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La Coctelera

El peletero

WHAT YOU SEE IS WHAT YOU GET

13 Octubre 2007

El peletero/Still life

El ser humano siempre se ha sentido interesado por todas aquellas cosas y seres que se mueven. Tanta ha sido la sugestión que ha manifestado por el fenómeno del movimiento, que nunca ha dudado en procurar plasmarlo de una o de otra manera. Su empeño ha sido constante, firme y decidido, y hasta que no apareció la fotografía, la pintura y la escultura fueron las técnicas más apropiadas para conseguirlo.

No menos resuelta ha sido también su propensión para todo lo contrario. La inmovilidad parece esconder un misterio de otra clase, un secreto que seduce y da reparo desvelar. Sin embargo la audacia humana no tiene límites.

El arte, y más concretamente la pintura, consiguió convertir en género, el retrato de cuerpos muertos, fundamentalmente comestibles o de adorno. Piezas de caza, frutas y flores, incluyendo también jarrones y platos, básicamente, aunque el repertorio es inagotable.

Larga es también la tradición de inmortalizar al muerto dejando constancia de él en su retrato, anterior a la defunción, o post mortem. Ya hemos hablado de ello en otras ocasiones.

En todos esos casos nos paseamos a lo largo de un linde no marcado por ninguna señal, o marca en el suelo.

El placer de retratar cadáveres, sean humanos, animales, o vegetales, como lo es un precioso ramo de flores, es una manera sesgada de captar un aspecto de la belleza que muchas veces se nos escapa, ante la avalancha de emociones que provoca la muerte. Pero solamente es en esta oportunidad, donde tenemos la fortuna de contemplar y disfrutar la sombra que proyecta ese secreto que se desvanece.

No el secreto y sí la sombra.

Es ella la que palidece como si se apagara el sol. Ése que un día fue dios y que ahora no es nada más que una estrella. Así pues, el secreto permanece mientras una nube oscura huye de nosotros.

¿Es un desvanecimiento? o ¿quizás es un milagro morir? ¿Esa es su belleza? ¿O todo lo contrario? ¿La constatación más terrible de la preeminencia de las leyes físicas? ¿Su cumplimiento inexorable?

¿Es una sentencia? ¿El final de una carcajada?

¿O la muerte es una simple casualidad, una nefasta suerte?

Porque yo no creo en el destino, ni que nada esté escrito. Ni siquiera creo que hayamos de morirnos. Yo no me creo eso.

No creo que tengamos que perder la vida necesariamente, o peor, innecesariamente. Morir en vida, claro, no vivir después de morir que es otra cosa muy distinta; seguramente también un engaño, una patraña, una mentira.

Estoy seguro que casi nadie lo cree, nadie cree que morirá, mienten cuando dicen que sí. Lo que ocurre es que no se atreven a manifestarlo en público

La “Naturaleza muerta” es la expresión que el castellano utiliza para plasmar las cosas inanimadas, término sin duda fatalista y rotundo, poco dado a la sutileza, incluso contradictorio. Los castellanos no han sido nunca buenos filósofos. Santos sí, místicos o guerreros, artistas también, pero no filósofos.

Los anglosajones en cambio, irónicos ellos, a la “Naturaleza muerta” la llaman “still life”, “casi vida”, “aun en vida”, "todavía viva". Parece una broma macabra, una buena ironía del mejor de los humores negros. Aunque la fotografía que nos encabeza el texto, realizada por Sally Mann, nos desabrocha el estómago porque nos muestra el sarcasmo y la verdad del vivir y el morir.

Pero también nos tienta y seduce esa lógica. Ese orden distinto, quizás un preámbulo, un aperitivo de eso que habrán de encontrar aquellos que tengan la desdicha de morirse.

¿Qué clase de alfabeto usan los muertos? ¿Es esa niña una niña?, ¿o es el aliento de algún monstruo al que todavía no han puesto nombre?

Yo creo que ninguna de las dos cosas, y las dos cosas al mismo tiempo. Creo que es un ángel, un ángel que se ríe.

¿De qué se ríe?

Se ríe de la risa. Que es una manera divertida y sencilla de estar poco cuerdo, porque los ángeles están un poco locos, por eso son eso que son.

¿Ángeles?

No, amnésicos. La eternidad no se puede recordar toda, es imposible, es demasiado larga, o rápida, por eso ríen, porque no pueden recordar casi nada. Excepto su propia risa.

