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Terra
La Coctelera

El peletero

WHAT YOU SEE IS WHAT YOU GET

2 Septiembre 2008

El peletero/Una vida normal (1 de 6)

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PRÓLOGO

La cuestión fundamental es tratar de responder a la pregunta de por qué permanecí a su lado tantos años soportando su violencia física, verbal y sus arrebatos incontrolados en los que podría haberme matado, esas furias provocadas por esa ira patológica incontenible que le provocaba su fracaso vital. ¿Por qué no la abandoné?, ¿fue ese dinero que me debía?

¿Amor?, ¿lástima?, ¿resentimiento?, ¿rencor?

El dinero es la razón en la que se fundamenta el presente relato. Pero si procuro ser sincero conmigo mismo he de afirmar que todavía no estoy capacitado para responder, quizás nunca lo esté. La narración sigue su propio camino, y en ningún caso es la respuesta a esa adversa pregunta.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

La última bofetada fue de órdago. Con la mano bien abierta, en pleno rostro izquierdo y con toda la fuerza de que era capaz. Me giró la cara, me tambaleé y la mejilla se hinchó enrojecida.

Caramba, pensé, sigue siendo rápida y fuerte, la muchacha.

¿Te ha gustado mi derechazo?, me preguntó amenazante, ¿quieres más? Seguía manteniendo la mano abierta a medio metro de mi nariz, tenía los brazos largos, casi no necesitaba agacharse ni doblar las rodillas o la cintura para tocar el suelo con los pulgares. No era la primera vez que usaba este argumento conmigo, en una ocasión lo acompañó con una izquierda directa a mi hígado que me doblegó. No acostumbraba a dar patadas, no sabía, no era capaz de acertar con los pies ni a una pelota grande, hinchable, de esas de playa, solamente los usaba para andar y para calzarse los zapatos, ni siquiera lograba pisar uva con ellos. En cambio las manos sí que las sabía utilizar y con ellas los brazos y los codos, los hombros también y mucho más los omoplatos y la cintura. Tenía un giro rápido de avispa y lanzaba los puños al igual que escupitajos de bereber adolescente, directos y mortales, de camaleón africano y enfadado. Un buen entrenador hubiera hecho maravillas con aquellas manos que abiertas abofeteaban mejor que los golpes que prodigaba con sus puños de niña.

Ese era su “hándicap”, era todavía una niña, una niña mayor que a pesar de los cuarenta y tantos se quebraba, sus nudillos eran cuchillos de cristal, y a través de su piel podías vislumbrar los huesos de humo congelado que la mantenía derecha. Según cómo, mirarla era extraño y sorprendente.

Era pequeña, pesaba poco y en cualquier somier rebotaba hasta colgarse de la lámpara del techo, se balanceaba desnuda como una monita pelada y me amenazaba con orinarse encima mientras se moría de risa. Se soltaba y yo me hacía a un lado si no quería ver mi pene aplastado por sus nalgas y atravesado por su coxis como si fuera la punta de una flecha de hueso de una apache de cabellos rubios y nórdicos, de piel clara y deslucida.

servido por el-peletero 18 comentarios compártelo

18 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Mantis

Mantis dijo

Mmm.. no sé si esto será una vida normal de las que vemos todos los días, pero este primera parte tiene muy buena pinta.
Ah, a mi me gustan las manos abiertas, con los puños cerrados me da la sensación de que se oculta algo entre ellos, quizás rabia, impotencia, o... no sé, algo encierran los puños...

Petons

2 Septiembre 2008 | 06:55 PM

soyyo

soyyo dijo

¡¡¡Arrea!!!.¿Una deuda?

Veamos, veamos

Saludos.

2 Septiembre 2008 | 07:30 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Mantis, cada uno pega y daña como puede. Los puños se lanzan directos, en perpendicular al rostro del otro y despedidos como un muelle desde tu propio cuerpo, no golpees nunca con ellos como lo harías dando una bofetada, barriendo el aire, si eres diestra, de derecha a izquierda, igual que una ráfaga de viento, técnicamente es un error. El golpe debe ser como un disparo de revolver o como un escupitajo, además de dañar debe ofender.

