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La Coctelera

El peletero

WHAT YOU SEE IS WHAT YOU GET

28 Noviembre 2007

El peletero/El ojo y el negro (7)

Querido Teodoro,

Todos te mandan recuerdos y besos, incluido tu amigo Saverio. Sí, ha estado aquí, ha venido a visitarnos.

Pero yo estoy enfadada contigo.

Ha tenido que venir un italiano charlatán para que recordaras a Ruth. Te habías olvidado de ella y resulta que la tienes delante de tus ojos.

¿Te estás preguntando quién es?

Yo.

Soy yo, tu hermana Silvia es Ruth, ¿no te habías dado cuenta nunca?

Yo también he terminado por ir a parar a un “trigal ajeno”, que no es otro que la casa de mi esposo Christian y que ahora es también mi hogar. Otro paisaje, otras lluvias, otros olores y colores, otra gente, otra lengua y casi otro Dios.

¿Sabes de qué hablo?, ¿o todavía estás embriagado con el olor de tu ramera negra?, de la que por cierto, todavía no me has dicho ni siquiera su nombre. Supongo que debe tener alguno, ¿no?

Ya sabes Teodoro que cuando quiero puedo ser muy exigente. Siempre te fijas en lo que viene de fuera y nunca en lo que tienes al lado. Ha tenido que ser la propia Marta la que tome la iniciativa. Si fuera por ti acabaría siendo abuela antes que te decidieras a decirle algo. La muchacha más linda de la ciudad y tú todavía no le habías dicho nada.

Los hombres os emborracháis, os vais a un burdel y ya os creéis que sois los amos del mundo. O bien no paráis de llorar como niños abandonados.

Creo que nunca dejáis de jugar, siempre estáis jugando.

Como te digo, tu amigo italiano ha venido a vernos, y sí, tienes razón, es de fiar, se le ve venir de lejos y no trae con él nada malo. Es un hombre simpático, agradable y bien parecido y también es hombre de mundo, habla más de un idioma y ha leído algún que otro libro.

Mi hijo mayor, Pablo enseguida se ha hecho amigo de él, le han entusiasmado la narración de sus viajes. A todos nos ha regalado guantes, gorros y prendas hechas con ese cordero español tan bueno.

Él y Christian han llegado a un acuerdo que te contaré en una carta aparte, creo que es un buen trato para los dos.

Es una persona instruida, pero algo ingenua. Según parece todavía no le han engañado de verdad, el día que alguien lo haga conseguirá robarle hasta su mismísima alma.

Es un hombre triste, y alguien que se esfuerza y que procura constantemente disimular esa tristeza y no siempre lo consigue. Y no creo que sea por esa esclava que me cuentas. Yo no he conseguido averiguarlo, en todo caso sospecho que es al revés, se ha enamorado de ella a causa de esa tristeza.

Aunque esté en lo cierto, querido hermano, a quién se le ocurre enamorarse de una esclava a la que seguro deben haber bautizado hace cuatro días y que además tampoco debe hablar bien la lengua de su amo, ni mucho menos la de ese esposo negro con el que la han obligado a casarse.

Ha sabido congeniar con todo el mundo, sin embargo conmigo se ha mostrado inseguro y algo nervioso. Él sabía que yo sabía y tenía ganas de preguntarme cosas pero dudaba. Naturalmente he tenido que ser yo quién le preguntara a él, arriesgándome a ser indiscreta. Fue una tarde que Christian se había ido pronto.

Le dije directamente, Teodoro me ha hecho saber la existencia de Ruth, habladme de ella.

Se quedó en silenció, me miró un buen rato a los ojos, callado. Yo le aguanté la mirada, seria, severa y grave. Él también lo estaba, sus nervios habían desaparecido. ¿Os podéis levantar?, si no os importa me gustaría veros de pie, me pidió.

Me quedé un poco sorprendida. ¿Para qué?, le pregunté.

Quiero miraros entera, no a trozos.

Me levanté.

Y me miró de arriba abajo. Teodoro me ha contado que queréis mucho a vuestro esposo, me dijo sin dejar de mirarme a los ojos.

Y así es.

¿Cuánto es mucho?

No podría vivir sin él.

¿Y con un hijo de menos sí?

Sí, sin un hijo ya lo estoy haciendo, se me han muerto tres. Sin mi esposo no podría. Pero las preguntas debería hacerlas yo, ¿no?

Sin escucharme me dijo: entonces sabréis de lo que os hablo. Tomad, es ella.

Y me dio una pequeña cajita redonda en forma de medallón (*). La abrí y dentro de ella había el retrato de una mujer. Un rostro extraño, diferente, especialmente bello, insólitamente hermoso.

