ¿Y ya está?

- No, hay algo más.

- Dilo pues, ¿qué crees que es el mal?

- Es el temor a la libertad. Rüdiger Safranski afirma que es su drama, el mal es el drama de la libertad. El temor a la libertad.

- ¿Y?

- Que sus corolarios son la responsabilidad y el amor.

- Ordénalo bien.

- Tienes razón: los seres verdaderamente libres no tienen miedo al compromiso. Y comprometerse es mostrar tu alma dando parte de ti, estando dispuesto a morir por alguien.

- Ahora pareces tú el cursi y el melodramático.

- Sí, lo parezco. ¿Te has fijado que ya nadie habla de amor excepto en términos psicológicos, etológicos o neurológicos? Solamente hablan de intercambios químicos neuronales. Dicen que el amor empieza y el amor termina. ¿Se puede decir algo más nimio que eso?

- ¿Qué piensas del sexo?

- ¿Por qué me lo preguntas?

- Te lo pregunto porque todo el mundo miente sobre él, ¿verdad?

- Sí, tienes razón, todos mienten.

- Dime pues, ¿qué piensas de él?

- Que hay dos clases de sexo, el bueno y el malo, como el dinero.

- Me haces reír, algo difícil en un fantasma. Continúa.

- Con el malo masticas y con el bueno comes y te alimentas.

- ¡Di algo menos convencional y más interesante, por favor!

- No sé, ahora no puedo.

- De acuerdo, esperaré.

Toda esta historia sucede en Alejandría. Este peletero que os escribe la visitó muchos años después de los hechos que Durrell narra.

Ninguna ciudad le ha causado tanta tristeza como Alejandría. Una ciudad que Gamal Abdel Nasser mató lentamente y sin ninguna piedad.

El mar era espantosamente claro, el peletero jamás ha vuelto a ver un mar parecido.

El mar claro y barrios enteros de la ciudad abandonados. Preciosas fachadas arruinadas, envueltas en sudarios de ropa tendida a secar, y un cementerio más habitado por vivos que por muertos.

Una corniche larga y plana. Parecía estar por debajo del nivel del mar y el mar a punto de caérsele encima, anegándolo todo hasta las mismísimas fuentes del Nilo.

El Delta es plano, cambiante, medio mar, medio playa. Dunas, juncos y agua, agua que solamente se mezcla con agua. Agua con agua. Nada más.

- ¿Has dicho Justine?

- No, ahora no la he nombrado, ¿por qué?

- Me debo haber confundido, perdón. ¿Queda algo de aquel mundo?

- No. De todo aquello tampoco queda nada, excepto la poesía del poeta de la ciudad.

- Es mucho.
____________________

EL POETA Y TODOS NOSOTROS

Te dices: Me marcharé
a otra tierra, a otro mar,
a una ciudad mucho más bella de lo que ésta
pudo ser o anhelar…
Esta ciudad donde cada paso aprieta el nudo corredizo,
un corazón en un cuerpo enterrado y polvoriento.
¿Cuánto tiempo tendré que quedarme,
confinado en estos tristes arrabales
del pensamiento más vulgar? Dondequiera que mire
se alzan las negras ruinas de mi vida.
Cuántos años he pasado aquí
derrochando, tirando sin beneficio alguno…
No hay tierra nueva, amigo, ni mar muerto,
pues la ciudad te seguirá.
Por las mismas calles andarás interminablemente,
los mismos suburbios mentales van de la juventud a la vejez
y en la misma casa acabarás lleno de canas…
La ciudad es una jaula.
No hay otro lugar, siempre el mismo
puerto terreno, y no hay barco
que te arranque a ti mismo. ¡Ah! ¿No comprendes
que al arruinar tu vida entera en este sitio, la has malogrado
en cualquier parte de este mundo?

(“La ciudad” Konstandinos Kavafis)

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33 comentarios · Escribe aquí tu comentario

X

X dijo

Querido Peletero, "En la naturaleza no se da ninguna cosa singular sin que se dé otra más potente y más fuerte. Dada una cosa cualquiera, se da otra más potente por la que aquella puede ser destruida"
¿De qué somos esclavos?
Un saludo.

10 Septiembre 2007 | 05:05 PM

rincones

rincones dijo

Son varias las plumas -o los pinceles- que trabajan para configurar el retrato de Justine; cada cual se sitúa desde su propia perspectiva, pero al final todos confluyen en lo más esencial: Justine es una mujer que destruye lo que toca, que fagocita a cuantos la rodean. Una de esas personas que se rodean de un halo de autosuficiencia, fortaleza (en ambas juega, a mi entender, un papel importante esa recurrencia al pensamiento y actitud viriles), misterio y aparente grandeza que no son más que un bluff.

