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La Coctelera

El peletero

WHAT YOU SEE IS WHAT YOU GET

12 Septiembre 2007

El peletero/B

Conocí a B en un desguace de automóviles.

Estaba intentando localizar mi vehículo accidentado. La grúa lo había llevado hasta allí según me dijo la policía.

Acababa de salir del hospital hacía solamente un par de semanas, después de pasarme siete meses y diez días en él, procurando los médicos volver a pegar todo lo que se había roto, que era mucho.

Me habían dado la dirección en un albarán de entrega después de certificar la compañía de seguros el siniestro total.

Aun albergaba la vana esperanza de encontrar alguno de los objetos personales que se me habían perdido en el accidente.

Los encargados del desguace tenían registrada la entrada, pero o no sabían dónde se hallaba o no tenían ganas de trabajar. Yo mismo habría de buscármelo. No se preocupe, me dijeron, cerramos tarde y si no lo encuentra hoy puede regresar mañana.

Efectivamente no lo encontré después de pasarme tres horas en aquel laberinto de chatarra. Al querer irme me perdí y no había manera de encontrar la salida.

Empecé a deambular tontamente, hasta que B me encontró a mí.

Aunque me habían dado el alta ni mi aspecto ni mi ánimo debían ser los mejores. Y la forma de orientarme entre tanto elefante muerto tampoco debía ser la correcta.

¿Se encuentra bien?, oí que alguien me preguntaba desde las alturas. Ése era B, jugándose la vida encaramado a una pila de automóviles buscando no sé que recambio o que pieza para no sé que coche.

Creo que me he perdido, no soy capaz de encontrar la salida, le dije. No se preocupe lo acompañaré, me respondió.

No sólo me llevó hasta la salida, él también se iba y como yo había llegado en taxi, insistió en acompañarme en su propio automóvil.

Acepté.

Le conté qué era lo que estaba buscando. No se preocupe, ya se lo buscaré yo, a mi me será más fácil, me manejo mejor.

Antes de irse me dio su tarjeta, Llámeme un día de estos y le daré noticias, por cierto, si necesita un auto yo se lo puedo ofrecer, bueno y barato.

Sí, necesitaba uno. Y fui a verle.

Le compré una magnífica berlina de segunda mano a muy buen precio. De mi antiguo automóvil no podía decirme nada, no había conseguido localizarlo, seguramente ya habrán hecho de él lingotes de hojalata, me dijo con una sonrisa algo tímida.

¿Para qué lo quería?, me preguntó.

No supe que responderle, bueno, murió mi esposa, se perdieron cosas y me hubiera gustado recuperarlas.

No dijo nada. Me miraba con los ojos muy abiertos y no debió darse cuenta de que tenía las manos sucias de grasa porque se tocó la cara manchándosela.

Será mejor que vaya a lavarse, le dije. Con esa pintura de camuflaje asustará a los clientes. Ni se inmutó, creó que ni me oyó.

Los dos nos quedamos callados, mirándonos en silencio.

En la pared del fondo de su despacho había clavado con grapas un calendario con una bonita muchacha desnuda.

¿De dónde lo ha sacado?, le pregunté.

¿Qué?

Olvídelo, traté de rectificar. Tengo sed. ¿Tiene cerveza?

En una esquina había una nevera pequeña, se levantó y de ella saco un par de cervezas.

Mientras nos las bebíamos me preguntó. ¿Le interesan este tipo de calendarios?

No, era solo por decir algo.

Me lo ha regalado un cliente rico y a los muchachos que trabajan aquí les gusta verla cuando vienen a pedirme aumento de sueldo. Debe ser el consuelo que les proporciona cuando les digo que no.

¿Tiene clientes ricos?

Unos cuantos. Ése que le digo tiene una magnífica colección de coches antiguos, “históricos” sería el término adecuado. Y yo se los mantengo en perfectas condiciones de funcionamiento y puesta a punto para que pasen cada año la inspección técnica de vehículos. Es interesante verla, de verdad.

Debí poner una cara especial porque me preguntó:

¿Le gustaría? Él se la mostrará encantado. Si usted quiere.

¿Por qué no?, parece buena idea. ¿Cómo se llama su cliente?

En realidad no me interesaban, bueno, no en aquel momento. Pero a él se le iluminó la cara.