¿Cómo lo habéis conseguido?, ¿no es una esclava?, ¿seguro que es ella?

¡Claro que lo es!, ¿creéis que podría confundirme?

Perdonadme, pero decidme, ¿cómo ha llegado a vuestras manos?

Con dinero se puede conseguir todo, una amiga mía me lo ha proporcionado. Es una conseguidora. Sabe cómo hacer las cosas.

¿Vuestra amiga Amparo?

¿Teodoro os ha hablado de ella?

Sí, algo me ha contado, pero él no ha visto el retrato, ¿verdad?

No.

¿Por qué?

Es el retrato de una mujer, y me lo ha proporcionado otra mujer. Sólo una mujer podía ser la segunda en verlo. Él tampoco me ha enseñado a su Marta, la pintaba a escondidas de mí.

Creo que sois un exagerado.

Sí, lo soy, debo serlo.

¿Para qué?

Para ser un buen poeta se debe exagerar un poco.

Creo que confundís la realidad con la poesía.

¿No es lo mismo?

Claro que no. ¿La confundís?

Cuando se viajan ocho meses al año, solo y sin compañía de nadie durante días, y cuando has dejado, eso que llamas tu casa, al cuidado de un sirviente y un secretario, es necesario confundir el camino con uno de los paisajes que pinta vuestro hermano. Ésa es una exageración necesaria.

¿Y cuando no se viaja, cuando no te alejas más de una milla de casa, cuando siempre estás acompañada de los que amas y te aman?

No lo sé querida Silvia, quizás entonces deba uno ser preciso y exacto, medir cada palmo, cada pulgada, sin equivocarse. Esa es otra manera de cantar, exagerada y también necesaria, y tan bella como vos. ¿Sabéis que sois necesaria y bella?

Eso dicen los que me aman.

No temáis, pero yo también soy capaz de ver y apreciar vuestra belleza.

Sois un exagerado.

Sí, necesario, ¿no lo creéis así?

Sí, creo que sí, tal vez tengáis razón. Hace demasiado tiempo que no veo el mar.

Pues deberíais, el mar es el cielo.

¿Y el cielo?, ¿qué es?, ¿lo sabéis?

¿El cielo?, una exageración.

Amado Teodoro, estuvimos hablando mucho más, pero ahora necesito descansar.

Estoy contenta por ti, cuéntame más cosas de Marta y dime cómo piensas pintar la nueva Ruth. También me alegra tu amistad con Emile (…), tu párroco, ahora ya sabes que pertenece a una de las familias más importantes de Flandes, trátalo bien, recuerda bien eso y no lo olvides.

Perdóname si al principio de la carta he sido una gruñona.

Tu hermana que te quiere.

Silvia.

Sí Teodoro, cada día recuerdo a nuestros padres.

___________________________________________________________________

(*) Lo que Silvia describe es algo parecido a un “camafeo.

Para ser preciso un camafeo es un relieve en miniatura obtenido de una piedra preciosa. La más habitual era la ágata, aunque se podía hacer de cualquier material. Se llevaban en forma de colgantes y en ellos se acostumbraba a representar a alguien querido. El que le enseña Saverio a Silvia es una simple miniatura pintada, las circunstancias no daban para más, y el retrato conseguido por Amparo es casi ya un milagro, milagro que sólo ella es capaz de lograr.

La fotografía que encabeza este post pertenece a la actriz mexicana Dalia Hernández, que no tengo el placer de conocer, excepto de haberla visto en “Apocalypto” de Mel Gibson.

servido por el-peletero 7 comentarios compártelo

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

mantis_religiosa

mantis_religiosa dijo

.... hola, shhhhh... todavía no comento hasta que haya algún comentario ¿vale? Y no discutas tanto de política o te volverás un gruñoncito, canta gospel y verás que bien nos sienta. Shhhh.. luego vengo, besillo.

28 Noviembre 2007 | 04:43 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Es que me va la marcha Mantis, soy débil y la tentación me puede. Y Ren lo sabe.

Petonets.

28 Noviembre 2007 | 05:58 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Bueno, un comentario a la observación de Mantis, antes de hablar de la carta de Silvia. No eres débil, por el contrario, ya te lo he dicho, eres valiente y eres "frentero", y sí, la tentación te puede..., y Ren lo sabe. Me gusta la gente que defiende lo que cree y lo que piensa a "capa y espada", sobre todo sin sentirse dueños de la verdad y sin insultar con palabras soeces, y que aplastan con sabiduría y elegancia a los que distorsionan la verdad. Ese es nuestro amigo, Peletero y Ren lo sabe y lo sabemos las demás. Petons para ella y para él.

