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La Coctelera

El peletero

WHAT YOU SEE IS WHAT YOU GET

23 Noviembre 2007

El peletero/Poesía Fría/El primer vuelo (y 4)

LA TORMENTA

La tormenta tenía dorados cabellos manchados
de negrura y gemía monótona como una mujer
vulgar
que da a luz a un futuro soldado, quizás a un tirano.

Las inmensas nubes, buques de varios pisos,
nos rodeaban, y los hilos escarlata de los relámpagos
se movían rápidos y nerviosos.

La autopista se transformó en el Mar Rojo.
Íbamos por la tormenta como por un abrupto valle.
Tú conducías; te miraba con amor.

(“La Tormenta” Adam Zagajewski)

Adam Zagajewski, es un poeta que por lo poco que sabemos de él, no acostumbra ni tampoco propende a la poesía amorosa. La palabra “amor” es en él poco frecuente.

En realidad la palabra “amor” es muy poco habitual en todos los grandes poetas, casi no la usan, quizás de tan gastada que está, de tan hueca que suena.

Nosotros sospechamos la razón de ello, de su ausencia, en este caso no en lo real pero sí en el verbo, aunque de momento no diremos nada, es todavía pronto para formular eso que en su día llamaremos “Teoría de la complacencia”.

No podemos ni sabemos asegurarlo, pero tampoco recordamos que en las Sagradas Escrituras aparezca una manifestación expresa de amor por los hombres, hecha por el mismo Dios. Tal vez estemos equivocados, no somos expertos en literatura religiosa.

Pero Adam Zagajewski es un hombre de carne y hueso, y deberemos perdonarle que de vez en cuando tenga algún desliz, y pronuncie emocionado, esa palabra equivocada para el bien decir que la poesía pretende ser.

Para completar y redondear su poema hemos pensado que sería adecuado citar unos párrafos de “Vuelo nocturno” de Antoine de Saint-Exupéry, que indudablemente sirvieron para, muchos años más tarde, realizar una de las obras maestras del dibujo de animación, “Porco Rosso”, del japonés Hayao Miyazaki.

En una ocasión nos transfiguramos en Marco Pagot y creímos tener a Gina a nuestro lado (El peletero/Julia-3), pero allí a donde vamos, ella no puede acompañarnos. Y quizás no solamente ella, todas ellas.

Nos gustan los nombres de Fabien, de Rivière, son adecuados para hombres que pilotan aeroplanos entre tormentas. Son nombres dulces, casi femeninos, suaves y tiernos, hay que saberlos pronunciar con el adecuado francés, desde el fondo de la boca, cerca de la laringe, sin llegar a tocarla. Es hasta ahí donde llegan los besos profundos, aquellos que saben darlos, como si fuera el cañón de una pistola en plena boca. Ése es el final de la tormenta. ¿Disparará?

“(…) Fabien emergió.

Su sorpresa fue extrema: la claridad era tal que lo deslumbraba. Por unos segundos debió cerrar los ojos. Nunca había creído que las nubes, de noche, pudieran deslumbrar. Pero la luna llena y todas las constelaciones las transformaban en olas irradiantes.

El avión había logrado de un golpe, en el segundo mismo en que emergía, una calma que parecía extraordinaria. Ni el menor oleaje lo inclinaba. Como un barco que pasa el dique, entraba en las aguas mansas. Se encontraba en una parte del cielo desconocida y oculta como la bahía de las Islas Dichosas. La tormenta, debajo de él, formaba otro mundo de tres mil metros de espesor, recorrido por ráfagas, trombas de agua, relámpagos, pero volvía hacía los astros una cara de cristal y de nieve.”

(“Vuelo Nocturno”, Saint Exupéry)

En nuestro primer canto citábamos a Wallance Stevens cuando afirmaba que “la poesía es el tema del poema”. Y podemos leer también a Borges afirmar lo contrario en su primera conferencia de las seis que impartió en Harvard, “El enigma de la poesía”, en ella nos dice que cometeríamos un error si pensáramos que estudiamos la poesía al estudiar un gran poema o poeta.

Por eso no entendemos que luego afirme que “Los libros son sólo ocasiones para la poesía”. Llevando el argumento al extremo y citando a Emerson, nos cuenta que en alguna ocasión comparó “una biblioteca con una caverna mágica llena de difuntos. Y esos difuntos pueden renacer, pueden ser devueltos a la vida cuando abrimos sus páginas”.

La poesía es la causa del poema y no lo contrario.

