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La Coctelera

El peletero

WHAT YOU SEE IS WHAT YOU GET

4 Julio 2008

El peletero/Cartas de una Dama muy seria (1 de 9)

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9 de noviembre

Hoy es el aniversario de Isabel, mi hija. Cumple 12 años.

Recuerdo que los dolores del parto empezaron a media tarde, cerca de las seis o algo así. Yo me encontraba en la redacción del periódico, casi no podía ver los papeles que tenía encima de la mesa, debajo de mi barriga. Era la semana exacta, Isabel llegaba puntual, mi primer hijo, una hembra. Rompí aguas allí en medio, temblando y asustada, sin poder controlarme, y dos compañeras se apresuraron a llevarme al hospital. El mismo director de la sección de economía en la que trabajaba y todavía trabajo se encargó de llamar a Luis, mi esposo. Tenía prisa por que saliera de la oficina.

Me puse de parto nada más llegar. Fue difícil y trabajado, la niña pesaba más de cuatro kilos, parecía tener 12 en lugar de los 9 meses. El médico no quiso hacerme cesárea, decía que yo podía sacar aquella cosa de mi vientre por mí misma. Me gritaba con malos modos que empujara, irritado por tener que decírmelo y enfadado con alguien que sin duda no era yo. Yo lo intentaba, de verdad que lo intentaba, pero me desgarraba entera. El dolor era fiero, insoportable, casi tanto como mi miedo de madre primeriza, como mi angustia ante todo lo que ignoraba, ante ese futuro que también paría junto con mi hija. El médico insistía con el mismo tono brusco, maleducado e impaciente. “Empuja, empuja”. ¿Empujar?, ¿empujar qué? Hubo sufrimiento fetal y la niña estuvo a punto de ahogarse en sus primeras heces, en eso que se llama “meconio”. Cuando se dieron cuenta me abrieron aprisa y corriendo, casi sin contemplaciones, para sacarla de aquel pozo negro que era mi vientre.

A Luis no lo localizaron hasta pasadas las dos de la madrugada, no estaba en la oficina ni en el club. Llegó cuando todo había finalizado, tenía mala cara. Él fue quien llamó a mis padres, que llegaron también en plena noche. Mi madre estuvo tan ocupada riñéndome por no haberla avisado antes que ni siquiera miró a la niña. Le importaba más la abuela que la madre o la nieta. Parte del personal del hospital la conocía y no quería parecer una abuela despreocupada llegando tan tarde. Me hizo quitar la calefacción, dijo que se ahogaba.

Mi boca estaba reseca, tenía los labios agrietados y los dientes doloridos de no poder morder nada. Toda yo lo estaba, reseca, agrietada y dolorida. Y preferí callar.

Por la mañana se hallaban todos muy cansados, así que se fueron a dormir y yo me quedé durante horas sola con Isabel. A ratos la miraba acostada en su cuna, junto a mi cama, y no sabía cuál de las dos estaba más pequeña e indefensa. No regresaron hasta muy tarde. Se pelearon por quedarse conmigo aquella noche, mi padre me miraba en silencio. Los eché de allí.

La niña parecía un cerdito, la verdad es que lo pensé, me dije “mira, has parido un gorrino”.

A la niña no la podía echar de allí.

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Amor mío, sabes muy bien que hasta ahora nadie me ha impedido nunca nada. He sido siempre aquello que he querido ser, y lo que siempre he querido ser es una mujer libre y comprometida. Y pienso seguir siéndolo. Una mujer cabal y responsable, fiel y leal a los míos, no los decepcionaré nunca, no podría. Pero estoy cansada de que la realidad me doblegue; si me obliga, seré yo ahora quien la someta a ella cuando me apetezca, quien la tuerza, quien la manipule, haré lo que me plazca.

Soy un ser libre, por eso mis ojos prestan atención a mi alma, por eso miro y observo el horizonte, por eso me enamoro de los árboles.

Por eso me he enamorado de ti, por eso te veo cuando te miro.

En esta nueva etapa de mi vida que hoy inicio tú serás la parte más importante, el centro de mi universo, la “gigante roja” que me devorará y el agujero negro al que me abocaré sin remisión ni resistencia.

En esta nueva fase que emprendo tú serás el verdadero protagonista, mi Dios, mi Orfeo, pero yo seré también tu dueña, quien vele por ti, quien te cobije, quien te consuele.

Seré tu casa.

Y tú serás la mía.

