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Terra
La Coctelera

El peletero

WHAT YOU SEE IS WHAT YOU GET

20 Noviembre 2008

El peletero/El tiempo/Ayer (y 4)

______________________________________________________________________________ ______________________________________________________________________________ Exceptuando las ideas -ella no tenía demasiadas- su caso parecía que era un buen cóctel de todo eso, una mezcla confusa. Pero no era exactamente así.

Una vez me dijo: “has robado mi nombre, no sé quién soy”

“¿Y cómo crees que he hecho tal cosa?”, le pregunté.

“Hablando por mí, enmudeciéndome”, me respondió con su extraña capacidad de sonreír sin iluminarse.

Yo nunca he hecho tal cosa, te confundes, le dije, simulando una caricia con mi mano, intentando una  que nunca iniciaba y que siempre le prometía, pero que nunca terminaba porque nunca empezaba. Era uno más de mis gestos, una manera de hacer sombra, de tapar la luz, la luz de la lámpara del salón, de la mesita de noche de la alcoba, las luces esas que viven de la oscuridad de las habitaciones, esas luces que habitan en las casas donde vive la gente.

Mi mano la tapaba. Tapaba la luz, o alguna clase de luz, esa que rebota en las paredes, esa que brilla como luciérnagas o cerillas que se apagan. Chispas y destellos. Mi mano tapaba el fulgor, que no la claridad, y ella no sabía refulgir, apenas pestañear, y pensaba que yo era su noche.

Mi asesino barato cumplió con su obligación profesional y me mató. Lo hizo al salir de uno de los ascensores del hotel, al llegar al rellano de mi habitación, al abrirse las puertas automáticas, al mirar al frente, al ver la pintura aquella de la pared del otro lado, del otro lado que había en la pared de enfrente, la que había tras su espalda ancha, un desnudo amarillo recostado entre sábanas rojas y oscuras por la falta de luz, y porque todavía no era de noche. Todavía no aunque casi sí.

Acertó. Era fácil hacerlo a medio metro de distancia.

Usó un revólver como yo le había pedido, no me gustan las pistolas, tienen un ruido de saco terrero cayendo, en cambio el estampido de los revólveres es más metálico, algo más gutural. Si la bala no acierta contigo parece un grito asustado. Si te hiere no lo oyes, como si te hubieras quedado sordo, pero si te mata es el estruendo de un sol hinchado de helio. Un globo de nada explotando en algo. Creo que explotando ayer.

Ayer.

Todo sucedió ayer.

Soy bueno preparando trampas, mi asesino fue una de ellas, no sé si la mejor pero sí la última. Hube de esmerarme, mi vida era lo que colgaba del anzuelo.

Mi vida fue un billete que ella compró, un pasaje que ella tomó. Fue su decisión, era su viaje.

Yo escribo de una manera rara, pueden parecer extrañas las cosas que digo y que relato. De ellas alguien puede llegar a conclusiones equivocadas. Es su responsabilidad y es consecuencia de su capacidad para interpretar lo que se cuenta, y lo que se cuenta lo cuento yo. Yo cuento lo que quiero y lo que quiero es contar lo que yo quiero.

Hubo un juicio un tiempo después. Ella fue sospechosa de ser la inductora de mi muerte, pero la absolvieron por falta de pruebas. Con ello consiguió algo que no puedo explicar pero que sospecho. Creo que sé qué es, pero es algo que no tiene nombre, no porque no lo tenga y sí porque no se puede nombrar, no hay boca que sea capaz ni tampoco ningún cerebro competente que la pueda imaginar, edificar y erigir. Nadie puede decir tal palabra en voz alta para que todos la oigan, no es posible, no puede ser, hay que morir ocho veces y media, creo, para tener tal potestad, y ni siquiera Dios ha muerto tantas.

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15 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Helena

Helena dijo

Quizás Peletero en honor a la verdad, al ninguneo y a eso que el personaje de sus post no quiere nombrar, la justicia hizo justicia.

Saludos

23 Noviembre 2008 | 06:16 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

El le robó a ella el nombre, y ella furiosa al perder su identidad quiso matarlo..., él al saberse culpable arregló su propia muerte para que de esa manera ella recuperara lo que él sabía que le había robado..., pues sí, probablemente como dice Helena la justicia hizo justicia. Un beso.

