El peletero/El blog apócrifo de Anna-La Amiga (4 de 5)
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Ya sé que es injusto lo que voy a decirte, pero tú sabes que María se emborracha porque ella misma lo confiesa. Lorena también explica esas borracheras, sus vómitos y sus llantos. Y yo misma confirmo todo eso, pero si todas hubiéramos guardado el secreto tú nada sabrías. Si solamente fuera por José, María sería una mujer digna y serena, dueña de sus actos, una mujer entera, como lo somos nosotras, ¿no?
Sus borracheras no son públicas, forman parte de esa intimidad que no debería haber sido violada. Frente a los demás ella es igual que cualquiera. Serena, dueña de sí, capaz y justa en sus apreciaciones
Ya sé que María no se asemeja a ninguna otra mujer… ¿vulgar?, ¿normal?, ¿nuestra vecina del 5º, casada con el marido aquel que es peor que el mío y que el tuyo? Todo lo que nos cuenta María en sus blogs está lleno de poesía fácil mezclada con un cinismo plagiado, mimético, quiere ser mala y le asusta un grito. Es un cinismo, que como todos es doliente. El cinismo siempre expresa dolor, frustración, fracaso, desencanto y una gran y enorme tristeza.
¿Recuerdas a Juan?, ¿al marido de Lorena? Yo lo conocí, siempre temía a los débiles, tal vez porque él mismo lo era.
Normalmente se cree que el mal va asociado a la fuerza, y no es así, casi siempre es lo contrario.
Gritan los débiles.
¿María es débil?
María es especial incluso borracha. Borracha es mejor, eso es fácil de comprender, ¿verdad?, tú lo comprendes, ¿no?
¿Tú te emborrachas, Amiga?, yo no.
¿No me crees?, ¿por qué no me crees?
¿Has comprendido que su alcoholismo no es más que una mera metáfora?, ¿que no es verdadero, que es un llanto, es la escalera de Jacob, la piedra en la que apoyó aquella noche su cabeza, el sueño que la arrebató, el combate que libró con el ángel?
Eso son sus borracheras, el lamento por no haber conseguido comprar la primogenitura a su hermano gemelo. La libertad.
José es ese hermano gemelo que no vendió su patrimonio por el plato de lentejas que le ofrecía María.
María, como todos, como yo misma, tardará años en descubrir que el secreto de la libertad es que no existe tal secreto. No existe la libertad, es un nombre equivocado que denomina otra cosa, el compromiso. Por eso escribía blogs apócrifos y anónimos más que secretos. Cartas sin firma. Creía conseguir esa libertad perdiendo la memoria de su nombre, como una enferma de Alzheimer. Confundía la libertad con el anonimato. Cuando eso sucede se pierde también la capacidad de hablar, por eso su blog anónimo era mudo por más que escribiera. José le permitió hablar, no por primera vez, claro que no, pero sí, al menos, una vez más.
Hablar.
Hablar con alguien.
Y ella habló con José.
"Óigame bien : quiero ser puta, quiero ser rica, quiero ser libre, quiero ser una diosa y una estrella, quiero hacer lo que me dé la gana, quiero estar con los hombres y con las mujeres que desee, quiero decir lo que pienso en cualquier momento y situación, quiero que la gente me vea desnuda, como fui, como soy y como quiero ser, que admire mi talento, que se despierte conmigo, se pervierta y se divierta."”
(La Amiga)
Ese texto que reproduces de ese psiquiatra, Carlos Ranera, en un relato aparecido en el País, no deja a nadie indiferente. Es demoledor, es terrible. Y al leerlo he recordado a muchas mujeres así. Recuerdo mis primeros años en la universidad y en la biblioteca, las veía llegar, no me equivocaba nunca. Todas se movían igual, todas.
“Al principio no vi el gran automóvil que había quedado en la calle con el motor en marcha. Entró en el almacén, brusca, resuelta, y con el aire de autoridad de las lesbianas o de las mujeres adineradas cuando se dirigen a la gente evidentemente pobre, me dijo:
- ¿Qué entiende usted por la naturaleza antinómica de la ironía? O algo por el estilo.
Me miraba con desconcierto, con una franqueza que me hacía sentir incómodo, como si se preguntara qué hacer conmigo.
- Me gusta su manera de citar los versos sobre la ciudad. Usted habla bien el griego. Se ve que es escritor.
- Se ve- le respondí.
- Me gustaría presentarle a Nessim, mi marido. ¿Quiere venir?”
(“Justine” Lawrence Durrell)
Todas tenían ese aire de dueñas del Universo.
María es dueña del Universo.
Es curioso, todas nos comportamos igual.
Todas nosotras somos así.
Así como es María.
“Lo único bueno que pasó por su vida en esos nueve años fue su relación con José. Y ella lo sabe.”
(La Amiga)
Dices que lo único bueno que pasó por su vida fue la relación con José. ¿Ves?, estás enamorada de él, no puedes afirmar una cosa así, “¡¡lo único bueno que pasó por su vida!!”. Tú estás muy segura, pero yo no me atrevo a llegar tan lejos. Parece una frase melodramática. Quizás sea verdad, sus borracheras así lo indican, es posible, pero yo no lo afirmaré nunca. Nadie nunca es lo único bueno. María no me lo ha dicho, ella no afirma eso en nuestras conversaciones de cama. Yo le pregunto, pero ella siempre calla y cuando bebe solamente quiere saber “¿quién es ése?”. Pregunta por su nombre y yo se lo digo, pues al final hay una firma y después de leer sus cartas sé quién es, cómo se llama y dónde vivió, dónde está su sepultura en la actualidad, pero María no me oye, no me escucha y me vuelve a preguntar “¿quién es?”. Y yo me doblo de pena al verla así, toda yo me convierto en algo que no sé cómo llamarlo. Siento tristeza por ella y por mí. Le grito su nombre y me responde otra vez, “¿quién es?”.
