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La Coctelera

El peletero

WHAT YOU SEE IS WHAT YOU GET

10 Julio 2009

El peletero/Postals amb una sargantana (1)

El pelleter

Paradís, 1

Barcelona

ZEL

Qualsevol lloc, gener de 1955

Estimat pelleter,

Un dia em recordaves que l’amor es fonamenta en l’autoengany, ja saps que jo no sé mentir ni dir tampoc la veritat, però de vegades tinc por de només ser per tu el simulacre d’alguna altra cosa.

Sàpigues, amic meu, que t’estimo i sempre t’estimaré.

La teva sargantana.


-----------------------------------

TRADUCCIÓ:

El peletero

Paraíso, 1

Barcelona

ZEL

Cualquier lugar, enero de 1955

Querido peletero,

Un día me recordabas que el amor se fundamenta en el autoengaño, ya sabes que yo no sé mentir ni decir tampoco la verdad, pero a veces tengo miedo de ser para ti solo el simulacro de otra cosa.

Que sepas, amigo mío, que te quiero y siempre te querré.

Tu lagartija.

servido por el-peletero 18 comentarios compártelo

18 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Sor

Sor dijo

Mira tú qué ricura de reptila, si escribe postales y todo...

¿El amor se fundamenta en el autoengaño? es posible, pero es una engañosa bendición que alimenta el espíritu y te ofrece compañía a cambio de nada, bueno, no sé... soy un poco lagartija... ;-)

¡Y que Dios bendiga a todas las lagartijas!

Petons

Tu Sor-Reptila

10 Julio 2009 | 01:31 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Mi querida Sor, eres un sol benéfico y resplandeciente.

Sí, el amor es consecuencia del autoengaño, es una lástima pero es así.

Muchos besos, preciosidad.

10 Julio 2009 | 01:54 PM

ren

ren dijo

No todos, por suerte, pero sí hay amores que sí se fundamentan en el autoengaño, qué duda cabe. En la necesidad perentoria de enjugar soledad, dolor, deseos insatisfechos, carencias emocionales, sexuales, etc, en el anhelo de alguien que nos procure un poco de ilusión, que esté en casa cuando llegamos, de alguien con quien sentarnos a la mesa, que ocupe la otra mitad de la cama, que aturda y encubra con su propia voz la del silencio que a veces se hace insoportable, que llene vacíos.

El problema es que, pasados los primeros momentos de entusiasmo y euforia en que se creen satisfechas las primeras ilusiones, cuando el amor no nace por generación espontánea sino que es inducido por esas necesidades, los vacíos son aún más insoportables, precisamente porque está ocupado físicamente por quien no debería estar ahí, la voz del silencio resuena con más estruendo aún, porque le hace de eco precisamente la de esa persona a la que nos habíamos aferrado. No hay peor soledad que la soledad en compañía, que la de una pareja que se convierten en dos soledades incomunicables, que es lo que termina por ocurrir en estos casos, porque los sucedáneos, como los simulacros, se basan en la mentira. El amor inducido por necesidades es, desde luego, un sucedáneo, el simulacro de otra cosa, del amor real, y no hay nada peor que cimentar una vida sobre una mentira, sobre el deseo desesperado de cubrir carencias. Éstas acaban por mostrarse al final con más crueldad y dolor que nunca.

Uno puede engañar a los demás un tiempo, y si es hábil toda la vida, pero el autoengaño dura lo que dura, no más. Uno no se puede mentir a sí mismo para siempre. Y menos en cuestiones de amor.

Afortunadamente, no todos los amores son autoengaño…

Besos, y enhorabuena por las postales. Son preciosas, y el mucho trabajo que han debido llevarte desde luego ha lucido.

13 Julio 2009 | 09:18 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Ren,

“solamente hablo de mí hablando de los otros: “Todos me llaman El Gordo”, ¿recuerdas?...”

Con el amor sucede exactamente igual, cuando digo que amo a los demás en realidad estoy tratando de decir que me amo a mí mismo. No podría amar a nadie si antes no me amara. Los demás son el mejor instrumento que usa el amor propio.