23 Noviembre 2008 | 07:19 PM

rincones

rincones dijo

En el capítulo anterior se decía:

"Necesitaba matarme y sin ella saberlo le puse delante al hombre adecuado."

No era un deseo, era necesidad lo que esa mujer tenía de matar a su marido. El rencor, la codicia, el miedo, generan ansias de matar, pero necesidad... Tiene que haber algo más que motive eso, y creo que la clave está en este diálogo:

"has robado mi nombre, no sé quién soy”.

“¿Y cómo crees que he hecho tal cosa?”, le pregunté.

“Hablando por mí, enmudeciéndome”, me respondió con su extraña capacidad de sonreír sin iluminarse."

Su marido no solo la enmudece hablando por ella,el hombre que sabía gesticular también la oscurece
. Y lo hace tapándole la luz, cualquiera que, al rebotar en las paredes, pudiera iluminar la sonrisa mate de su mujer, su piel, sus ojos con la mirada más triste del mundo. El lenguaje gestual, como te decía en otra ocasión, tiene la facultad de dominar, influenciar y manipular al oyente, y así parece haber sucedido en el caso de este matrimonio. Y ella ha perdido su identidad... O quizás nunca la tuvo, ni identidad, ni luz ni corazón. Saber si a ese estado ha llegado tras el matrimonio o ya existía antes ayudaría a crear juegos de perspectivas en este caso, sobre todo a la hora de entender la actitud del protagonista masculino y los motivos de la de su mujer, pero no cambia los hechos, y los hechos son que ella necesita su muerte. ¿Por qué? Probablemente porque quiere recuperar su nombre, y la única manera posible que ve de ello es matar a su ex, poderse quedar con lo que él no le dio: a su abuela, unos recuerdos, destruir al que tenía en su voz y en su mano el poder de anularla, de oscurecerla. Codicia , rencor y miedo le dan la mano a esa necesidad de recuperar o quizás descubrir una identidad, puede que de venganza.

Y él la ayuda. Deja que un asesino sin imaginación y de pocos recursos le proporcione una muerte gris, totalmente falta de épica. ¿Por qué? Hasta podría pensarse, recurriendo a un romanticismo novelesco, que por amor, por resarcir a su mujer de cuanto ella perdió en ese matrimonio fallido. O por todo lo contrario: por odio a ella, para verla implicada en la muerte de alguien que seguramente empezó amándola, siendo un buen padre, para luego renegar cínicamente de todo ello y terminar por fingir un amor que en realidad no existía. O por miedo, miedo a esa falta de luz en ella, a su falta de corazón , a eso que, ocupando su lugar, se oía dentro de ella, aquel río subterráeo, eso que no se puede nombrar con palabras y que aun viviendo en otra ciudad, lo habría perseguido.

besos, Pele.

Sobre lo que habla el presonaje sobe responsabilidades, creo que corren a cargo tanto del que lee como del que escribe.

24 Noviembre 2008 | 03:02 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Helena, seguramente es así, pero yo no sé de ninguna justicia que nos sea la humana, esa que se encuentra en las leyes y que imparten los jueces.

La esposa fue acusada de instigar el asesinato. Tuvo lugar un juicio que la absolvió por falta de pruebas. Pero nosotros sabemos, porque eso no es nada más que un cuento, que ella sí era culpable.

¿Existe otra clase de justicia?, ¿qué nombre tiene?, ¿en qué leyes se basa?, ¿quién es el juez que dicta las sentencias?

Saludos

24 Noviembre 2008 | 01:33 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Madeleine, es una muy buena explicación, tiene sentido.

Pero no te interrogas por las razones de él. ¿Se da por supuesto que ese hombre es malvado de por sí?, ¿y que al igual que al diablo no haya que preguntarse por qué? ¿Por qué le roba el nombre? ¿Tiene nombre una mujer que roba recuerdos robando vajillas? ¿Tiene nombre una mujer que en lugar de corazón tiene un río? ¿Recuperas tu nombre matando al supuesto ladrón? ¿Qué pretende ese hombre facilitándole a su esposa el asesinato que él adivina que ella necesita?

Todas estas preguntas no tienen respuestas.

Solamente sabemos que:

Es una mujer que roba recuerdos porque quizás no tiene, o porque quizás le gustan los de los demás.