Querida amiga, quizás tengas razón, pero eso es lo de menos, no debes decir eso, no debes decirlo nunca. Eso es pecado, y te lo digo yo que peco cada segundo. No digas que fue lo único bueno que pasó por su vida. No lo digas nunca más, ni de él ni de nadie. Perdóname que te hable así, pero debo hacerlo, eres una delicia, eres encantadora, y eres mi amiga. Pero no digas eso de nadie.
Además, ¿qué tiene de malo volverse a casar con el mismo marido?, rectificar es de sabios, ¿verdad?
Y eso que sigue es bonito, no sé si es verdad, pero es bonito eso que afirmas. Yo siempre he desconfiado de los poetas y de los artistas en general, no es gente con la que se pueda convivir, es una desconfianza intelectual, y casi moral, por eso me casé con un hombre rico y algo tonto.
Los artistas siempre van a su aire, hacen lo que les da la gana y luego te dejan colgada por cualquier tontería. Después lloran y se emborrachan como María. Todos los artistas son unos cocodrilos llorones.
Eso que has escrito a continuación es cierto, y creo que es también muy hermoso. Las dos estamos embelesadas, pero me digo a mí misma que no me gusta esa clase de gente, no me puede gustar, no debe de ser bueno alguien del que me puedo enamorar por lo que escribe. No es alguien real. Me lo digo sin estar realmente muy convencida. En todo caso, ya ves, me he casado con alguien que no tiene nada que ver con él. La mayoría de hombres y mujeres hacemos eso siempre, nos casamos con unos mientras amamos a otros.
Dices de José:
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Creo que mi amor por ti nació el mismo día que yo nací. Fue creciendo conmigo, madurando en mi interior, floreciendo. Su aroma se asentó en el perfume perfecto de tu persona, en la música de tus palabras y en el ritmo que marca el latido de tu corazón. Yo siempre estuve enamorado de ti, solamente faltaba el pequeño detalle de conocerte en este cuerpo que Dios ahora te ha dado.
Las casualidades deben también cocinarse. El azar es a veces rápido como la centella y a veces es lento como la marea. Hay que poner a todo el Universo a trabajar para que dos seres humanos se encuentren. Ya sabemos que Dios no hace trampas con sus propias reglas, pero sin alterarlas es capaz de moldear con sus dulces manos la belleza del mundo que nosotros sólo captamos en el brillo de las lágrimas.
Tú y yo hemos sabido ser esas dos gotas que cayendo se han fundido en una.
¿Qué nombre tenías antes?, ¿fuiste mi hija?, o ¿fuiste, en cambio, mi madre?, quizás fuimos unos esposos felices o quizás el azar, esta vez malvado, frustró nuestro amor. No lo sé.
En “Los muertos” de Joyce se cuenta una bella historia muy conmovedora. Todos tenemos alguna así en nuestro corazón.
En “Ciudadano Kane” de Orson Welles, uno de los personajes, ya anciano, también nos narra que de joven, vio en el autobús y por un corto instante, a una muchacha. Ella no lo vio a él. Fueron pocos segundos, ella luego se apeó. Y él nos dice, que desde entonces no ha pasado un solo día de su vida sin pensar en ella, en aquella bonita muchacha que la fortuna le permitió contemplar fugazmente.
Tú eres esa muchacha que ha regresado. No ha pasado un solo día que no pensara en ti, ¿cómo no iba a reconocerte? El caos y la confusión del mundo y la web no eran ningún impedimento con fuerza suficiente para cegar mi visión y mi recuerdo de ti.
Te quiero, María, no quererte no sólo sería una imposibilidad emocional, también significaría un contrasentido lógico.
(“La Nada”, José)
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Madeleine De Cubas dijo
Estoy de acuerdo con Anna: es un pecado decir que alguien fue lo único bueno que nos pasó en la vida, pero eso no impide que sintamos y afirmemos que "es lo mejor". Y sí, también tiene razón en que los artistas son "cocodrilos llorones", pero qué pereza elegir por marido a un tonto rico, sólo para escapar de una persona con sensibilidad.
Qué terrible es enamorarse de un espejismo, y qué difícil derrotarlo. Me da la impresión de que José vive "enamorado del amor", y ese amor que ha idealizado es un fantasma recurrente que parece imposible de ahuyentar.
Nota: Peletero, interesante este capítulo, que nos trae el retrato de un José enamorado irremediablemente de una mujer, que lo deja vacío y sin deseos de más. Interesante, porque en la vida real, sucede, no es sólo en la literatura, como todos sabemos o hemos podido comprobar. Las personas se enamoran de espejismos, de modelos o ideales que fabrican en su mente. No es por casualidad, que el hijo o la hija de un alcohólico, por ejemplo, se tope y elija como pareja, por 3 veces, a un alcohólico. Y no lo digo por dármelas de sicoanalista ni nada parecido. Lo digo, porque constantemente conozco casos así. Pero es que no hay peor "ciego que el que no quiere ver". Y si uno no tiene conciencia de ello y se anima a liquidar a ese fantasma, supongo que se arriesga a terminar como los personajes de esta historia..., refugiado en el alcohol o en el misticismo, o en la triste calma de un marido tonto y rico, o peor, sin dinero y carente de espíritu. Un abrazo.
9 Mayo 2008 | 07:21 PM