Recuerdo una conversación leída entre un reportero occidental y un taxista en un país musulmán. Primero empezaron hablando los dos del matrimonio por amor y que en los países musulmanes era cada día más habitual casarse estando enamorado del esposo o la esposa. La conversación por entre las calles de Kabul o de Islamabad era amena, pero también convencional y llena de lugares comunes sobre el amor y el matrimonio, prejuicios con los que todo el mundo estaría de acuerdo. Sin embargo, el periodista, en su afán chismoso y entrometido, le preguntó al taxista si estaba casado, éste le respondió que no, que no tenía ni había tenido nunca una esposa. Al oír aquella respuesta el pasajero le preguntó curioso por qué, cuál era la razón, a qué se debía su soltería y si nunca había estado tampoco enamorado de una mujer o si alguna mujer se había enamorado de él. El taxista que lo llevaba al hotel haciendo sonar el claxon sin parar para que los demás automovilistas lo percibieran y no lo confundieran con una sombra silenciosa le contestó que sí, que se había enamorado en un par o tres de ocasiones y que también había habido alguna mujer que se había enamorado de él. ¿Y entonces?, ¿qué sucedió?, ¿por qué no se casaron ustedes?, inquirió extrañado el reportero. “Yo no puedo casarme con alguien que sea capaz de enamorarse de mí, ¿comprende?, no puede ser de fiar una mujer así, necesariamente ha de ser una persona enferma o diabólica”

Como puedes comprender, y aunque la conversación es cierta, es también uno de esos sofismas que tanto gustan al peletero y a su querida amiga Madeleine, pura distracción para mujeres incautas y enamoradizas, cosa que vosotras no sois en ningún caso.

Besos.

14 Julio 2009 | 05:44 PM

ren

ren dijo

Sí que te gustan los sofismas, Pele de mi alma, no hay duda. (risas) Tu intervención es magnífica, pero no me lo negarás… Eso de que nadie podría amar a otro si antes no se amara a sí mismo es muy bonito, pero no, no cuela. Hay muchísima gente que se quiere poco o nada, y sin embargo vuelca en otros toda su capacidad de amar, que no es poca, y que en algunos casos llega incluso a ser desesperada. También es cierto que a veces pelín sesgada, precisamente porque no quererse puede distorsionar en ocasiones la manera de manejar los sentimientos. Pero aunque “casos veredes”, sí que la mayoría mantienen un difícil equilibrio entre lo que es amar a otros y el desequilibrio de no hacer lo propio consigo.

Y también hay muchos que solo se quieren a sí mismos, y proyectan ese amor en los otros, pero como mera proyección, sin llegar a saber jamás lo que es dar y darse a alguien.

La frase del taxista es de antología. O implica un profundo conocimiento de sí mismo, tanto que hizo bien en no casarse, o es una de esas frases-trampa que, efectivamente, sirve de cebo a las incautas, sean o no enamoradizas. Ambas características no van de la mano en todos los casos, hay incautas que no son en absoluto enamoradizas y enamoradizas que de incautas no tienen un solo pelo. Una variante de la incauta es la buena samaritana, esa que escucha frase semejante con el corazón encogido y automáticamente arde en deseos de eliminar ese complejo de inferioridad atroz que le supone al que dice semejante frase, en deseos de liberarlo…. Y sin darse cuenta la que queda presa es ella.

Besos, joven. Tu intervención ha ido genial…

14 Julio 2009 | 09:27 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Queridas Sor y Ren, la larga experiencia masculina y sofística del peletero le dice que una de las peores cosas que un hombre puede hacer en esta vida es hablar de amor con una mujer. ¿Por qué? Porque en realidad estás hablando de ella y no de “amor”. Ya lo dijo el Gordo en su momento, el peletero es un mediocre estratega y un pésimo táctico. Al peletero lo que realmente le gusta es hablar, en el buen sentido de la palabra, de “mujeres”, de lo femenino y masculino que ellas contienen, y no de una mujer concreta que siempre termina por ponerle en apuros y que jamás se somete a un buen sofisma, prefieren directamente un vaso de ginebra. Por eso ha inventado a una lagartija, que, por su falta de memoria, es el ser más opuesto que existe a una mujer. De esta manera no se compromete, siempre filosofa sin aludir a nadie y cree que así se hace el simpático y que enamora. Pero no.