Es una mujer y madre que desea compartir con el padre, y dentro de la normalidad de las cosas, el hijo que ambos habían tenido. Casi todas las mujeres “normales” desean eso, en cambio hay algunas que no. Que por no necesitar no necesitan ni el dinero que el padre puede aportar. Quieren tener un hijo o hija, y para ello solo necesitan a un macho de la especie humana que las monte y las preñe, nada más. En “El mundo según Garp”, de John Irving, la madre usa a un pobre aviador desahuciado y a punto de morir y que no conoce de nada, para quedarse embarazada.

Es una mujer que dice que su esposo le ha robado su nombre, su identidad y que eso lo ha hecho hablando por ella. Y que, según parece, esa es la razón fundamental de su demanda de divorcio, volver a ser ella misma.

Hasta aquí todo normal, es lo corriente y lo habitual en casi todos los matrimonios que se divorcian y en muchos que no llegan a presentar la demanda en los juzgados.

¿Y él? El marido parece un cínico. Pero también parece, me lo parece a mí, un hombre profundamente decepcionado. Lo está porque ella le roba los recuerdos. Porque se cree ”eso de la paternidad rechazada, en una muestra lamentable y previsible de amnesia interesada y falta de atención por las cosas que ocurrían a su alrededor.”

Lo está porque no en lugar de corazón tiene un río que fluye, no oye latidos, oye el ruido de los intestinos.

Lo está porque ella no tiene ideas.

Lo está porque ella no refulge ni se ilumina cuando sonríe.

Lo está porque es una mujer que roba la luz de las esquinas.

Lo está porque él puede oscurecerla con un simple gesto de su mano, así de fácil.

Y está también decepcionado porque él le presenta sin saberlo ella, a un asesino chapucero. Ella hubiera podido rechazarlo, pro no, lo usa.

Con eso cree que recuperará su nombre que cree también que él le quitó.

Yo creo que ella es simplemente una ladrona, una mujer que envidia aquello que los demás poseen. Y él posee un nombre.

Pro eso no es más que una opinión.

Saludos

24 Noviembre 2008 | 01:34 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Amparo, esa es otra buena manera de enfocar la cuestión. No te alejas demasiado de mis palabras en la respuesta que doy a Madeleine.

“Codicia , rencor y miedo le dan la mano a esa necesidad de recuperar o quizás descubrir una identidad, puede que de venganza.”

Dices también que él la ayuda.

En mi respuesta a Madeleine no he dado mi versión de las razones de él. De por qué al final se dejar matar por ese asesino de pacotilla de manera tan poco épica.

No es necesario especular demasiado, solamente leer lo que hay escrito. Pero cuando leemos hemos de leerlo todo y no solamente lo que nos conviene. El protagonista dice al final:

“Soy bueno preparando trampas, mi asesino fue una de ellas, no sé si la mejor pero sí la última. Hube de esmerarme, mi vida era lo que colgaba del anzuelo.

Mi vida fue un billete que ella compró, un pasaje que ella tomó. Fue su decisión, era su viaje.”

Al final el muerto es él y la viva ella. Incluso es ella la que guardará la vajilla de la abuela Anita.

----------

En relación a las responsabilidades creo que para el que escribe son diferentes a las que el lector tiene. y para el que lee.

No es lo mismo escribir lo que a uno le da la gana, que leer en ello lo que a uno le da la gana. Creo que son dos cosas distintas.

Besos.

24 Noviembre 2008 | 01:34 PM

Helena

Helena dijo

Pues eso le digo que la justicia hizo justicia…la terrenal.
¿Quién es más culpable el que dispara o la mente pensante que lo planea?.
La justicia si tiene pruebas declarará culpable a quien disparó. Pero hay falta de pruebas.
Su relato así lo dice.
Y las pruebas son las pruebas. Si faltan no se puede acusar. Todos somos inocentes si no hay pruebas que lo demuestren.
Que injusticia ¿verdad?
Pero es la única que se debe administrar. No hay más. O por lo menos es la que conocemos.
Supongo que ella libre de toda culpa, le tocará cargar con otra interior aún peor.
Reconocer que es una asesina.
Pero que quiere que le diga,
él no me parece una persona honorable, la ningunea sólo porque en una consideración personal, la ve falta de luz propia y que casualmente es su mano la que se la niega.
Peletero esas cosas pasan cuando alguien deja de admirar a alguien. El lunar se convierte en verruga.

