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La Coctelera

El peletero

WHAT YOU SEE IS WHAT YOU GET

17 Junio 2009

El peletero/Ángela (11 de 20)

De cómo llegué a las puertas de “El Paraíso”.

Todo eso, debo repetirlo, no era asunto mío, pero creía que cumplía con alguna clase de deber si averiguaba algo. Tal vez mi amigo estaba metido en algún problema grave y yo debía advertirle. O eso quise pensar que era para disfrazar así mi mera curiosidad.

Una tarde, antes de que él llegara, llamé al prostíbulo desde el portero automático que había afuera, en la calle, y pedí que me abrieran. Antes de subir miré los nombres que había en los buzones para las cartas. En uno de ellos estaba escrito el de Ángela Martínez López, era la puerta A del cuarto piso.

“El Paraíso” estaba en el entresuelo y aunque la casa tenía ascensor subí a pie. Eran pocos escalones. Al llegar al rellano de ese edén, en la puerta A también, la que se hallaba a la derecha, vi que había una morena imponente esperándome con una sonrisa de oreja a oreja. No me fijé bien, pero creo que no iba muy vestida, quiero decir que llevaba poca ropa.

Me disculpé, le dije que me había equivocado de botón al llamar al timbre, que iba al segundo. Me respondió en tono cariñoso no sé qué de “claro, mi amor” y que si me había equivocado podía enmendar el error fácilmente, y que si subía al segundo piso luego debería bajar, que el suyo era un paraíso al que se llegaba también bajando y que ella me estaría esperando, o algo parecido. La chica prometía vocación de poeta. Le agradecí su buena predisposición y le respondí con la mejor de mis sonrisas que tal vez otro día.

Subí hasta el segundo, a medio camino del entresuelo donde se hallaba “El Paraíso” y del cuarto A, donde vivía Ángela Martínez. Allí me quedé, amparado en una sombra y medio asomado a la escalera, procurando ver desde arriba quién entraba en el burdel. Estuve un buen rato, había llegado demasiado pronto. Me sentí como un tonto y pensé que seguramente estaría mucho mejor en brazos de esa morena. En eso estaba cuando oí abrirse la puerta de la calle. Alguien entró, no pude ver quién era, pero era la hora exacta, la hora a la que siempre llegaba Daniel. Llamaron al ascensor, que bajó. Al llegar a la planta baja abrieron sus puertas y alguien entró en él. El ascensor subió y se paró en el cuarto piso, dos plantas más arriba de donde yo estaba. No sé si era Daniel, pero debía de ser él, era lo más probable. Entre una cosa y otra estuve casi una hora vigilando y  rezando para que nadie me viera allí, escondido y casi embozado, y pensara que era un ladrón. Durante todo este tiempo solamente llegaron dos clientes al burdel que no eran Daniel, a esos sí los pude ver lo suficiente y no eran él, no vestían como él.

La persona que subió al cuarto piso llamó a una de las dos puertas, mi oído es bueno y juraría que también era la de la derecha, la A. Alguien abrió desde dentro y creí oír también un “hola”, la voz parecía femenina y la respuesta, otro “hola”, de un hombre, pero desde el lugar que ocupaba no podía ver quién era el que abría y quién el que entraba.

Ése que había subido tenía que ser un hombre y tenía que ser Daniel, era jueves y era la hora exacta, las 14,30. Y la tal Ángela Martínez López tenía que ser su ama, no podía ser otra.

 

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19 comentarios · Escribe aquí tu comentario

ren

ren dijo

”Todo eso, debo repetirlo, no era asunto mío, pero creía que cumplía con alguna clase de deber si averiguaba algo. Tal vez mi amigo estaba metido en algún problema grave y yo debía advertirle. O eso quise pensar que era para disfrazar así mi mera curiosidad.

Es una buena reflexión esa que se hace el narrador. “. O eso quise pensar que era para disfrazar así mi mera curiosidad.

¿Por qué nos interesan tanto los asuntos, la vida privada de los demás? Todos aseguramos sentir la más absoluta indiferencia y el más sacrosanto respeto por la vida privada ajena, pero salvo honrosas excepciones en que efectivamente es así, en la inmensa mayoría de las ocasiones las orejas crecen y parecen parabólicas en cuanto se deja caer en nuestros oídos un chisme sobre alguien. Y a la proliferación y enorme audiencia de programas amarillistas de todo tipo me remito. Ya no nos basta saber al dedillo las andanzas de cada vecino, además necesitamos del satélite para saber las del resto del mundo.

