El peletero/Ángela (9 de 20)

9. De cómo fue la infancia de Daniel.
A las cinco, una hora antes de lo habitual, me desperté. Empecé a dar vueltas y más vueltas en la cama, insomne y nervioso y sin saber por qué. Toda aquella hora que faltaba para que el despertador sonase me la pasé incómodo y despierto. Así que cinco minutos antes de las seis me levanté, desconecté el despertador y me fui directo a la ducha.
Allí me vino a la mente uno de aquellos nombres. Ángela Martínez López.
Daniel era hijo de una familia rica de antiguo, igual que su esposa. Ambos estaban acostumbrados al dinero, a tenerlo sin darse demasiada cuenta que lo tenían, a que formara parte de su vida como lo hacían los trajes elegantes y las cosas bellas que acostumbran a ser siempre las más caras.
El padre de mi amigo falleció en un accidente de automóvil dos meses antes que él naciera.
Al dar a luz su madre lo entregó a una mujer que servía en la casa para que se hiciera cargo, para que se convirtiera en su ama aunque no lo amamantara.
Fue un parto fácil, y pasado el par de semanas necesarias de recuperación, se fue de viaje. Esa era su vida, la vida de la madre de Daniel consistía en eso, estar de viaje, regresaba de cuando en cuando y volvía a irse.
Daniel fue criado por esa ama llamada Ángela y cuyos apellidos nunca supe, así como tampoco si todavía vivía o ya había fallecido. Lo que sí recuerdo fue el cariño y el amor que ambos se profesaban y que Daniel nunca escondió. Creo que Ángela no llegó a cambiar en Daniel la influencia de su estirpe, pero sí logró que tuviera una mirada un tanto diferente sobre lo que son las cosas y las personas. Ese segundo ángulo tan necesario para ver el mundo. También recuerdo la extraña y curiosa animadversión que por ella sintió Cristina, la que luego fue su esposa, nada más conocerla. Daniel me decía que la veía como a una intrusa, no soportaba que una simple sirvienta tuviera ese ascendente en él. Daniel era muy propenso a citarla, “Ángela dice”, “Ángela piensa”, “Ángela cree”, y Cristina no podía soportarlo. “Nunca dices eso de mí”, le replicaba. Y era cierto, Daniel nunca contaba lo que Cristina pensaba, decía o creía.
Según parece y según le parecía a su marido, mi amigo, creía que Cristina veía a una rival en esa mujer, una criada que siempre fue mayor, incluso cuando aún era joven. No una rival sentimental ni mucho menos sexual, pero sí una rival.
Ángela fue la típica doméstica, niñera y cocinera que siempre trabajó en la misma casa, sirviendo a los mismos señores y a los hijos de ellos, sustituyendo incluso a las que eran las verdaderas madres.
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ren dijo
Así que Ángela Martínez López puede ser el ama de cría de Daniel… Lo que se cuenta en este capítulo sobre las relaciones de los tres personajes desde luego justificaría lo clandestino de las visitas de Daniel a ese edificio, aunque ya lo de ser perseguido… Eso parece alcanzar otros tintes.
Es lógico que Ángela y Daniel se tuvieran tanto cariño. El acto de mamar crea vínculos afectivos y emocionales muy intensos entre quien da el pecho y el niño. Este tipo de crianza proporciona al bebé calor humano, consuelo y el placer de una cercanía única que le da seguridad y lo conforta en los momentos en que el pequeño se encuentra demasiado agitado para conciliar el sueño, siente incomodidad, le duele algo o simplemente busca tranquilidad y seguridad. Ángela, además, no ha sido la típica nodriza contratada exclusivamente para el periodo normal de lactancia, sino que ha permanecido en la casa toda la vida, sustituyendo además a una madre que no ha querido estar con Daniel, e incluso a un padre que no ha podido. No es de extrañar que los lazos emocionales entre ambos personajes fuesen fuertes…
Y tampoco son raros los celos de Cristina, porque desde luego da el perfil de la típica víctima de este sentimiento. Dejando aparte el hecho de que toda persona normal los padece en una cierta medida o en muy determinadas ocasiones, hay quien manifiesta una enorme propensión a ellos: personas dependientes, con una frágil autoestima, inseguras, de gran pobreza afectiva, que se sienten terriblemente vacías ante la posibilidad de perder al ser amado o sobre el que se cree tener algún tipo de derecho de “posesión”.
Pero los celos no son solo una cuestión emocional, también existe un componente cultural que hay que tener en cuenta: la manera en que afecta al estatus social que se ocupa el ser “engañado” de la forma que sea por la pareja o las personas que conforman nuestro entorno, bien sea familia o amigos. El temor a un posible engaño o abandono origina inseguridad afectiva, pero es que además afecta al prestigio y al honor. El sentimiento de dolor por la potencial pérdida de alguien a quien se ama, la sensación de que la persona ante la que se es marginado vale más que uno mismo, con lo que eso conlleva de pérdida de autoestima, se mezclan en la mente del celoso con el miedo al ridículo, a estar en boca de todos.
Y ya sabemos el valor que le da Cristina a su estatus, su actitud clasista de no ver con buenos ojos que alguien de distinta e inferior extracción social tenga ascendente sobre su marido.
La rivalidad que siente hacia Ángela no es más que una extrapolación de la tradicional entre suegra y nuera, esa que muchas veces provoca el mismo hombre cuando insiste en que los calamares a la riojana, como su madre, nadie… Y en que como su madre hace la cama o plancha la raya del pantalón, ni a soñar que se eche su mujer. La verdad es que esa propensión de Daniel a citar a la menor de cambio lo que Ángela dice o deja de decir no deja de ser un buen caldo de cultivo para esa animadversión que siente Cristina, máxime cuando ella jamás es citada… Las relaciones humanas siempre son complejas, y no por obvio y manido esto deja de ser cierto; para que funcionen bien hay que saber mantener un equilibrio entre las personas con que uno trata, y desde luego Daniel o no sabe o no le importa lo más mínimo.
Así pues, Ángela es la criada de toda la vida, esa que permanece en la casa durante generaciones… Vieja desde que era joven, curioso dato. Pero aún hay otro que señalar: si fue ama de cría, un hijo o hija habría de tener, alguien de la misma edad de Daniel y de quien aún no se nos ha hablado. Estaremos a la espera…
Petons, molts, estimat amic.
14 Junio 2009 | 11:29 PM