En la eternidad no hay diferencia entre un segundo y un eón.

Ése es el mundo del más allá. El que nos espera si nos morimos.

Y sinceramente no me gusta. Prefiero seguir estando vivo. Aunque sea “still life”, o si me apuras, medio muerto.

O lo que sea.

servido por el-peletero 12 comentarios compártelo

12 comentarios · Escribe aquí tu comentario

O

O dijo

Bueno querido amigo yo creo que un angelito que se ría no es amnésico, es un buen bromista. Porque para poder reírse uno debe poder recordar como comienza la broma... y cuando empieza… ¿Recuerda las cosquillas? es la forma de risa más simple. Cual la forma más antigua de poder recordar como empieza esta broma, pues volviendo a ser un bebé. Simplemente.
Claro visto así uno quizás prefiera estar medio muerto o reírse irónicamente.
Por cierto yo tampoco creo que tengamos que morirnos…no al menos sin pensar que al final entenderemos de qué va todo el cuento.
Saludos.

15 Octubre 2007 | 11:53 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida amiga O, usted debe saber también que los buenos bromistas nunca se ríen de sus bromas, es el que escucha o ve la broma el que se ríe. Tampoco el que la sufre.

También sabrá que la risa es contagiosa como los bostezos, y sana dicen. Es sano reírse según se ve.

Sea como sea yo no recuerdo a ningún ángel bromista. Las Santas Escrituras no dicen nada de bromas de ángeles.

Yo pienso que eso del humor es algo humano, no angélico, quizás divino, aunque no sé, tampoco estoy muy seguro. A no ser que la orden de matar a Isaac, que Dios le dio a Abraham, fuera eso, una broma pesada. O que las penalidades de Lot, fueran una de las mejores muestras de burlas que jamás se han ideado.

Por otra parte, puede estar segura que si cuando nos morimos nos cuentan de qué va todo eso, terminará diciendo: ¡ah! era eso, vaya tontería. También tenga por seguro que nadie le devolverá el importe de la entrada.

Los franceses que se creen muy listos y muy refinados siempre comparan, hasta la saciedad, el orgasmo con la muerte, yo creo que se debe parecer más a la risa.

Elias Canetti, en su “Masa y poder”, afirma que la risa, en sus origines humanoides, aparece cuando el diafragma realiza un movimiento espasmódico, masajeando así el estómago, intentando imitar el acto de comer. Eso equivaldría a una especie de masturbación estomacal. La risa es la variante estomacal del onanismo.

Y esa es la clave, la envidia de la carne. Los ángeles nos envidian, anhelan nuestra humanidad, por eso nos imitan y se ríen como benditos.

No saben hacerlo mejor.

Tampoco saben de qué se ríen.

Hay otra manera de imitarnos y soñar que se es humano. La mentira. Eso es lo que Satán y sus cohortes hacen. Porque la razón de su caída no fue por querer ser Dios, no, ni mucho menos. Satán quería y quiere ser humano.

¿No le parece?

Saludos.

15 Octubre 2007 | 04:18 PM

O

O dijo

Que interesante querido amigo Peletero, entonces si los querubines se rien porque quieren sentirse humanos, y satanas queria y quiere serlo y la risa para unos es el medio, porque es genuinamente humano y es carne y es onanismo y para otros la mentira puede ser una masturbación estomacal que intenta ser lo que no es en realidad ¿Estamos hablando de que los angelitos y los diablitos son distintas caras de una misma moneda? ¿Cuál es es verdadero chiste? Querido amigo.

15 Octubre 2007 | 05:18 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Mi amiga O, el chiste es que no lo hay, ¿debería de haberlo? ¿Por qué se ríen entonces los ángeles? Porque tienen hambre. Sólo por eso, por la misma razón que nos reímos nosotros, o ¿usted se pensaba que nos reímos porque el chiste tiene gracia?

Los buenos y bien contados chistes hacen llorar, nunca hacen reír, sino fuera así ya me dirá entonces por qué llora la gente cuando se le muere alguien muy amado.

Porque morirse es un chiste, ¿no?