Un eminente siquiatra, neurólogo y escritor andaluz, Castilla del Pino, dice:

” Lo público, las actuaciones públicas son, además de observables, dispuestas por el sujeto para que sean observadas. Las privadas son aquellas que pudiendo ser observadas, el sujeto dispone los requisitos de inobservación. Las íntimas son, a diferencia de las anteriores, propiamente inobservables, aun cuando el sujeto pretenda lo contrario”
Así es y así lo sabemos todos, por eso, de esas tres facetas de la vida de cada cual, la pública, la privada y la íntima, tendríamos que limitarnos a observar la primera, la pública, que además es inevitable puesto que somos seres gregarios que vivimos en comunidad. ¿Por qué, pues, no nos conformamos con eso e intentamos acceder a lo que solo corresponde a su propietario? ¿Qué hay tras esas curiosidad por lo que pasa detrás de las puertas de la gente?

Alguna vez he leído que la vida privada de los demás nos sirve como segundo término de comparación con la nuestra, una manera de conocernos mejor mirando al otro, que es una forma de mirarnos en él.
También es posible que introducirnos en la privacidad de los demás sea una forma de construir la cotidianeidad, esa que constituye en marco en que nos desenvolvemos ineludiblemente cada día de nuestras vidas y que es imposible aprender fuera del circuito del camino que se patea a diario. La cotidianeidad no está en los libros. Las ciencias, incluso las humanísticas, solo conclusionan – como diría una querido amiga nuestra- a toro pasado, parten de la observación y análisis de lo ya ocurrido. La cotidianeidad, en todo caso, se puede anecdotar y describir en sus particularidades, pero no conceptualizar más que diacrónicamente.
O simplemente signo de una vida monótona y vacía, que intentamos llenar con la de los demás.

Lo cierto es que el narrador, llevado por lo que quiera que sea, incluso quizás solo por ese legítimo y natural deseo que sentimos de ayudar a quienes queremos al que alude al principio, se encuentra ahora mismo agazapado entre las sombras de un rellano intentando averiguar a qué piso se dirige Daniel. Y ¡por fin..! sabemos que no va al Paraíso, sino a casa de Ángela Martínez. Ahora queda por ver si esta Ángela es el ama de cría de que se nos ha hablado en capítulos anteriores. Ya tenemos satisfecha esa curiosidad. Lo mismo que el protagonista… Somos todos unos cotillas. :-)

Y también queda por saber si el narrador no terminará por arrepentirse de no haberse quedado entre los brazos de la morenaza con vocación de poeta. Los asuntos de Daniel no parecen nada claros, eso de que lo siga un automóvil y de que él se sepa perseguido…

Petons de divendres, estimat amic.

19 Junio 2009 | 07:28 PM

ren

ren dijo

Me temo que hay una cuestión que no quedó muy bien redactada.. Cuando decía:

"O simplemente signo de una vida monótona y vacía, que intentamos llenar con la de los demás."

me refería a que quizás otra de las causas de esa curiosidad por las vidas privadas ajenas, además de conocernos mejor a través del otro y de construir la cotidianeidad, es que esa curiosidad sea solo signo de una vida monótona y vacía.

Més petons.

19 Junio 2009 | 08:18 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Ren, tus reflexiones son muy oportunas y bien establecidas. A propósito de ellas permíteme resaltar el hecho, para mí siempre sorprendente, de la reiterada necesidad popular por revestir a Jesús de humanidad, solamente como hombre conseguimos entenderlo. Necesitamos saber que fue engendrado como lo hemos sido todos, que tuvo hermanos, que sintió hambre, frío y sed, y que la necesidad de satisfacer su deseo sexual lo perturbó.

Para nosotros es ineludible conocer con total seguridad y certeza que se casó, y que yació con, al menos, una mujer. Que tuvo hijos, que quizás enfermó antes de morir. Y, lo más importante de todo, que murió, irremediablemente, como todos morimos.

¿Resucitar? Historias para niños.

Perdona la divagación cristiana, pero creo que en los otros, en su comportamiento, nos hallamos a nosotros mismos. Pero en los demás no buscamos su excelencia, sino todo lo contrario, su inferioridad, su pequeñez, su insignificancia y su vulgaridad. Nos sentimos reconfortados al saber que nuestro vecino es tan mediocre como nosotros y que las grandes personas no son más que un reflejo de todos. Solamente así nuestra nadería se siente reconfortada. Jesús también apestaba si no se lavaba, decimos, y al darnos cuenta de esa verdad nos sentimos profundamente reconfortados.

