Publicidad:
Terra
La Coctelera

El peletero

WHAT YOU SEE IS WHAT YOU GET

26 Septiembre 2007

El peletero/Nº 5

UNA VERDAD, OTRA CONVERSACION CON EL FANTASMA Y…

No acostumbramos a ser críticos literarios, pero sí nos gusta dar nuestra opinión sobre cosas insólitas que sacuden nuestras vísceras.

Procuraremos hablar de un libro que nos gusta, lo haremos a nuestra manera. Con la levedad del bailarín que guía a su compañera de baile, tratando de seguir la música, que quieras o no, es la misma para ambos.

Nos gusta seguir el ritmo acompañado.

Bailar solos está bien, pero la sonrisa de tu pareja mejora la vida, la salud y el entendimiento. El tiempo transcurre como es debido, y los razonamientos de nuestras neuronas saben mezclarse correcta y armoniosamente con las células cardíacas para seguir esa coreografía que te permite bien pensar y pensar bien.

Bien pensar y pensar bien, al igual que la cintura y la cadera, todo se mueve al compás.

Al compás del tiempo que no cede.

Bien pensar y pensar bien. Es fundamental para sobrevivir.

Para sobrevivir bien, disfrutar de la alegría y procurar entender libros como ése que vamos a tratar de comentar muy a flor de agua.

Nos gusta el pueblo judío, quizás porque hemos conocido a muchos y de algunos hemos visto sus números tatuados. A Iván, a Milton, a Rathaus, a Levin, a Levit, a Goldferin, a Freeman, a Forman, a Feldman, a Cristina.

A Diana. Tan delgada como una flecha.

Y a Verónica.

Y a toda su épica.

Y nos gusta el libro de Albert Cohen, dedicado entero a su madre, “El libro de mi madre” Un tipo de mujer ya inexistente y que merece, al menos hablar de todas las que eran como ella y, sin duda, de ella. Él lo hace, y pocos lo han hecho como él.

Ruego encarecidamente que todos aquellos aficionados y profesionales de la psicología se abstengan de hacer ningún comentario. Y mucho menos los amantes y doctos en Freud y seudo discípulos.

Manténganse en silencio por favor.

Gracias.

El principio:

“Cada hombre está solo y a nadie le importa nadie y nuestros dolores son una isla desierta. No es razón para no consolarse, esta noche, entre los ruidos postreros de la calle, consolarse esta noche con palabras. Ah, pobre perdido que, ante su mesa se consuela con palabras, ante su mesa y con el teléfono descolgado, pues le asusta el exterior y por la noche, si está descolgado el teléfono, se siente rey y defendido de los perversos de fuera, tan pronto perversos, perversos por nada”.

Es un comienzo duro. Pero no mejor es el final.

“Han transcurrido años desde que escribí este canto de muerte. He seguido viviendo, amando. He vivido, he amado, he gozado de momentos de felicidad mientras ella yacía, abandonada, en su terrible lugar. He cometido el pecado de la vida, yo también como los demás. He reído y volveré a reír. A dios gracias, los pecadores vivos no tardan en convertirse en muertos ofendidos”.

Hoy en día no tiene ningún sentido hablar de una madre a no ser que uno quiera ser cursi, o un político que trate de legislar alguna ley reparadora o protectora, un recaudador de votos.

Es fácil pensar que éste es un libro fúnebre pues habla, y mucho, de ella, de la muerte, y de la muerte de su propia madre. La muerte está presente constantemente. Hay sin duda tristeza y una cierta perplejidad por la transformación de las cosas en algo nuevo, que el autor no está muy seguro de su bondad.

Pero… no es un libro dedicado a la Muerte, no lo es, y sí al Amor.

Pero para que uno pueda hablar de él, del Amor, en mayúsculas, y hacerlo debidamente, debe de ir constantemente de la mano de “ella”, de esa fría y huesuda mano de la muerte. Es inevitable, es así, no hay manera de cambiarlo ni de evitarla.

Ella también quiere bailar su propia danza que sin duda no es la del vientre.

“Aquella mujer que había sido joven y guapa, era una hija de la Ley de Moisés, de la Ley moral que para ella tenía más importancia que Dios. Por tanto, nada de amores enamoradizos, ni pamemas a lo Ana Karenina. Un marido, un hijo a quien guiar y servir con humilde majestad. No se había casado por amor. La habían casado y ella había aceptado dócilmente. Y había nacido el amor bíblico, tan distinto de mis occidentales pasiones. El santo amor de mi madre había nacido en el matrimonio, había crecido con el nacimiento del bebé que fui yo, se había desarrollado en la alianza con su amado esposo contra la vida perversa.”

Este tipo de cosas deben decirse y repetirse. Hay que dejarlas escritas tal y cómo él hizo y nosotros procuramos repetir aquí. Hay que saber que eso existió, y que hubo personas que así, tal cual, lo sintieron en sus corazones.

Corazones humildes y sinceros, que sabían que la razón estaba de su parte.

Respecto a ello ruego que tampoco se hagan análisis sociológicos, históricos o antropológicos.

Hay que callarse y procurar entender.

Sí serían adecuados los comentarios morales, pero hoy en día pocos son capaces de hacer tal cosa, fuera del dogma o del fanatismo. No es eso lo que nosotros reclamamos, por supuesto. Pero nos gustan los comentarios morales, que añadiéndoles una “t” se convierten en mortales.

Albert Cohen habla mucho del pecado de la vida, se siente culpable de acompañar a su madre al tren de regreso a Marsella. Mientras él solamente tiene puesto su pensamiento en… Dianne. Y Atalanta…Y Julieta…

Sus pensamientos están absolutamente dominados por los besos que le prometen sus amigas.