24 Noviembre 2008 | 01:57 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Las razones de él, Peletero? Yo no creo que él fuera cínico, yo así no lo veo. Creo que era como tú dices un hombre profundamente desilusionado, decepcionado. Creo que estaba ya muerto en vida. Supongo que en algún momento si el mercenario que le proporcionó a su mujer no lo hubiera matado, él se hubiera suicidado. Lo mismo que aquella mujer que le pagaba las amantes al inútil de su marido sin que él lo supiera, probablemente para subirle el ego, éste prefirió que fuera otro quien apretara el gatillo y de esa forma complacer a una mujer sin corazón y sin ideas, haciéndole creer que era ella quien lo había eliminado y se había vengado. Es una forma más de humillarla aunque ella jamás se entere..., pero él sí lo sabía y eso le bastaba. Fue él con seguridad quien soltó la última carcajada. Saludos.

26 Noviembre 2008 | 03:31 AM

Mantis

Mantis dijo

Conclusionando... que no sé si es primo de un tal “Gerundio”.

Vamos a ver, vamos a ver, porque yo me tengo que morir 8 veces y media más otra para comprender a este matrimonio y sobretodo a él, bueno a ella tampoco es que la entienda mucho pero... y al Peletero escritor tampoco le pillo, que conste.

Que yo me entere... esto es una pareja mal avenida como cieeeeeeentos de ellas. Parece que ella pide el divorcio porque le ha robado su identidad y no brillaba con luz propia porque él era su oscura cortina. Lo mismo es que ella no tenía luz ¿no? o lo mismo él nunca encontró el interruptor de ella...
Y él pasando de todo pues dice que sí, que se encargue ella de todo, que siempre confío en ella aunque lo dice irónicamente y yo que he pensado mal me da a mi que tanta confianza... que se quede con el niño, y también con el perro del niño, pero que con la vajilla de su abuela no se va a quedar y menos con sus recuerdos, fastídiale... además ese dedo índice acusador parece que señala a la culpable de ese hijo, ejem... ejem... como si él fuera inocente del delito que procrear un hijo...

Claro que él va de sobradillo y de chulito, como que le importa un bledo todo pero está claro que está coladito por sus huesos, sólo hay que ver la descripción que hace de ella, incluso de su mirada triste. Ah, no entendí esas cicatrices en la cara, y me sorprendió que en lugar de corazón tenía un río.... por lo menos fluía, que no es poco.

Para mi que estaba resignado aunque enamorado hasta las trancas, y además “muerto” porque ella le pudo matar hace tiempo, por eso le da lo mismo que ella haya planeado su asesinato, matar a alguien que ya ni siente ni padece... Pues hale, vamos a facilitarle la tarea a la buena mujer, le presenta incluso al asesino...
Y se pregunta por qué alguien mata. No sé, el miedo es una causa aunque no disculpa para matar, pero también podría querer matar a alguien que la hacía sentirse culpable ¿de qué? ni idea...
El caso es que este hombre tanto hacer la pantomima con la vajilla si al final sabe que va a morir o mejor dicho le van a “rematar” y se la va a quedar ella, no lo entiendo.

Bueno que esto es un lío y que la opinión aquí vertida queda bajo mi absoluta responsabilidad porque yo leo como puedo y escribo lo que quiero. Si ese hombre ha contado lo que él quería... pues yo también, creo que se llama “libertad” de expresión, o algo así...

Petons

26 Noviembre 2008 | 05:06 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Nadie es honorable del todo, Helena, y mucho menos en las cosas ésas que dicen del amor. Aunque el otro día me contaron un caso que no viene a cuento, muy triste, la verdad que sí. Uno de los dos, no diré quién porque tampoco viene a cuento ni hace al caso, sí que fue un verdadero canalla.

27 Noviembre 2008 | 08:28 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Mantis, tú escribes poemas, llenas papel con palabras como si fueran piedras, rudas y hermosas, cantudas y redondas. Hay que levantarlas para saber qué demonios se esconde debajo. Muchas de esas palabras pesan, pesan como losas. Otras son leves y casi levitan, o parecen banderas y faldas que ondean. Algo señalan o enseñan. Secretos o verdades recónditas y medio mostradas debajo de los árboles y las montañas, entre la arena de las playas. Disimuladas debajo de las nalgas o por entre las ingles de alguna bonita muchacha.

Muchas son palabras silenciosas, peores que cuchillos o miradas perdidas.