No podemos evitar girar del revés la cita y advertir que también podemos matarlos al cerrar esos libros, o peor, olvidarlos. Al decirlo nos estremece descubrir la extraña coincidencia entre poesía y vida.

Este es el momento en el que alguien hablaría de Amor, pero nosotros no.

Preferimos volar, ahora que nos hemos lanzado al vacío, queremos disfrutar de ese vértigo que proporciona conocer cuál es tu nombre y saber quién eres.

Ésa es precisamente la verdadera aventura: “la apertura del sujeto saliendo a la búsqueda.”

Desgraciadamente también es una de las cosas que más rápidas se olvidan.

Aunque así sea, seguiremos una vez más a Borges cuando nos recuerda, citando el primer verso de un poema de Browning, algo que siempre olvidamos.

Que la belleza siempre está ahí esperándonos.

Just when we’re safest, there’s a subset-touch,
A Nancy from a flower-bell, some one’s death,
A chorus-ending from Eurípides

Y precisamente cuando nos sentimos más seguros, llega una puesta de sol,
el encanto de una corola, alguna muerte,
el final de un coro de Eurípides.

Borges nos recuerda también a Rafael Cansinos-Assens pidiéndole a Dios que lo protegiera de la belleza, pues “hay demasiada belleza en el mundo”.

Borges no llega hasta este extremo pero concluye afirmando, absolutamente seguro, eso que acabamos de anunciar, que la belleza siempre está esperándonos. Aunque sea en el título de una película, en la letra de una canción popular y vulgar, nos dice. O en un recuerdo cansino

Porque no supiste entender a mi corazón
lo que había en el,
porque no tuviste el valor
de ver quién soy.

Porque no escuchas lo que
está tan cerca de ti,
sólo el ruido de afuera
y yo, que estoy a un lado
desaparezco para ti

No voy a llorar y decir,
que no merezco esto porque,
es probable que lo merezco
pero no lo quiero, por eso...

Me voy, que lástima pero adiós
me despido de ti y
me voy, que lástima pero adiós
me despido de ti.

(Julieta Venegas)

Y nosotros terminaremos usando nuestra propia memoria y decir:

“se acostaron otra vez, dejando que pasaran las horas en aquella oscuridad tenue, besándose y besándose hasta sólo ser capaces de ver la luz en la niña del otro.”

(El peletero/La habitación 601-2)

Adiós pues.

Mientras nosotros nos alejamos en nuestro aeroplano encarando al sol, el ave tomará tierra para descansar.

Dormirá y soñará, y cuando despierte, renovada, habrá de empezar a caminar.

¿A dónde?, nadie sabe a donde.

servido por el-peletero 9 comentarios compártelo

9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Precioso, Peletero. Realmente un adiós espectacular y un renacer..., o continuar el camino sin acomodarse en el puente, como uno quiera interpretarlo. Sabes por qué creo que la palabra "amor" es muy poco habitual en todos los grandes poetas? Porque el verdadero amor va sin decirlo. Lo mismo el que siente un hombre por una mujer, como el amor filial, como el fraternal, como el de los buenos amigos. Las personas que más nos aman, por lo general no lo dicen, lo demuestran de muchas maneras, saben convertir lo baladí en importante y lo opaco en poesía.
No soy una experta en las Sagradas Escrituras, pero me parece que en alguna parte sí se menciona la palabra amor, cuando se afirma que "Dios amó tanto al hombre que le ofrendó la Vida de su Hijo". Supongo que otro "desliz" del poeta, porque en mi opinión la Biblia es uno de los libros más interesantes y mejor escritos que existen.
Para terminar, Peletero, yo cambiaría la cita de Emerson que nos trae Borges, comparando la biblioteca con una caverna mágica, pero no llena de difuntos sino de personas dormidas, algo así como el bosque de la Bella Durmiente, y los que duermen pueden despertarse, renacer, volver a la vida, cuando abrimos sus páginas con los dedos y los labios del verdadero amor.
Sí, Peletero, amigo, se necesita ser loco y valiente para saltar, y alas fuertes y poderosas para sobrevolar el abismo. Tu amiga.

23 Noviembre 2007 | 11:30 PM

Mantis

Mantis dijo

Bon día, hoy ya ves que prontito vengo (ya comentaron y me atrevo más, jejeje)

Acabas de romper todas mis ilusiones, yo que aspiraba a ser una poeta de mayor y resulta que los poetas o grandes poetas no hablan de amor, cachis!!
Si yo sólo sé escribir al amor, bueno a veces me descontrolo y me voy por la línea que me indica mi sentido del humor, gracias a Dios lo sigo conservando. Pero es lo que más me ha sorprendido del post, no acabo de comprender bien por qué, aunque Madeleine explica que es como el amor que sientes, que lo demuestras con hechos o con acciones, pero yo os pregunto a ambos dos ¿decir un “te quiero” de vez en cuando no os parece que también es grato para los oídos? Puestos a escoger son mejor los hechos que las palabras, porque esas dicen que se las lleva el viento, pero de momento voy a ser egoísta y me quedo con los hechos y un “te quiero” “te amo mi vida”, suena tan bonito...