No, no es una vida normal en el sentido que sea habitual, claro que no lo es, el título solamente es una ironía. Pero algo me dice que es más común de lo que podemos pensar, desgraciadamente me temo que es así.

Me gusta el dinero como a todo el mundo, pero como buen catalán, además, me gusta hablar de él, no creo que sea algo de mal gusto ni tampoco inapropiado entre personas sensibles y educadas.

El dinero tiene una fuerza inaudita porque ahuyenta el miedo, es como una de esas ventoleras que barren la tierra y las montañas limpiándolas de suciedad y broza, normalmente después, aparece el desierto o la gente se vuelve loca, ya sabes que en los países donde sopla constantemente el “viento”, sus habitantes sufren graves trastornos mentales.

Besos.

2 Septiembre 2008 | 08:43 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Sí, Helena, una deuda, todos tenemos de eso, y normalmente cuanto más rico más se tienen, sea de dinero o de cualquier otra cosa.

Saludos.

2 Septiembre 2008 | 08:44 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Interesante, Peletero, porque esta vez no es la clásica mujer humillada a la que un marido abusador suena. Se trata, pues, de que el abusado es él..., que no será lo más corriente, pero que existe y más de lo que uno pueda imaginar. Claro, se sabe menos, porque ellos por mucho que se dejen hundir no van a reconocerlo públicamente. Mayor escarnio a lo que soportan. Pero yo me pregunto si en este caso en el que el ofendido lo aguanta todo por el dinero, las bofetadas de órdago serían físicas o más bien sicológicas. Me inclino por ésta última posibilidad. Las sicológicas son las peores porque además de enrojecer e hinchar las mejillas hacen palidecer el espíritu y aplastan la dignidad. Y para ella, la verdugo, doblemente frustrante, algo que enciende aún más su rabia: Un infeliz que permite que lo vapulean sólo por plata. Es cierto, el dinero tiene una fuerza inaudita porque ahuyenta el miedo, pero cuando el dinero se esfuma con él desaparece esa potencia y no queda sino una caricatura de
un pobre diablo que tenía sólo plata. Un abrazo.

3 Septiembre 2008 | 01:19 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Tienes razón Madeleine, pero yo creo que la plata es una buena razón para partirse la cara a bofetadas, ¿qué otros motivos hay además de ése? ¿El amor?, vaya tontería, ¿no?

El dinero es el instrumento universal de intercambio, igual que lo es una lengua franca como ahora el inglés. El dinero facilita de una manera extraordinaria el canje de cosas y servicios.

El dinero es también una unidad de medida, ¿qué mide?, quizás demasiadas cosas, y demasiado diferentes aunque casi todo el mundo las confunde, el esfuerzo, el coraje, la codicia, las ilusiones, los deseos, los sueños, los triunfos y los fracasos. El dinero también mide el amor, aunque no lo parezca lo mesura y nos da un bosquejo. Digo eso dando por supuesto que eso otro que llamamos el “amor”, no todo el mundo lo entiende o lo vive igual. No creo que Adolf Hitler entendiera por “amor” lo mismo que entendió su esposa Eva Brown y creo que mi prima Mari Pili también entiende algo distinto a lo que yo mismo creo que es el “amor”.

En todo caso el dinero nos cuenta cosas del “amor” porque nos explica a nosotros mismos al explicar la relación que tenemos con él.

El dinero también es una batería en la que almacenamos energía, historia y vida, por eso ahuyenta el miedo aunque su posesión pueda producir obsesión y todavía más miedo.

Cuando se esfuma, es cierto, nos quedamos desnudos, apenas una caricatura, pero mientras no se “esfuma” es que hay “fum”, humo y fuego que lo produce.

Dicen que los cementerios están llenos de héroes, es verdad, hay tantos como en los poemas “dignidad” y “enamorados sin un céntimo”.

