El peletero/Glosses: converses amb una sargantana (16)
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20 de juny
Estimada sargantana, no sabia que t’agradava la literatura japonesa. Només arribar m’has citat una frase de la novel•la de Haruki Murakami, “Tokyo Blues”. Dius que diu:
“-Hi ha dues menes de persones: les que són capaces d’obrir el seu cor als altres i les que no. Tu et trobes entre les primeres. Pots obrir el teu cor sempre que ho vols fer.
-I què succeeix quan l’obres?
-Que et guareixes.”
No sé que t’he de respondre, sargantana, jo ja estic cansat de tantes obertures i de tant llenguatge “manit”. Pensa en les “Cartes d’una Dama molt seriosa”, si s’hagués dedicat, como tu demanaves, a escriure missives únicament romàntiques cauria, una vegada més, en el gran error de creure que el sexe és conseqüència de l’amor i no a l’inrevés. Això és així perquè el sexe és també, como l’amor, ampli i variat, gran i extens. Si escriguis cartes romàntiques el sexe romandria agotnat rere la cantonada per saltar-li al damunt al passejant despistat i robar-li els seus diners.
Ella fa trampa, i la fa perquè no té cap amant de debò. És imaginari, però el sexe que practica amb ell és poderós i fort. No fa servir eufemismes, per què?, per qui? Les descàrregues elèctriques i emocionals són demolidores, satisfactòries i contundents.
El conte és també una paràbola sobre la incomunicació humana, i molt més sobre l’amorosa i no cal dir que matrimonial. A la parella moderna irremediablement se li exigeix aquest streaptease espiritual. És obligat, els enamorats es despullen, ho han de fer, físicament i anímica.
Si m’estimes mostrem la teva ànima.
Si m’estimes tu, no em demanis que te la mostri, aquest és el contra argument.
D’aquí passem al mite del secret. Per a ser algú en aquest món hem de tenir un secret. Alguna cosa terrible, de ressonàncies mítiques i profunditats psicològiques inescrutables, de passats perduts, de guerres i de batalles sanguinolentes.
De grans novel•les de tant sols dos personatges, tu i jo. O bé, ell/ella i jo.
Passats íntims, fermentats en la penombra de les alcoves i les tardes de pluja.
Tots tenim dret a un bon desastre, a una esplèndida derrota, a un gran captiveri i a una millor travessa del desert. Esperant sempre l’èxode alliberador.
Una bona ànima turmentada es cotitza bé en el mercat de “l’amour”.
Aquest secret, evidentment, es cultiva igual que es cuida un jardinet. Això és el que fa la nostra Dama. És el seu pati de darrera, una cosa que no fa mal a ningú, son els seus petits testos que li permeten seguir vivint amb tota naturalitat. Inclòs a aquest amant imaginari li conta les incidències del dia a dia, elles donen força al seu ímpetus i desig sexual. Amb elles, amb aquesta pura quotidianitat assoleix un entramat versemblant i tant possible com probable. Al mateix temps aconsegueix ser fidel a la seva declaració de principis i continuar estant compromesa amb els seus. Solsament així no arriba a trair a ningú, només a la realitat, però aquesta no compta.
Les cartes son desmesurades, en el millor del sentits, perquè una de dos, o s’escriuen només per una sola persona, o no van dirigides a ningú com succeeix en el conte si el conte fos cert. Algun cas hi haurà, segur que sí.
Després d’escoltar-me amb atenció em dius que ambdós textos, el quotidià i el sexual són iguals. Així és, sí, tècnicament i literària són la mateixa cosa. Com els programes televisius de gastronomia i bricolatge, com les fotografies dels nadons nus, o com un bon pollastre al forn.
Com els atles de Zoologia o els manuals per arribar a ser un bon jugador de billar.
“Què és el billar?”, em preguntes. Un joc que es juga amb unes boles i un pal d’amunt d’una taula entapissada de moqueta verda, et responc, es tracta d’anar fent caramboles entre les boles amb el pal, o introduir-les en uns forats que tenen les taules.