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servido por el-peletero 12 comentarios compártelo

12 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Sibyla

Sibyla dijo

Preciosas cartas. Sinceras. Palabras que salen del Alma.

¡Qué facil es sentirse solo aun estando rodeados de gente! y qué difícil poder expresarse con naturalidad, sin tener en cuenta lo que los demás pensarán.

Mujer valiente.

Un abrazo.

6 Julio 2008 | 06:55 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Sybila, gracias por entrar en mi casa y dejar en ella tu comentario. Sí, esa mujer parece valiente, sin duda lo es, pero ten cuenta que ese es solamente el primer capítulo de nueve. Pueden haber sorpresas.

Saludos.

6 Julio 2008 | 08:54 PM

Plotí

Plotí dijo

M'ha agradat això que dius "por eso te veo cuando te miro". Espero els nous lliuraments.

6 Julio 2008 | 09:56 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Gràcies per passar per casa meva, Plotí. Ja saps, casa meva és la teva, ho ha estat sempre. Gràcies per ser-hi ja fa més de 35 anys.

6 Julio 2008 | 10:19 PM

pingpong

pingpong dijo

Esto de ser padres es algo a lo que no te enseñan. Hay muchos libros y mucha gente que te aconseja de cómo son ellos. Pero es verdad que muchas mujeres se dan cuenta cuando dan a luz que nada es como se lee y como te dicen y se dan cuenta que eso no era lo que querian. Pero es fantástico darse cuenta de la complicidad que se puede llegar a tener con un recien nacido. Si una quiere, claro.
La segunda parte no sé muy bien de que va pero supongo que iremos viendo.

7 Julio 2008 | 10:34 AM

rincones

rincones dijo

Un parto es una amalgama de dolor y gozo, de miedo e ilusión, y todos esos factores se magnifican en una madre primeriza, a quien todas las amigas le han dado mil consejos y advertencias y le han contado sus respectivos alumbramientos. Pero ella sabe que en el momento de la verdad nada servirá de nada, que la memoria que guarda de los consejos recibidos se diluirá entre contracciones y dolores, que un parto nunca es igual que otro, y que en realidad se enfrenta a lo desconocido. Si algo necesita una parturienta en esos momentos es sentirse arropada por el cariño de su familia, por la amabilidad del personal médico que la atiende, que se le den ánimos que disipen las sombras de las mil dudas y miedos que atenazan su estómago y que ni siquiera quiere expresar en voz alta, como si callar eliminara la posibilidad de que se materializaran.

Y nada de ello tiene la protagonista de la historia. Cuando rompe aguas, el director de la sección en que trabaja se apresura a a aligerar trámites para que salga de la oficina cuanto antes, ofreciéndose para llamar al marido. Ya le ha ensuciado la moqueta o el parquet del suelo al romper aguas, lo único que haría falta es que se pusiera de parto allí y lo pusiera todo perdido de sangre y restos placentarios. Además del show que sería un parto allí en medio, parar el ritmo de trabajo en la redacción del periódico...

El alumbramiento es una verdadera carnicería. Grita el médico, falto de la más elemental humanidad, y grita la mujer. Grita su angustia, su dolor lacerante, un dolor físico y real producido por un desgarro igualmente físico y real que la hace sentir como si partieran su cuerpo por el medio, grita su miedo a perder a aquella criatura ahogada en el meconio, a que tanto sufrimiento solo se vea coronado por otro sufrimiento aún mayor, el peor de todos: la pérdida de la hija que llevó tantos meses en su vientre. Y el médico sigue gritando...

No es difícil imaginar el sentimiento de soledad de la mujer a lo largo de las horas que transcurren desde el parto hasta que empieza a llegar su familia, el miedo a que surja cualquier contratiempo con el bebé y ella, con el cuerpo agotado y destrozado por ese alumbramiento tan doloroso y difícil, no pueda moverse para atenderlo, la sensación de que era preferible la soledad de las primeras horas postparto a la que ahora se le clava cuando tiene a su familia reunida en torno a ella, la frustración, la rabia, las ganas de morder, y no precisamente comida...

Entre todos han matado la ilusión del que debió ser el momento más hermoso de su vida. No es de extrañar que, por un rato, rechace a la pequeña.