Besos.

3 Septiembre 2008 | 07:39 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Querido Peletero: Nadie, pero nadie se deja partir la cara a bofetadas por amor. Créeme. El que lo permita es un tremendo equivocado o símplemente un hipócrita..., porque estoy segura que su motivación es otra: probablemente dinero, cobardía, baja estima, qué sé yo.
Por dinero? sí, por dinero la gente se parte la cara y se la deja partir, ese es un hecho innegable. Y ahí está justamente la diferencia. Esa es la gracia que yo le atribuyo al amor, que a pesar de que a todos, pero a todos nos gusta el dinero, y no obstante todo lo que compra, y su poder que avasalla, y como bien dices, que además sirve de MEDIDA del mismo amor (qué cierta es esa afirmación), el dinero no logra nunca llegar a su altura: el dinero siempre está varios peldaños abajo del amor. Y sabes qué?, no importa cómo se conciba, (y no me refiero sólo al amor de pareja) el auténtico amor es insuperable. Besos.

3 Septiembre 2008 | 08:55 PM

mantis_religiosa

mantis_religiosa dijo

Ayyyy.. madre!!! que yo nunca he pegado a nadie ni me han pegado (ni tan siquiera de niña..) así que no sé las formas de arrear "guantazos", eso sí, sigo pensando que hace menos daño una mano abierta..

Ya veo que esta serie girará en torno al dinero, no he hecho mención de nada más porque esto es el prólogo y por este blog se acostumbra a dejarnso intrigados hasta el final... esa es una buena facultad que personalmente admiro.
Para mi el dinero es como todo, hay que darle su justa importancia, pero eso lo opino yo mismamente..

Y que un beso para todos y para ti molts petons, que me piro unos días a descansar.

4 Septiembre 2008 | 05:52 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Pues que el piro te sea propicio, Mantis, querida, se te añorará. Molts petons per a tú també.

5 Septiembre 2008 | 07:19 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Es cierto, Madeleine, el dinero nunca está a la altura del Amor, es obvio, si lo estuviera, al Amor se le llamaría Dinero. Y viceversa. El caso, es que en numerosas ocasiones coinciden, es extraño, pero es así, lo digo porque siendo tan diferentes casi siempre van cogidos de la mano.

Paris secuestró a Helena, ¿por amor?, eso dicen, quizás por otra cosa. ¿Helena se enamoró de Paris?, ¿sí?, quizás fue otro el motivo. El caso es que se desató una guerra, en la que había mucho dinero en juego, dinero y también poder, orgullo, rencor y dignidad mal y bien entendida. Muchos murieron por su codicia, soberbia, por su envidia, por sus celos, por su arrogancia y petulancia. Después el mundo fue otro. Paris murió y a Helena la encadenaron al carro de Menelao.

Todo hubiera podido terminar bien, pero el amor solamente era una excusa para otras cosas. El único que no estaba allí por dinero era Aquiles, aunque quería ser un inmortal y sabía que para serlo había que morir, mejor dicho, alguien debía matarlo.

¿Paris y Helena se amaban? A él le llamaban tonto y a ella puta.

Petons.

5 Septiembre 2008 | 07:33 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Pues mira, mi queridísimo Peletero catalán: Yo no sé si Paris y Helena se amaban, presumo que sí, quiero creer que así era, aunque la gente les pusiera los membretes que fueran, y que siempre le dan a los amantes, aquéllos que probablemente son los que buscan salvaguardar su agenda de poder, ambición y dinero. Pero en realidad Paris y Helena no fueron ciertamente los héroes de la historia. Como bien dices, el único que no estaba allí por dinero era Aquiles, que naturalmente fue el que terminó muerto: Un héroe más que llenó los cementerios, lo mismo que la "dignidad" y los "enamorados sin un céntimo" que pululan en los poemas. Sería interesante hacerle una apología o un poema de amor al dinero, pero sin ninguna ironía. Tú crees que sería posible? No te parecería más realista? Pero sospecho, que no sería bien acogido: enseguida la mayoría se rasgaría las vestiduras y calificaría el poema de "materialista". Es que parece que es más fácil y más bonito hablar de dignidad y de enamorados sin un céntimo en poesía, a llevarlo a la práctica en la realidad. Besos de una héroe materialista, je, je.

