El peletero/Ángela (14 de 20)

14. De cómo el amor te hace perder la curiosidad.
Daniel me mentía y no sabía por qué. Podía haberle confesado que lo veía cada jueves llegar puntual a las 14,30 al portal donde vivía Ángela, la hija sin padre de otra Ángela, y no irse hasta las ocho de la noche. Yo ya me inclinaba por pensar que era amante de la hija de su ama, esa nueva Ángela, aunque no tenía más datos que los que he relatado, ésa era una posibilidad que yo y que muchos hubieran pensado. Pero…, al fin y al cabo no era ése un asunto de mi incumbencia.
Lo habría sido si hubiera tenido los medios y el tiempo suficiente para averiguar ese “porqué”.
En aquel tiempo el trabajo me absorbía, aunque, dicha sea la verdad, mucho menos que una nueva novia que me había salido y que ocupaba todas las horas que ella me mantenía despierto y que eran casi todas.
Las novias o los amores copan mucho tiempo y te impiden desarrollar una vida de hombre civilizado y mundano. Cuando se está enamorado la curiosidad sobre las cosas disminuye, y tu atención queda patológicamente concentrada en un único interés, casi como si fueras una víctima del “Síndrome de Savant”, eres un superdotado en una sola cosa, y una nulidad en todo lo demás. Así que descansé por un tiempo del secreto de Daniel, y la curiosidad que sentía por desentrañarlo quedó aplazada y postergada para una mejor ocasión. Mi atención se concentró en mi nueva novia y sus habilidades en la cama.
Daniel y yo nos seguíamos viendo, y un día, hablando de inmuebles, inversiones y cosas así, le pregunté por Ángela, su ama. Lo hice a media voz, para que no me oyera Cristina, su esposa, un día que me invitaron a cenar con ellos.
Me dijo que había fallecido, que más tarde, cuando estuviéramos solos, me lo contaría con detalle.
Murió de un paro cardíaco al poco tiempo de nuestra conversación. Me enfadé con él por no habérmelo comunicado. Soy tu amigo, le dije, ¿por qué no me lo hiciste saber?
No quería molestarte, fue su respuesta.
¿Y la hija, la otra Ángela?
Tardó un poco, me respondió, pero al final encontró trabajo en una empresa de limpieza de oficinas. Se fue a vivir a una habitación alquilada de una pensión y el piso lo vendí, me respondió escuetamente.
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ren dijo
La verdad es que enterarse de cómo funcionan los mecanismos del amor es lo más decepcionante que hay, porque no me digas que no resulta poco romántico reparar en que ese sentimiento no radica en el corazón sino en el cerebro, y que no es más que una cadena de reacciones bioquímicas producidas por un montón de hormonas cerebrales…
Sí, Pele, el enamoramiento absorbe y enajena, enamorarse provoca una cadena de reacciones químicas adictivas muy similares a las de la drogadicción. Y atonta, con razón Ortega y Gasset se refería a él como un estado de “imbecilidad transitoria”. Está científicamente demostrado que cuando alguien se enamora se produce una desactivación de las áreas cerebrales relacionadas con la capacidad de realizar juicios críticos, por eso es tan difícil ver los defectos en las personas objeto de ese enamoramiento así como en los hijos, y es que esa desactivación no solo se produce en el amor llamémosle “romántico”, sino también en cualquier otra manifestación de ese sentimiento, como el maternal. En todos se suprime la actividad neuronal asociada con la evaluación crítica del prójimo y las emociones negativas. Ortega y Gasset iba más que encaminado, y todas esas expresiones populares de “perder la cabeza” por alguien, “caerse la venda de los ojos” cuando la persona objeto de amor decepciona..
Es comprensible que toda la atención del narrador estuviese del todo focalizada en las muchas virtudes y ningún defecto de su novia. Ya habíamos comentado antes que muchas veces el interés en las vidas ajenas puede provenir del sincero interés que sentimos por alguien, y también de la necesidad de llenar el tiempo libre, o de la mera curiosidad... Todo ello confluye en el personaje, pero la bioquímica del amor es así, no permite diversificar la atención.
Una vez hablábamos de que no hay por qué contarle a los amigos, por buenos que sean, todo cuanto nos ocurre. Y así es, lo que no queremos que se sepa es mejor que no salga de nosotros. Por la misma regla de tres, uno no tiene por qué decirle a los amigos todo lo que sabe de ellos, es más conveniente hacerse el tonto, disimular… A veces, es la forma de salvar una amistad. Sí, el narrador podía haberle confesado a Daniel que lo veía entrar y salir a horas concretas del apartamento en que vivía Ángela, pero eso hubiera supuesto descubrir su mano de cartas y poner a su amigo a la defensiva, y o bien precipitar el fin de la amistad o, en el mejor de los casos, que Daniel tuviera mucho más cuidado en los pasos que daba y que además aún le contase más mentiras o no le contase nada. En cualquier caso, el narrador siempre habría salido perdiendo: o su relación con Daniel o las posibilidades de satisfacer su curiosidad sobre los asuntos de éste una vez que se pusiera en guardia.
La impresión que me da es que Daniel intenta evitar por todos los medios hablar sobre su ama de cría, ni siquiera participa al narrador, y es de suponer que a nadie, la muerte de esta señora. ¿Por qué se oculta un suceso tan doloroso como la desaparición de quien, a todos los efectos, ha sido una madre?
Besos.
27 Junio 2009 | 09:38 PM