En este sentido me parece observar en esta mujer cierto paralelismo con las dos dolicocéfalas rubias de la serie del colibrí y las muchachas en flor: el personaje de la novela de Pitigrilli y la chica suiza amiga de Christos. Ambas excesivamente desenvueltas, auténticas apisonadoras, atentas solo a satisfacer sus caprichos con los hombres, considerándose con plenos derechos, dotadas de un encanto letal, verdaderas Mantis religiosas.

Es curioso, todos los personajes saben la verdad, esa gran protagonista de los textos de el peletero... Nessim sabe que es mala. El narrador sabe que Justine al fin y al cabo solo es pura tramoya: "¿Quién puede pretender que Justine no tenía su lado estúpido? El culto del placer, las pequeñas vanidades, la preocupación por el juicio de quienes eran inferiores a ella, la arrogancia. Podía ser terriblemente exigente cuando lo quería". Clea sabe que no se trata de una mujer inteligente, sino astuta, la astucia del animal acorralado que recurre a lo que sea para sobrevivir y que arremete contra cuanto se le pone enfrente. Y sin embargo, cada uno de ellos encuentra una justificación: Nessim afirma que su mujer es poseedora de una especie de grandeza mal encauzada, y resta importancia al daño que ésta causa en quienes acaban siendo presas de su mujer, incluso los considera beneficiados... El narrador culpabiliza de la frivolidad y arrogancia inherentes a Justine al dinero y a la actitud de independencia masculina de que a veces hacía gala. Y Clea la disculpa en agradecimiento al momento que le proporcionó de felicidad más destacable en toda su anodina vida, al que la sustentará hasta el fin de sus días.

Puede que después de todo llevase razón el personaje central del relato anterior, "El silencio", cuando reproducía las palabras de Victoria, robadas al peletero: "El poder de la verdad no es el de la luz, ni tampoco el de la claridad, sino el del resplandor, el de la ceguera total. La mentira, en cambio, posee la fuerza de la sombra, la virtud del perfil, es el don de la diferencia".

Si la verdad - como el sol- ilumina pero a la vez enceguece, para poder enfrentarla y mirarla directamente a veces quizás se haga necesario hacerse visera con la mano, la visera de la mentira. La sombra.

Y es lo que en mi opinión han hecho estos personajes que la conocieron y amaron. De una u otra manera todos se dejaron arrastrar por lo que creo que consideran magnetismo o carisma por parte de Justine, y aun después de descubierta la falacia, continúan haciéndolo quizás en un intento último por disculpar la propia ingenuidad al haber caído en las redes de una persona que no es más que pura fachada. Quien la describe bien es el peletero en su conversación con el fantasma. Me ha gustado especialmente ese " Dunas, juncos y agua, agua que nada más se mezcla con agua. Agua con agua. Nada más.

- ¿Has dicho Justine?" dice el fantasma. Que, como buen fantasma, supongo que sabe leer entre líneas, y también el pensamiento.

Las sombras se proyectan hasta donde se proyectan, no más, como la mentira. Una vez descubierta su impostura Justine huye hasta el kibbutz. Y ahí es donde el poema de Kavafis se hace carne y hueso, los de Justine, que nunca podrá salir de su propio y doloroso arrabal de vulgaridad. No hay barco que la arranque de sí misma, sigue anclada en su triste y desvaída Alejandría, ella sigue siendo Alejandría, a pesar de haberse trasladado a otro país, de haber emprendido otro nuevo tipo de vida que, en mi opinión, no supone una curación de las aberraciones mentales a que alude Clea, sino una desviación o derivación de las mismas. Otra más. Esa dejación de su persona, el brillo febril de sus ojos, la no menos febril actividad en que se ha sumergido, todo ese misticismo... Ese misticismo no es más que un intento de escapar a su vulgaridad, de dignificarla.. No creo que ella entendiera los últimos versos de Kavafis:

"¿No comprendes
que al arruinar tu vida entera en este sitio, la has malogrado
en cualquier parte de este mundo? "

Quizás Justine cree que con esta nueva orientación de su vida escapa al mal, a la banalidad, que aleja el temor a la libertad... No estoy de acuerdo con los calificativos "cursi" y melodramático" aplicados por el fantasma al peletero. O quizás a mí también debieran adjudicárseme, porque no puedo estar más de acuerdo con esos corolarios.

Un ser verdaderamente libre no tiene miedo al compromiso, a entregarse... Es lo que me venía a la mente cuando leía el poema de Auden que figuraba en al cuarta parte de la serie del colibrí y las muchachas en flor. Un amor que no arriesga no es un amor; amar es estar dispuesto a cruzar mares y desiertos, a sortear los peligros del día a día, las dificultades que lleva implícito mantener la llama viva. Amar nunca es fácil porque es cosa de dos, y cuando hay dos , como bien sabes, todo se complica. Si no se está dispuesto a correr riesgos, si se busca la seguridad de las cuatro paredes por más que estas sean las de un palacio, mejor clavarse la daga en el corazón y dejar que la soledad vaya desangrándose poco a poco.

