El peletero/Ángela (19 de 20)

19. Un extraño buen sabor de boca.
Al cabo de tres días, así de rápido, me llamó y me contó que sí, que había trabajado una tal Ángela Isabel Martínez López hasta hace un mes.
Era indudablemente ella, pensé, no eran imaginaciones mías, yo soy un buen fisonomista, olvidé su cara en aquel hospital, pero casi siempre las recuerdo y reconozco en los bebés las señales del padre, de la madre o las de un tercero. No fallo. Y en este caso tampoco. Ese nombre de “Ángela Isabel”, un nombre compuesto, explicaba el porqué de usar dos según le conviniera, Ángela o Isabel, en los dos casos era su verdadero nombre, no mentía.
Pero hay más cosas, me dijo mi amigo.
¿Qué?
También ha trabajado en la nuestra y en una tercera.
¿Y?, con los contratos basura que hacéis es normal que trabaje en cien empresas.
Claro, eso es lo normal, lo que no lo es tanto es que en todas deje un buen sabor de boca.
¿Qué quieres decir?
En todas hizo novios.
Bueno, yo también tengo facilidad para hacer novias, y creo que a ti tampoco se te da mal. ¿Hay algo más?
No, no hay nada más. ¿Es novia tuya?
No, es la esposa de un amigo.
Bueno, al menos tu amigo tendrá la casa limpia.
Eso es mucho, yo siempre la tengo hecha un desastre, aunque a ellas también les gusta.
¿El qué?, ¿que la tengas sucia y desordenada?
No, eso no, les gusta ese aire bohemio que siempre te da una cierta pátina de víctima, y si la perfumas con unas gotas de desdén y simulas un cierto pasado sombrío, el éxito está asegurado. Recuerdo que tú les contabas que habías estado en la Legión Extranjera, ¿verdad?
Sí, eso les decía, la mayoría no sabían qué demonios era, pero el adjetivo “extranjera” las asombraba.
Seguro que te preguntaban si habías viajado.
No lo preguntaban, lo daban por supuesto. Incluso algunas pensaban que yo lo era, que era extranjero. ¿De qué país?, querían saber. Del extranjero del extranjero, les respondía yo, y se quedaban tan satisfechas.
Eres un gran mentiroso, nada de lo que dices es verdad, tus novias siempre han sido más inteligentes que tú.
Por supuesto, pero se reían, no me creían, claro, ni yo lo pretendía, no lo decía para engañarlas, solamente para jugar. Aunque una vez tuve una que sí, que se lo creyó. Me supo mal. Por cierto, yo me acosté también con esa tal Isabel Angelines o como se llame, si quieres te cuento algo interesante, tal vez le sirva a tu amigo, o a ti. No debería hacerlo, es muy íntimo, pero…
Pero que…
Es significativo de la clase de mujer que es.
¿Tú también te acostaste con ella?, me sorprendes.
Sí, pocas veces pero sí, no hay ningún mal en ello, ¿no?
No, creo que no. ¿Qué le sucedía?, ¿qué era eso tan íntimo?
No tenía orgasmos.
¿Qué?
Eso, no tenía ni un solo orgasmo, ni lo simulaba.
Sería contigo.
No, conocí a tres más con los que tampoco tenía orgasmos.
¿Y dices que dejaba un buen sabor de boca?
Sí, curioso, ¿no?, era perturbador. Parecía una violación. ¿Tú no te acostaste con ella?
No.
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ren dijo
Y luego habláis los hombres de las “armas de mujer”, y decís que somos retorcidas y complicadas…. Qué morro tenéis… Para “armas” las vuestras, mi querido Pele, y aquí se muestran dos de las más efectivas: el victimismo y la mentira simpaticona. Un caradura simpático y que no oculta que lo es cae bien a casi todas las mujeres, posee un encanto al que es difícil sustraerse, aunque las más espabiladas calibrarán bien el grado de esa “frescura” y huirán del que esté instalado en ella a perpetuis y para todos los aspectos de la vida.
En cuanto al hombre –víctima del destino…Uy… Desde luego hay mujeres que gustan de los superhéroes, de los caballos ganadores, pero otras tienen un espíritu maternal (no confundir con el que se refiere a los hijos) que las lleva a amar y desear proteger precisamente a este tipo de hombres, su aire de indefensión es un auténtico imán para ellas. El pasado sombrío es ya la guinda que corona el pastel, no es imprescindible desde luego para las de espíritu maternal, pero es un valor añadido para las que, además, son románticas, sobre todo si han vivido poco. Un hombre “con pasado” es irresistible, y si encima se adorna de un aire bohemio…
Lo que sí es realmente llamativa es la curiosa revelación que su amigo hace al narrador sobre Ángela-Isabel: su falta de orgasmos, y que sin embargo sea tan promiscua. Todos sabemos que el orgasmo no lo es todo en el sexo, desde luego, y que los prolegómenos pueden ser tan satisfactorios como ese último estadio de las relaciones sexuales, o incluso más, dependiendo de la fantasía y ganas que se le pongan. La muchacha podría muy bien ser anorgásmica pero disfrutar del resto de las prácticas que constituyen el juego sexual, y sin embargo ya ves, da la impresión de que no es así, de que se limita a dar placer sin recibir nada a cambio, sin experimentarlo ella de ningún tipo. Lo digo por la expresión del amigo del narrador: “Parecía una violación”
La violación es una fantasía sexual bastante más extendida entre los hombres (y desde luego también las mujeres) de lo que muchos están dispuestos a confesar, por razones obvias. Las relaciones humanas están cimentadas siempre en un juego de poder, y en el sexo también es así, por supuesto. Forzar o ser forzado entra en esa dinámica de ejercicio de dominio de uno sobre otro. Por supuesto, hablo de algo consensuado en una especie de representación lúdica, como tantas otras que forman parte de las actividades sexuales, en la que cada cual adopta el rol que más le complace, que, curiosamente, suele ser el contrario al habitual en el día a día, tanto por carácter como por la posición social, laboral y familiar que se ocupa. En los juegos sexuales cada cual da rienda suelta a sus fantasías, a pulsiones de todo tipo, tanto erotizantes como sicológicas e incluso catárticas, y mientras más imaginación y verismo se les imprima, mejor, más satisfactorios resultan. La anorgasmia de Ángela presenta un plus, un valor añadido a esta fantasía de tantos hombres: es real, y ni siquiera se molesta en fingir orgasmos. Puesto que ella se entrega con pasión a los brazos y besos del amante de turno, y se supone que a todo lo que viene detrás, no se la está forzando a nada, el hombre no siente el desagrado y el rechazo que supondría notar que la mujer está siendo prácticamente violada en la realidad, y todo se queda en el cumplimiento de una fantasía con un suplemento especial de morbo.
Lo que sí que sería interesante es saber qué siente realmente Ángela cuando se entrega, por qué lo hace, si utiliza su cuerpo y esa anorgasmia como arma en un juego de poder que va más allá de la relaciones meramente sexuales. Es una mujer extraña..
Molts petons.
8 Julio 2009 | 12:13 PM