28 Noviembre 2007 | 09:34 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Gracias Madeleine, siempre me saca de quicio el “buenismo” en política.

Yo creo intuir que aunque pudiéramos tener discrepancias políticas, ambos, tú y yo, y Ren también, utilizamos la misma “lógica” política, esto nos permite conversar y razonar con una escala de valores muy parecida. Eso es imposible con según quién.

Un abrazo amiga.

28 Noviembre 2007 | 09:51 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Una preciosa carta la que le envía Silvia a Teodoro, llena de reflexiones impactantes. La empieza, además, con un supuesto "reproche", que para mí no es sino una muestra más del cariño por su hermano, y la termina con una respuesta de infinita ternura, la misma ternura que se percibía en la pregunta de él. Sin embargo, siendo justos con Teodoro, digamos a su favor, que aunque Teodoro, según Silvia, siempre se fija en lo que viene de fuera y nunca en lo que tiene a su lado, también es cierto que existen varias Ruths en el mundo, y por lo tanto, es comprensible que Teodoro no hubiera reconocido a Ruth en la figura de Silvia. Esas Ruths que como Silvia y la Ruth de Saverio han ido a parar a un "trigal ajeno", y desde entonces ya nada vuelve a ser lo mismo, ni siquiera ellas. Aunque lleguen a amar el trigal de ahora, con sus paisajes, sus lluvias, sus olores y colores, su otra gente, su otra lengua y casi su otro Dios, siempre se encuentran nostálgicas de su primer trigal, y lo que es todavía peor y paradójico: ahora no sólo se encuentran "prestadas" en el nuevo, sino "extrañas" en el primero.
Me encanta lo perceptiva que es Silvia cuando afirma que el italiano es una persona instruída, pero algo ingenua. Eso es lo fascinante de él, una persona con mundo, pero de cierta manera con la inocencia de un niño, (aunque la "inocencia" de los niños, a veces es relativa, je, je). Sin embargo, yo le diría a Silvia, que justamente por eso es que todavía no han engañado a Saverio de verdad, y dudo mucho que alguien consiga engañarlo algún día y robarle hasta su mismísima alma, porque para las personas como Saverio esa misma "ingenuidad" constituye su más increíble e inexpugnable coraza. Y no me pregunteis por qué, pero así es, y yo lo sé.
Otra cosa Peletero, te has sobrado con ese detalle del camafeo y de la confidencia que Saverio le hace a Silvia cuando le dice que se lo dio una mujer y sólo lo debe ver otra mujer, igual que Teodoro no le deja ver tampoco a él, el cuadro de Marta. Es maravilloso ese sentimiento que describes aquí. Esa "intimidad" que los dos hombres preservan y ese misterio con el que rodean a la persona que aman, que una vez en un post anterior os leí comentar con Ren y que poco me faltó a mí para entrar en éxtasis. La misma intimidad y elegancia de aquel peletero suicida que cuando hablaba con el padre del niño que hacía el relato, tocaban muchos temas pero jamás hablaban de mujeres, posiblemente para no banalizarlas (es que las mujeres somos un tema serio..., je, je).
Bueno, y no me extiendo más, porque podría pasarme el día completo escribiendo sobre esta carta, como a menudo le ocurre a Ren. En todo caso el diálogo de Silvia y el poeta es maravilloso, delicado, aunque Saverio confunda la realidad con poesía. Gracias, Peletero por hacer de la realidad poesía. Un beso.

28 Noviembre 2007 | 10:37 PM

Mantis

Mantis dijo

Yo por ahí al despelote y tú ya has subido el 8, me pilla el tren...

Jooo... como alucino con el comentario de Madeleine, ver tantas cosas en la carta y yo quedándome como siempre en un par de cosas que me llaman la atención y poco más, menos mal que espero a leer los comentarios y aprendo más...

Es curioso lo que más me sorprende, es la reflexión que haces de los hombres, jeje... se emborrachan y van a un burdel y se creen los amos del mundo o no paran de lloriquear, aischhh... como sabes Peletero.
Pero sobretodo “siempre están jugando”, una buena afirmación por lo menos la tomo como tal. El hombre no siempre está “jugando” quizás yo pienso que está “cazando” o por lo menos intentándolo, luego lo que cazan ya es otro cantar.

Mi padre es cazador y se va al Coto con varios amigos, andan muchos Km. desde las 6h de la mañana hasta las 6h de la tarde, toman su vino de la bota, su buen jamón, hablarán de sus cosas y al final llegan el grupito de 6 o 7 hombres con una liebre a repartir entre todos, suelen quedársela cada semana uno, pero contentos llegan aunque no haya salido bien la caza, han disfrutado del día de caza aún sin caza, curioso ¿verdad?
No sé porque te cuento esto pero es una manera de ver que tengo yo de muchos hombres y que conste que mi padre es buena gente, sin vicios y siempre está con mi madre, pero no deja de ser un hombre, claro...