La frase del amor como autoengaño pretende tener una dimensión moral más que psicológica y forma parte también de la especial lógica del deseo, dime qué quieres y me mostrarás qué te falta. La pareja de alguien siempre dice mucho de ése alguien, los hijos hablan de sus padres como si fueran un libro abierto y los padres, cuando pierdan la memoria, como mi dulce lagartija, hablarán de sí mismos y en ellos veremos, con absoluta claridad, qué son.

La frase del taxista también tiene una dimensión mezquina y claramente machista, es un desprecio, no solamente a sí, a ellas también, a la mujer en general, como si fuera uno de esos actualmente famosos “hombres que no aman a las mujeres”, lo es igualmente del hombre enamorado de una mujer, un estado muy especial en el que, valga la expresión, aquello que está dentro sale fuera y se muestra a los ojos de la enamorada. ¿Qué ve?

La anterior pregunta sirve de enlace para afirmar que llenamos los papeles de interrogantes y preguntas y al peletero solamente se le ocurre hacer una, la única que cree verdaderamente trascendente: “Dime, ¿qué ves?”

Con ese ánimo y cuidado ha construido él esas postales, en ellas hay lo que el peletero ve. Las ha elaborado una a una, con el amor sincero y tierno que siente por su lagartija, en su honor, siendo al mismo tiempo un auténtico emblema de todas vosotras, una especie de bandera.

Besos.

14 Julio 2009 | 10:24 PM

ren

ren dijo

Mi larga experiencia femenina y pelín sofística, tampoco lo negaremos, me dice que dependiendo de la mujer y del momento se puede hablar con ella de amor y de mujeres o filosofar sobre el amor y las mujeres. Incluso a veces, hablar de las unas es hablar de lo otro, y viceversa. Todo depende de la ocasión y de la persona que se tiene enfrente.

La dimensión moral que le adjudicas al concepto del amor como autoengaño haciéndola formar parte también de la lógica del deseo me ha parecido muy interesante, pero ya sabes que yo soy más de árboles que de bosques, y por eso no puedo estar de acuerdo con ella más que parcialmente. Es cierto que en ocasiones al pedir lo que queremos mostramos lo que nos falta, pero no siempre, ni mucho menos. Por lo general, lo que pedimos es lo que consideramos necesario para funcionar como pareja con esa persona, y también por lo general solemos pedir del otro precisamente lo que ya tenemos, porque en una relación de pareja ambos han de alcanzar unos techos comunes, y si ambos no lo alcanzan el fracaso es seguro.

Además, para que ese pedir lo que nos falta formase parte de un autoengaño habría que carecer de la conciencia de que eso nos falta, y de que lo estamos pidiendo a otro en vez de generarlo nosotros mismos. Claro que eso ocurre, pero no creo que se pueda tomar como norma. En general solemos ser conscientes de nuestras carencias, y también de cuándo estamos queriendo de la otra persona eso que nos falta.

Es una buena pregunta esa que se hace el peletero, “¿Qué ve?” el enamorado, quizás la más pertinente, puede que hasta la única pertinente. Permíteme que te la responda a mi modesto entender, y esta vez generalizando, fijándome en el bosque y ahora no en árboles concretos, al margen de lo que el peletero ve.

El enamorado ve en el otro lo que desea ver, y lo que este le quiere mostrar. Ya hemos hablado de cómo afecta el estado de enamoramiento al funcionamiento cerebral y a la capacidad de enjuiciar críticamente a la persona objeto de amor. Pura ciencia. En la persona de que nos enamoramos vemos la encarnación de nuestros anhelos, de nuestras quimeras, ilusiones, deseos, necesidades, a veces hasta carencias.

Y vemos lo que ella nos quiere mostrar… Todos llevamos dentro un Cyrano de Bergerac que habla por nosotros cuando queremos gustar, alguna vez te lo he comentado, y más aún cuando a lo que aspiramos es a enamorar, un Cyrano que intenta mostrar solo lo mejor de nosotros mismos, lo mejor que tenemos… y lo mejor de lo que carecemos pero quisiéramos poseer. Y desde luego no por hipocresía, sin ningún ánimo de dolo, solo siguiendo la muy humana tendencia a ser lo que se espera de nosotros, agradar, y en este caso concreto, a enamorar.