Besos , Pele. Algunos temas se me han quedado en el tintero, pero me he extendido ya demasiado.

10 Septiembre 2007 | 06:37 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Mi querida amiga X, somos esclavos del miedo.

10 Septiembre 2007 | 09:28 PM

X

X dijo

Sí, es muy posible. Porque no solo lo puedes sentir en tu propia piel, sino que también puede ser tan solo una sensación que a veces puede ser muy real. Tan básico como el instinto de vivir y tan cruel como para impedirte hacerlo.
¿Justine tenía muchos miedos, Querido Peletero?.
Saludos, amigo.

11 Septiembre 2007 | 12:06 PM

X

X dijo

Si debería leer pero mi falta de tiempo es a la vez la pérdida del mismo, y es una pena.
Cuándo dice todo eso que dice ¿De quién habla? ¿De la mujer de la novela?, no me parece…y volvemos a las apariencias. Aun así diré, aun sin leerlo, que los y las que sufren por una mujer del estilo de Justine es simplemente porque hacen de esa persona el objeto de su felicidad. Ahora yo preguntaría ¿Tener miedo es malo?

11 Septiembre 2007 | 04:49 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Mi querida amiga X, debería juzgar usted misma leyendo la novela.

Yo solamente puedo suponer que aquel que miente, engaña, daña y al final huye, cerrando su casa y vaciándola como si estuviese escondiendo algo, ocultándolo y avergonzada, sí, indudablemente tiene un miedo atroz.

Para al fin y al cabo, terminar, ineludible y fatalmente, envuelta su vida en otra fantasía más, que le procure y le permita seguir subsistiendo, con otra una impostura, con un bien hablar, con un cuerpo y un rostro bonito y prometedor y con cuatro técnicas aprendidas allí donde no llega nunca la luz y donde se pierde para siempre el alma.

Muchos saludos.

11 Septiembre 2007 | 04:58 PM

X

X dijo

¡¡¡Dios mio, jajaja!!!...tremendo, el tiempo haciendo de las suyas.

11 Septiembre 2007 | 05:06 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Cuando hablo de todo ello, amiga X, naturalmente estoy hablando de la mujer de la novela, del personaje “Justine”. ¿De quién si no?

He de recordarle, aunque a veces diga lo contrario, que en mi blog cualquier parecido con la realidad es pura fantasía. Debería ponerlo en el frontispicio con letras muy grandes para que a nadie se le olvide.

Ninguno de los personajes existen ni han existido nunca, todo es mentira, ni siquiera existe “el peletero”. Eso es algo que he de estar recordándolo continuamente.

Quien sí existe es la persona que escribe todo eso, naturalmente, pero que no tiene nada que ver con las cosas que aquí se cuentan. Absolutamente nada que ver.

Se lo repito, todo es mentira, todo es fantasía. Todo.

Si usted cree que hay algo de cierto en ello, si piensa que no hablo de Justine y sí de otra mujer, una mujer real que yo haya podido conocer, es que mi engaño ha tenido éxito.

Porque de lo que se trata es de dar un aire de verosimilitud a todo eso.

Usted dice: “que los y las que sufren por una mujer del estilo de Justine es simplemente porque hacen de esa persona el objeto de su felicidad”.

Dígalo como quiera, y perdone la expresión, no se moleste por ella, pero decir eso es baladí y es convencional. Estamos hablando de engaños que dañan, tras los cuales hay el vacío. Hablamos de eso.

Yo hablo de ella, de “Justine” de Durrell y cómo todos son engañados y al mismo tiempo se engañan así mismos y la excusan. Incluida ella, ella la primera, que al final, cuando la fantasía se le ha agotado igual que se agota una batería eléctrica, la debe sustituir por otra, por una nueva fantasía, ¿por qué?, porque es un vampiro, no tiene sangre propia. Detrás del velo no hay rostro, no hay nada.

Le recomiendo que lea el comentario de ren, mejor imposible. Literalmente ¡perfecto!

Durrell, cuando escribió la novela, quiso retratar un estereotipo de mujer, que tal vez él conoció. Yo no lo sé.

Yo no sé nada.

Mi querida amiga X, ¿usted cree que existen este tipo de mujeres?

Un abrazo.