Se va a sorprender, le van a gustar mucho. Sí, mañana mismo iremos a verlos, se los enseñaré, no son solamente máquinas, ¿sabe?, tienen nombre y apellidos y aunque son inmortales también pueden morir. Venga conmigo, quiero enseñarle algo.

Debía haber tocado algún resorte o botón invisible; aquel hombre parecía estar a punto de mostrarme un tesoro o a la mujer más hermosa del mundo. Sin embargo lo que vi fue una estructura de hierros oxidados con una vaga forma de algo parecido a un automóvil.

Tonterías como aquella había visto muchas en los museos de arte contemporáneo, pero aquello no era un museo ni una tontería. Aquello era un taller y lo que había sido mucho tiempo atrás un automóvil.

¿Qué le parece?, éste está muy mal, lo encontraron en la cuadra de una vieja casa de campo. No siempre me los traen así. Harán falta muchas horas de trabajo para que vuelva a caminar.

El silogismo me desconcertó, era demasiado evidente y fácil. ¿Es usted médico? Le pregunté.

Mi padre lo era, me respondió con una amplia y nada tímida sonrisa. Yo estudié dos años, pero lo dejé. Se llevó un disgusto, era cirujano, un buen cirujano.

No lo pude evitar, pero me reí.

Espere, no se ría aun, que eso no es todo, el pobre también se murió en un accidente de de automóvil.

El alivio que me produjo su humor negro me sobresaltó. ¿Se estarán riendo también los muertos?

Mañana le llevaré a ver a mi amigo rico, como le he dicho le gusta enseñar a sus “bellezas” ¿A qué hora paso a buscarle?

Yo no sé si los muertos se ríen, pero deberían hacerlo. Al menos esos que son un puro invento. En mi accidente no se había muerto nadie, ni mi esposa ni nadie. Estoy soltero y aquel día conducía solo y choqué de frente contra un camión enorme al dormirme al volante. ¿Por qué había mentido? No sé, quizás para dar lástima. La lastima es un mal sucedáneo del amor o del cariño.

El padre de mi amigo tampoco se había muerto en ningún accidente. Precisamente el padre era ese amigo rico del que me hablaba. ¿Por qué me había mentido? Nunca se lo pregunté. La verdad es que me importaba muy poco. Era una manera rara de decir la verdad.

Porque un muerto sí había habido en un accidente, y no uno sino dos. La madre y el amante de la madre de B, muertos ambos al mismo tiempo en un verdadero accidente de automóvil. Eso sí era verdad.

Su padre aparte de ser rico y tener esa fabulosa colección de autos, sí que había sido realmente cirujano, y B también había estudiado durante un par de años medicina. El amante era amigo y colega de su padre, otro cirujano. Un día se salió de la carretera y se mató junto con ella, la madre de B, los dos amantes muertos.

Iban muy deprisa, no se puede correr tanto, decía B con una perfecta sonrisa cínica dibujada en su cara.

No era ni siquiera una sospecha, pero no pude evitar la fantasía de pensar en un asesinato. ¿De quién?, ¿del padre?, ¿del hijo?, ¿de ambos? El auto bien preparado y manipulado para que tuviera un accidente mortal. ¿B mató a su madre?

B ha terminado siendo uno de mis mejores amigos y la fantasía del asesinato se ha convertido en una absoluta certeza sin valor ninguno. No me molesta ser el amigo de un asesino, esa es la verdad. Ni me molesta ni me importa.

Cuando lo visité, el padre de B hacía tiempo que ya no ejercía como cirujano, el parkinson lo había obligado a retirarse antes de tiempo. Hizo su fortuna comprando naves industriales, lo que le permitió, aparte de hacerse rico, desarrollar su segunda vocación, la arqueología industrial.

“La forma pura y dura de la máquina es el mapa más preciso del cerebro humano”, decía tartamudeando. Yo lo escuchaba con atención no pudiendo apartar los ojos de su tambaleante mano sosteniendo la cuchara con la que desparramaba la sopa por todo el mantel. B lo miraba con ternura, sin preocuparse por las terribles manchas en el traje de su padre.

Necesita un babero, me decía, pero nunca quiere ponérselo, que mas da, ¿no crees?

Manchas de grasa, de sopa y también de sangre.