Em mires sense comprendre del tot el que t’acabo de dir.
“Això també és una altra manera que teniu els humans de practicar el sexe?”, insisteixes en saber.
Mmmm..., sí, també ho és, en el fons gairebé tot ho és.
TRADUCCIÓ AL CASTELLÀ
20 de junio
Querida lagartija, no sabía que te gustaba la literatura japonesa. Nada más llegar me has citado una frase de la novela de Haruki Murakami, “Tokyo Blues”. Dices que dice:
“-Hay dos clase de personas: las que son capaces de abrir su corazón a los demás y las que no. Tú te encuentras entre las primeras. Puedes abrir tu corazón siempre que lo deseas.
-¿Y qué sucede cuando lo abres?
-Que te curas.”
No sé que responderte, lagartija, yo ya estoy cansado de tantas aberturas y de tanto lenguaje “manido”. Piensa en las “Cartas de una Dama muy seria”, si se hubiera dedicado, como tú pedías, a escribir, misivas únicamente románticas caería, una vez más, en el gran error de pensar que el sexo es consecuencia del amor y no al revés. Eso es así porque el sexo es también, como el amor, amplio y variado, grande y extenso. Si escribiera cartas románticas el sexo permanecería agazapado detrás de la esquina para saltar encima del paseante despistado y robarle sus dineros.
Ella hace trampas, y las hace porque no tiene ningún amante real. Es imaginario, pero el sexo que practica con él es poderoso y fuerte, no usa eufemismos, ¿para qué?, ¿para quién? Las descargas eléctricas y emocionales son demoledoras, satisfactorias y contundentes.
El cuento es también una hipérbole y una parábola sobre la incomunicación humana, y mucho más sobre la amorosa y matrimonia. En la pareja moderna irremediablemente se exige ese striptease espiritual. Es obligado, los enamorados se desnudan, se deben desnudar, física y anímicamente.
Si me quieres muéstrame tu alma.
Si me quieres tú, no me pidas que te la muestre, ése es el contra argumento.
De ahí pasamos al mito del secreto. Para ser alguien en este mundo debemos tener un secreto. Algo terrible, de resonancias míticas, y profundidades psicológicas inescrutables, de pasados perdidos, de guerras y de batallas sangrientas.
De grandes novelas de sólo dos personajes, tú y yo. O bien, él y yo.
Pasados íntimos, fermentados en la penumbra de las alcobas y las tardes de lluvia.
Todos tenemos derecho a un buen desastre, a una espléndida derrota, a un gran cautiverio y a una mejor travesía del desierto. Esperando siempre el éxodo liberador.
Una buena alma atormentada se cotiza bien en el mercado de “l’amour”
Ese secreto, evidentemente, se cultiva igual que se cuida un jardín. Eso hace nuestra Dama. Es su patio trasero, algo que no hace daño a nadie, son sus macetitas que le permiten seguir viviendo con toda naturalidad. Incluso a ese amante imaginario le cuenta las vicisitudes del día a día, ellas dan fuerza a ese ímpetu y deseo sexual. Con ellas, con esa pura cotidianidad consigue un entramado verosímil y tan posible como probable. Al mismo tiempo consigue ser fiel a su declaración de principios y continuar estando comprometida con los suyos. Solamente así no llega a traicionar a nadie, solamente a la realidad, pero esa no cuenta.
Las cartas son desmesuradas, en el mejor de los sentidos, porque una de dos, o se escriben solamente para una sola persona, o no van dirigidas a nadie como sucede en el cuento si el cuento fuera cierto. Algún caso habrá, seguro.
Después de escucharme con atención me dices que ambos textos, el cotidiano y el sexual son iguales. Así es, técnica y literariamente son iguales. Son descriptivos y pormenorizados. Como los programas televisivos de gastronomía y bricolaje, como las fotografías de los bebés desnudos, o como un pollo al horno.
Como los atlas de Zoología o los manuales para llegar a ser un buen jugador de billar.