11 Septiembre 2007 | 05:33 PM

X

X dijo

Lo tengo claro amigo Peletero ¿?. ¿Tiene usted claro lo que está haciendo?…no hace falta que lo repita, lo repite constantemente. ¿Se dá cuenta de ello? No se preocupe tanto. Por supuesto que puede decir lo que usted crea conveniente le recuerdo que yo soy simple y todo lo llevo todo a eso y es más,
desnudar a alguien no ha sido nunca una actividad baladí, vestirla tampoco.
Claro que leo los comentarios de Rincones, es más en cierta ocasión, pocas de las veces que me he referido a ella, porque creo que sobran las palabras a todo lo que ella dice, le vine a decir algo que un post único sólo podia ser superado por un comentarío único.
Querido amigo Peletero yo he conocido a muy poca gente y la poca no es solo gente, son personas…por cierto le falta contestar a mi pregunta ¿Es malo tener miedo?
Abrazos.

11 Septiembre 2007 | 05:59 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Tal vez sí que lo repito demasiado y tal vez también no me doy cuenta de ello. Le pido disculpas.

Pero permítame decirle que creo que lo repito cuando alguien pregunta no teniéndolo en cuenta.

Usted me ha hecho una pregunta: “Cuándo dice todo eso que dice ¿De quién habla? ¿De la mujer de la novela?, no me parece…y volvemos a las apariencias.” Creo que su pregunta es no tenerlo en cuenta.

Discúlpeme también si le ha molestado la expresión “baladí” a su comentario, no quería molestarla, pero ya sabe, soy hiriente y mezquino.

Yo también sé querida X que la gente no son estadísticas, la gente son personas.

¿Y?

Sobre si es malo tener miedo le ruego que espere un poco, la respuesta no se la voy a dar yo, se la dará, a lo más tardar el sábado, “la sonrisa más bonita del mundo”. ¿Puede esperar?

En todo caso le repito algo que últimamente estoy haciendo de manera muy habitual, que es pedir perdón y disculparme. Pero a mi no se me caen los anillos ni me molesta hacerlo cuando creo que debo. Le ruego una vez más que sepa disculparme si le he dicho algo que la ha molestado.

Saludos.

11 Septiembre 2007 | 06:35 PM

X

X dijo

Pero no hombre, no me ha molestado...vale, he preguntado pero como verá ya me habia contestado yo, quizas debería pedirle yo disculpas porque en realidad su respuesta me importaba poco, no sé si me entiende, no lo tome a mal esto que acabo de decir porque el problema es mio no suyo. Lo único decirle, y seguramente me equivocaré, pero igual se lo diré que a veces entiendo la intelectualización como un mecanismo de defensa, de qué? del miedo claro.
Claro que esperaré, seguro que me sorprenderá si soy capaz de entenderle, claro :-)
Un abrazo

11 Septiembre 2007 | 06:49 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida X, la palabra “intelectualizar” es fea, pues significa complicar innecesaria y artificialmente la explicación de unos hechos o acontecimientos, sin aportar absolutamente nada a su comprensión. Para así, en esa oscuridad, defenderse mejor.

Yo no hago eso, de ello estoy seguro.

Yo sólo trato de explicarme, no de defenderme, ¿de quién?

Lo que sucede es que soy tenaz, tozudo y duro de roer, hiriente y mezquino, pero eso es otra historia. ¿Verdad?

Sea más precisa y utilice otra palabra, por favor.

Gracias.

11 Septiembre 2007 | 08:42 PM

X

X dijo

Querido Peletero, repetiré no es un problema suyo es mio y yo no sé si usted es todo eso que dice, pero dice bien eso es otra historia.
Pérdoneme pero mi vocabulario es pobre como ya habrá comprobado, espero no sea problema.
De nada.

11 Septiembre 2007 | 09:13 PM

el-peletero

el-peletero dijo

No lo es, claro que no.

11 Septiembre 2007 | 09:28 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Peletero, el análisis que Ren ha hecho de este fragmento y de los personajes es exhaustivo y tan acertado, que prácticamente ha dejado poco para añadir, pero a mí me ha gustado tanto, que quisiera comentar sobre dos cosas: La frase final que Justine le dijo a Clea acerca del narrador: "Tenía que olvidarme de él". Y de verdad tenía que hacerlo, porque, a mi juicio, el narrador fue el único que derrotó a Justine, el único que a pesar de no tener dinero, escapó a su maldad, el que detectó su lado estúpido y la caló desde el principio. Ella lo comprendió así, desde el primer intercambio de palabras cuando le preguntó: "qué entiende usted por la naturaleza antinómica de la ironía?". Y es que en esa contradicción estaba la explicación del desconcierto de Justine frente al narrador. El tenía el "tesoro del desprendimiento" "la piedra preciosa escondida en la cabeza del sapo". A él lo material, a diferencia de ella, le importaba poco: "Mi valor no residía en nada de lo que llevaba a cabo o de lo que poseía..., Justine me amaba porque yo era indestructible, un ser humano formado, que no podía quebrar...". El narrador no temía nada, a diferencia de Nessim, que sospechaba la verdad, pero tenía miedo de enfrentarla y de Cloe que amaba a Justine, pero la temía y de la misma Justine que también luchaba contra sus mentiras, sus miedos y contradicciones, que terminaron por robarle la energía de la vida, y hacerle creer que huyendo alejaría sus fantasmas, sin darse cuenta que huir la debilitó aún más hasta acabar derrotada. Un saludo.