Eso es lo que vemos en la persona de que nos enamoramos: lo que deseamos y necesitamos ver y lo que el otro nos quiere mostrar. Hay ocasiones en que todas las piezas ajustan entre sí maravillosamente, y cuando cede el deslumbramiento del principio el engranaje continúa funcionando. Ahí están para demostrarlo esas parejas de años, cuyo amor sigue en pie. Otras veces, tan grande es el desfase entre lo que vemos y nos muestran y lo que en realidad es que la pareja no se sostiene, y pasada la primera euforia la desilusión y la imposibilidad de convivencia son tales que no queda más camino que la separación, y las estadísticas de divorcios lo avalan. Si no recuerdo mal, en nuestro país se producen unos 300 por día, y de parejas que comenzaron enamoradas su singladura, porque hoy día raro es quien no se casa por amor.

Molts petons, y unos cuantos más por haber hecho de la sargantana un emblema de todas nosotras. Es realmente hermoso, creo que hasta más que las postales, que ya es decir....

15 Julio 2009 | 08:31 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Ren, las presentes postales solamente pretenden ser un juego poético, visual y literario, una pequeña filigrana en su intención y en su elaboración, eso es todo. Quizás esas tarjetas digan algo más, pero no hay más ni tampoco menos que lo que muestran. Su posible acierto estará en aquello que cada uno pueda ver en ellas de sí mismo.

”Todos llevamos dentro un Cyrano de Bergerac que habla por nosotros cuando queremos gustar”

¿Quién quiere gustar?

Permíteme ser sofístico, querida amiga, déjame solamente jugar con las palabras y decir a cuento de ellas que la relación epistolar que mantienen el peletero y su lagartija es un beso y una mirada interminables aunque solamente duren cinco minutos. Es un adiós en un hola, es un dulce abrazo mientras suena la música que ves que termina, bailas junto a ella y la hueles y le dices cosas, que, al menos tú, nunca olvidas.

Hace un tiempo, para mi demasiado, una querida amiga de esta casa, que un día dejó de venir y a la que añoro profunda y sinceramente, y que se caracterizaba por tener mil nombres, dijo unas de las frases más ciertas y hermosas que aquí se han dicho. En su momento así lo reconocí y ahora quiero repetirlas. En ellas me siento identificado porque son las almadías que rescatan náufragos en un mar siempre tempestuoso, no debemos tenerle miedo aunque las olas sean enormes, siempre hay que persistir y no olvidar jamás. Ella decía:

”El amor no es para siempre.
Eso es así ahora y lo ha sido siempre.
Solamente esos cinco minutos, que tenían el sabor de la eternidad, convierten ese amor en eterno. Eso es así si estamos dispuestos a establecer su recuerdo como algo eterno.
Elegir un recuerdo u otro es un acto de egoísmo y yo diría que en algunos casos también de debilidad, y en otros de todo lo contrario, de fortaleza.
Lo difícil es coincidir, es cierto, siempre lo es. Coincidir en el espacio y en el tiempo. Coincidir y darse cuenta que se coincide. A veces somos tan tontos que pasamos de largo.”

-----------------------------------

“tanto la quería,
que, tardé, en aprender
a olvidarla, diecinueve días
y quinientas noches.”

(“19 días y 500 noches”, J. Sabina)

16 Julio 2009 | 07:13 PM

ren

ren dijo

Ah, pues no sé quién quiere gustar, yo hablaba en general. Como te dije, esta vez solo miraba bosques, que no árboles.

Sí que eran bonitas las palabras de nuestra amiga, a la que yo también añoro, sinceramente, aunque, para no variar, no estoy del todo de acuerdo con ellas. Sí que hay amores que duran para siempre, todos conocemos casos. Por lo demás, le doy la razón. Esos cinco minutos del amor que se vivió son eternos, como también lo es el dolor de la pérdida. Uno se aventura en mares tempestuosos con olas enormes dependiendo de las veces que se haya naufragado, hundido entre sus aguas y de lo hondo que haya llegado. Esa vez en que alcanzas la almadía de puro milagro, casi ahogado, con los pulmones llenos de agua, lo más probable es que no se vuelva uno a lanzar al mar, y que se prefiera prescindir de los cinco minutos de amor con sabor a eternidad antes que volver a soportar la eternidad del dolor. Eso también dependerá del valor de cada cual, supongo…

Lo mismo que con los recuerdos. Los malos hacen daño, y los buenos también pueden hacerlo cuando despiertan la nostalgia por lo que fue y ya no es. Ya todo depende del umbral del dolor que tenga quien echa mano de ellos.