Pecado de la vida. Así lo llama él.

- ¿Por qué has llamado a este post Nº 5?

- Por el perfume de Chanel, mi madre todavía lo usa y a mi me gusta olerla con él.

- ¿Te crees un perfume?

- ¿Quién, yo? ¡No!... pero perfumo. A quien se me acerca.

- Eres un petulante.

- Sí.

- ¿Qué música estás escuchando?

- Una rumba catalana de “Los Manolos”, titulada “Una aventura”.

- ¿Con quien la bailas?

- Adivina.

- ¿Con tu madre?

- ¡No!, ella ya no puede hacer tal cosa. Bailo con la novia de mi padre.

- ¿Tu padre tiene una novia?

- Sí, él pronto cumplirá noventa años y ella ya pasa de los cuatro. Pobre, tampoco puede, pero le gusta vernos bailar. La niña sonríe como las diosas. ¿Sabes qué es eso?

- Sí, claro que lo sé.

- Entonces sabrás que su sonrisa tiene poder.

- ¿Eh? Sí, por supuesto

“Escondiste estas cosas de los sabios y entendidos y las has revelado a los niños… porque así te agradó.”

(Lucas, 10:21)

- ¿En que consiste ese poder de la sonrisa que dices? Yo ya lo sé, pero cuéntalo tú, por favor.

- Eres un fantasma mentiroso, no sabes nada. Es la alegría, sólo eso. Contigo siempre termino diciendo cosas cursis. Literatura amorosa barata.

- ¿La alegría?

- Sí.

“¡Sí, es eso!”. Dijo alguien a mis espaldas que no era el fantasma, pero que se encontraba por allí fisgoneando.

Me di la vuelta y la vi. No era ningún fantasma, no. La saludé.

- ¡Hola!

Y me devolvió el saludo.

- Hola.

- ¿Cómo te llamas?, le pregunté.

- Amparo, me respondió.

- Precioso nombre, te estaba esperando.

- ¿Sí?

- Sí, ven. ¿Te apetece un whisky?

- Claro, pero antes dame un beso, soso.

- Perdón, es verdad.

Y le dio un beso.

servido por el-peletero 23 comentarios compártelo

23 comentarios · Escribe aquí tu comentario

O

O dijo

Bien, ahí andamos también.

De vez en cuando me pregunto si alguna vez traté de entender a mi madre, pero es curioso ahora es cuando más quiero hacerlo.
Y a mi padre también.
Que buena Amparo con "dame un beso, soso", muy buena.
Un abrazo.

26 Septiembre 2007 | 01:10 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Mmmm..., cómo me gusta este post, Pele. Huele al perfume favorito de mi madre, y lleva el título de uno de mis números favoritos: El 5. Dicen que no hay quinto malo, je, je. Ah! y Amparo es un nombre precioso. Sí me ha gustado mucho este post.
Vinimos y nos vamos solos..., pero nos gusta bailar la vida acompañados: Sí, la sonrisa de nuestra pareja "mejora la vida, la salud y el entendimiento". Entonces, por qué pedir excusas por vivir? Pidamos excusas por ser ingratos, eso sí es ofensivo. Vivir la vida no está reñido con el amor a la madre. Supongo que la madre del libro de Cohen así lo entiende. Ella que supo transformar una alianza sin amor en el amor más sublime por un hijo, me imagino que lo comprende.
"Bien pensar y pensar bien, es fundamental para sobrevivir", Peletero. Lo dices bien. Un saludo.

26 Septiembre 2007 | 07:18 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida O, entre las muchísimas cosas que la vida te permite hacer, procurar entender a tus padres es una de las más provechosas.

Y sorprendentes. ¿Por qué?, ¿por las cosas que descubres de ellos?, no, por las cosas que descubres de ti mismo.

Verá, pruébelo, inténtelo y ya me contará.

Saludos.

26 Septiembre 2007 | 07:58 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Mi querida Madeleine, en el “Diccionario de Filosofía” de Fernando Savater, la entrada correspondiente a “Felicidad” dice: FELICIDAD. Véase ALEGRÍA.

No te dice nada más y te remite directamente a la primera entrada del diccionario, que es esa, la de la “ALEGRÍA”

Amparo es un nombre bonito, sí, y además es toda una responsabilidad para aquella que deba usarlo. Es fácil llamarse así, no lo es serlo, amparo.

Saludos.

26 Septiembre 2007 | 08:10 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Así mismo, Peletero, la felicidad es la alegría del corazón, sin ella no hay verdadera felicidad. Y Amparo es un nombre precioso y de mucha responsabilidad: Muchas buenas mamás deberían de llamarse Amparo. Ni siquiera creo que sería redundante.

27 Septiembre 2007 | 12:30 AM

O

O dijo

Pero claro querido peletero, más bien vengo a decirle que eso ocurre de una manera constante cuando ellos ya no están. Al menos a mi. Sí puede ser que se lo cuente allí en mi cas@. ¿Los vió? los tuve ayer por unas horas.
Quería decir también que sí, que los niños son la alegría incluso en la tristeza, quizás porque en ellos nos vemos todos. Y los abrazos de los nietos a los abuelos no pueden ser comparados con nada en este mundo.
Saludos.

27 Septiembre 2007 | 08:03 AM

Armiño negro

Armiño negro dijo

Cuando volvemos los ojos atras y miramos en nuestra madre la mujer que fue, que ya no es, tenemos la tentación de traicionarla, vistiendo su imagen con atuendos que no fueron suyos, con gestos que se le asemejan pero no son exactamente esos.