15 Octubre 2007 | 06:57 PM

Armiño negro

Armiño negro dijo

Rie por que esta viva y el ciervo esta muerto
Rie por que el ciervo la sacaba la lengua y ahora ella se burla del ciervo.
Rie porque la vida siempre se rie de la muerte, sobretodo cuando la muerte le toca a otro.
Rie porque es la hija del guardabosque y este la prometio una alfombra de piel de ciervo.
Tiene ya un bolso de piel de lobo, y una zamarra de piel de gamo y unas botas de piel de jabalí, pero queria una alfombra de piel de ciervo, y convertir su cuarto, su cuarto de niña gotica en un bosque still life.
Empezo coleccionando mariposas, pero tiene ya todo el albúm completo, y ahora prefiere la caza mayor.
Luego quiza coleccione otras piezas.
Como mascarillas funerarias.
Se hacen con ceras.
Cera virgen arrebatada de las colmenas, aunque para ello se sacrifique medio enjambre.
Luego, se calienta y se coloca encima de la faz del muerto, cuando esta aún no este completamente rigido, para captar mejor la expresión que era habitual en el difunto.
Esas mascarillas funerarias seran sus nuevas mariposas, sostenidas por una alcayata en lugar de un alfiler, con una cinta de seda rosa y un pergamino, en el que se lea el nombre de aquel que sirvio de molde para esa mascarilla.
En un futuro su colección de mascarillas será admirada por expertos y exhibida secretamente entre otros muchos rastros dejados por "El hada de la muerte"

15 Octubre 2007 | 09:44 PM

O

O dijo

Vale querido amigo, acepto que la risa, esa carcajada, es una especie de masturbación sin carne y sin cojones de por medio que al fin y al cabo es una necesidad que te alivia por lo bueno que es para la salud, que por algo se dirá que una o uno se
des-cojona.
¿Morirse es un chiste? pues sí, si es de los buenos es para morirse ¿De qué? pues de la risa que al fin y al cabo es, como se dice también, des-huevarse.
Un saludo.

16 Octubre 2007 | 08:07 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Armiño, el hada de la muerte es un mar frío, quizás blanco, tal vez oscuro, pero no negro y si hondo. No es ni siquiera un mar muerto, aunque se muere, porque el hada de la muerte siempre se muere, su sino es morirse, continuamente, no dejar de hacerlo.

El hada de la muerte es bella, es la más bella, sin duda lo es. Y es también la que tiene la mejor conversación, aunque no hay que fiarse pues charlatanea aunque no llegue nunca a mentir.

Pero es bella, es la más bella, sin duda lo es.

No olvides Armiño que yo soy peletero y sé apreciar una buena alfombra de piel de gacela joven. ¿No me crees?

¡Y era verdad!, dijo Natalia.

16 Octubre 2007 | 12:28 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Mi querida amiga O, sí, yo creo que morirse es una novatada, ¿a qué?, no sé, pero debe ser algo importante, porque la broma, o la salvajada, se lo vale.

16 Octubre 2007 | 12:30 PM

rincones

rincones dijo

Es curiosa la foto que encabeza tu artículo...En esta metáfora de la vida y de la muerte hay algo que no me cuadra, y es esa niña en concreto. Su sonrisa es extraña, tiene un qué sé yo de irónico y casi un algo de malevolencia. Y su vestido es totalmente inadecuado en el contexto: la camioneta, el ciervo muerto, ese cubo astroso... Incluso sus piernecitas sucias. Algo no encaja ahí, y no sé si es la vida o la muerte.

Las asociaciones de ideas muchas veces resultan caprichosas, y mira por dónde a mí esta foto me ha retrotraído a Arcimboldo, uno de mis pintores favoritos y, bajo mi punto de vista, uno de los genios que dio el Renacimiento. A mi entender sus retratos humanos hechos a base de elementos vegetales o incluso de animales muertos o libros, todos ellos protagonistas de las naturalezas muertas o bodegones, como se les quiera llamar, bien podrían ser una muestra de la estrecha relación de la vida y la muerte, del entramado común que ambas comparten, de su interrelación. Y fundamentalmente, sus cuadros invertidos, en los que el carácter grotesco de sus alegorías alcanza niveles inquietantes. "El hortelano" o "El asado", por ejemplo, son sencillas "Still Life" por un lado pero vívidos rostros humanos por otro. Árcimboldo, que integró los diversos órdenes de la vida (vegetal, animal, inerte, humano) en sus famosos personajes, quizás en estos cuadros invertidos realice la integración más paradójica pero a la vez más real posible: la de la vida y la muerte. Como en la foto que encabeza tu post. Esa niña resulta también una alegoría irónica, grotesca con ese vestido...