Besos.

Oye, pues yo diría que más que sofista estabas poético…

17 Julio 2009 | 08:56 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Ren, en un sentido amplio y boscoso del término, todos queremos gustar y ser queridos, creo que no hay nada malo en ello si no perdemos la dignidad en el intento.

Dices algo muy cierto al hablar de los recuerdos: ”Ya todo depende del umbral del dolor que tenga quien echa mano de ellos.”

Siempre es así, todo consiste en eso. Ya sé que me repito como el ajo, pero me permitirás que cite una vez más las mismas palabras:

“Sobre la poesía, cuanto menos se diga, mejor. La poesía es la verdad del arte. La verdad, para cada cual, es la resistencia al dolor durante una vida entera. Allá cada cual con su verdad”. (Felix de Azúa)

Besos.

18 Julio 2009 | 01:16 PM

ren

ren dijo

En ese sentido amplio y boscoso hablaba cuando mencionaba a ese Cyrano que todos llevamos dentro. Claro que no hay nada de malo en desear gustar y ser queridos, es lo más humano y natural del mundo. Hombre…, también es verdad que hay saber manejar bien a Cyrano, controlarlo un poco no sea que se desmande debido a nuestro entusiasmo y ganas de quedar bien, porque se puede terminar perdiendo la dignidad, efectivamente, y también engañando al otro o engañándose a uno mismo, que son asimismo maneras de perder la dignidad.

¿Te digo una cosa? Esperaba esa cita.. (risas) Además, ya sabes que me gustan esas líneas de Azúa, así que nunca me parecen reiterativas.

Besos, mi querido Pele. :-)

20 Julio 2009 | 06:28 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Pero, querida Ren, engañarse a uno mismo es la tesis que se expone en estas postales, de eso se trata, de engañarse a uno mismo, eso debemos hacer si queremos querer a alguien, ¿cómo se puede amar a otro si uno no se miente? Si fuéramos sinceros nunca nos enamoraríamos, tendríamos afecto, cariño, respeto, apego, admiración, simpatía, amistad, camaradería, complicidad, incluso atracción sexual, pero no amor “bigger than life”

¿No crees?

Besos.

22 Julio 2009 | 05:16 PM

Sor

Sor dijo

Vaya, las postales de la lagartija tratan del autoengaño, curioso...

¿Como se puede amar a otro sin mentirse? Fácil, amando sin más.

Para mentirse hay que cavilar mucho o no cavilar absolutamente nada.
Para amar solo hace falta predisposición y fluir, sin tanta historieta, sin tanta cavilación.
La mentira es un modo de sobrevivir tan natural como vivir en Dubai, algunos incluso son felices o.... nos mienten y nos hacen ver que son felices, en cualquier caso el problema siempre es del que se engaña.

Si yo no fuera sincera, creo que amaría hasta a las lagartijas...

Bueno, que solo pasaba por aquí.
Petons

23 Julio 2009 | 07:57 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Queridísima Sor, ¿cómo van las cosas en su convento?, ¿se encuentran bien las novicias? ¿Y usted? Si necesitan algún confesor o alguien que les suba la moral o les zurza el bajo de los hábitos no dude en llamarme, ya sabe que yo absuelvo con muy poca penitencia, algunos dulces latigazos, nada más y que mi aguja cose rápido, y que a mí sólo se me escapan unos pocos pinchazos, algunas gotitas de sangre, poca cosa, dos o tres “¡ays!”.

No debe de extrañarse, querida, ni considerar curioso que las postales traten del autoengaño, ¿qué otra cosa hay digna de ser tratada en este mundo que no sea ésa? Piense, amiga mía, que nuestra vida consiste básicamente en la relación que mantenemos con la verdad, y que la mayoría de enfermedades mentales no son otra cosa que derivaciones de ésa relación. ¿Qué hacemos con la realidad?, ¿cómo la contamos y nos la contamos?