En ocasiones cuando alguno de mis hermanos invocan una imagen desfigurada de mi madre me rebelo y traigo a la mujer real de carne y hueso, que lucho por nosotros, que hizo de nosotros una familia que ella queria fuerte y unida.

Su afan de convertirnos a todos en un clan, frente al mundo, fracaso, como no fracasar cuando predicaban desde todos los lugares la preeminencia del individuo frente a la familia. De la libertad en contra de la disciplina.

Ella crecio en otra sociedad y sabia lo bueno y lo malo de aquelloa sociedad, apenas advertia que el mundo a su alrededor cambiaba, pero si advertia el cambio en sus hijos. Queriendo apoyar a todos, comprender a todos provoco más de un conflicto entre los hermanos, pero nos dejo la seguridad de su amor.
Ahora tantos años despues de su muerte, su familia sigue evocando a la mujer sencilla. buena, que deseaba tener una familia unida.

27 Septiembre 2007 | 12:48 PM

el-peletero

el-peletero dijo

No querida O, no los vi, lo siento. Yo no estuve en su casa, así que no puede verlos.

27 Septiembre 2007 | 05:35 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Todo eso que dices Armiño, es cierto, en mi casa, mi madre era algo parecido a ese tipo de mujer que describes al describir a la tuya.

Parecida pero distinta.

Mi madre, que todavía vive, formó parte del grupo de mujeres que deseó incorporarse también, con sus hijos, a ese mundo que cambiaba. Pero frente al cual no tenía los instrumentos adecuados para hacerlo con garantías de no sufrir daños.

Aunque la de la fotografía sea ella, yo no quería hablar de mi madre, y en cambio sí del tipo de madres que retrata Albert Cohen al hablar de la suya. Madres muy distintas a la mía.

Distintas pero parecidas.

Saludos iguales, pero siempre diferentes.

27 Septiembre 2007 | 05:48 PM

O

O dijo

Oh no!!! nunca!!!
...es una pena, si, es una pena que no contemplase su belleza

27 Septiembre 2007 | 06:15 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Sí, seguro que es así, amiga O.

27 Septiembre 2007 | 07:07 PM

ren

ren dijo

"Una verdad, otra conversación con el fantasma y..." y la música de fondo, añadiría yo. Baile de salón y rumba a ritmo de los Manolos...

Qué duda cabe de que se puede seguir el ritmo de la música solo. Y
perfectamente.

Y también acompañado. Todo depende del tipo de pieza que suene, de las preferencias del bailarín...

Bailar con alguien siempre es placentero, desde luego; no solo la sonrisa del partenaire sino de igual manera su compañía equilibran, hacen que cerebro y corazón mantengan esa armónica coreografía que, como decías, facilitan el buen pensar y el pensar bien tan necesarios para vivir y sobrevivir. Lo que tiene de malo el baile acompañado es la posibilidad de pisotones... Hay que saber elegir muy bien a la pareja, y no solo eso, sino coordinarse con ella tan bien que los pies del uno no rocen los del otro. Los pisotones siempre son dolorosos, ya se sabe. Pero es el riesgo que se corre si no se baila solo.

Tu fantasma va a conseguir que me sienta cursi.. :-) Cada vez que tacha
de tal al Peletero resulta que me veo identificada con lo que este dice en ese momento. Y me parece que el fantasma te está contagiando un poquito... ¿Por qué ha de ser cursi hablar de una madre? ¿Porque el arbitrio de las modas lo dicten? A mi entender no hay temas cúrsiles, sino formas cúrsiles de enfocarlos.

No es precisamente ese calificativo el que yo adjudicaría a la obra de Cohen, todo lo contrario, resulta muy dura. Y sí, es una historia de Amor, de Gran Amor... El de una mujer que renuncia a sí misma, a lo que sus instintos humanos pudieron pedirle a gritos en su momento, por amor a la Ley de Moisés, a lo debido al hombre que le impusieron por esposo, al hijo que convierte en el epicentro de toda su actividad vital y emocional. Una mujer que se inmoló en el ara del deber y el Amor, que se dejó encorsetar por ellos como la Scarlet O´Hara de la inmortal película por su aya negra. Y tú ya sabes lo que ocurría con cierta frecuencia con aquellos corsés decimonónicos cuando reventaba la costura que encauzaba una de aquellas varillas... Se clavaban en la carne, a veces hasta mataban. Y la carne es débil, por más fuerte que pueda ser la persona dueña de esa carne. Los instintos, las inclinaciones, son patrimonio común de todos los seres humanos, que cada cual canaliza como puede, quiere o entiende, pero que tienen voz propia. Y a veces no solo hablan, sino gritan.

Pero para este tipo de mujer y madre existen unos tipos de valores que
levantan sus voces con más fuerza, y saben reconducir las varillas y llevar su corsé con orgullo.

Amor, gran Amor, también el del hijo, el hijo que es consciente de esa soledad inherente a la naturaleza humana, de que quizás solo una madre
puede acercarse lo suficiente a ese sancta sanctorum de nuestro interior en el que cada cual está solo consigo mismo, ese sitio que solo uno puede habitar, en el que están los pensamientos, miedos, ilusiones, el dolor, la alegría... Eso que únicamente es de uno, y que nadie puede vivir ni experimentar por nosotros. Compartirlo sí, vivirlo jamás. El lugar donde te asomas y gritas, y solo puedes escuchar tu propio eco, tan estremecedor a veces que te desesperas porque querrías escuchar otra voz más cálida que esa tan fría y hueca del eco. O aunque no sea cálida, pero al menos otra voz... Y es imposible, porque dentro de uno solamente está uno mismo...

