El peletero/El blog apócrifo de Anna-La Amiga (2 de 5)
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Dices:
“Mezcla tópicos más que manidos, psicología simplista propia de sección "Psico" de revista femenina, y veleidades seudo-espirituales y seudo-metafísicas con jungianas teorías sobre interpretación de los cuentos y con una aproximación a la etología de los lobos.”
(La Amiga)
No te diré que no sea así, sin duda es también así, pero quizás apuntas demasiado alto o desviado. Sin dejar de decir la verdad te puedes equivocar. En todo caso eso que afirmas no tiene la más mínima importancia.
Según la misma María, sus palabras eran un entretenimiento íntimo y personal en una pareja que supuestamente se amaba. No era más que correspondencia privada entre dos enamorados, que he estado a punto de violar sin ninguna clase de remordimiento, ya sabes que los patos no tenemos moral. Pero no puedo dejar de decir que ella, al escribirle, le participaba a él de sus cavilaciones, de sus preocupaciones, de sus anhelos y de sus cuitas. Quizás sí con ánimo también de valorarse y preciarse frente a su enamorado, por supuesto, ¿quién no hace eso? Embellecerse, perfumarse, adornarse, vestirse, desnudarse y explicarse frente al “otro”.
María no era ni es inocente, es evidente que no, María menos que nadie. Pero cuando escribe la veo tan tierna, tan delicada, tan ingenua… Parece parir algo con ansia, cree y acierta en que al otro lado del mundo tiene a alguien amándola, leyéndola, escuchándola, pensándola, mirándola, cantándola, deseándola como un hombre desea a una mujer, alguien que está por ella y para ella. Es su Rey y su sirviente, y al mismo tiempo está lejos, tanto como si fuera de otro mundo. Y eso, su lejanía, María lo agradece, José molesta menos que un hombre de verdad, que un amor de verdad. A María siempre le han gustado los ángeles, José casi parece eso, un ángel, que al ser de otro mundo, en un sentido perfectamente literal, solamente habla por teléfono y escribe, es incoloro, inodoro e insípido. ¿Hay algo mejor que eso? Conozco a muchos hombres y mujeres que desearían tener algo parecido en sus vidas. María lo tuvo durante un tiempo.
María pretende decir algo verdadero, quizás sin rigor ni demasiado tino, y quizás también tengas razón al apuntar que no solamente no lo consiguió, sino que incluso es posible que en ella anidara la falsedad. No lo sé, no estoy segura, lo único que sé es que eso que escribió fue escrito para José, para él, ni para mí, ni para Lorena, ni para ti, ni para nadie más que no fuera José.
Solamente para José.
Y, repito, eres muy dura, querida Amiga, lo eres mucho.
(La Amiga)
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El estado “tonto” o de la tontería, es sin embargo creativo, aunque uno pueda pensar todo lo contrario. Permite pensar “transversalmente” y establecer relaciones y sinapsis insospechadas gracias a la mala o nula lógica que utiliza. Su permanente deambular aleatorio, ese andar sin ir a ninguna parte, te puede conducir a rincones curiosos, extravagantes y llenos de encanto. Un restaurante ideal y perfecto para invitar a una amiga íntima a cenar no sin antes pedirle que guarde sus bragas en el bolso.
La tontería muy tonta consigue proporcionarte estas oportunidades de la vida que hay que saber compartir con la persona que más quieres. Ella sabrá escuchar esas “filosofías” raras, entendiéndolas y comprendiéndolas tanto como riéndose con ellas, pero nunca burlándose. La filosofía tonta no lo parece, pero es muy útil no solamente para hacer reír, sino también para besar con pasión y atención. La filosofía tonta es buena para hacer poesía amorosa o surrealista, es decir, poesía de la mala, poesía de la peor. También te reviste de un cierto “halo” misterioso cuando haces metafísica y una “profesionalidad” falsa si quieres hacer psicología.
Sea como sea, con ella siempre consigues crear confusión a tu interlocutor y parecer mejor de lo que realmente eres, si además le haces reír, la recompensa es segura. Casi segura. Sea bienvenida pues la tontería tonta y sus filosofías tónticas.
Tu tonto.