En cualquier caso la pulsión fisgona es también una variante más de la impunidad. La gracia de saber cosas de los demás está en que ellos no sepan que lo sabes, lo contrario es exhibicionismo.

¿Cuando oigo, a través de la pared, a mis vecinos hacer el amor sé cosas de ellos que ellos mismos no saben que sé?

¿O bien es al revés?

¿Es quizás mi vecina Mari Pepi que sobre actúa muerta de celos cuando me oye hacer el amor con mi prima Mari Pili? Si así es solamente sabré lo que ella quiera que sepa pensando que ella no sabe que lo sé, cuando en realidad sí que lo sabe, pero Mari Pili contraataca para que Mari Pepi piense que sabe cosas de nosotros que desconocemos que sabe, cuando la verdad es que lo sabe porque queremos que lo sepa, que sepa lo que nos conviene que sepa, igual que nosotros solamente sabemos aquello que a Mari Pepi le conviene que sepamos.

El caso es que cuando mi vecino y yo nos encontramos por la mañana en el ascensor siempre nos sonreímos de una forma extraña y con una cara de no haber dormido nada bien.

Besos.

20 Junio 2009 | 01:07 PM

ren

ren dijo

Yo intentaba buscar para esa curiosidad por las vidas ajenas alguna razón un poco más “justificable” que la que aduces. Mirarse en los demás nos ayuda a vernos a nosotros mismos, a reconocer nuestros propios gestos en ellos, incluso problemas, ver cómo los solucionan otros… Y a construir la cotidianeidad de que hablaba en mi anterior intervención, a saber cómo es la vida de verdad, la gente… Recuerdo las broncas que recibía por parte de su madre una amiga mía (y ya de mayorcita, no creas..) que se pasaba la vida con la cabeza enterrada en los libros y en sus propios asuntos.. “Es que no estás en el mundo, no echas cuenta de nada ni de nadie, no te interesa lo que transcurre a tu alrededor. La gente es mala, muchos palos te tienes que llevar en esta vida por permanecer ajena a lo que hay…” Ese “lo que transcurre a tu alrededor” se refería a la vida y milagros de vecinos y conocidos. No conocer eso y pasarse la vida entre libros y asuntos propios era como vivir en un universo paralelo, desconectado totalmente de la realidad inmediata. Y probablemente, la señora llevaba algo de razón.

Quizás para poder construir esa cotidianeidad, para reconocernos en el espejo de los demás, sea necesario transgredir la norma ética del respeto a la privacidad de los demás, no sé. Lo que sí sé es que llevas toda la razón, Pele, desgraciadamente. Y digo desgraciadamente porque es triste que una de las razones, y seguro que la más importante, de esa transgresión sea tan mezquina. “Don Perfecto murió al nacer”, dice a menudo un amigo mío, y es cierto. Por definición, el ser humano es imperfecto, no hay absolutamente nadie, por mucho que lo parezca, que carezca de defectos. Y a veces los nuestros nos parecen tan insoportables, aunque no nos lo confesemos, que necesitamos desesperadamente ver los de los demás y regodearnos en ellos. Es un tópico, pero te aseguro que conozco mujeres que se alegran en el alma de observar defectos físicos en otras, por amigas que sean. Encontrar a una de esas que hace tiempo que no veías y darte cuenta de que tiene unos kilos de más o unas patas de gallo más pronunciadas que la última vez enjuga con creces el pesar por el paso del tiempo en el propio cuerpo. Conocer por fin a esa secretaria tan eficiente, estupendísima e imprescindible del marido, del que éste habla maravillas, y ver que es una señora de cierta edad que necesita un sillón de oficina king-size y que viste y se peina al más puro estilo kitsch es un placer de dioses. Enterarte de que esa vecina fantástica, guapísima, con dinero, tiene un matrimonio que hace aguas o que el marido la engaña con la monitora de spinning del gimnasio al que acude habitualmente es la mejor noticia que puedes recibir un lunes…

No estoy ejemplificando teorías, hablo de casos concretos que conozco, de conversaciones que he oído o de hechos que he tenido ocasión de comprobar personalmente. Y como ya te estoy viendo la sonrisa guasona, te recordaré que estas ruindades no son solo propias de mujeres. Eso de encontrarte al ligón de la Facultad con barriga cervecera y calvísimo al cabo de los años es algo que arregla el día más gris de muchos hombres.

No, uno no es perfecto, está lleno de defectos y siempre se tienen mil problemas, pero los demás también, hasta Jesús, y eso sube la moral y la autoestima a mucha gente. Es penoso, pero es así.