La fabulosa casa, en cambio, estaba limpia, casi aséptica. El enorme garaje con su magnífica colección de automóviles parecía una noche estrellada.

Son bonitos, ¿verdad?, me decía aquel anciano tartamudo y tembloroso. Pero lo mejor es su sonido, escuche.

Mi amigo siempre lleva las manos sucias. Tuvo una novia que no le gustaba que tuviese esas manos así. Su padre sigue desparramando la sopa por toda la mesa manchándonos a todos.

Pero a nadie le importa.

Y escuché. En silenció escuché. Tenía toda la razón, el sonido de los motores era lo mejor.

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18 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Estos dos personajes, el hombre accidentado y el mecánico, aparentemente distintos son en el fondo muy parecidos. Nada pasa por casualidad, y cuando sus destinos se cruzan terminan siendo irremediablemente "amigos", yo diría que en cierta medida, sin decirlo, "cómplices". Ambos mienten, aunque por razones distintas, ambos muestran detalles de solidaridad y de ternura, y los dos tienen la misma naturaleza cínica. el hombre miente por un motivo baladí: justifica la búsqueda de sus objetos personales con una razón distinta a la verdadera, una, que a su juicio, inspira lástima, porque se "inventa" una "víctima" y quizá por eso reviste más importancia. Reciproca el gesto del mecánico, que sin conocerlo apenas, se interesa en su bienestar e insiste en acompañarlo, y no sólo lo lleva a la salida sino que lo transporta en su auto, esgrimiendo una mentira "blanca": "En realidad no me interesaba la colección, pero a él se le iluminó la cara...". Fue su turno de mostrarse solidario con el mecánico, que hablaba de sus autos como si fueran sus pacientes.
Por su parte el mecánico hace un cocktail de mentiras y de verdades, que en últimas es el equivalente a una pila de engaños para ocultar sus secretos, que no tenían nada de banal, y al contrario del hombre "oculta" a las verdaderas víctimas, pero "elimina" al padre, igual que el hombre a la esposa ficticia, quizá para atraer lástima sobre el padre "muerto", muerto a sus ojos por la traición de la esposa y el socio, y quien es probablemente su cómplice: "La forma pura y dura de la máquina, es el mapa más preciso del cerebro humano..., decía el padre tartamudeando y desparramaba la sopa por todo el mantel..., "B lo miraba con ternura, sin preocuparse por las terribles manchas..., manchas de grasa, de sopa y de sangre..."
El hombre sospecha lo que su amigo ha hecho, una duda que al principio era sólo fantasía y que al profundizar la amistad se convierte en certeza "sin valor alguno", como la llama: "No me molesta ser el amigo de un asesino, esa es la verdad. No me molesta, ni me importa".
"Mi amigo siempre lleva las manos sucias". Siempre las tuvo, desde el día que lo vio en su taller y se manchó la cara de grasa, sin que pareciera molestarle, sin que diera siquiera señales de haber oído el comentario del hombre. "Tuvo una novia que no le gustaba que tuviera las manos así", una novia que es probablemente parte del pasado. "Su padre sigue derramando la sopa por toda la mesa manchándonos a todos..., pero a nadie le importa". Por qué habría de importarle a alguien, si al fin de cuenta los tres tenían la misma naturaleza: "El sonido de los motores era lo mejor...", en realidad era lo único que importaba. Un saludo.

13 Septiembre 2007 | 05:43 AM

X

X dijo

Las manchas querido Peletero ya sean de sangre, sopa o grasa, son manchas y ¿una mancha que es? Pues un problema. Hay que lavarlas o borrarlas pero a veces esos lavados no son útiles porque no es lo mismo una mancha de sopa que una de grasa o sangre, no es lo mismo para borrarlas, pero en el fondo son todas lo mismo, un problema. ¿Qué pasa cuando uno se niega a borrarlas? No sé, quizás es que quiera tener presente continuamente un pasado porque una mancha es el recuerdo de algo que pasó.
El ruido del motor es importante porque si es limpio funciona bien, pero para eso hay que mancharse, a veces, las manos bien de grasa…para eso para que todo suene a limpio.
Un saludo.

13 Septiembre 2007 | 09:55 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Mi querida amiga X, ya ve, usted misma lo ha dicho, a veces hay que mancharse para que las cosas funcionen bien, y suenen a limpio.