Probablemente solo una madre (o algunos tipos de madres) puede acercarse lo suficiente a ese sancta sanctorum, aunque ni siquiera ella
pueda traspasarlo. Y Cohen añora a esa mujer que hizo eje de su vida a
su familia y a sus valores. Hasta tal punto que se siente culpable de vivir y dejarse llevar por otro tipo de amor, amor erótico, mientras ella está muerta. Culpable de vivir. La vida, pecado de lesa majestad contra la muerte, contra los muertos.. De cuya condena ninguno estamos exentos, claro.

Tengo que sentirme obligatoriamente identificada con Amparo cuando afirma tan enfáticamente: “¡Sí, es eso!” en relación a otra faceta más
de la verdad que figura en el enunciado de subtítulo del post: el poder
de la sonrisa, sobre todo la de los niños pero no únicamente la de ellos, es la alegría. Y esta es el esenciero en que se esconde la felicidad.

Precioso post, Pele, precioso y fragante. Merecía ese título: Nº 5. Solo me
quedan un par de preguntas. La primera es más retórica que otra cosa.
Este post ha estado vertebrado por la música, el baile... El narrador abre éste guiando al lector a través de las páginas de un libro con ligereza, al compás de un son. La muerte ejecuta su propia danza. Y otro baile, esta vez tierno y emotivo, el del Peletero con la niña de cuatro años, hubiera cerrado el artículo de no ser por la llegada un poco intempestiva de Amparo. Y yo me preguntaba con quién o con qué bailaba la madre de Cohen...

La última pregunta es por qué, estando el hilo conductor del artículo narrado en primera persona singular, la última frase lo está en tercera
plural.

Molts petons, amic.

No querías determinado tipo de comentarios, así que espero haber bailado siguiendo el ritmo del son, y sin pisotones. Al menos, lo he intentado. :-)

Y me sigue gustando más el nombre Amparo en catalán. Tiene las connotaciones apropiadas a lo que habíais estado hablando Madeleine y tú sobre ese nombre.

28 Septiembre 2007 | 04:33 PM

ren

ren dijo

Lo olvidé antes.. la foto es preciosa, Pele. Una maternidad, sea pictórica o fotográfica, es de las imágenes que más pueden emocionarme.

Petons.

28 Septiembre 2007 | 07:13 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida ren, yo guardo como oro en paño tus comentarios, pues verdaderas obras maestras de acompañamiento son. Igual que un baile.

Se puede coincidir, o se puede discrepar: Podemos pensar que algo falta o sobra y manifestarlo así.

Pero es muy difícil acompañar al escribir. Tocar un piano a cuatro manos sí, también escribir a dos. Pero acompañar con tu propio texto, otro que ha escrito alguien, que ni siquiera conoces o conoces muy poco, es… no sé encontrar la palabra adecuada, aparte de muy difícil.

El libro de Albert Cohen no te debe ser desconocido, pues hablas de él con más conocimiento de causa que mis pocas citas. Es un libro raro, por poco habitual, único. No es un libro demasiado viejo, o antiguo. Es peculiar por su valentía y desvergüenza, por saber que está fuera de modas, que no sigue ninguna corriente. No se deja llevar, aunque por las noches deba descolgar el teléfono para sentirse a salvo. ¡Qué ironía con nuestro mundo! hipercomunicado.

Su culpa hoy en día sería vergonzante y él nos la enseña sin rubor. Hoy, que todos estamos rellenos, como pavos por Navidad, de teorías psicológicas que no hacen más que disculparnos. El Sr. Cohen nos manifiesta compungido, que se siente culpable por desear los besos de una bella mujer, mientras a su madre hace ya tiempo se le dio sepultura y continúa allí, muerta en su frío sepulcro.

La propia madre, para la cual es más importante la Ley, que el mismo Dios, sería un personaje casi burlesco, ridículo y patético. Pero no, es todo lo contrario. Es una perfecta muestra, un ejemplo sublime de lo que es un ser humano, una persona. Alguien de esos que pueden sentirse orgullosos de estar enteros. Ninguna bomba, ninguna pasión los romperá.

Nada de todo eso que supuestamente no tiene y le falta, le impedirá ser feliz.

Permíteme un sarcasmo y preguntarme retóricamente si, ¿necesita esa mujer hacer yoga?, ¿meditación trascendental?

Esa madre se perdió muchas cosas de la vida, pues la vida es tan amplia como el universo, inabarcable. Esa mujer se lo perdió casi todo, disfrutó, si es que esa palabra vale, de pocas cosas. No tuvo nada de todo eso que ahora nos parece importante, fundamental, de todas esas cosas que ya consideramos imprescindibles, cosas que sin ellas ya no podemos vivir vidas dignas, decimos. Pero nada de todo eso sirve para algo. Nada. Son apenas adornos con los que disfrazamos el aburrimiento y el miedo que nos produce vivir. Y esa madre es la prueba de ello.

Uno debe acomodarse a los tiempos, no puede ser un estrafalario porque terminará haciendo el ridículo. Pero tampoco puede ser un perro bailarín, que salta al compás de la música que su amo le silba, haciendo sonar de paso los cascabeles que lleva en el cuello.

Albert Cohen se enaltece cantando a su madre, un ser humano perfecto.

Amparo es también un símbolo perfecto, lo es porque todos necesitamos un amparo que nos ayude.

Me gusta representármela como una amiga, como una mujer y no como un ángel de la guarda. Quiénes deban recurrir a ellos es que no tienen Amparos cerca, y eso siempre es una gran desgracia, es peor que no tener amores o dinero. Es tan triste que sacude y espabila nuestra compasión.