Efectivamente, la gracia de la pulsión fisgona radica en que los demás no sepan que sabes. Eso, además, te da poder, el conocimiento siempre lo da. No me refiero, por supuesto, a que tengas cartas en tu mano para poderlos “chantajear” o algo así, claro que no, pero la información siempre es poder, y te lo da sobre aquellos de los que tienes información.

Me encantó lo de Mari Pepi y Mari Pili…. De todas formas, yo te daría un consejo… O dos, mejor dicho. Uno, que des un tranquilizante a Mari Pili y el vecino otro a su “santa”, porque hijo, pasando de los 20 o los 30 ya no se está para tantas fogosidades y pasa lo que pasa, que luego sale uno por la mañana con malita cara, y tampoco es plan de pasarse el día hecho un trapo.

El otro consejo es que pongáis sordina a tanta efusión afectiva, que señalarse no conviene nunca, eso solo despierta celos y envidias, y al final se resulta perjudicado.

Por cierto, ¿qué sabes tú de Mari Pepi? Está bien dejar que los demás solo sepan lo que uno quiere o le conviene que sepan, pero siempre se corre el riesgo de que se nos vaya la mano y al final sepan lo que no queremos que sepan.

Petons, estimat amic. Jolín, cómo me he enrollao….

22 Junio 2009 | 12:26 PM

ren

ren dijo

¡¡Ufffffffffffff!! Repito y me reafirmo... Jolín, cómo he he enrollao...

Besos.

22 Junio 2009 | 12:27 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Ren, creo que interesarse por los demás forma parte de la normalidad de las cosas, mucho más si son personas a las que quieres. Otra cosa es fisgonear y meterte donde no te llaman. Ya sabes que el desinterés es uno de los peores insultos, siempre revestido de respeto por la privacidad de los demás, en realidad esconde el más absoluto desdén i falta de interés por las personas que supuestamente quieres.

En relación a mi vecino yo no pienso decirle qué debe de hacer o dejar de hacer, él a mí tampoco. He de aclarar que Mari Pepi y Mari Pili no duermen siempre en nuestras camas, ni siempre ni a menudo, lo cuál es indudablemente una gran suerte y ventaja.

Besos.

22 Junio 2009 | 06:44 PM

ren

ren dijo

Querido Pele, una cosa es interesarse por los demás, por los problemas que puedan tener para intentar echar una mano, o por sus alegrías, para compartirlas, sobre todo cuando se trata de amigos, y otra el fisgoneo, claro que sí. Y de este último es de lo que hemos estado hablando en anteriores comentarios. La intención que se persigue en uno y otro caso es bien distinta.

El desinterés revestido de respeto a la privacidad es uno de los peores insultos, cierto es, y lo que creo que también es cierto es que no siempre es fácil alcanzar el justo punto de equilibrio en esa solicitud que a veces manifestamos por los que queremos. Dicha solicitud a veces puede parecer otro insulto a la persona objeto de ella en tanto y en cuanto lo tome como una intromisión en su intimidad por parte del amigo o familiar que la manifiesta. Ya se sabe que de buenas intenciones están los infiernos llenos, y que el equilibrio en las relaciones humanas siempre suele ser difícil de encontrar.

En el caso del narrador parece tratarse de sano interés en las andanzas de su amigo, en alguna ocasión incluso dice que su deseo de ayudarle justifica el apremio que siente de enterarse de lo que en realidad ocurre lo considera. Pero, en un arranque de sinceridad, no cierra la puerta a que ese interés se deba a mera curiosidad. La curiosidad, cuando no es malsana ni encierra malas intenciones, es una pulsión normal, propia de la naturaleza humana. Por lo general nos gusta saber por qué hace la gente las cosas, simplemente eso, sin que esa curiosidad por saber haya de tener más proyección.

En cuanto a tu vecino… Bueno, ya se sabe para qué están los consejos: para no seguirlos. Verdaderamente es una suerte que ni Mari Pili ni Mari Pepi duerman siempre ni a menudo en vuestras camas. Sobre todo con estos calores. Tener la cama para uno solito es una verdadera suerte, se evitan muchos acaloramientos, de los unos y de los otros.

Petons.

24 Junio 2009 | 03:09 PM

el-peletero

el-peletero dijo

La amistad siempre habita un terreno resbaladizo, querida ren.