La segunda parte de la carta, obviamente escrita años después del momento que rememora la primera, se diría que está dirigida a un amante. No parecen los términos apropiados para emplear con un marido que apareció por la clínica a las dos de la madrugada el día del parto de su mujer, imposible de localizar antes y con el cansancio grabado en el rostro. Más bien parecen las palabras de una mujer enamorada, impregnadas de esa ilusión especialísima de la primera etapa del sentimiento amoroso. De una mujer dispuesta a seguir, tesonera, responsable, los caminos que trazó tiempo atrás, pero también a abrir una nueva vía de servicio en ellos, una vía que parece estar necesitando perentoriamente. Ese nuevo protagonista en su vida, ese nuevo centro de su universo, ese Dios, también ha de ser su Orfeo, el que libere y saque a Eurídice de las profundidades de los avernos. Pero hay avernos que solo tienen una puerta: la de entrada, y se cierra a nuestras espaldas a cal y canto sin posibilidad de nueva apertura.

Ya se verá si lo logra o no...

Petons de dilluns, Pele.

7 Julio 2008 | 12:45 PM

Mantis

Mantis dijo

Coñe, vaya parto!!! yo no soy mamá y no he parido pero por circunstancias X, he presenciado algunos partos. En el primero me caí redonda junto al marido de la parturienta cuando vimos como la daban cuatro tijeretazos. En el segundo me hice la valiente pero.... caí de nuevo. El tercero no sé como fue, me negué a entrar en paritorios y caer de nuevo.
En fin, supongo yo que la epidural en esos años no era algo habitual.

Ren ya ha dicho casi todo de ese parto y de la "humanidad" que respiró ese día. Supongo que esa asignatura se la perdió el médico durante su carrera. Y el marido supongo yo que estaba muy "ilusionado" con ser papá y la abuela de Isabel para darla de comer aparte...

Me gusta esa carta, esa pasión por ese Dios, me recuerdan a una bicha...

Petons

8 Julio 2008 | 07:16 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Me haces reir, Mantis, eres un encanto, un verdadero encanto.

Besos.

8 Julio 2008 | 09:13 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Querido Peletero: Es un capítulo tan convincente, que casi nos has puesto a tus lectoras a parir junto con la mamá de Isabel. Has retratado con fidelidad las pasiones y sentimientos: El dolor, el egoísmo, el miedo, la angustia, el desconcierto y el desamparo. Ese miedo atenazante que alguna vez todos hemos experimentado ante la perspectiva de un futuro desconocido, la inexperiencia que nos hace sentir como si estuviéramos dando palos de ciego, lo expresa la madre de Isabel diáfanamente cuando afirma: "El dolor era fiero, casi tanto como mi miedo, como mi angustia ante todo lo que ignoraba, ante ese futuro que también paría junto a mi hija". Qué diferentes suenan sus palabras a aquéllas que le dirige, supongo que años después a su amante o a la persona que ahora ama. Superadísimo, Peletero, me encanta la serie. Vamos a ver por qué camino nos llevas ahora. Besos.

10 Julio 2008 | 05:56 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Yo solamente he tratado de describir un parto complicado, desde el punto de vista físico y emocional. Cada parto es distinto, cada mujer lo es, cada hijo también. Incluso los médicos, los familiares, el momento, las circunstancias. Y lo que es siempre diferente es lo que cada madre espera de ese “gran” momento. Nunca resulta ser cómo ellas se lo imaginan. Nunca es nada cómo te lo imaginas.

Yo solamente he hecho una descripción de un parto que un día alguien me contó.

Me alegra que te interese la historia, Madeleine.

Muchos besos de tu peletero catalán.

10 Julio 2008 | 11:57 AM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Pues has hecho una descripción magnífica, y le has sacado la buena o la mala vena a los personajes: Cada uno ha quedado retratado en pocas palabras de cuerpo entero. Me encanta cuando te dices mi "peletero catalán" (risas). Así mismo es como te veo. Besos.

11 Julio 2008 | 06:43 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Y así mismo me seguirás viendo. No dejaré de ser nunca, “tu peletero catalán”. Esta denominación es tuya por derecho propio, de nadie más.

11 Julio 2008 | 07:12 PM

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Sobre mí

Si desnudar a alguien no ha sido nunca una actividad baladí, vestirla tampoco lo es y mucho menos cuando la materia prima es algo tan sublime como la piel. Este es el hecho, sin más, y en él nos regocijamos y sobre él nos preguntamos y nos hacemos responsables, hasta las últimas consecuencias. ______________________________________________________________ __________________________________________________________________ Suscribir con Bloglines __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ Blogalaxia __________________________________________________________________ Add to Technorati Favorites __________________________________________________________________

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