Hay que ensuciarse para limpiar.

Hay personas que lucen sus manchas igual que si fuesen heridas de guerra, orgullosos de ellas.

No siempre son un problema, ¿por qué han de serlo?, son también una señal, un aviso para navegantes.

Incluso son una distinción, una medalla que premia una proeza.

Las manchas de sopa del pobre anciano enfermo son eso, la prueba de una proeza. ¿Para qué borrarlas entonces?

Las manchas de grasa también, nos explican un trabajo bien realizado y nada fácil, resucitar a un muerto.

¿Y las de sangre? El pobre cirujano debió de salvar muchas vidas trabajando. Gracias a su habilidad profesional, curó a muchos, terminando siempre manchado. Después de tantas vidas salvadas, sin preguntar por los pecados de los enfermos, ¿se le puede recriminar que se haya “tomado” dos de ellas, sin pedir permiso a nadie?

¿A quién le importa? A mi no, en absoluto. No pienso ir al juzgado a denunciar a nadie.

¿Y B?

B se ríe y se enternece viendo a su padre haciéndole compañía, para luego colgar bonitos calendarios en las paredes de su despacho.

Que yo me miro embelesado.

Es bonita la muchacha, ¿verdad?

13 Septiembre 2007 | 10:56 AM

X

X dijo

Amigo Peletero, como mujer le diría que me da envidia...si fuera un hombre diría que está buenisima, ja!...¿es la chica de Julio o de Agosto?

13 Septiembre 2007 | 11:06 AM

el-peletero

el-peletero dijo

El sonido de un motor es el sonido de una entraña, intestinal, cerebral, sexual o geológica.

Volcanes, terremotos, digestiones, coitos, cavilaciones. Todo suena igual. Todo es una erupción, un corrimiento de tierras, una inundación, un tsunami.

Un océano agitado.

Un huracán.

Todo es un grito.

Aunque a veces, muy de tarde en tarde, logramos convertirlo en un gemido.

¿Un gemido?, ¿de qué?

Los tres son iguales. Si Madeleine, los tres hombres lo son. Todos ellos la han matado, de una manera u otra lo han hecho, bien muerta está.

Tan muerta, que a ella nadie ha conseguido, ni mucho menos ha querido resucitarla. Por eso cuelga de un calendario.

Es bonita la niña, ¿no?

Saludos jupiterianos.

13 Septiembre 2007 | 11:15 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida X, hoy en día los papeles están trastocados, por eso yo solamente le preguntaba si le parecía bonita, nada más. Creo que es más elegante.

13 Septiembre 2007 | 11:25 AM

X

X dijo

Sí aunque lo esten, la respuesta sería esa le parezca elegante o no, o así lo creo yo.

13 Septiembre 2007 | 11:41 AM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Peletero, tú dices: "...Y las de sangre? el pobre cirujano debió de salvar muchas vidas trabajando. Gracias a su habilidad profesional curó a muchos, terminando siempre manchado. Después de tantas vidas salvadas sin preguntar por los pecados de los enfermos, se le puede recriminar que se haya "tomado" dos de ellas, sin pedir permiso a nadie?".
Discúlpame, Peletero, pero en primer lugar la obligación de un buen médico, el juramento de Hipócrates (quien irónicamente discriminó, al negarse a auxiliar a los enemigos de su patria), es precisamente ese: "salvar vidas, sin preguntar por los pecados de los enfermos", es decir sin discriminar, como lo es el de un buen abogado: defender a su cliente, aunque sea el criminal más grande que haya pisado la tierra. Pero cumplir con sus obligaciones no le da a ninguno de esos profesionales, ni a nadie, licencia para matar. Una cosa no tiene que ver con la otra. Por supuesto, que al viejo y al hijo se les puede recriminar, porque se abrogaron un derecho que no tenían, porque se constituyeron en jueces, cuando eran nada más que un médico y un mecánico. Y yo diría que al hijo más que al marido engañado se le puede recriminar, precisamente porque se trataba de su madre. Sí, bien muerta ella, y bien fastidiado el viejo que no es capaz ya ni de sostener la cuchara, y bien miserable el hijo, que ha sido incapaz de quitarse de encima las manchas de grasa, de sopa y sobre todo las de sangre. Me alegro que las exhiba por el resto de su pobre vida.
Menos mal, Peletero, que se trata sólamente de ficción, que si no me imagino la de médicos y mecánicos asesinos que habría en el mundo. No yo tampoco los denunciaría, porque no me consta lo que hicieron, pero lo que es seguro es que tampoco me gustaría tener amistad con esos dos personajes. Un saludo y gracias por el tema tan apasionante.