12 Septiembre 2007 | 05:33 AM

X

X dijo

Querido Peletero ayer solo intentaba saber las causas del porqué una persona, en este caso la protagonista de esa novela que no he leído, y solo con los apuntes que usted recoge en este post y pensando en una persona real que pueda existir y que sea capaz de hacer sufrir a la gente que la rodea…y ese es mi verdadero problema intentar descubrir los miedos del “malo”, el porqué de sus acciones. Querido Peletero porque del lado de los buenos están todos. A ellos es fácil entenderlos. Todos los entendemos. Pensé, quizás equivocadamente, que usted podría ayudarme.
Un saludo.

12 Septiembre 2007 | 12:17 PM

el-peletero

el-peletero dijo

El peletero y la persona que le procura su sombra, se sienten profundamente agradecidos, y unos verdaderos privilegiados, por tener y disfrutar la compañía de unas lectoras leales, tiernas, afables, simpáticas, inteligentes y profundamente perspicaces y sagaces. Para mi es un verdadero honor.

Querida Madeleine, ren acertó, como no podía ser de otra manera, al destacar el vacío tras el disfraz, esa agua que únicamente se mezcla con agua. Sus palabras son algo casi imposible, son perfectas.

¿Estamos seguros de ello?, ¿es realmente así eso que pensamos de Justine?

La huida de Justine es la prueba, es la única que lo hace, de todo ese mosaico de personajes, todos ellos también mentirosos a su manera. Es la única que huye y es la única que se metamorfosea en una fanática, que será inevitable e igualmente falsa.

Tú también has dado con otra clave, “la piedra preciosa escondida en la cabeza del sapo”. “Me quería porque yo era para ella algo indestructible, un ser humano ya formado y que no podía quebrar”.

Precisamente por ello, él es el que recibe menos palabras de ella, porque en el fondo del fondo, allí donde ya nada es posible ni tan siquiera real, allí donde uno se puede perder para siempre, allí, en ese fondo sin fondo que todos tenemos, ella sabe que él sabe.

También has sabido destacar las primeras palabras que Justine le dirige al narrador. En una frase de estas características esta resumida perfectamente la clase de ser que tenemos enfrente. Cuando hace pocos días la releí me hizo reír, era una risa amarga, pero reí.

Quien nada tiene y nada es se lo debe robar a los demás. De una forma o de otra ha de intentarlo, mientras lo intenta ira de disfraz en disfraz.

“El cuarteto…” es un verdadero mosaico donde el principal personaje y protagonista es la ciudad. A mi me interesaba Justine, el narrador y algo Clea. Y Alejandría.

Para opinar con propiedad hay que leer la novela, naturalmente. Entonces veremos también que no hay ninguna agua limpia del todo.

Está también Melissa, pareja del narrador, a la que nunca le oculta su relación con Justine, pero a la que él, innecesariamente, daña y hace sufrir igualmente.

Pobre Melissa que termina embarazada de otro hombre, “pobre” también, de Nessim, el marido rico de Justine.

Los perdedores se buscan, los abandonados se necesitan y se encuentran, eso ocurre muchas veces, es casi una ley de vida. Así mismo el narrador y Clea se acompañan mutuamente.

Melissa muere después de dar a luz a una niña, de la que se hará cargo el narrador que no es su padre, llevándosela con él, cuando al final de todo, en cierta manera también huya, aceptando un empleo de profesor en una isla.

Clea le escribe y le cuenta cosas y él las lee y duda. Duda si debe responderle las cartas. Al final se dice a sí mismo y a nosotros:

“No quiero seguir forzando a nadie, no quiero hacer promesas, pensar la vida en términos de pactos, resoluciones, compromisos. Clea interpretará mi silencio según sus propias necesidades y deseos, y vendrá o no vendrá; ella es quien debe decidirlo. ¿Acaso no depende todo de nuestra manera de interpretar el silencio que nos rodea?”

Saludos, Madeleine.

12 Septiembre 2007 | 12:26 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida X, del lado de los buenos estamos siempre si somos nosotros mismos quienes decidimos. Pero usted ya sabe que uno no puede ser parte y juez al mismo tiempo.

Me hace una pregunta, ¿cuáles son las razones para comportarse así? Me alegra saber que usted no haya conocido a ninguna. El peletero tampoco.

