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La Coctelera

El peletero

WHAT YOU SEE IS WHAT YOU GET

3 Noviembre 2008

El peletero/El tiempo/Anteayer (1 de 4)

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Hace un par de días, anteayer, hube de tomar una decisión, no me gustó, pero era necesario tomarla.

Debía emprender un viaje. Había llegado una carta, una de esas que viene de lejos, dando malas noticias. Cuando digo una carta me refiero a un correo electrónico. Era de mi ex-mujer. Hubiera podido llamarme por teléfono, pero supongo que debió de temer oír mi voz y abrirme la suya con su inconfundible tono.

Había muerto mi hijo, bueno, el mío no, el suyo. Yo nunca he sido padre excepto cuando ejercí de ello, más o menos, sin serlo. El niño tenía uno de verdad, un buen padre, pero le quedaba lejos cuando compartió mi vida junto con su madre durante unos años.

En aquella época era apenas un niño, pero ahora había cumplido los 17, todo un muchacho ya cuando falleció de leucemia hace un par de meses, según me contaba ella en el correo.

Yo no había sabido nada de su enfermedad que duró tres largos años, y menos de su rápida y supongo que triste agonía. Nadie me había comunicado nada y yo tampoco había hecho el más mínimo esfuerzo por saber de sus cosas. Desde que se fueron él y su madre se terminó la comunicación.

En realidad no era mi hijo, ya lo he dicho, aunque durante algún tiempo me gustó pensar que sí lo era. Él tampoco me escribió y nunca me llamó, ni siquiera para felicitarme en mi cumpleaños. El correo solamente me comunicaba su muerte acaecida ahora hace dos meses, según ella dice. Cuenta también alguna de las circunstancias, algún detalle tangencial y penoso y el entierro en su correspondiente cementerio, nada más. Era escueto y frío como esa misma muerte de la que me hacía partícipe. Era más áspero que el comunicado de desahucio de un juzgado.

Eso pretendía con sus palabras, pero creo que había en ellas escondido un grito ahogado, una llamada de socorro.

Le respondí en su mismo tono, lamentando lo ocurrido y alguna frase más de carácter educado, y apuntando también ligeramente a algún lejano recuerdo, más en el estilo que corresponde en estos casos que tratando de darle algún aire cálido, afectuoso o al menos cariñoso.

Sin embargo he decidido ir. Nadie me lo pide y nadie espera que haga tal cosa. Nadie saldrá a mi encuentro o aguardará mi llegada en el aeropuerto. Nadie. Pero he decidido que debo subirme a ese avión. Nadie me esperará. Nadie lo sabrá. Será un viaje estrictamente privado, íntimo y solitario. Casi anónimo.

Deberé encargar luego unas flores que yo mismo llevaré al cementerio, a su tumba, con un lema bordado en oro sobre fondo morado. Dirá escuetamente algo obvio y cursi, tal vez algo que un día creí que podía durar siempre, pero que luego no fomenté ni continué por culpa de mi orgullo, que siempre se ha escudado en la pereza o en la vergüenza mal entendida. La supuesta hostilidad de mi ex-mujer, su madre, no es una excusa válida ni suficiente para explicar mi pasividad y casi diré que mi cobardía. “Tu amigo que te quiere – mi nombre de pila y mis dos apellidos-”, ésa será la corta frase. Corta y quizás exagerada, pero necesaria para recomponer pobre y tardíamente una dignidad perdida.

servido por el-peletero 13 comentarios compártelo

13 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Otra persona

Otra persona dijo

A veces Peletero hay que hacer cosas verdaderamente tristes. Pero hay que hacerlas.
Saludos.

4 Noviembre 2008 | 12:35 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Helena, sin duda es así, eso pretende hacer el protagonista del cuento, aquello que es ineludible aunque sea triste.

Saludos.

4 Noviembre 2008 | 05:04 PM

Otra persona

Otra persona dijo

 :)

4 Noviembre 2008 | 05:21 PM

yin-san

yin-san dijo

Amigo peletero, a veces el "pasado" regresa a recordarnos y recapitular para no retomar aquel camino que nos alejó y desvió al camino al que estamos hoy.