El otro día veía “Sunset Boulevard”, el protagonista, guionista de Hollywood, necesita urgentemente dinero para evitar que le embarguen el coche por impago, en una ciudad como Los Ángeles no puedes moverte sin él. Recurre a un amigo y le pide el dinero, 300 dólares. El amigo es rico y le responde que podría prestárselos pero que no lo hará, ¿por qué?, porque son amigos y eso pondría en peligro su amistad. También argumenta que los artistas crean mejores obras cuando tienen hambre, así que su negativa la reviste de favor hacía su amigo.

Joe Gillis, ese joven guionista fracasado, interpretado por William Holden, termina encerrado en una cárcel de oro, en manos de una millonaria madura que le paga sus facturas y lo llena de regalos a cambio de que le cuente mentiras y diga que la quiere. La historia tiene más derivaciones pero no creo que ahora y aquí hagan al caso.

Besos.

26 Junio 2009 | 02:06 PM

ren

ren dijo

Yo creo que lo que realmente resbaladizo es la palabra “amistad”, Pele, es un saco semántico donde cabe todo. “Amigo” se denomina desde a esa persona que no es más que un conocido con el que se intercambian más o menos regularmente frases amables sobre el tiempo y la familia, frases que solo conllevan pura función fática (¿te acuerdas?) , hasta ese al que de verdad podemos llamar AMIGO. El abanico, de un extremo a otro, presenta muchísimas varillas.

Las frases célebres y citas me gustan bien poco, pero hay dos relativas a la amistad que me parecen “el Evangelio”, como decimos por aquí abajo:

Un amigo es ese que te conoce bien, y sin embargo te quiere”

”Una amistad que terminó es que nunca existió”

Para mí, todo lo que no sea eso no son más que variantes, gradaciones o sucedáneos, como se les quiera llamar, de la verdadera amistad. Y desde luego, los casos que mencionas en relación al protagonista de esa película ni de lejos se asoman a ella, eso lo sabemos todos.

El dinero estropea muchas veces las relaciones humanas, desde luego, por su culpa se rompen familias y “amigos”, pero solo cuando lo que cimenta esas relaciones no es firme. Quien piensa que una amistad puede verse afectada por el dinero, que al fin y al cabo solo es papel y que sirve exclusivamente para remediar apuros y solucionar problemas propios o cercanos, no solo es pobre aunque tenga millones en el banco, es que además no conoce el concepto de amistad. Como tampoco lo entiende quien antepone las ideas u otros parámetros a la persona. Llámame hippie, pero es lo que pienso. Niño, es que el argumento de que el artista con hambre es mejor artista tiene un trago y dos “buchás”, que dice una amiga mía. Qué cinismo…

En cuanto a lo de cambiar facturas pagadas por palabras de cariño, no voy a decir nada, huelga todo comentario. No creo que haya caricias, incluidas las verbales, más amargas para quien las da y para quien las recibe.

La verdad es que amigos como los que tenía el señor Gillis no ayudan a andar el camino.

Petons, estimat amic.

27 Junio 2009 | 10:12 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Tienes razón, querida Ren, pero para empezar el dinero no es solamente papel ni mucho menos. El dinero son fundamentalmente tres cosas, la mercancía universal de intercambio, una unidad de cuenta y una maleta, una mochila, una valija, un bulto, un saco, un baúl, un recipiente lleno de nuestra propia vida, decir que es solamente papel es un brindis al sol, una expresión que solamente cumple esa función “fática” de la que hablas, no transmite información de ninguna clase, solamente trata de mostrar la buena propensión de una de las partes. No es poca cosa, ya es mucho, es verdad, aunque otro cantar es si después los hechos se corresponden o no con esa buena predisposición, si no es así se produce el desengaño y en consecuencia el engaño.

¿Hay engaño por parte de este amigo rico que no quiere prestarle los 300 dólares al señor Gillis? Tal vez no y solamente puede llevarse a desengaño el que ya ha estado engañado previamente por sí mismo, desde un buen principio y se haya creído todo lo que le decían y veía.

La “amistad”, como el mismo “amor”, es una de esas palabras malditas, un cajón de sastre en que todo, cualquier cosa, cabe. Nunca la confrontamos con la realidad que acontece, usamos el viejo método de construir un modelo ideal y llamar a eso Amistad o Amor, pura ficción.

Muchas “amistades” solamente requieren y necesitan la indefinición que el lenguaje, manifiestamente, también puede proporcionar de una magnífica y extraordinaria manera. Eso es precisamente lo que se busca porque eso es lo que se necesita, dosis fáticas en cantidades masivas, procurando siempre ser muy precavido de no entrar nunca en la precisión que las mismas palabras pueden igualmente ofrecer, considerándose una grosería, una falta de respeto, tacto, una impertinencia, mal gusto y mala educación apelar a ella, a la precisión. ¿Quién quiere tal cosa cuando no se está dispuesto a ofrecerla? No podemos tolerar que la realidad ensucie nuestras mejores fantasías.