5 Septiembre 2008 | 08:51 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Si los hay dedicados a los atributos sexuales, masculinos y femeninos, al coito, a la buena mesa, a la escatología (los catalanes somos muy escatológicos, decimos “parlem de merda que fa riure i no és pecat”, que traducido quiere decir que: “hablemos de mierda que hace reír y no es pecado”, además la figura principal de nuestro pesebre es el famoso “caganer”, “cagador”, un señor que defeca acuclillado en el campo y que se coloca tras un árbol cerca del establo donde nace Jesús). Así que seguro que también lo habrá dedicado al dinero que no tiene olor y no es de nadie pero todos lo quieren.

Por Navidad coloco uno de esos “caganer” en el escaparate y todos los niños pequeños se paran y lo señalan contentos, “¡¡mira mamá, el caganer!!, Creo que a ellas también les hace gracia.

Saludos.

5 Septiembre 2008 | 09:49 PM

ren

ren dijo

¿Seguro que la cuestión fundamental es tratar de responder al interrogante de por qué el protagonista permaneció al lado de aquella mujer tantos años soportando una violencia de todo tipo?

Yo creo que es una pregunta más retórica que otra cosa, esa pregunta de obligado cumplimiento que uno ha de hacerse de vez en cuando en un vano intento de salvaguarda de la propia dignidad cuando se vive en una situación insostenible. ¿Por qué sigo a su lado? Eso se cuestiona uno intentando convencerse de que en realidad siempre hay un motivo que se escapa a su alcance, y surge precisamente cuando no hay ningún otro que la propia cobardía, el miedo, la indecisión, la costumbre, la falta de motivo.

Puede que el protagonista masculino de esta vida tan normal soportase golpes e insultos e incluso poner en peligro su integridad física por dinero, o por amor, o por lástima, que es un sucedáneo del amor, la prima pobre. Al fin y al cabo,

Como dice Aristóteles, cosa es verdadera:
el mundo por dos cosas trabaja: la primera,
por tener mantenencia; la otra cosa era
por tener ayuntamiento con hembra placentera.

El sustento y el amor sexual son los ejes que hacen mover al mundo, comer carne de la una y de la "otra", vaya; es cierta esta cita que el Arcipreste de Hita hacía del filósofo griego. El dinero es común denominador a ambas necesidades humanas, y a mí no me queda nada que añadir a los exhaustivos comentarios que se han hecho aquí sobre su significación y el papel que juega en las relaciones del ser humano consigo mismo y con su entorno.

Sí, es probable que la respuesta a esa pregunta de principio sea esa: el dinero.

O puede que aguantase todo aquel infierno por amor. Ahí discrepo de nuestra queridísima amiga Madeleine, por amor se soporta todo, absolutamente todo, incluidas las bofetadas en las mejillas y en la dignidad. Largas listas de hombres y mujeres maltratados por sus parejas están de testigo.

O por lástima. Por lástima a veces uno permanece al lado de alguien junto a quien no se estaría ni siquiera por amor, es uno de los mejores cebos que existen para pescar voluntades y querencias.

¿Qué mantiene a un hombre, físicamente más fuerte que una mujercita pequeña y menuda, una monita pelada, bajo el mismo techo de
esta, sujeto a la violencia de sus vaivenes emocionales? Quizás primero el amor, luego el sexo, después la compasión, más tarde la esperanza de recobrar un dinero que ha invertido en esa relación, después una mezcla de todo ello, a la que se añaden rencores y resentimientos, y por último nada, solo quizás la costumbre, la dependencia emocional de la otra persona. Incluso de las situaciones que vive con ella, no hace falta que mencione ahora aquí síndromes como los de Estocolmo y otros primos gemelos. Por último viene la inercia. Pero uno siempre continúa haciéndose la misma pregunta, sin ánimo de hallar respuesta. Quizás sería difícil soportarla, caso de poderla encontrar.