La respuesta adecuada se la debería dar un psiquiatra, pero creo que los textos que he destacado de la novela, la conversación con el fantasma y los comentarios que han ido apareciendo, son lo suficientemente esclarecedores y explicativos.

Sólo le diré una cosa más. Las personas hemos de establecer, queramos o no, una relación entre las palabras y la realidad, donde la realidad sea la que mande, siempre y de una manera total. La realidad debe ser explicada, es casi una ley de la naturaleza. En todo caso, después de comernos la manzana en el paraíso y ser expulsados de él, es así.

Eso no excluye las diferentes interpretaciones que cada uno pueda dar, todas legítimas y procurando que se adapten también a nosotros. Igual que un traje a medida, pero mal favor nos haremos si pensamos que somos más altos o más delgados de lo que realmente somos. Si eso hiciéramos, pareceríamos unos payasos.

Hay personas que no lo consiguen nunca. Nunca logran una relación armoniosa entre las palabras y la realidad. El resultado más visible es la mentira en la que terminan convirtiendo toda su vida. Otra consecuencia, esa más velada, es su vacío, su nadería.

Para decirlo de una manera sencilla, no tienen alma y deben robársela a los demás.

Saludos, X.

12 Septiembre 2007 | 12:49 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Somos nosotras, Pele, las que nos sentimos honradas de que nos dediques tiempo con tus magníficos escritos, y le des respuestas a nuestros análisis. Por lo menos yo estoy feliz de que me hagas pensar, ja, ja. Yo no creo que tengas idea de cuánto me has ayudado en ese sentido. Eres muy convincente, y esa es la clave de un buen escritor: Tú mismo se lo dijiste a X, lograr que el lector llegue a creer que lo que está leyendo, aunque mentira, es la verdad, o que sea muy difícil distinguir la línea que separa la ficción de la realidad.
Sí, me parece que vale la pena leer el libro completo. Un saludo desde la Luna.

12 Septiembre 2007 | 10:19 PM

rincones

rincones dijo

Pele, ¿Justine era Nada y Nadie..?

Besos soñolientos ya.

13 Septiembre 2007 | 02:41 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida ren, no seas una niña mala. No hagas preguntas que no debes. Hay cosas que es mejor no saberlas.

Pero…

Justine es Justine, ya intenté dejárselo bien claro a nuestra amiga X. ¿Quién podría ser, sino? He pensado sobre ello, y sinceramente, no recuerdo haber conocido a nadie parecido a Justine. ¿Por qué me lo preguntas?, ¿Piensas en alguien? ¿Quién?

Sí te diré que siempre he estado enamorado de Anouk Aimée, que interpretó el personaje en una película fallida. Pocos rostros encarnan como el de ella el misterio de la belleza y la tristeza que siempre hay en el fondo de los ojos, muy cerca de la retina, que como ya sabes, cuando se desprende nos ciega.

“Nada y Nadie” es el aparato de aire acondicionado de mi tienda. Nos pasamos muchas horas juntos, y hemos ido creando con el tiempo una cierta confianza hostil. Casi, casi, él lo sabe todo de mí, de “el peletero” y del otro. En verano enfría y en invierno caldea, es el ser perfecto, aunque fisgón, envidioso y estúpido.

Para tu conocimiento te aclaro que “el fantasma” tampoco es “Nada y Nadie”. ¿Quién es?, no sé, un fantasma, no le he preguntado cómo se llama. Pasa por aquí de cuando en vez y me hace compañía, charlamos y nos contamos cosas.

¡Ya ves!, esas son mis compañías, las más “físicas” que tengo el gusto de disfrutar.

Todo eso es verdad y todo lo demás no.

Saludos desde Júpiter.

13 Septiembre 2007 | 10:26 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Mi querida Madeleine, yo escribo para mí y para los que me quieren y todos somos importantes. Las influencias son mutuas y las enseñanzas que nos proporcionamos también.

Me alegra mucho eso que me dices, y me ruboriza, si me vieras ahora, tengo la cara como un tomate colombiano.

Ese anonimato Madeleine es necesario, en él no hay ningún ánimo de esconder nada, te puedo asegurar que no. Soy un hombre sin demasiadas vergüenzas que se desnuda fácil, en los dos sentidos que tiene la palabra, me gusta que me miren y me gusta mirar.

Pero esto es literatura, nada más. Sin embargo, ten en cuenta que la verdad siempre está delante de nuestros ojos.

“What you see is what you get”, ¿verdad?

No hay más. Es mucho ¿no?