7 Noviembre 2008 | 02:12 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Yin-san, me alegro de verla de nuevo en mi casa. Tiene razón en eso que dice, pero… ¿se puede rectificar?, ¿desandar el camino y regresar allí, a aquel cruce que tomamos por error?

¿Es posible?, ¿cómo?

Saludos.

7 Noviembre 2008 | 01:09 PM

yin-san

yin-san dijo

Querido peletero, pues no se puede desandar y llegar ahi de nuevo. La forma correcta para rectificar es la de aprender del pasado, creo que es simple. Las situaciones no se repiten por lo mismo creo que nos queda el tratar de absorber lo basico de eso para hacerlo aplicable no solo a una sino a la mayoria de situaciones, las cosas se van por algo, simples razones inexplicables que da la vida. Porque al final pues asi es la vida no ?

7 Noviembre 2008 | 10:24 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Pues yo no sé, Peletero, a qué juegan estos dos personajes. Dicen que lo "cortés no quita lo valiente". La muerte de un ser querido tan importante para la mujer del protagonista y para él mismo aunque ella se lo haya comunicado de una manera tan áspera, merecería en mi opinión, algunas frases cálidas y de apoyo que precedieran el magnífico gesto que el hombre tuvo después con la que fue su mujer, al hacerse presente en el funeral. A mí me parece que hay situaciones que ameritan una respuesta noble e independiente de la actitud de los otros. No estoy de acuerdo en los desquites ni en los resentimientos en ciertos momentos y circunstancias. Un beso.

7 Noviembre 2008 | 11:15 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Sí, así es la vida, Yin-San, perdone la broma, pero yo pensaba que usted tenía una manera de desandar el camino. Intentaremos aprender y no volver a tropezar con una piedra parecida, porque con la misma tropezaría con gusto cada día. Lo bueno no es rectificar, lo malo es no poder volverme a equivocar.

Saludos.

8 Noviembre 2008 | 06:07 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Madeleine, los dos personajes del cuento no juegan a nada, creo. Ella le comunica la muerte de su hijo dos meses después de haberse producido, y lo hace, según manifiesta él mismo, de una manera tan fría como el desahucio de un juzgado. El funeral ya ha tenido lugar, así pues no puede asistir.

Él también nos cuenta, que, según su parecer, en ese frío mail, hay escondido un grito ahogado, una llamada de socorro. Quizás no sea así y esté equivocado.

¿Por qué esa madre tarda dos meses en comunicar la muerte de su hijo al que fue su esposo o compañero durante un tiempo?, ¿por qué lo hace usando un mail y no lo llama por teléfono?

No lo sabemos. Él solamente nos cuenta que cuando se fueron terminó la comunicación entre los tres.

Él no es el padre, así pues no está obligado legalmente a nada. Muchos matrimonios deben hacer el enorme esfuerzo de tolerarse y seguirse viendo a causa de los hijos. Los dos desearían con toda su alma borrar de su mente y de su tiempo al otro, pero están condenados de por vida a mantener un contacto por pequeño que sea. Los hijos que tuvieron juntos los siguen manteniendo unidos aunque se odien.

No es el caso. El silencio total sigue al adiós.

Nuestro personaje también nos confiesa su cobardía por no haberse esforzado en mantener el contacto con el niño aunque fuera en la distancia, y en una pequeña medida también, se lamenta y se queja que el niño no hiciera lo mismo, aunque lo pueda disculpar precisamente por ser un niño.

Nadie dice estar de acuerdo con los desquites. Ni siquiera los jueces que imparten sentencias.

Yo tampoco estoy de acuerdo que las personas que sufren una enfermedad mental no reciban atención médica, y aunque eran otros tiempos, me alegro mucho que Don Alonso Quijano saliera de su casa cabalgando Babieca y acompañado de Sancho, y que deambulando por aquí y por allí, terminará en las playas de Barcelona, derrotado por última vez.

Gracias a esa derrota recuperó la cordura, y como no podía ser de otra manera, una vez recuperada, falleció. Pero eran otros tiempos.