Es necesario aclarar que no siempre es así, por suerte no. Si hay que lavar pañales se lavan y cuando están sucios ellos sí que son un buen baño de realidad.

El escritor Josep Pla afirmaba que hay “amigos”, “conocidos” y “saludados”, se olvidó de los compañeros, sean del trabajo o de estudios. Pero es indudable también que cada vez más existen los “ex” en todas las categorías posibles, ex esposas y maridos, ex amigos, ex amantes, ex vecinos y vecinas y casi ex fallecidos, esa clase de personas que nadie sabría exactamente cómo definir. El otro día, una preciosa muchacha, dependienta de una farmacia donde voy a comprar mis preservativos, me comentaba que este año pasará las vacaciones en Buenos Aires, ella nació allí, a los tres años se fue, y ahora, con 23, quiere conocer a su padre que no ve desde entonces. ¿Padre?

El mío siempre estuvo a mi lado, y eso te da una especial y quizás equivocada visión de las cosas y las personas.

Besos.

27 Junio 2009 | 05:17 PM

ren

ren dijo

No siempre se puede elegir, pero las cosas en muchas ocasiones son lo que queremos que sean. El dinero es importantísimo, tan imprescindible para vivir como el aire que se respira, nací hace ya bastantes años como para saber lo que reporta y comporta, y como a todos me gusta tenerlo. Pero la cuestión es para qué se quiere tener dinero. Para unos es el medio de obtener poder, estatus y muchas cosas más, incluso “amor”, incluso personas, que también sabes que es posible comprarlas, y a Cristina me remito. Obviamente, para ellos el dinero no es papel.

Para mí, y por supuesto para muchos, es solo un instrumento para resolver las necesidades perentorias y poco más. Perdona que me cite a mí misma, pero soy yo quien ha definido el dinero como papel y en ningún modo usando la función fática, sino la referencial, la objetiva y real, porque lo hacía desde un referente concreto: mi realidad. No deseo un estatus privilegiado, ni una casa más grande que la que tengo (bueno, una habitación más, sí…), me encantan los castillos y las mansiones, pero para tener que estar usando GPS de una estancia a otra prefiero mi casa. Un coche que funcione y me lleve donde quiero ir ya me basta, no necesito un BMW último modelo. Tampoco me interesan las inversiones, ocuparme y preocuparme por si mi dinero sube o baja. Ni dejarle a mis hijos un montón de propiedades, prefiero darles la preparación y herramientas adecuadas para que se ganen la vida dignamente. Ni pertenecer a clubs exclusivos, ni la ropa de marca, ni hacer vacaciones de éstas de moda… Las necesidades creadas por la sociedad de hoy día me quedan anchas, y no le encuentro mucho sentido a acumular bienes ni dinero, con excepción del imprescindible ahorro por si se presenta una eventualidad. ¿Para qué quiero varias casas, varios coches, varios de todo, si solo tengo un cuerpo y una vida?

Has sido muy amable al no llamarme hippie, pero ya lo hago yo. Soy una hippie, vale, y para mí el dinero solo es papel, no le tengo afición, no lo amo, el mío solo me sirve para obtener la tranquilidad mía y de mis seres queridos, incluso de algunos cuyo rostro no conozco, no lo quiero para otra cosa. Lo que me hace hervir la sangre es que en un restaurante de Nueva York se sirva una copa helado que cuesta 25.000 dólares y que haya quien lo pague, mientras hay quien se muere literalmente de hambre unas calles más abajo. Que sí, que ya sé todo lo que me vas a argumentar, pero quien se gasta esa cantidad en un simple helado, si quisiera, podría resolverle la vida a un homeless sin que apenas se enterase su cuenta corriente, que también sé que es suya y bien suya y que tiene perfecto derecho a hacer con ella lo que le venga en gana. Qué le vamos a hacer, nunca encajaré estas cosas, porque sobre todos los argumentos que me puedan dar siempre está el corazón, la humanidad, el que se te caiga el alma a los pies viendo que alguien necesita algo, y que se lo ofrezcas antes de que el otro haya de pedirlo. Como pudo haberlo hecho el “amigo” de Gillis.