13 Septiembre 2007 | 08:13 PM

Armiño negro

Armiño negro dijo

Mientras miramos a la chica del calendario no reparamos en el último asesinato, el del mes de agosto, despedazado y con sus días colgando de un julio que carga a cuestas con el cadaver despedazado, la mitad, de su hijo y sucesor...
¡Que más da!
Es una forma de matar el tiempo.

13 Septiembre 2007 | 09:37 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Mi querida Madeleine, creo que el enfoque que le has dado a este post no es el correcto. Como eres una persona bondadosa me permitirás discrepar.

Si hablamos del complejo de Edipo, hablamos del complejo, no de que es una cosa muy fea acostarse con la madre de uno.

No hace mucho, una mujer me dejó leer parte de la demanda judicial de divorcio que estaba preparando su abogada. Me la dejó porque según ella, la abogada había interpretado mal y de manera muy exagerada los hechos que ella le había contado.

En la demanda, el marido aparecía casi como un malvado, cosa que no era cierta. Un hombre de grito fácil, iracundo y con mal carácter sí, pero no malvado. Ella me preguntó, ¿qué debo hacer?

Y yo le respondí, “se honesta y dile a tu abogada que rectifique todo aquello que está exagerado, que diga la verdad. Debes ser una mujer honesta. Ambos debemos serlo”.

Date cuenta Madeleine que he usado el “debemos”, con eso te harás una mejor composición de lugar. Pero añadí que: “tal vez eso no sea suficiente, quizás no haya bastante con ser honesto. Solamente quiero que sepas que si llega el momento de ser deshonesto me tendrás decididamente a tu lado, de una manera absolutamente incondicional. Si es necesario hacer aquello que creamos conveniente, seré tu aliado, tu sostén y tu cómplice, no te fallaré. ¿Por qué? “Porque te amo y eres la razón que me mantiene vivo”. Eso le dije.

Y todavía hoy, aunque no ha pasado tanto tiempo, sigo creyendo que era lo correcto y lo justo. Ella debía conseguir la patria potestad de su hijo, ¿Por qué?, ¿no podía ser igual de bueno el padre? Claro que sí, el padre podía ser igual de bueno que ella, e incluso más y mejor. Pero yo no estaba enamorado del padre, yo la amaba a ella. Ella era la razón de mi vida.

Hay una frase de Albert Camus que ha hecho mucha fortuna, y es una respuesta a una pregunta que él mismo se hacía. “¿Entre mi madre y mi patria a quién prefiero?”

Camus no tenía dudas, yo tampoco.

Querida Madeleine, ya sé que soy un pesado, pero tú eres una mujer paciente, sabia y atenta y que sabrás entender sin enfadarte si te digo que tomes todo lo anterior y lo que sigue como una pura fantasía literaria. Nada es cierto, pero todo ello ayuda a explicar eso que quiero contarte.

Tú hablas de justicia humana. Bien. ¿En base a qué?, ¿sólo conoces los datos que yo te doy?, ¿qué pruebas tienes? Lo importante en mi relato es que al narrador le importan bien poco los pecados de sus amigos. ¿Por qué?, por eso, porque son sus amigos.

Y no tomes la enfermedad del pobre anciano como un castigo divino de su maldad. Dios nos castiga o premia después de muertos, no en vida.

Y la novia de B, abogada por cierto, se avergonzaba de las manos sucias de grasa de él. Ella era una “señorita” que aspiraba a algo mejor. Despacho grande y clientes ricos, guapos, altos, buenos trajes, zapatos italianos y glamorosos.

En todo caso la actitud de ese hijo y la del narrador es la correcta.

Mi padre, “la sonrisa más bonita del mundo”, babea, y también se mancha, y yo, que ya no soy un niño lo beso y el sonríe mirándome y yo soy el hombre más feliz de la tierra. ¿Tienen alguna importancia sus pecados? Para mi no. Yo lo amo.

Yo la amo.