Lo mejor para el protagonista es, pues, limitarse a contar la historia y centrarla en algo, por ejemplo en el dinero. Es un buen punto del que partir , para no tener que llegar.

Petons ya de disabte.

6 Septiembre 2008 | 02:32 AM

soyyo

soyyo dijo

O simplemente la costumbre que mata cualquier ilusión, y se queda uno mirando al cielo a ver si cae algo tan potente que le haga olvidar y reaccionar.

6 Septiembre 2008 | 09:39 AM

ren

ren dijo

Es cierto, Helena, la muerte de la ilusión es el tercer miembro de la trinidad. Dinero-amor-muerte. Rara vez esa trinidad deja de presidir cualquier relación sentimental...

Lo malo es que del cielo nunca cae nada, como no sean grises y lluvias, así que habría que mirar para otro lado en busca de eso que haga olvidar y reaccionar. La pregunta del millón es dónde...

Un besote, guapa.

Otro pa ti, Pele.

6 Septiembre 2008 | 08:15 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

No, mi queridísima Ren: por amor lo aguantamos todo, bofetadas y humillaciones, siempre y cuando que esas ofensas NO vengan de la persona que amamos. Si éste es el caso, insisto NO puede ser amor..., es una deformación de lo que se cree que es el amor, una caricatura pero eso no es amor. Nunca he creído que el masoquismo tenga nada que ver con él. Yo lo llamaría codependencia, estima baja, miedo, absurdo empecinamiento o cualquier otra cosa que se os ocurra. Pero donde no hay respeto y admiración mutuos es imposible que haya amor. Esa es mi humilde opinión. Besos.

7 Septiembre 2008 | 06:23 AM

Daniela

Daniela dijo

¿Y qué más podría aportar a tan valiosos y completos comentarios? No se ha dejado nada sin nombrar y creo en los adictos y co-adictos a las miserias cuando éstas se hacen costumbre.
El dinero. ..sin dinero somos débiles casi inexistentes y es esa la cruda realidad.

Una única vez en 39 años le pegué una cachetada como la que describes a un hombre que amaba ....puedo decirte que el dolor que sentí en el alma se asemejó al estallido de un espejo sobre mi cabeza.Una sensación, terrible.
Seguiremos leyendo

Besotes

7 Septiembre 2008 | 08:05 AM

ren

ren dijo

Mi querida Made, me lo he pensado mejor y creo que me retracto y te doy la razón. Conozco personas que en nombre del amor lo han soportado todo, en un caso concreto incluso palizas, siempre pensando que algo podría cambiar alguna vez, incapaces de soportar la idea de separarse de quien solo las despreciaba y humillaba. Pero cuando amar a otro no permite amarse y respetarse a sí mismo como es debido deja de ser amor para convertirse en una pulsión de otro tipo, es cierto.

Se puede querer sin ser correspondido y perseverar toda la vida en ese sentimiento, pero cuando el comportamiento de la otra persona deja de hacerle acreedor al respeto y la admiración que constituyen la base de cualquier sentimiento amoroso, eso deja ya de ser amor para convertirse en obsesión. Y el caso que nos ocupa, los personajes de esta historia, el que se supone que debió de unirles al principio ha derivado hacia otra cosa: dependencia, inercia, costumbre...

Besos, linda.

7 Septiembre 2008 | 07:24 PM

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Sobre mí

Si desnudar a alguien no ha sido nunca una actividad baladí, vestirla tampoco lo es y mucho menos cuando la materia prima es algo tan sublime como la piel. Este es el hecho, sin más, y en él nos regocijamos y sobre él nos preguntamos y nos hacemos responsables, hasta las últimas consecuencias. ______________________________________________________________ __________________________________________________________________

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