Y también me sorprende que afirmes tan sabiamente que el camafeo sólo lo podía conseguir una mujer y verlo otra mujer. Que Teodoro siempre vea más lo de fuera que lo que tiene al lado, eso suele ocurrir muchas veces y en muchas personas.
Ah!! y no te rías, lo que más me ha gustado es cuando le dice a Silvia que se levante porque la quiere ver entera, no a trozos. A mi también me gusta ver a la gente así no a trozos.

Bueno, como ves sigo en mi línea y acabo sacando conclusiones típicas de una Mantis.
Cada vez estoy más enganchada a esta historia, y eso que me costó entrarla al principio pero veo que mi gruñón antipático se va relajando, se refleja en sus relatos y en su personajes.
Un peton, dos petons y tres petons, ya hasta el lunes.

30 Noviembre 2007 | 04:05 PM

rincones

rincones dijo

Qué diferentes son los tonos de las cartas de los dos hermanos, y qué reveladores del carácter de cada uno. Silvia no puede evitar ejercer de madrecita siempre preocupada, un poquito regañona, un bastante mandona, y un mucho amantísima. Práctica, capaz... y llena de ternura.

Saverio decía que alguien que no viaja, que tiene raíces echadas en tierra y que está rodeada de personas a las que ama y que la aman quizás deba ser preciso y exacto, medir cada palmo, cada pulgada, sin equivocarse. Y evidentemente Silvia es todo eso. Y también bella -seguro que lo es- y necesaria. Sobre todo, necesaria.

Me ha hecho sonreír esa afirmación suya de que los hombres nunca dejan de jugar. ¡Qué típico de determinado tipo de mujeres! Esas que siguen considerando a los hombres de su casa, sean padres, hermanos, marido o hijos, como niños a los que siempre hay que guiar con mano firme... Una de esas mujeres de duro acero y tibia piel que suponen el sostén de su casa, de su familia, la columna vertebral que sostiene no solo a su familia, sino también a su hermano, aun en la distancia. De capítulos anteriores recuerdo que Teodoro es el primero de los dos en morir. Y seguro que fue lo mejor, porque lo imagino totalmente como barco a la deriva sin el ancla de su hermana, que lo sujeta a la realidad. Le reprocha a Teodoro que solo se fija en lo que viene de fuera, pero nunca en lo que tiene al lado. Aunque su intención es muy otra al escribir esa frase, el pintor le responde con una pregunta: " Tienes razón querida hermana, pero tú, ¿dónde estás?, ¿fuera o en casa?" Y creo que la respuesta es "fuera y en casa". Lo bastante lejos como para reconocer la practicidad de los consejos que le vienen de ella e intentar seguirlos y lo bastante dentro como para comportarse como un ciego a veces con ella.

Ya lo creo que es exigente, sí. E impaciente. Y, desde luego, resuelta. Hay que ver lo pronto que ha arrinconado a Saverio, le ha dirigido el foco directamente a la cara y ha comenzado a hacerle el tercer grado en toda regla, recordándole de camino que ahí las preguntas las hace ella. Todo un carácter de mujer... ¿Cómo no estar nervioso e inseguro? Casi parece más que flamenca, andaluza... (risas). Era broma...

Coincido con Madeleine en que el retrato que ha hecho del genovés es espléndido. Pero no olvidemos que es una mujer que sabe mirar. Ha visto en él lo que todo el mundo advierte: su cultura, su simpatía, su cosmopolitismo... y lo que él intenta encubrir: su ingenuidad y su tristeza.
Yo no sé si Saverio confunde realidad con poesía, pero sí creo que literariza la vida, que es una forma más amable y elegante de vivirla. Motivos tiene para hacerlo, él ya los ha mencionado. Quizás también Ruth era una exageración necesaria, una forma de aliviar la tristeza, un paisaje más que añadir a esos con que se hace preciso confundir el camino.

El acertado análisis de Madeleine me ha dejado poco terreno en el que hacer mis propias prospecciones, así que aquí termino el mío.

Petons, caballero.

2 Diciembre 2007 | 06:44 PM

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Sobre mí

Si desnudar a alguien no ha sido nunca una actividad baladí, vestirla tampoco lo es y mucho menos cuando la materia prima es algo tan sublime como la piel. Este es el hecho, sin más, y en él nos regocijamos y sobre él nos preguntamos y nos hacemos responsables, hasta las últimas consecuencias. ______________________________________________________________ __________________________________________________________________

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