Yo por suerte no he de rezarle a ningún ángel de alas blancas o cabellos rubios hasta los hombros. No los necesito ni para encontrar agujas en un pajar.

No es porque sea catalán, pero sí, a mi también me gusta más Ampar que Amparo.

Querida ren, me ha gustado bailar esta rumba contigo.

Salutacions i petons.

28 Septiembre 2007 | 07:48 PM

el-peletero

el-peletero dijo

He repetido muchas veces que todo lo que aquí se dice es mentira, por eso no me importa mentir descaradamente de nuevo, y decirte ren, que ella es “Luz de Mandarina” y él es “el-peletero”.

28 Septiembre 2007 | 07:54 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Se me olvidaba. Yo no sé con quién bailaba la madre de Cohen, pero seguro que bailaba, los judíos son muy bailones.

El cambio final de narrador es una forma de terminar la narración. Se pasa el testigo a Otro. Ese “Otro” lleva su inicial en mayúsculas, pues es ése que todo lo ve.

No es Dios, soy yo, el que está detrás de “el-peletero”, que cuando me apetece saco la nariz y olfateo.

Los pedantes dirían que eso es “metaliteratura”, pero no, sólo son ganas de jugar.

“Nada más y nada menos que eso”, dijo con una sonrisa.

28 Septiembre 2007 | 08:06 PM

ren

ren dijo

Querido Pele, me temo no haber sido demasiado afortunada con la metáfora del baile que figuraba casi al final de mi intervención... No procuraba yo acompañar tu texto con el mío propio, eso es casi imposible aun en el caso de conocer a quien escribe como si se le hubiera parido. Los textos son como la soledad: de uno mismo. Dentro del propio interior solo puede estar uno mismo.. Y lo que escribe. Los demás solo podemos asomarnos a mirar en plan voyeur, pero difícilmente traspasar ciertas alambradas.

Mi única intención era dejarme guiar por los movimientos que tú, el bailarín que nos conduce a través de la pista de baile en que convertías la obra comentada, marcases. Y al ritmo de la música que tú mismo habías puesto.

Y eres un excelente bailarín, capaz de llevar por la pista que deseas a quien guías, porque no conocía este libro. De todo él, escogiste los fragmentos adecuados y exactos para hacerme sentir a los personajes. Todo cuanto de certero pueda tener el análisis que dejé en tu casa se debe a ti, a la selección de textos que hiciste y a la manera en que los engarzaste en tu post.

Sobre Cohen decías: "Su culpa hoy en día sería vergonzante y él nos la enseña sin rubor". Es verdad, podría ser vergonzante, pero ¿por qué? Vuelvo a lo mismo de siempre... Todos generalizamos porque es la única manera de acercarse al mundo, de cualificarlo, cuantificarlo y aprehenderlo, de ponerle vallas al campo. Pero de ahí a pasar a pontificar solo hay un paso, y entonces es cuando todo el valor que pueda tener la generalización desaparece. De ser un medio de conocimiento se convierte en uno de desvirtuación o sesgo de la realidad, de ocultación de una parte de ella, la que va implícita en las particularidades. Viene a ser como la tiranía implícita a las democracias que obvian a las minorías. Pero sin las particularidades, sin las minorías, el círculo nunca está completo. Y ese sería el caso de los protagonistas de esta obra.

¿Por qué habría de ser carne de siquiatra una persona que siente un amor tal por otra que le lleva a no poder disfrutar plenamente de algo cuando piensa en que ese ser a quien tanto amó ya no puede disfrutar de nada? ¿Acaso el amor solo tiene un único camino por el que circular? ¿No puede haber vías de servicio? No todo amor atípico ha de categorizarse forzosamente como enfermizo, aunque sin duda de estos también los hay. Carezco de los elementos de juicio suficientes en lo que respecta a Cohen puesto que no he leído ese libro, pero a tenor de los fragmentos que reproduces no me parece que su protagonista esté para el sicoanálisis...

¿Por qué ha de ser esa madre un personaje burlesco, patético, rid´culo? ¿Porque se deja llevar de forma inflexible por una serie de valores que no son los comúnmente aceptados hoy? ¿Dónde queda el respeto a la libertad individual, al libre albedrío, al derecho a escoger el modo de vida que se considera más ético?

Esa mujer se perdió muchas cosas de la vida, evidentemente; todos nos las perdemos porque elegir uno de los caminos que se extiende ante nosotros en las múltiples encrucijadas en que nos coloca el destino obliga automáticamente a renunciar a los paisajes que ofertan los otros senderos. Indudablemente todos perdemos cosas distintas. Lo que no sabemos es mi mejores o peores que el vecino, seguramente porque en estos temas casi nada es mejor o peor intrínsecamente, sino según la manera en que valora cada cual esas cosas, la importancia que le dé, lo que le aporte...

Seguramente ella no tuvo opción de elegir, Pele, todo le fue impuesto, pero supo adaptarse al medio de forma darwiniana. Todo es posible: desde que creyera férreamente en esa Ley de Moisés, para ella incluso superior a Dios, hasta que se aferrase como a clavo ardiendo a lo que le había tocado en el reparto, empeñándose en no mirar para otros lados y en taponarse con esas leyes los oídos, para así no ver lo que se perdía ni oír otros gritos. Por eso me preguntaba con qué o con quién bailaba ella... Desde luego, bailar, bailó. Una vez que se está en la pista de baile, hay que hacerlo.