Saludos. ¿Es bonito Miami?

14 Septiembre 2007 | 11:35 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Armiño, su juego de palabras no puede ser más perfecto y simpático. Tiene razón, es una forma de matar el tiempo.

Y sí, julio mato agosto y muchas más cosas, que cuelgan y acabarán por descolgarse.

Yo todavía estoy en el mes de julio.

Saludos.

14 Septiembre 2007 | 11:39 AM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Querido Peletero: En una respuesta a un comentario tuyo, que te dí en mi blog y que te pido que leas, empecé por el final. Aquí, voy a hacer exactamente lo mismo. Dices: "Mi padre la "sonrisa más bonita del mundo", babea y se mancha, y yo que no soy un niño lo beso y él sonríe, mirándome, y yo soy el hombre más feliz de la tierra. Tienen alguna importancia sus pecados? para mí, no. Yo lo amo. Yo la amo". Es el párrafo más sentido y hermoso que te he leído..., y casi parece literatura, pero me imagino que no es ficticio. Por supuesto, sobra decir que yo habría hecho lo mismo y me hubiera sentido igual que tú, la mujer más feliz de la tierra. Que si tienen importancia sus pecados? Claro que no la tienen. Cómo podrían tenerla? Es lo mismo que si alguien no cuidara de su madre, porque le fue infiel a su padre, y creyera que si babea, es un castigo del cielo. Casi me ofenden esas palabras..., pero se muy bien, que no es tu intención. Mi punto es que no podemos constituirnos en jueces de las personas que amamos. Pero es que aquí mi querido Peletero, estamos hablando de transgreciones morales, que yo como hija o hijo, no tengo por qué juzgar y mucho menos castigar. Hablamos de "pecados" (cómo me disgusta esa palabra) y no de crímenes.
Y al comienzo de tu aclaración dices: "Dile a tu abogada que corrija todo lo que está exagerado..., debes ser honesta, debemos ser honestos..." Claro, debemos ser honestos, pero no siempre se puede. Es por eso que añades: "seré tu aliado, tu sostén, y tu cómplice". De nuevo aquí estamos hablando de lealtad con la persona que se ama, y esa "complicidad", aunque en el fondo no sea ética, se usa en sentido figurativo, tú no la has mandado a matar al marido, sino que haces exactamente lo que hay que hacer: apoyar a la persona que amas.

Pensé que lo de la novia de B tenía algo de simbolismo, pero veo que me equivoqué. Ella quería un novio con un despacho grande, rico, guapo, alto y que usara zapatos italianos y glamorosos. Francamente, no veo nada de malo en ese deseo. Ella quería un novio que fuera exactamente como era ella..., estaba entonces, con el hombre equivocado! Lo sorprendente es que hubiera puesto sus ojos en un mecánico. Mira que la gente es rara!

Ah! Peletero, y yo no pienso que las enfermedades sean necesariamente castigos, puede ser que en algunas personas sí, pero no son castigos de Dios, castigo de Dios es cargar con una conciencia criminal, negra como las manchas de grasa o de hollín. Tampoco creo que El nos castiga o nos premia después de muertos. Yo simplemente, creo, que por lo general, tenemos lo que nos merecemos, somos nosotros mismos los que nos premiamos o castigamos..., somos nosotros los responsables de nuestros propios actos. Analiza un poquito a ti que te encanta diseccionarlo todo, y verás que quizá tengo un poco, un poco, casi nada, de razón.

Claro, que se que es fantasía, Pele, y no, no eres pesado (aunque a veces puedes serlo, pero yo no siento que conmigo, porque por lo general, si es un comentario negativo, no me lo tomo a pecho), y en cambio, sí me deleito con tus frases gentiles, pero en este caso, me parece que eres tú el que ha mezclado la realidad con la literatura. De todos modos me alegro, porque he conocido una faceta tuya, que sospechaba que la tenías, pero no la tenía confirmada: una de profundo amor y ternura..., y cómo me ha gustado!!! Llévale las sonrisas que me has arrancado con algunos de tus comentarios a la "sonrisa más linda del mundo".
Me imagino que conoces el cuento del "mago de Oz"? A mí me encantaba desde que era una niña. Un abrazo.