“¿Qué es el billar?, me preguntas. Un juego que se juega con unas bolas y un palo encima de una mesa tapizada de moqueta verde, te respondo, se trata de ir haciendo carambolas entre las bolas con el palo, o introducir las en unos agujeros que tienen las mesas.
Me miras sin comprender del todo qué te acabo de decir.
“¿Eso es también otra manera que tenéis los humanos de practicar el sexo?”, insistes en saber.
Mmmm..., sí, también lo es, en el fondo casi todo lo es.





ren dijo
El cuento es una hipérbole y una parábola sobre la incomunicación humana, y mucho más sobre la amorosa y matrimonial, decías. Esa incomunicación es indudablemente la plaga que asola cualquier matrimonio, pero para evitarla es imprescindible algún tipo de striptease espiritual, ¿no crees, Pele? Me ha encantado esto:
"Si me quieres muéstrame tu alma.
Si me quieres tú, no me pidas que te la muestre, ése es el contra argumento."
Es cierto, si me quieres no me fuerces a hacer algo contra mi voluntad.Para ser sincera, a mí eso del "muéstrame tu alma" me ha parecido siempre una solemne cursilada, qué quieres que te diga, y además creo que cada cual ha de tener su espacio personal, su sancta sanctorum privado, pero de ahí al ostracismo anímico va un trecho.
Sin una cierta apertura es difícil construir cimientos sólidos en una relación; supongo que la piedra filosofal está en hallar ese punto en que se equilibran las necesidades de uno y otro miembro de la pareja a ese respecto, en ese estriptease lo suficientemente velado para quien lo hace y revelador para el que mira.
Y no debe de ser tan fácil, porque la mayoría de los matrimonios se rompen por ahí, por la falta de comunicación, por el desconocimiento mutuo. Como roto está ese tan aparentemente feliz y bien cimentado, para quien lo contemple desde fuera, de la Dama. Si para ser alguien en este mundo hay que tener un secreto, ella lo tiene: su correspondencia con un amante imaginario. Los textos sobre cotidianeidad y sobre sexo no solo son técnica y literariamente iguales, sino además complementarios. Dando rienda suelta a su desbordante sexualidad sin ningún tipo de ambages, sin tapujos ni eufemismos, la Dama queda libre para cumplir sus compromisos, esa declaración de principios que hace desde el comienzo de su correspondencia con el amante imaginario. Esa desmesura, esas
descargas eléctricas y emocionales demoledoras, satisfactorias y contundentes, son los puntales que afianzan y sostienen su rol de eficiente trabajadora, madre y esposa. Y su rol de mujer, de mujer a secas, de mujer plena.
Pero creo que aún tiene otra macetita en su jardín secreto, otro secreto más, esta vez sí de resonancias míticas, y profundidades psicológicas inescrutables, de pasados perdidos, de guerras y de batallas sangrientas, algo terrible, un buen desastre, una espléndida derrota, un cautiverio y una travesía en el desierto con posible éxodo, pero no liberador. Esa mujer brillante, exitosa periodista, sostén de su casa, de su familia, del éxito profesional de su marido, cuando se mira por dentro ve lo que, al levantarse, contempla a través de su ventana casi al amanecer: la fatiga de la ciudad, su cansancio, sus sueños y gritos sobrecogidos y acallados, los tristes, desvaídos y fantasmales claroscuros que desprenden las cloacas y subterráneos, que son los que proyectan nuestras propias cloacas y subterráneos, esos que nos recorren por dentro.
Esta mujer luchadora está dispuesta a dejar de serlo, de ser mujer, a conformarse con convertirse únicamente en un casacarón vacío.
Ahí tienes una buena alma atormentada, creo.
Petons, amic.
¿Dices que el sexo es consecuencia del amor, y no al revés? ¿Eso quiere decir que el amor es consecuencia del sexo, que nos enamoramos e "inventamos" el amor solo para poder justificar nuestras pulsiones sexuales? Ummmmm....
12 Octubre 2008 | 06:40 PM