Saludos también desde Júpiter

13 Septiembre 2007 | 10:37 AM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Ja, ja, Peletero, algunos tomates colombianos no son muy rojos. Pensé que lo del anonimato estaba suficientemente aclarado. Por lo menos por mi parte, no necesito abundar en el tema..., que quiero que sigamos siendo buenos amigos, y que de ninguna manera te sientas "vigilado" o a la defensiva, y obligado a hacer aclaraciones. Ya sabes que nos gustas como eres y sobre todo a mí me gusta lo que escribes, o de lo contrario, no perderíamos el tiempo viniendo a casa del Peletero. Además, yo creo que una dosis de intriga y misterio siempre hace todo mucho más interesante..., no te parece, Pele? por lo menos a mí me "afiebra" la imaginación. Un saludo de nuevo desde La Luna, adonde viajo con frecuencia.

13 Septiembre 2007 | 07:26 PM

rincones

rincones dijo

No estoy siendo niña mala, Pele... :-) Sé por demás que todo lo que se escribe en esta casa es literatura, y que en este post se desarrollaban meramente notas y reflexiones sobre la protagonista de una novela. Magníficamente escritas, por cierto.

Evidentemente siempre es posible extrapolar un personaje ficticio a la realidad, y generalizar sobre el ser humano, o mejor dicho, sobre personas que pueden obedecer al patrón general que sigue dicho personaje, pero nada más. Me preguntabas si pensaba en alguien así... Bueno, se me ocurren un par de personas que conozco, pero no merecen el gasto en tinta. De verdad.

Te explico por qué hacía esa pregunta, que casi tenía más de retórica que de otra cosa. Al placer de leer tus textos hay que añadir el de hacer lo propio con los comentarios que dejan tus contertulias. En tu respuesta a una intervención de Made decías, abundando sobre la figura de Justine: "Quien nada tiene y nada es se lo debe robar a los demás". Y posteriormente, en tu última réplica a X, ahora generalizando, las palabras con que terminabas eran estas: " Otra consecuencia, esa más velada, es su vacío, su nadería. Para decirlo de una manera sencilla, no tienen alma y deben robársela a los demás".

Eso me retrotrajo de inmediato a un post anterior, creo recordar que el primero de la serie del colibrí y las muchachas en flor, concretamente a la personificación del aparato de aire acondicionado, a Nada y Nadie, de quienes explicabas en tu respuesta a mi comentario que no tienen vida propia y han de vivir la de los demás, así como robarles su calor para ser alguien. Y que su beso siempre deja una enorme frialdad en los labios... Justine me lo recordó, porque me parece encajar como mano en guante en esta definición. Siempre tiendo a relacionar personajes en tu blog, no lo puedo evitar, y surgió la pregunta. Solo era eso.

Confianza por confianza, te diré que yo del actor que siempre he estado enamorada es de Don Johnson, uno de los protagonistas de la serie Corrupción en Miami, o Miami Vice. Sé que no se puede comparar en glamour a Anouk Aimée, pero qué quieres, amigo mío, la carne es débil.. :-) De alguna manera sus facciones son un híbrido entre Robert Taylor y Gary Cooper. O será que lo miro con buenos ojos..

Besos.

14 Septiembre 2007 | 01:44 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida ren, tienes mucha razón en relacionar los personajes y situaciones que van saliendo en mis relatos. Es así, todos ellos lo están. Unos llevan a otros y viceversa.

Así, todos son algo más que lo que son, como los seres de carne y hueso.

Quizás me haga pesado y reiterativo en exceso, pero en realidad casi siempre escribo de lo mismo.

El personaje vampírico es muy atractivo. Es enormemente seductor y la fuerza de su imán te puede llevar a pulsiones verdaderamente autodestructivas. Malignas. Además, es casi inevitable, también parece una ley de la naturaleza, son físicamente bellos. La suya es esa belleza oscura, la belleza del vampiro.

Pero claro, eso sería verdad, si los vampiros existieran, los vampiros verdaderos, esos seres no vivos. Pero no, son fantasía, todo es un símbolo, nada más.

Quien le quita la sangre a otro es que él no tiene. Quien no tiene alma debe robarla. Pero eso son también símbolos, literatura.

¿No tienen sangre? ¿No tienen alma? Hoy en día de ellos se ocupa la ciencia y la ciencia dice que son enfermos. A ellos no les gusta que les digan enfermos y buscan en otros aquello que quieren oír, chamanes y gurús, ángeles y brujas.

¿Don Johnson? Sí, la carne es débil.

Saludos.

14 Septiembre 2007 | 11:58 AM

Luz de luna

Luz de luna dijo

No estoy de acuerdo con aquello de que los personajes en estas narraciones o en cualquier otra no existen...tan pronto salen de la pluma del escritor adquieren vida propia y empiezan a andar por el mundo.
Hay incluso algunos personajes que acosan a su escritor pidiéndole más y más vida y hay tambien cientos,miles de historias que vagabundean entre los teclados en busca de un autor.
Para mi,todo lo que el peletero escribe es verdad.Así que tenga cuidado,amigo, porque basta con que una persona crea el cuento para que éste,de alguna manera,se materialice.
Anouk Aimée,con su perdón,siempre me ha parecido que tiene cara de tragedia griega...pero quien dijo que las tragedias griegas no tienen cierta belleza y encanto?...Como la luz de luna llena en una noche de verano.
Saludos completamente lunáticos.