Para que se produzca el desengaño obviamente antes ha de haber engaño, y de éste hay dos tipos: el que deviene de la conducta dolosa de otro y el autoengaño, el que uno mismo se crea. En este caso creo que el engaño no proviene del rico que niega ayuda al fracasado guionista, lo genera esa indefinición de la palabra “amistad” de que hablábamos, que no solo se debe a las naturales limitaciones del lenguaje sino también a ese remilgo social de no considerar políticamente correcta la precisión. Ser preciso, definirse en cualquier sentido, obliga. Y la gente no quiere obligaciones. Olvidar todo esto, pensar que la palabra “amigo” es unívoca, solo puede conducir al autoengaño y consecuentemente al desengaño cuando piensas que todo aquel al que denominas de esa manera va a responder cuando lo necesitas.

Sí señor, “amistad” y “amor” son dos palabras cortadas por el mismo patrón, en ambas cabe todo, y de ambas básicamente hay dos variedades: la “entera” y la “light”, ésta última la más frecuente. Por eso hay tantos “ex” de todo tipo. De todas formas, creo que llegados a una determinada edad nadie o casi nadie es inocente, y en el desengaño una parte de culpa la tiene el que lo sufre, alguno por crédulo, pero la inmesna mayoría precisamente por entrar en ese juego de la indefinición, de la afición por lo fático, por preferir muchas veces las amistades o los amores lights, que son más ligeritos y más cómodos de sobrellevar que los amigos o amores peso-pesado y requieren menos gasto de energías. La tienen por no saber entender, calibrar ni valorar una amistad o amor con mayúsculas, muchas veces ni reconocerlos.

Tener a tu padre siempre a tu lado te dio una visión especial de las cosas, sí, como por ejemplo que el orden moral pasa por la adecuación del nombre y la realidad que representa. Quien se llama a sí mismo “padre” ha de oficiar de tal, como Pere lo hizo. Lo equivocado de esa visión quizás sea pensar que todas las personas habrían de tener el mismo concepto de orden moral. Que las cosas han de ser como deben ser. No sé….

Molts petons, darling.

Perdona que me haya extendido tanto, pero la capacidad de síntesis ya sabes que no es una de mis virtudes y quería que quedase claro que mi afirmación de que el dinero solo es papel carece totalmente de función fática. Supongo que a la hora de conceptuar algo de una determinada manera influyen mucho las circunstancias que rodean una vida, además de la forma de ser. Quizás las mías son las que me permiten pensar así, pero desde luego, insisto en que el dinero solo es papel para mí.

27 Junio 2009 | 09:51 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Ren, andaluza bonita, preciosidad mía, sevillana guapa y salerosa, nada que decir, nada podría decir, a esa exposición que nos has ofrecido, exhaustiva y sincera, de para qué necesitas el dinero.

Pero ya que hablamos de nosotros te confesaré un secreto, durante toda mi vida he trabajado produciendo un artículo de lujo con una característica muy especial. Sé que el lujo es necesario, no es una opinión, lo sé (por eso me gustas tú, porque eres un lujo de mujer), y sé también que lo peor que le puede suceder es su popularización, así que te manifestaré sin ninguna clase de vergüenza ni pudor que me gustan los millonarios y si son millonarias mucho mejor.

También me doy cuenta que soy una especie casi completamente extinguida gracias al pensamiento bondadoso, hecho que lamento pero del que me siento muy orgulloso, no todo el mundo puede presumir de haber perdido, verdaderamente, batallas y guerras, yo sí. En este caso también me jacto que a mí nadie me ha engañado ni tampoco me he dejado engañar.

Muchos besos, hippie.

27 Junio 2009 | 10:49 PM

ren

ren dijo

Bueno… la exposición exhaustiva y sincera ha sido más bien de para qué NO necesito el dinero. El resto de ella, solo la utilidad y el empleo de él que me parecen más adecuados, al menos para mí: mi tranquilidad y la de otros. Mira, pues al final fui capaz de sintetizar, te/me podría haber ahorrado todo el fárrago anterior…

No todos tenemos las mismas necesidades, una vez cubiertas las básicas, así que el concepto de lo que es necesario no deja de ser relativo en muchos casos, y motivado por las circunstancias que conforman la vida de cada cual; tú sabes que el lujo lo es, yo sé que para mí no, nunca lo ha sido y pa lo que me queda en este convento sé que nunca lo será. El único que me gusta tener cerca es uno: tú, y no lo digo en justa correspondencia a tus piropos, por los que tengo que darte mil gracias, sino porque así lo siento, lo sabes.