Y como en esa foto, tampoco tengo claras las claves de las alegorías en los cuadros de Arcimboldo. Por una parte, parece estar dotando de vida a la muerte, pero por otro, teniendo en cuenta que era manierista y por tanto bien cercano al espíritu barroco, quizás hace todo lo contrario: dotar de muerte a la vida. Quién sabe... Ya sabes que las interpretaciones poseen un grado muy alto de subjetividad, aun contando con claves.

Sí, el hombre siempre ha sentido interés por el movimiento, pero creo que ese interés vira a fascinación cuando pone sus ojos en la quietud, la inmovilidad que acompaña a todo lo que está muerto, sea animal o vegetal. O humano. Sobre todo, humano.

La cultura de la muerte es algo ancestral, comprobable desde las más remotas civilizaciones, y de la que el arte contemporáneo se nutre ahora con gula. Los muertos siguen siendo materia prima para los artistas, desde las fotografías de Witkin de cadáveres y fragmentos de estos, que ahora podríamos considerar ingenuas, pasando por las casi hiperrealistas de Andrés Serrano, hasta llegar a las estatuas expuestas en el Museo Plastinarium del doctor Gunther Von Hagens hechas con cadáveres humanos "disecados", el esmalte para composiciones de arcilla realizado con cenizas de cadáveres incinerados que usa una ingesa cuyo nombre no recuerdo ahora, hasta arribar al "arte extremo" chino, en que un artista ofrece, por ejemplo, un espectáculo de canibalismo consistente en comerse el cuerpo de un bebé o feto muerto y guisado, sin dejar de lado a un fotógrafo japonés especializado en cadáveres y restos de ellos. Evidentemente, llegados a este punto habría que detenerse a pensar dónde está la fina frontera que separa el arte, su originalidad, de la tomadura de pelo, del mal gusto, de la provocación gratuita. Pero no es esa la cuestión en estos momentos, la cuestión es qué lleva al artista a recurrir a la muerte como tema fundamental de su obra, sabiendo además que encontrará eco en el público.

A la muerte se la teme, pero a la vez ejerce sobre nosotros una enorme y morbosa fascinación, la del abismo al que resulta casi irresistible asomarse a pesar del vértigo. Quizás es una manera de familiarizarse con lo inevitable, de procurar asumir lo inasumible. Para ello, casi todas las culturas se consuelan con una vida después de esta. Porque lo que es un hecho incuestionable es que el hombre tiene vocación de trascendencia, y aunque para mí la muerte no es ningún milagro, ni casualidad ni nefasta suerte, sino sencillamente la constatación más terrible de la preeminencia de las leyes físicas, como decías, me parecería que en lugar de eso se trata del más cruel de los chistes si no hubiese satisfacción posterior a esa necesidad de trascender.

A mi parecer existe toda una estética del horror, de la fealdad, y desde luego también la veo en la muerte. En todo ello veo una especie de poesía marginal, pero poesía al fin y al cabo. No le tengo miedo a la Parca; al dolor físico sí, pánico, pero a la Parca ninguno. Creo, o más bien espero, que habrá otra vida que ni siquiera alcanzo a imaginar cómo será, pero creo en ella por un lado por la inercia marcada por la educación que recibí, y por otro por una cierta lógica poética: la necesidad de trascender del hombre no puede ser burlada. Si existe de forma tan perentoria debiera ser porque al final será satisfecha. Si me permites seguir personalizando, te diré que yo también prefiero seguir estando viva, y por muuuuuuuuuchos años. Pero ni me preocupa la muerte ni siquiera el hecho de que haya otra vida, porque yo en concreto carezco de esa necesidad de perpetuarme. Si me encuentro con ella, bien, y si no, hasta aquí hemos llegado. Para serte sincera, la idea de la inmortalidad sí que me aterra, el no encontrar jamás un descanso.

Petons, amic.

16 Octubre 2007 | 01:19 PM

rincones

rincones dijo

Se me había olvidado.... Hay un verso de Quevedo que dice, refiriéndose a la muerte: "Mas si es ley, y no pena, ¿qué me aflijo..?" Creo que el maestro del estoicismo lo dice todo en esas pocas palabras.

Petons.