Por supuesto que te permito el sarcasmo... :-) Pero no podría responderte ni siquiera retóricamente a tu retórica pregunta. ¿Por qué? Porque para ello necesitaría conocer algo que seguramente ni su hijo supo jamás: qué se cocía en su interior. Si para mantenerse como la roca alta, orgullosa, eternamente erguida ante la furia de las olas que nos muestra ese fragmento le bastó una firme convicción en sus valores o si necesitaba recurrir a toda su valentía y desesperación para seguir siendo roca, aunque por dentro todo fuese arena desmoronada.

No cuantos recurren a yoga o meditación lo hacen para ayudarse en sus luchas interiores, para aplacar neuras, si prefieres que lo diga así. Hay quien lo hace como medio de perfeccionamiento espiritual o simplemente como unas actividades que provocan bienestar físico y mental. Y también es cierto que hay quien se enfrenta a sus tormentas interiores solo, sin yoga ni sicólogos, únicamente con sus propias fuerzas y su tesón en salir adelante como sea. Y me da la impresión de que esta mujer habría sido de este tipo: de las que sacan fuerzas de flaqueza.

No, ni Cohen ni su madre fueron perros bailarines. Ambos tuvieron el valor de ser distintos en una sociedad uniformada que a todo cuanto excede y sobresale de los patrones establecidos le aplica tijeretazo y las etiquetas de antisocial, enfermizo, estrafalario, anómalo, grotesco... Una sociedad que en cuanto se considera dueña de una verdad invalida lo que se aparte de ella, olvidando que en la inmensísima mayoría de los casos no hay verdades absolutas, sino relativas.

A mí también me parece más adecuado simbolizar ese amparo que todos necesitamos, esa cala abrigada del Mediterráneo, en una mujer, una amiga, antes que en un ángel. Perdóname la frivolidad, Pele, pero yo los ángeles de cabellos largos y rubios los prefiero de carne y hueso, y sin alas...

Tener que recurrir a una estampita por falta de un/a Amparo de verdad es verdaderamente digno de compasión. Y hay quien termina por echar de su lado a cuantos le rodean, hasta que no les queda más que eso: una estampa. Muy triste, sobre todo porque, por lo general, las agujas en el pajar que buscan es a sí mismos, su verdadero yo. Y carecen de ello...

Ya sé que mientes, esa es la función de el -Peletero; si no mintiese no estaría haciendo literatura. Como yo no la estoy haciendo, solo comentando, te diré la verdad: imaginaba que la hermosa mujer de la foto era Luz de Mandarina, y que el bebé al que alimenta era el Peletero. Todas las maternidades me emocionan, por cuestiones personales. Esta, porque tenía ese valor sobreañadido.

Salutacions i petons, Pele.

¿Sabes? Juegas maravillosamente. :-) Ha sido toda una lección la frase final del post y la del último comentario.

29 Septiembre 2007 | 06:36 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida ren, yo soy una persona que tiene una cierta tendencia, equivocada a ver el bosque y no los árboles. A eso a veces se le llama generalizar y pontificar. No lo niego, es así y procuro disculparme cuando creo que debo hacerlo.

Mi respuesta o mi acompañamiento a tu comentario querían ser pura ironía. Precisamente trataban de dar las respuestas en forma retórica a esas preguntas que haces ahora.

Querida ren, nuestro mundo es como es, entre todos lo hemos construido, para bien y para mal. Para ambas cosas.

Precisamente la elección de ese libro es una manera de responder a esas preguntas. Muchas de ellas no debes hacérmelas a mí pues yo ya las denunciaba al enunciarlas.

Pero a mi me gusta ser sarcástico, ya lo sabes, y pasar a degüello a quien yo creo se lo merece, sin piedad y sin arrepentimiento, que es lo peor, por ello me condenarán, ya lo sé.

No hace mucho debí asistir a un entierro. Una mujer mayor se había quedado viuda, su esposo había muerto. Ella hacía años se medicaba para la depresión. Deberías ver ahora, lo feliz y alegre que está. Es una mujer nueva. Él era un buen hombre, pero difícil de tratar. Eso no es un bosque, es un árbol y árboles como ése hay muchos, hay tantos árboles así, que juntos ya podemos decir que son un bosque.

Los bancos de peces y las bandadas de pájaros parecen nubes. Y las nubes son los bosques del cielo. Pero cada ser es único, y como yo no puedo, ni debo juzgar a esa mujer viuda, pontifico y generalizo.

No hace mucho, ese defecto mío ha sido una de las cosas que ha estado permanentemente encima de una mesa. A un lado de esa mesa estaba yo y al otro lado, otra persona, molesta por mi actitud y mis palabras. Quejándose de ellas, recriminando mi estilo, incluso llorando a veces por la injusticia que creía se cometía.

¿Y?

No me equivoqué.

No seas modesta ren. La sensación es esa, de acompañamiento. Eres una buena compañera y está bien que sea dicho. Y así lo digo.