Saludos.

8 Noviembre 2008 | 06:11 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

A ver querido Peletero, la historia dice que la noticia, o más bien el comunicado, porque era más ésto que otra cosa, era "escueto y frío" y era tan áspero como el comunicado de desahucio de un juzgado..., y sin embargo, el hombre percibió un llamado de socorro en él, un grito ahogado de dolor. Por supuesto, que lo había, querido Peletero, porque el hijo legalmente no era de él, la comunicación entre ellos se había interrumpido hacía ya años, el chico llevaba enfermo 3 años y según entiendo ahora, el funeral se había efectuado hacía dos meses, entonces a qué hacer partícipe a este pobre hombre de una muerte tan dolorosa para ella e inclusive para él, que aunque no fuera el padre, sí estaba ligado al chico sentimentalmente? Una nueva bofetada por parte de ella? Una llamada de auxilio? Un acto de miedo, de cobardía? A qué jugaba? Y él, en mi opinión más noble, en lugar de contestarle con unas palabras cálidas, toma un avión para ir a llevarle al muerto una ofrenda al cementerio, pero sin que ella se entere. Claramente, un gesto que sólo denota un lazo de cariño entre él y el chico, al que consideró como su hijo. Por eso mismo preguntaba que a qué jugaban estos dos personajes, a manifestarse una cruda indiferencia, cuando por dentro probablemente todavía hierve en ambos un volcán?

8 Noviembre 2008 | 06:34 PM

el-peletero

el-peletero dijo

No lo sabemos, Madeleine. Él cree percibir esa llamada de socorro, ese grito ahogado. Quizás ella ni siquiera pensaba en un primer momento comunicarle nada, porque eso es, es cierto, es un simple comunicado, nada más. Tal vez luego se retracta y quiera rectificar y piensa que él debe saber de la muerte del muchacho, que tiene derecho a saberlo. Quizás espera que esa carta propicie algo, dé lugar a algo, que su respuesta le permita a ella escribirle de nuevo, reiniciar algo, quizás ni ella lo sabe. Nosotros tampoco.

Pero también es posible que él esté totalmente equivocado y no haya ningún grito ahogado, ninguna llamada de nada, ni ahogada ni suplicante. Solamente un comunicado, nada más, y que al hacerse al cabo de dos meses le permite a ella dotarlo todavía de más frialdad. Como si ella le estuviera diciendo: “tienes derecho a saberlo, pero no a venir a su entierro, por eso te lo digo pasados dos meses, ni siquiera te comuniqué su enfermedad”.

No lo sabemos, Madeleine, no somos Dios, sólo conocemos las palabras de él.

¿A qué juegan?, ¿a qué crees que juegan? La vida es también una cuestión de protocolo, unos van delante y otros detrás. A unos se les hace saber ciertas cosas y otros ignoran incluso cómo te llamas. No todos pueden sentarse al lado del conductor y ser su copiloto. Por cierto, el del copiloto es el asiento más peligroso.

Saludos.

8 Noviembre 2008 | 07:11 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

El del copiloto es el puesto más peligroso, no te quepa duda. No sabemos lo que cruza por la cabeza y el corazón del piloto. Por eso debemos tratar en lo posible ser nosotros los que dirijamos la nave..., los que tengamos la sartén por el mango, aunque no lo parezca, no crees? Un beso.

11 Noviembre 2008 | 07:02 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Madeleine, donde manda capitán no manda marinero. Y todos queremos tener el “mando” del televisor.

Besos.

12 Noviembre 2008 | 02:00 PM

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Si desnudar a alguien no ha sido nunca una actividad baladí, vestirla tampoco lo es y mucho menos cuando la materia prima es algo tan sublime como la piel. Este es el hecho, sin más, y en él nos regocijamos y sobre él nos preguntamos y nos hacemos responsables, hasta las últimas consecuencias. ______________________________________________________________ __________________________________________________________________ Suscribir con Bloglines __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ Blogalaxia __________________________________________________________________ Add to Technorati Favorites __________________________________________________________________

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