14 Septiembre 2007 | 08:08 PM

el-peletero

el-peletero dijo

“Yo simplemente, creo, que por lo general, tenemos lo que nos merecemos, somos nosotros mismos los que nos premiamos o castigamos..., somos nosotros los responsables de nuestros propios actos. Analiza un poquito a ti que te encanta diseccionarlo todo, y verás que quizá tengo un poco, un poco, casi nada, de razón.”

No, Madeleine, no tienes un poco, la tienes toda, tienes toda la razón, absolutamente toda. Es exactamente así.

“Casi me ofenden esas palabras..., pero sé muy bien, que no es tu intención.”

No, no lo es Madeleine, puedes estar segura que no. De todas maneras discúlpame.

“Ella quería un novio que fuera exactamente como era ella..., estaba entonces, con el hombre equivocado! Lo sorprendente es que hubiera puesto sus ojos en un mecánico. Mira que la gente es rara!”

Puse “señorita” entre comillas y debería aclarar que no, ella no era eso. Ella era hija de un mecánico enriquecido. Ella no buscaba un novio que fuera como ella, era precisamente todo lo contrario, ella buscaba un novio que ¡no! fuera como ella. En eso radicaba mi ironía. Estaba en su derecho, claro está. Pero…

Y sí, soy un pesado. Gracias por “soportarme”.

14 Septiembre 2007 | 08:32 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

De nada..., pero nada ni nadie me obliga a "soportarte". Lo hago encantada.

15 Septiembre 2007 | 03:45 AM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Ajá..., tal como me lo temía, la novia del mecánico era una "arribista", se "merecía" al de los zapatos italianos y glamorosos. Vuelvo y te digo que cuando estaba con el mecánico estaba con el hombre equivocado. Por lo menos él no buscaba fachada, puesto que tenía un padre rico y lo ocultaba.

15 Septiembre 2007 | 04:32 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Mi querida Madeleine, como consecuencia de una lógica azarosa que ahora no viene al caso, me ha venido a la mente mi película preferida, que no es otra que “Matar a un ruiseñor”.

De ella hablo en el “Peletero ornitólogo”.

Equivocadamente, esta es una película famosa por ser un alegato antirracista, que lo es, pero para mí el dilema importante, aparte de la hermosa relación de un padre viudo con sus dos hijos, es la decisión que el protagonista y abogado, Atticus Finch, debe tomar al final de la película por consejo del sheriff de no denunciar al autor de una muerte, aunque ese homicidio haya salvado a sus hijos de morir.

Una muerte en defensa ajena.

El homicida es un “inocente”, un “bendito”, un “ruiseñor”. Mejor callarse y no decir nada.

Su autora, ya lo sabes, es Harper Lee, una de esas grandes escritoras de un solo libro. Ella es la niña que narra la historia y uno de los niños es Truman Capote, él fue uno de sus grandes amigos.

15 Septiembre 2007 | 06:20 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

"To kill a mockingbird", recuerdo que lo leí hace mucho tiempo, tal vez ya es hora de volver a leerlo, para hacerte un comentario que valga la pena. Gracias por traérmelo a la memoria. De todos modos te digo, que cuando se trata de la protección de los hijos o de los padres, pienso como tú y como Albert Camus. Me parece que el espíritu de la Ley es también el mismo en la mayoría de los países libres, puesto que no obliga a un hijo a declarar en contra de sus padres, ni viceversa. Claro, no me refiero a proteger al padre que ha asesinado a la madre, o al hijo que ha asesinado a la madre en complicidad con el padre. Ese es un caso totalmente distinto. Qué temas apasionantes nos traes! Gracias.

16 Septiembre 2007 | 09:59 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Ah! olvidé contestarte que la chica del calendario es muy bonita. Es una pena que la hayan eliminado, y peor aun, que no hayan querido revivirla. Un saludo.

16 Septiembre 2007 | 10:02 PM

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Sobre mí

Si desnudar a alguien no ha sido nunca una actividad baladí, vestirla tampoco lo es y mucho menos cuando la materia prima es algo tan sublime como la piel. Este es el hecho, sin más, y en él nos regocijamos y sobre él nos preguntamos y nos hacemos responsables, hasta las últimas consecuencias. ______________________________________________________________ __________________________________________________________________ Suscribir con Bloglines __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ Blogalaxia __________________________________________________________________ Add to Technorati Favorites __________________________________________________________________

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