Esta pareja es como todas, o como muchas. Lo que es diferente, y perdona mi inmodestia, es el relato, el texto. Mejor o peor, no es igual, te puedo asegurar que no lo es.

Todos los amantes se parecen y los que escriben sobre ellos más, aún se parecen más, tanto que ya cansa leer siempre lo mismo.

Pero pocos hablan de las luces que se esconden por entre los rincones de las casas como si fueran escarabajos huidizos, petardos en las esquinas, almas que son lágrimas de cristal, que se van con el tiempo, con él se mueren como se muere todo, todo y él.

¿Quién?, él, o dile ella, da igual, ya no lo recuerdo, toso eso sucedió ayer, y ayer está muy lejos en el tiempo.

Besos, bicha.

27 Noviembre 2008 | 08:34 PM

Helena

Helena dijo

Desde luego Peletero es usted único con las exclusivas…No sé muy bien si dándolas o quitándolas.

Saludos.

28 Noviembre 2008 | 09:17 AM

Mantis

Mantis dijo

¿yo escribo poemas? vale, yo de eso no entiendo mucho así que me fiaré de tu opinión y de tu palabra.

Es curioso.. ¿el qué? pues que digas que lleno papel con palabras como piedras... sí, pero sobretodo me resulta curioso que se rebusque bajo ellas.
Señor Peletero.... no hay nada que buscar bajo las piedras, lo importante son las propias piedras, en serio, debajo no hay nada...
Sólo hay que mirar la textura, el tamaño y el color de la piedra para saber si es mármol o simplemente arcilla. No hay más.

El relato y el texto claro que son diferentes, como las parejas. Pero mal avenidas hay cientos de ellas, aunque todas sean por motivos diferentes..

Petons

28 Noviembre 2008 | 01:00 PM

Mantis

Mantis dijo

“Una vez quise limpiar mi alma y me dispuse a ser poeta, mientras olvidaba bañarme en tus espumosas flores. Otra vez quise componer unos bellos versos y así rimar mi destino con el tuyo pero recordé que tu métrica no enlazaba con la mía. Una vez más quise decirte lo mucho que te amaba pero una tupida mirada me envolvió en el oscuro mutismo. Otra vez quise acercar mis labios a los tuyos pero una mala ventolera retiró tu boca de la mía. Un vez más, sí, otra vez más, quise reparar los errores que hechos añicos se clavaban en nuestros pies pero tú los barriste de un plumazo dejando nuestro suelo alicatado con sombrías y gélidas baldosas. Otra vez, sí, una vez más quise fluir en tu corazón pero ahogué en tu profundo río. Y una vez más, sí otra vez más y una vez más... recordé que eso ocurrió anteayer y ayer, y estamos en hoy, otra vez, sí, una vez más, es hoy...”

Una poeta en periodo de prácticas.... ;-)

28 Noviembre 2008 | 02:45 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Pues es una preciosidad, Mantis, la verdad que sí, muchas gracias por ese poema, es todo un lujo, un verdadero privilegio tenerlo en mi casa y que pocos pueden mostrar. Estoy orgulloso de tener una amiga como tú.

Muchas gracias.

Yo decía lo de las piedras y eso de mirar debajo, porque las palabras, son eso, son una paloma, un mirlo, pero… ¿nada más?, son palomas mensajeras, en su pico llevan el mensaje. Son gorriones, jilgueros, patos Eider, águilas y gallos de crestas rojas y elevadas. No es lo mismo decir “love”, que “amor”, no es lo mismo y es lo mismo. Es diferente decirle a alguien “t’estimo”, que “te quiero” o “agapimu”, es diferente y es igual. No es lo mismo que sea él quien lo diga que sea otro, que se lo diga a ella o no se lo diga a nadie. Que simplemente lo diga por decir, porque es bonito o porque le recuerda a alguien.

Siempre ha sido así, lo fue anteayer y ayer, lo es hoy, y lo será mañana y pasado mañana.

Gracias.

28 Noviembre 2008 | 05:11 PM

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Sobre mí

Si desnudar a alguien no ha sido nunca una actividad baladí, vestirla tampoco lo es y mucho menos cuando la materia prima es algo tan sublime como la piel. Este es el hecho, sin más, y en él nos regocijamos y sobre él nos preguntamos y nos hacemos responsables, hasta las últimas consecuencias. ______________________________________________________________ __________________________________________________________________

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