Cavilar o no, mucho o poco, respecto a la mentira es algo tangencial y meramente anecdótico a la mentira misma.

Si para amar no fuera necesario “tanta historieta”, como usted afirma, todos nos amaríamos, con ternura y sinceridad y el mundo sería casi perfecto, Y una de dos, o el mundo es ciertamente “casi perfecto” o para amar es necesario poner mucho empeño y mucha historia, propia y ajena.

La mentira, como tantas cosas en esta vida, es un instrumento de supervivencia, nada más. Mi padre, en la guerra, en el bando republicano, se escondía los galones de cabo para pasar desapercibido si llegaban los franquistas y lo apresaban. También, para que no lo mataran a él, no denunció a sus superiores un asesinato que se había cometido delante de sus ojos por un Capitán que no pudo soportar la presión. Otros se disparaban en las manos para pasar por herido y no ir al frente.

Cada uno es feliz con lo que puede y sabe, yo lo soy amando a mi lagartija. Lo hago desde una orilla muy poco habitada. Pero ya sabe usted que hoy en día la gente, casi toda la gente, ama mucho a los animales, ¿no?, lo dicen de una manera tan convencida que nadie diría, y mucho menos ellos, que se están mintiendo a sí mismos, ¿verdad?

Muchos besos y muchas gracias por su visita.

24 Julio 2009 | 01:35 PM

ren

ren dijo

Llevas tooooooooooda la razón del mundo en parte de tu tesis. Si queremos querer a alguien desde luego que hay que recurrir al autoengaño, estoy totalmente de acuerdo contigo, no hay más remedio que convencerse por todos los medios posibles de que es posible amar al otro, y esos medios posibles se reducen a uno solo: la mentira, el autoengaño. Ya lo decía, hablando de la libertad y de la libre elección, el insigne San Anselmo de Canterbury, teólogo y destacado filósofo medieval, padre de la escolástica:

"El hombre puede ser torturado a pesar suyo...; pero no puede querer a pesar suyo, porque no puede querer no queriendo".

Pero amar es otra cosa bien distinta, ahí tengo que estar de acuerdo con esta díscola Sor: se puede amar a otro sin mentirse, simplemente amando, a dictados del corazón. Si el verdadero amor solo fuese una mentira no podría subsistir toda la vida, y todos conocemos a parejas que no dejan de quererse ni después de la muerte. El “polvo seré, pero polvo enamorado” de Quevedo es cierto. Y por lo mismo que el verdadero amor jamás es una mentira, se vienen abajo tantos amores como se vienen abajo, porque nunca fueron ciertos, solo espejismos. Imagina si habiendo creído que se estaba enamorado de veras luego uno se da cuenta de que solo fue un bluff, qué puede ocurrir cuando encima hay que autoengañarse para querer, cuando alguien quiere querer…

Hay muchos tipos de amor: a los padres, hermanos, amigos, pareja, incluso ese que mencionas, el que ofrece afecto, cariño, respeto, apego, admiración, simpatía, amistad, camaradería, complicidad, incluso atracción sexual, y todos ellos salen directamente del corazón, de las vísceras, no es necesario mentir ni mentirse para sentirlo y para manifestarlo. El amor bigger than life existe, lo demás es puro sucedáneo, simulacro.

Besitos, Pele.

24 Julio 2009 | 01:56 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Pero tú, querida Ren, y nuestra muy amiga Sor también, hablas del amor como lo haría un profesor de una escuela de negocios, enseñando a sus alumnos como elaborar una propuesta de negocio arriesgada pero profesional y económicamente factible. O como hacen los ingenieros de la Nasa cuando planifican una misión tripulada a Marte. O como un político cuando lanza una propuesta que necesita el apoyo de muchos para ser llevada a cabo. En ninguno de estos casos se puede construir un relato que sea llevado al cine con las mínimas garantías de éxito de público. La gente no quiere que les cuenten eso, ya lo saben, ellos lo que desean es morirse de amor, ¿por qué?, porque puesto que vamos a morirnos de todas maneras es mejor hacerlo un poco locos, ¿no?