No hay por qué tener vergüenza ni pudor por manifestar que a uno le gustan los millonarios, y mejor aún las millonarias, ¿qué hay de malo en ello? Yo es que soy pobre hasta de espíritu, no me veo de millonaria, no sabría que hacer con tanto dinero. Bueno, sí…

Efectivamente, no todo el mundo puede presumir de haber perdido batallas y guerras, yo también he perdido alguna batalla y alguna guerra, y me siento igualmente orgullosa. Siempre se olvida la grandeza épica del perdedor que sobrevive, ¿te has fijado..? Todos los cantares de gesta son siempre para el que murió en combate, o para el vencedor. De lo que no puedo jactarme, como tú, es de que nadie me haya engañado y de no haberme dejado engañar. C´est la vie..

¿Sabes lo más paradójico e irónico del engaño? Que muchos, cuando engañan y desengañan a otros, ni siquiera lo hacen a conciencia, lo hacen porque previamente se están engañando a sí mismos dando por cierto que sienten, hacen y piensan lo que ni sienten, ni hacen ni piensan y sí dicen.

Molts petons també per tu, estimat Pele.

¿Ves? Al final terminabas llamándome hippie.. (risas)

28 Junio 2009 | 01:58 AM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Uff!!! queridos amigos, podríais haber dejado un espacito para comentar, no?
Bueno, por lo pronto te digo mi querido Peletero catalán que me encantaron tus palabras sobre Jesús y nuestra palurda tendencia de rebajar la grandeza a nuestro nivel. Cierto, ciertísimo. Eso nos hace felices!!!
Por otra parte, ambos habeis dicho cosas muuuy importantes, y yo me quedo con dos: 1. el interés por lo que le sucede a nuestros seres queridos o a un amigo (a) especial. Pero yo mi querido peletero y mi querida andaluza a pesar de lo curiosa que soy y me reconozco, vuelvo y repito que hay límites que no se deben cruzar. Me parece que el protagonista (claro, se trata de una ficción) se ha pasado de la raya en averiguar los problemas de su amigo Daniel. Naturalmente, estoy muy interesada en saber lo que ocurre, y creo que ésa es la idea del escritor, verdad? Pero en la vida real, francamente, ésto para mí sería inaceptable. De la misma manera, a mí me parece horrorosa la gente que en nombre de respetar la privacidad de los demás NO se interesa por nadie o por nada más que estrictamente por sus asuntos y lo que sea de su más íntimo círculo. Oye, que éso duele, especialmente, cuando quien actúa así es alguien a quien tú quieres.
No creo que tenga nada más que agregar, porque chiquillos a vosotros cuando empezais no hay quién os pare. Besossss para los dos, que habeis estado geniales.
Y no Amparito de mi alma, el dinero no es sólo papeles..., ay! chiquilla ojalá así fuera!!!

6 Julio 2009 | 11:00 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Eso trataba de decir, querida Madeleine, muchas veces enmascaramos en nuestro respeto a la vida privada de los demás la más simple indiferencia por las cosas que les ocurren.

La idea del escritor es solamente la de relatar una historia exclusivamente desde uno de los puntos de vista de uno de sus protagonistas, y tratar con ello de mostrar el muro que al final nunca podemos traspasar, podemos recorrerlo, observarlo y tocarlo, pero nunca pasar al otro lado, ¿de qué muro hablo?, hablo de la piel del otro.

Besos.

9 Julio 2009 | 08:58 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Sí, mi querido Peletero, la piel puede ser para algunos ese muro inexpugnable..., ese que nos moriríamos por escalar, pero ni siquiera nos atrevemos a tocar..., o quién sabe, quizás en sueños. Besos.

10 Julio 2009 | 05:25 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Ya dicen que la piel es el órgano más profundo del ser humano.

Besos.

16 Julio 2009 | 07:21 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Bueno, sería necedad argumentarle a un peletero en contra. Además, me gusta la cita..., tiene un no sé qué de sensualidad. Besos.

16 Julio 2009 | 08:09 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Es que es cierta, la piel es el órgano más extenso y en él parecen afecciones que incluso se esconden en nuestro corazón, o más allá.

Besos.

22 Julio 2009 | 05:41 PM

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Si desnudar a alguien no ha sido nunca una actividad baladí, vestirla tampoco lo es y mucho menos cuando la materia prima es algo tan sublime como la piel. Este es el hecho, sin más, y en él nos regocijamos y sobre él nos preguntamos y nos hacemos responsables, hasta las últimas consecuencias. ______________________________________________________________ __________________________________________________________________ Suscribir con Bloglines __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ Blogalaxia __________________________________________________________________ Add to Technorati Favorites __________________________________________________________________

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