29 Septiembre 2007 | 08:24 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Queridos amigos: Al parecer ya se me está volviendo rutina dirigirme a los dos. Pero es que después de leer sus brillantes disertaciones sobre este libro, todavía tengo una espina que me atormenta en el dedo gordo del pie: me desconcierta la manifestación de culpabilidad de Cohen. No te irrites Peletero, pero al leer este post, me ha sido casi imposible no pensar en mi abuela paterna y trasladarlo al plano de lo personal. Como bien le decías a Armiño Negro hablabas de la madre de Cohen y no de la tuya, ni de la de nadie más, por la simple razón de que ellas eran "parecidas" pero "distintas", y "distintas" aunque "parecidas". Lo mismo que mi abuela Rosa, la madre de mi papá, que no era judía ni estaba sometida para casarse a la ley de Moisés, y que sin embargo, fue una heroína que sacrificó hasta sus propios anhelos por amor a sus hijos. Naturalmente mi padre y mis hermanos la adoraban. Hasta allí todo muy bien. Porque el amor de Cohen por su madre, como el de mi padre por mi abuela, aunque la gente se extrañe NO es nada atípico. Lo que pasa es que nos hemos acostumbrado a que lo que debiera ser NATURAL se convierta en extraordinario. Ser un buen hijo o una buena hija provoca asombro, y en ocasiones hasta comentarios malévolos. Sin embargo, el sentimiento de culpabilidad que le impedía a Cohen disfrutar de la vida, como le sucedía con frecuencia a mi padre, ese sí me parece atípico. Y no pretendo con ésto hacer de nadie un análisis sicológico, pero qué tiene que ver disfrutar y vivir la vida con sentir un gran amor? con el amor por los padres? en este caso la madre? Ren expresa muy claro y dice bien, que en nuestro Sancta Sanctorum la persona que más se acerca posiblemente es la madre..., se acerca pero no penetra. En esa profunda intimidad estamos solos, lo mismo los hijos que los padres, lo mismo que vinimos y nos vamos solos del mundo. Por qué entonces compungirse si el hecho de que alguien ame y se sacrifique no significa que no sea feliz o que no lleve la alegría en el corazón? Lo curioso es que Cohen mismo lo admitía: "Nada de todo eso que supuestamente no tiene y le falta, le impedirá ser feliz". Claro, que no, nada se lo impidió..., ella vivió a su modo, de la manera que quiso. Bendita sea. Un saludo, y por favor Peletero si agarras una pataleta por mis comentarios, trata de no ser sarcástico..., el sarcasmo me duele, y creo que yo soy tu amiga.

30 Septiembre 2007 | 05:39 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Madeleine, yo no tengo que agarrar ninguna pataleta y mucho menos contigo y con ren. Lo graciosos de todo eso es que los tres estamos de acuerdo.

Lo que sucede es que yo me debo explicar muy mal y se interpretan al revés mis palabras.

La elección de ese libro era precisamente para denunciar una “modernidad” hipócrita.

Todas las épocas han tenido sus prejuicios y sus lugares comunes. La nuestra también. Somos hijos de una generación que ha conseguido enormes progresos en las costumbres. Estos progresos han beneficiado fundamentalmente a las mujeres. Eso es así y hay que celebrarlo, los hombres también hemos de alegrarnos por todo ello, pues somos igualmente beneficiados de ello.

Yo quería valorar el papel de muchas personas que incluso en nuestros días actúan de otra manera, fundamentalmente mujeres, también hombres, pero menos. Que sin seguir ninguna clase de moda sólo obedecen a su conciencia y a lo que ellas creen que es lo necesario y es mejor. Que quieren actuar conforme al “bien”. Pero que ese es un bien
Diferente, no a la moda.

Este librito, pues es pequeño, es un ejemplo maravilloso de todo ello.

El hijo se siente culpable, sí, pero Madeleine, yo solamente cito lo que él dice. Tus preguntas se las deberías hacer a él, no a mí. Él se siente culpable, no yo. Aunque a veces también.

"Nada de todo eso que supuestamente no tiene y le falta, le impedirá ser feliz". Esa frase es mía, no de Cohen. Pero seguro que él también la hubiera dicho.

El mundo cambia y nos hemos de adaptar, pero no siempre cambia para bien. Y vosotras dos tenéis toda la razón en vuestras palabras.

¿Qué ocurre en casos distintos? ¿Mujeres (y donde digo mujeres digo también hombres) que dejan, no abandonan, pero dejan a sus hijos por un amor, y se van, incluso lejos?

O hijos que dejan a sus padres. Vosotras diréis que cada caso es distinto, que cada árbol es diferente, que hay que conocer sus razones, las circunstancias, el momento, la oportunidad. Sin duda es así. Pero yo no me conformo con ello. ¿Por qué?, porque razones siempre hay para hacer casi cualquier cosa. Y el siglo XX ha sido la prueba más terrible de todo ello, millones de muertos nos miran y escuchan las razones por las que los asesinaron.

Si la conclusión es: hemos de procurar ser tan justos, que hemos de evitar juzgar, yo me niego, porque a mi no importa que me juzguen, incluso lo pido, lo necesito. “No juzgues sino quieres ser juzgado” Pero es que yo quiero que me juzguen, por eso juzgo.

Sólo juzgando se perdona, se comprende y se ama al otro.

Sin juicio no hay ni perdón, ni comprensión, ni Amor. Por eso Dios nos juzgará, y si no lo hace es que no existe, una mentira más.

Besos de ese astronauta que busca su estrella.

30 Septiembre 2007 | 12:58 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

A nuestro querido astronauta: Ja, ja, eres una delicia, Peletero. Por supuesto, que estamos de acuerdo en la esencia del libro. Y tú te explicas muy bien, y también Ren. Sólo que yo reflexionaba en voz alta. En realidad no era a ti a quién le hacía la pregunta. Se la hacía a mi padre, para ver si por fin lograba entender esa tendencia suya, bastante parecida a la de Cohen. Quién puede afirmar con seguridad que quien se sacrifica por amor, no tiene alegría en el corazón, si al final fue eso lo que escogió? Y por qué no aceptar ese regalo maravilloso que te dieron, en este caso tu madre, y vivir tu vida sin culpabilidad? Espero que después de todo mi padre lo haya logrado, pero como te decía era un comentario muy personal, y de nuevo una pregunta que le dirigí a los dos, pero que iba para alguien distinto.
Juzgar? Tratamos de ser imparciales, y de no hacerlo. Pero qué duro y casi imposible resulta, ni siquiera cuando ensayamos a ponernos en los zapatos de los demás. El que diga otra cosa sería hipócrita. Yo misma lo acabo de hacer con una de las dos personas que más he querido en el mundo. Y Dios sí existe, te lo aseguro..., yo le he visto la sonrisa muchas veces. Chao astronauta y ojalá que encuentres tu estrella, porque en la luna no había ni música, ni manjares, ni nada del amor y la miel que nos habían prometido. Un abrazo.