(“La Nada”, José)
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Aciertas cuando afirmas lo siguiente:
“No consigo reconocerme en esa caracterización que María hace de las mujeres. ¿Tú sí? No considero que tengamos ningún secreto, ni ese halo de misticismo con que ella nos recubre, ni que existan esa desemejanza frente a los hombres ni la necesidad de ser explicadas como género. Aunque las mujeres presentemos ciertos rasgos comunes entre nosotras que nos diferencian de ellos, pocos y claros, desde luego cada mujer es un mundo; no creo que se pueda conocer a las mujeres, sino a la mujer. Ensayos y tratados, sobre todo los que fomentan tópicos y cavan zanjas entre ambos sexos, están de más, máxime cuando en ellos se intenta hacer de nosotras una subespecie distinta de los varones, nimbadas de una suerte de singularidad e inaccesibilidad que me parecen una absoluta falacia, propia de mujeres que necesitan explicarse a sí mismas y se escudan en que no son entendidas por los hombres. Lo peor es que no lo reconocen, y prefieren parapetarse tras el resto de sus iguales y acogerse a la falacia de que las mujeres constituyen un compartimento estanco respecto al otro sexo.”
(La Amiga)
Tienes razón, pero hemos de tener en cuenta el contexto y la necesidad con la que María escribía.
Su contexto y su necesidad.
¿El contexto?, el de una mujer que se está divorciando.
¿La necesidad?, sí, la de una mujer enamorada que quizás, y desde hacía mucho tiempo, tenía por primera vez un “interlocutor” digno, José. Alguien atento en el doble sentido de la palabra, considerado y con la escucha adecuada y predispuesta para saber y aprender. Él lo repite en muchas ocasiones, quería y creía que podía aprender de María. ¿Aprender?, ¿aprender alguien de alguien?, parece algo insólito, y…
…curiosamente eso dice José que desea, aprender de María.
Al menos aprendió que para María era mucho más importante su contexto que su necesidad. Eso, según se desprende de sus cartas, lo aprendió pronto, María se lo hizo saber enseguida, usando un eufemismo musical, “Mis ritmos”, en los que confluían, circunstancias, deseos, necesidades y ortodoncias urgentes.
Claro que somos individuales, cada uno de nosotros somos árboles distintos, María lo sabe, y si hubieras leído con atención sus cartas te habrías dado cuenta de la pugna constante con José y su mala costumbre de valorar en demasía las “estadísticas”. Tú sabes algo de eso cuando discutimos a propósito de bosques, selvas y florestas.
Eso podría parecer una contradicción en su deseo de presentarse como paradigma de todo el género femenino. Pero te recuerdo que era un juego, un juego intencionado, voluntario, un juego en el que María trataba de desvestirse frente a José. Ella se vaciaba, y necesitaba entregar a alguien aquello que habita en su interior. Ella, como cualquiera, ya sabe que en un solo árbol está contenido todo el bosque.
John Donne afirma:
“Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.
Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti."
(John Donne)
Si talamos un árbol cambiamos el bosque ¿verdad?
Discúlpame una vez más que no cite tus propias palabras y las reescriba yo misma, en ellas aciertas cuando afirmas que María es una seductora, y no puede evitar dar el “énfasis” necesario en el acto de la “caza”, eso que llamas “sobreactuar”. Más adelante explicas y diseccionas muy bien esa personalidad depredadora de María. Es una buena “cazadora” y se vanagloria de ello, se jacta en demasía y sobreactúa como si fuera una mala actriz, mira al infinito y solamente se escucha a sí misma. Luego, algunos la aplauden, otros lloran y otros se ríen.
(La Amiga)
Tienes toda la razón si eliminamos la frase de: “personas de distinto sexo”, pero eso es lo que precisamente trataba María, hacerse entender como ser humano que había vivido toda su existencia como mujer. Esa es una, entre tantas, de las claves del lesbianismo, el de ella y el de muchas. Tú lo has dicho, primero somos personas, seres humanos y luego, casi de una forma anecdótica, casi accidental, mujeres. Cuando eso sucede no importa que el cuerpo de tu amante sea igual o distinto al tuyo, al fin y al cabo es también carne de un ser humano y eso ya es suficiente.
Creo que José quiso tratarla así, como persona, pero José no es ningún homosexual aunque tenga amigos que lo sean. En sus cartas, siempre reivindica la masculinidad frente al machismo. Él también desea, y necesita sentirse un ser humano antes que un hombre. Se reconoce también femenino, nunca lo oculta, ni rehúye la admiración explícita de la belleza en los hombres. José creyó ver en ella, en María, a ese otro ser humano y se encontró con una María predispuesta de otra manera y para otras cosas.




Mantis dijo
Esto es mucho para mi solita... además lo mismo esa filosofía tonta se asemeja a mi filosofía gili... mejor me lo copio y lo leo un poco más.
De todas formas "La amiga" me gusta, tiene un no sé qué... bueno que me cae bien, ya veremos si al final lo estropeamos o no.
Ah! María también me cae bien y el tal "José" también. Conclusión, cada uno con sus más y sus menos me gustan todos.
Un cafelito Pele....
Repetons ;-)
7 Mayo 2008 | 06:25 PM