Besos.

24 Julio 2009 | 05:53 PM

Sor...presa!!!

Sor...presa!!! dijo

Queridíiiiiiiiiiiimo Peletero:

En el convento las cosas van muy requetebién, las novicias contentas estamos de hablar cada día con el Señor, nos sube a todas mucho la moral.

Hablar con Dios hay quién piensa que puede ser también una manera de autoengañarse porque aquello que no se ve dicen que no existe. Qué sabrá nadie...
Habrá incluso quién piense que nos refugiamos en la religión porque un convento es una buena burbuja contra las decepciones y el dolor que nos produce todo lo que hay fuera de él. Como si nosotras no supiéramos o pudiéramos defendernos de la verdad o de la realidad que hay ahí fuera, faltaría más.
Creerán que tenemos miedo a enfrentarnos a la vida fuera de estos cuatro muros, con sus alegrías y sus desengaños, pero no es así.
Nosotras somos felices hablando y amando cada día a Dios como el Peletero a su lagartija. Habrá quién piense que eso no es real, que estamos locos, pero no es así. Somos felices, somos conscientes de que el hábito no hace al monje pero lo llevamos porque nos protege de las inclemencias climáticas.
Como el Peletero, viste con su amor a su lagartija, porque así es feliz y porque ella es muy agradecida, más que ninguna otra. Qué bonito.

Sí Peletero, algunos dirán que es triste que vistas de amor a una reptila en vez de a una humana, pero dan menos problemas, todo hay que decirlo.

¿Necesitas que alguien te suba la moral a ti? O lo que sea hombre...

¿Vives orillado en un lugar poco habitado? Claro hombre, si todo tu amor es para una lagartija, imagino que los demás andarán por otra orilla con sus lagartijos o lagartijas.

Yo vivo en una orilla del convento también poco habitado pero la cuestión no es si uno está solo sino si así es feliz, lo demás no importa.

En fin, ¿la mentira sirve para sobrevivir? No, la mentira solo sirve para engañar o engañarse. Para sobrevivir y vivir solo sirven las verdades, aunque sean feas. Sobrevivir o vivir engañados se llama "malvivir", que es muy diferente.

Petons celestiales, tolón, tolón..

24 Julio 2009 | 06:43 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Sor, ya sabe que la gente normalmente piensa cosas facilonas, que el bien es consecuencia de la bondad y que el “follaje” es verde, como la esperanza.

Pero no.

Cuando hablamos del autoengaño debería comprender, querida mía, que es como si estuviéramos cocinando un pastel que necesita una buena base de “pa de pessic”, sin la cuál no se puede construir nada encima, ni siquiera colocar las figuritas de los novios vestidos de gala, ¿me entiende?

Mire, se lo explicaré de otra manera, los ingredientes son:

175 gr. de azúcar
50 gr. de harina
50 gr. de fécula de patata
4 huevos
piel de limón rallada
pizca de sal
azúcar glass para espolvorear

Y el procedimiento para elaborarlos es el siguiente:

Tamizar la harina, fécula y sal. Reservar.
Batir las claras a punto de nieve fuerte. Reservar.
Desbaratar las yemas y añadir el azúcar en 3 ó 4 veces, batiendo bien hasta que la mezcla cambie de color.
Añadir la piel de limón y las harinas tamizadas de nuevo. Por último incorporar las claras cuidadosamente, con movimientos envolventes.
Cocer a 180º. Utilizar un molde de 22 cm. de diámetro 20 minutos.

Querida amiga, si esto no es un claro ejemplo de autoengaño ya me dirá qué es, ¿verdad?

Besos santos.

25 Julio 2009 | 01:33 PM

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Sobre mí

Si desnudar a alguien no ha sido nunca una actividad baladí, vestirla tampoco lo es y mucho menos cuando la materia prima es algo tan sublime como la piel. Este es el hecho, sin más, y en él nos regocijamos y sobre él nos preguntamos y nos hacemos responsables, hasta las últimas consecuencias. ______________________________________________________________ __________________________________________________________________ Suscribir con Bloglines __________________________________________________________________ __________________________________________________________________ Blogalaxia __________________________________________________________________ Add to Technorati Favorites __________________________________________________________________

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