16 Octubre 2007 | 01:31 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Ben volguda amiga, ren, ya sabes que las fronteras y los bordes son tentadores, los filos, las orillas, todos ellos son navajas afiladas. El amor es una de ellas, un linde o una esquina, lo que no sé si convexa o cóncava.

Un remolino que nos seduce.

La muerte también lo es. Y su cultura es antigua, tanto como lo es la propia muerte. Las flores en los enterramientos neandertales así lo indican.

La vida me ha enseñado a desconfiar, ya conoces mi divisa: “No te creas nada de lo que oigas y solamente la mitad de lo que veas” Y te puedo asegurar que hasta el día de hoy me ha dado buenos resultados. A ti sé que puedo hablarte de esta manera, porque sé también que eres capaz de metabolizar la frase y no sentirte aludida por ella.

Menciono esta sentencia, robada a un amigo muy parecido a B, para evidenciar que todo lo que sé de la muerte lo he visto con mis propios ojos. Y todo lo que sé de la “post muerte” me lo han contado personas que nunca se han muerto. Y los que sí lo han hecho se han quedado mudos.

Así pues, no me creo nada.

Hablas muy acertadamente de la nefasta deriva del llamado “arte contemporáneo” que se nutre de la estética de lo feo, anómalo, monstruoso y de la pura trasgresión simplemente por serlo. Todos están esperando que les permitan asesinar a alguien, tarde o temprano lo lograrán.

Incluso desde el lado “buenista” también se está haciendo lo mismo con películas como la de Amenazar, a la que yo me negué ver. Si yo, algún día, me veo en necesidad terrible de ayudar a un amigo a morirse, lo haré o no, no sé. Lo que no pediré nunca es que las leyes me amparen.

El espectáculo siempre ha necesitado de la muerte, en cambio es curioso como nuestras sociedades avanzadas viven cada día más de espaldas a ella.

Mi filósofo de cabecera, el antipático y sabio Félix de Azúa, nos avisa de “la muerte del Arte”, entendiendo por Arte aquello que es capaz de narrar el mito fundacional de la colectividad, dándole sentido al darle pasado y ligarlo con la creación del mundo. Al mismo tiempo cohesiona esa comunidad, tal vez como debería hacerlo una bandera, un himno, una lengua, un equipo de fútbol, una religión, el color de una piel. Hoy en día no hay nada de eso. Nada. Hay estética y espectáculo, nada más. Y en la más pura intimidad quizás tengamos la suerte de hallar poesía, ésa que es hija del coraje. Pero Arte no. No lo busques amiga ren que no lo encontrarás en ninguna parte.

Confórmate con lo que hay, disfruta y gusta de la estética, y diviértete con el espectáculo y ama, sueña, piensa, cavila, siente y rememora con la poesía, pero no busques Arte, tampoco busques ninguna comunidad, ya no existe. Al menos no hasta que sepamos crear una de planetaria. Será difícil.

Petons.

16 Octubre 2007 | 05:30 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Se me ha olvidado, ya ves como va mi memoria, hablarte de la fotografía. O más que de ella, de su autora, Sally Mann. Si conoces su obra sabrás que también está en el límite, colindando directamente con lo que hoy nadie dudaría en calificar de estética para pederastas refinados y finolis.

El tratamiento que hace de la infancia es muy osado y sensual. Ésa es una de sus “claves”, los niños y niñas que nos muestra nunca están en el lugar correspondiente ni haciendo lo que deberían.

Muchas de las fotografías están hechas en su propia casa y son sus propios hijos los que hacen de modelos. Parece una comunidad hippie de vacaciones. Una pequeña arcadia, desprovista absolutamente de pudor frente a la desnudez, la risa y la muerte. Es un cóctel fuerte, para estómagos duros y habituados a tragarse… verdades.

El nuestro es un mundo que utiliza la muerte para hacer espectáculo, mientras nunca hablamos de ella. Es un tabú, la verdadera muerte se esconde, al igual que los cuerpos desnudos de niños y ancianos. Esos desnudos también son un tabú.

16 Octubre 2007 | 06:41 PM

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Sobre mí

Si desnudar a alguien no ha sido nunca una actividad baladí, vestirla tampoco lo es y mucho menos cuando la materia prima es algo tan sublime como la piel. Este es el hecho, sin más, y en él nos regocijamos y sobre él nos preguntamos y nos hacemos responsables, hasta las últimas consecuencias. ______________________________________________________________ __________________________________________________________________

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