Entre la canción de Julieta Venegas y mi Peletero, lo tengo claro, el final tuyo va más en sintonía con esta Mantis, el de la habitación 601 es mejor (todavía no he leído esos post, cuestión de tiempo).

Por último me gusta lo que dice Madeleine, en las bibliotecas vive gente dormida o quizás hibernando, pero cuando abrimos un libro, de nuevo su alma despierta.

Bueno, seguro que todo no lo he captado por lo que comentamos ya, los autores y libros a los que vas haciendo referencia no los he leído, pero te aseguro que estoy aprendiendo muchas cosas con tus post y con las charletas que os pegáis en los comentarios tan bien desgranados y para mi es mucho.

Oyes Peletero, tú sabes mucho ¿no? seguiré por aquí haber si se me pega algo.

Petons (hoy 4)

24 Noviembre 2007 | 08:02 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Madeleine, el poeta tiene innumerables deslices porque es un patinador sobre hielo.

Es curioso que hables de personas dormidas, ya sabrás por qué.

Besos.

24 Noviembre 2007 | 04:48 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Los grandes poetas querida Mantis hablan constantemente de amor, otra cosa es que pronuncien o no, la palabra amor.

La explicación de Madeleine es perfectamente aplicable a la poesía.

Pero incluso sería una contradicción lógica, si usas la palabra das por supuesto que sabes qué significa, y das por supuesto también que los demás saben lo mismo que tú sabes. Y ya sabes que casi nunca es así. Ni tú sabes exactamente qué demonios significa, ni mucho menos los demás debemos coincidir necesariamente contigo.

Mejor usa otras, esa también es una de las razones medio escondida, de esa colección de palabras que Madeleine y yo estamos reuniendo.

Ya sabes, “coraje, alegría, compañía…” quizás también un poquito de elegancia, siempre viene bien, ¿verdad?

Petons, nena.

No, yo no sé nada, lo que sí sé es disimularlo, que es distinto.

Cuidado con las habitaciones de los hoteles, si quieres mirar por el ojo de la cerradura hazlo, para eso están, pero luego es mejor que no digas nada, ¿vale?

24 Noviembre 2007 | 05:02 PM

la-extranjera

la-extranjera dijo

Preguntas...?????, lee mi último post.

24 Noviembre 2007 | 05:48 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Leido, "la-extranjera".

24 Noviembre 2007 | 06:06 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Querido Peletero: El poeta es un "patinador sobre hielo", lo has descrito acertadamente. Y el buen poeta derrite el hielo con su poesía y a pesar de sus deslices tiene la increíble habilidad de seguir patinando, elegante, con gracia y destreza inigualables, verdad?
Los buenos libros como los seres que amamos y que nos aman son inmortales, Pele, no son difuntos, viven en la gran Biblioteca de nuestros corazones, y sólo basta una sonrisa, un gesto, una puesta de sol, un poema o una anécdota del Peletero o de Ren, para que ellos despierten. Hazme caso, haz la prueba y verás que tengo razón.
Hoy acá es un domingo soleado, maravilloso. Un beso.

25 Noviembre 2007 | 05:49 PM

mantis_religiosa

mantis_religiosa dijo

Un pellizco, necesito mil.... me perdonas el estado de gilipollez ¿verdad? ya se pasará, espero... Petons

26 Noviembre 2007 | 06:40 PM

el-peletero

el-peletero dijo

No tienes que pedirme perdón de nada. Claro que se te pasará.

Un pellizco, sí, ¡pero hay tantas clases de pellizcos…! y se pueden dar en tantos sitios…

Tú ves pensando, así, cada vez que encuentres uno sonreirás.

Petons.

26 Noviembre 2007 | 07:31 PM

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Sobre mí

Si desnudar a alguien no ha sido nunca una actividad baladí, vestirla tampoco lo es y mucho menos cuando la materia prima es algo tan sublime como la piel. Este es el hecho, sin más, y en él nos regocijamos y sobre él nos preguntamos y nos hacemos responsables, hasta las últimas consecuencias. ______________________________________________________________ __________________________________________________________________

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