16 Septiembre 2007 | 05:52 AM

Flor Silvestre

Flor Silvestre dijo

Completamente de acuerdo con Luz de Luna.Téngase en cuenta que por las venas de estos personajes corren rios de tinta.Así hayan sido concebidos entre las duras teclas de un ordenador.

16 Septiembre 2007 | 04:18 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Apreciada Luz de luna, le agradezco su visita.

Permítame decirle que no voy a ser yo, porque no debo ni tampoco soy nadie, quien le contradiga sus palabras.

Piense usted lo que crea que debe pensar, que yo haré exactamente lo mismo.

Sí le diré, que en todo caso siempre es mejor ser Pirandello que Alonso Quijano.

Cuando se quiere ser lo segundo, normalmente, se termina siendo solamente un triste estereotipo.

Respecto a Anouk Aimée es mejor que no diga nada,

no diga nada usted,

no la toque,

no la mire,

no la mencione,

no la piense.

No debe hacerlo.

A no ser que sea usted Justine, en este caso ya sabrán ustedes dos qué deben hacer, pues siempre lo han hecho.

“Como la luz de luna llena en una noche de verano.” ¿De qué verano? ¿Dónde? ¿Con quién?

Saludos.

16 Septiembre 2007 | 07:40 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Flor silvestre, se parece usted demasiado a Luz de luna y las dos a una tercera. No se molesten ambas si les digo que eso no me gusta.

¿Entiende mis palabras?

16 Septiembre 2007 | 07:43 PM

FS,FH,LL

FS,FH,LL dijo

Nuevamente lo siento.Eran puras de jugar.
Y si sientes que de alguna manera he deshonrado tu casa pues no temas,que seguramente no volveré.
El anfitrión eres tu y estás en el derecho de recibir en tu sitio a quien te haga sentir cómodo.

18 Septiembre 2007 | 03:47 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Madame Rosa, usted no tiene porque saber según que cosas de mí y, en consecuencia, tampoco conocer el grado de escozor que algunos hechos producen en mi piel y en mi alma. Si las conociera seguro que se sorprendería y quizás, sólo quizás, me daría la razón.

Si usted es una mujer con la mezcla justa en su sangre de sentido común y de poesía, sabrá que la vida es muy rara. No sabe cuanto.

Por ese motivo le pido disculpas por el tono demasiado desabrido de mis palabras.

Pero le rogaría que siempre que entre en mi casa, cosa que me alegra y la invito hacer con entusiasmo, lo haga con su nombre.

Yo soy “el peletero”, usted es “Madame Rosa” y nada más.

A partir de aquí todo lo que usted quiera, mientras nos mantengamos en los parámetros adecuados de buen gusto, respeto y educación. Ninguna de las tres cosas está reñida con el juego, el sentido del humor, la picardía, la ironía, la broma, la crítica, el acuerdo, el error, la equivocación y si me apura, la inteligencia y la sensualidad.

Pero recuerde, recuérdelo siempre, que usted y yo no somos nada más que dos ectoplasmas informáticos. Disculpe la advertencia, pero sé lo que me digo.

Mantener los pies en el suelo es la mejor forma de empezar a andar.

Sea usted muy bienvenida en mi casa, querida Madame Rosa.

Muchos saludos.

18 Septiembre 2007 | 12:07 PM

salud-y-republica

salud-y-republica dijo

Los ectoplasmas,por no tener una forma definida y concreta, pueden asumir cualquier apariencia. Eso depende del médium que los evoque y de la participación síquica de quienes asisten a su materialización.

Será la internet ese médium?

El comentario anterior sólo pretende hacer una justificación de mi comportamiento pero me queda claro cuáles son las reglas de la casa.

Casa etérea como tantas otras construidas en este mundo virtual.Tan etéreas como los fantasmas que las habitamos.

Madame Rosa

18 Septiembre 2007 | 02:44 PM

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Si desnudar a alguien no ha sido nunca una actividad baladí, vestirla tampoco lo es y mucho menos cuando la materia prima es algo tan sublime como la piel. Este es el hecho, sin más, y en él nos regocijamos y sobre él nos preguntamos y nos hacemos responsables, hasta las últimas consecuencias. ______________________________________________________________ __________________________________________________________________ Suscribir con Bloglines __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ Blogalaxia __________________________________________________________________ Add to Technorati Favorites __________________________________________________________________

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