30 Septiembre 2007 | 08:22 PM

ren

ren dijo

Ante todo, tendré que decirte que he sonreído de buena gana leyendo parte de tu respuesta a mi comentario. Me da la impresión de que en este baile nos hemos pisado un poquito los pies mutuamente. :-) Ni yo alcancé a captar tu ironía ni me parece que tú el sentido de mis preguntas, que en absoluto esperaban ser respondidas por ti. No eran más que pura retórica para apoyar las posiciones que habías tomado respecto a los personajes de la obra comentada, y que comparto plenamente.

Mi tendencia intenta ser a ver el bosque, Pele, pero me temo que me
detengo demasiado en los árboles. Intento de esa manera tener más
elementos de juicio atendiendo a tantas posibles variables cuanto soy
capaz. Y puede ser que acabe confundiéndome y dispersándome más
haciendo malabarismos con tanta pelotita... :-) Quién sabe.

No creo que generalizar sea un defecto, es solo un instrumento de
conocimiento, y necesario a pesar de que no es un método perfecto. Pero
seguramente no hay otro. Lo que me parece, no quizás un error pero sí
arriesgado, es pontificar, porque se puede caer en la inflexibilidad.

Por supuesto que a veces pontificamos y damos en todo el centro de la
diana, como te ocurrió con la persona que mencionas, pero no siempre
ocurre así. Naturalmente, solo es mi opinión, que puede estar
equivocada .

Casos como el de la viuda que citas hay tantos que bien podríamos
considerar que forman un bosque, desde luego. Uno más de los varios que forman la selva que es la relación de pareja.

Gracias por considerarme una buena compañera, querido Pele. Unas veces estaremos de acuerdo, otras discreparemos, pero ser un buen compañero va mucho más lejos que eso. Se es, a pesar de eso. Y me alegra que sientas esa sensación de acompañamiento, porque es la que está en mi ánimo cada vez que entro en esta casa, tu casa.

¿Me permites que le dirija unas palabras a Madeleine? Lo primero, y estoy segura de que nuestro anfitrión estará conforme, decirte que es un verdadero placer esa rutina de dirigirte a nosotros. Te referías a lo atípico del amor que Cohen profesa a su madre.. Y es cierto, es atípico en tanto y en cuanto se sale de lo habitual. Pero yo, como Pele o como tú, no lo consideraría enfermizo, que quizás fuese la primera tentación de más de uno. Te resulta difícil de comprender, y es cierto, no es fácil; a mí me parece sencillamente una forma de interiorizar ese sentimiento distinta a las habituales, pero tampoco le doy mayor importancia. ¿Nos extraña acaso que unos padres que han perdido un hijo encuentren imposible disfrutar de lo que les rodea sabiendo que su hijo está bajo tierra? ¿Que les acose un cierto complejo de culpa cuando sienten placer por algo? Y sin embargo cuesta trabajo entender que el amor de Cohen por su madre sea equiparable cualitativa y cuantitativamente al que sienten los progenitores...

Es cierto que no es lo típico en los hijos, por eso hablamos ambas de un sentimiento atípico. Pero yo, desde luego, no lo tacharía de enfermizo. Hay comportamientos que sí merecerían esa adjetivación, y sin embargo, muchos lo ven un hecho disculpable, por ejemplo, en aquellos que buscan una agua en un pajar...

Besos a los dos.

2 Octubre 2007 | 09:29 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Si ren, creo que en este baile nos hemos pisado los dos, e incluso los tres.

Tienes razón. Usar la generalización es útil porque es un instrumento más, por supuesto no es el único.

Lo que si es feo es pontificar. Y lo es porque se puede caer, como muy bien afirmas, en la inflexibilidad.

Lo que sucede ren, es que hoy en día, en nuestro mundo, como le digo a nuestra amiga O en el post de hoy, son muy bien vistas las teorías antirrealistas. Hasta tal extremo que algunos te pueden llegar a acusar de “pontífice” si te atreves a decir que la tierra no es plana. Con una amiga tuve alguna polémica de esta clase.

No creas que bromeo, en aras de esa “tolerancia” se permite enseñar en las escuelas teorías creacionistas, y Madeleine conocerá mucho mejor que nosotros esa situación.

Perdona ren, pero el último párrafo de tu comentario no lo entiendo. Cuando dices: “Hay comportamientos que sí merecerían esa adjetivación, y sin embargo, muchos lo ven un hecho disculpable, por ejemplo, en aquellos que buscan una agua en un pajar...”

Pero seguimos bailando, ¿eh? Ya iremos aprendiendo.

Besos... a las dos.

3 Octubre 2007 | 07:00 PM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Si desnudar a alguien no ha sido nunca una actividad baladí, vestirla tampoco lo es y mucho menos cuando la materia prima es algo tan sublime como la piel. Este es el hecho, sin más, y en él nos regocijamos y sobre él nos preguntamos y nos hacemos responsables, hasta las últimas consecuencias. ______________________________________________________________ __________________________________________________________________

Fotos

el-peletero todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera