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La Coctelera

El peletero

WHAT YOU SEE IS WHAT YOU GET

4 Noviembre 2009

El peletero/El tiempo pequeño/Dedicatoria-Mucho antes

El tiempo pequeño/Dedicatoria

Para mis gatas, una paisa, una sevillana, una caleña, una barcelonesa palentina, una madrileña, una salmantina bilbaína, y una berciana catalana. Todas son trinas y ninguna es maula. Para mis lagartijas, para mis Evas y mis niñas a las que siempre dije no, y las que siempre me dijeron no. Siempre un te quiero y siempre un adiós necesario y sincero. Para mis sargantanas, rápidas y quietas, que, peinando o enseñando, adivinando o escribiendo, hablando o callando, escuchan el canto. Para ellas con todo mi cariño.

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Mucho antes

Desde mucho antes de morir mi jilguero, cuando dejó de cantar, la gata ya estaba triste y mustia. Se mostraba esquiva conmigo y maullaba a la jaula suplicando un trino.

Anticipaba el final buscando desde el balcón un aliento, un soplo, esperando al viento, que arrastra las nubes entre el cielo y el suelo, escuchaba un río.

Ahora, que mi pájaro ha muerto, se ha quedado abatida y doliente. Acurrucada en su rincón se mantiene quieta y hecha un ovillo. Lleva ya demasiados días sin comer y le ha bajado la temperatura. El veterinario afirma que quizás ella muera también, de pena, y sin duda de frío.

Los animales saben esa clase de cosas, pensé. Consiguen ver nada más abrir los ojos, como si fueran un mirlo disfrazado de Dios o de demonio. Cada vez que miran, el mundo se les aparece por primera vez.

Huelen el temor de los demás, su ansia, su necesidad y su sed, también su muerte, la de los otros y, sin duda, la suya propia. Olfatean los humores, las menstruaciones, los sudores, las corrientes que recorren los intestinos y las venas, las lágrimas que millones de ojos derraman cada noche de cada día. Las bestias del paraíso deben convivir también con su propio miedo, que nunca los abandona.

Todo eso lo saben desde mucho antes de nacer, me digo, una vez más, sin hablar y mientras escucho atento, con mi oreja pegada a tu abdomen y a tu ombligo, tu jadeo, el torrente subterráneo que recorre tus miembros, desde la cabeza hasta los dedos de tus pies.

Te ausculto como si fueras a parir un jilguero.

En tu vientre busco un ritmo, pero solamente oigo un tono, un rumor, un murmullo sofocado y continuo, un devenir sin compás ni cadencia, parece un derrame, una hemorragia a punto de estallar como si hubieras de darme a luz a mí mismo.

Parezco tu hijo, pero no soy ningún dios ni tampoco un mirlo, mis plumas no son negras, ni mis escamas las de un pez, y siempre que te miro es como si te viera por última vez.

servido por el-peletero 12 comentarios compártelo

12 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Xitus

Xitus dijo

Oh! M'ha agradat molt aquest.
Pensava en el Misto - que per cert em fa el salt en aquests moments i no és aquí al costat-. Només d'intuir dels nostres moviments que estem a punt de marxar de casa, comença a tremolar tot ell. Des del musell fins l'últim pèl de la cua. No ho pot evitar, és un piscis com jo.

5 Noviembre 2009 | 06:25 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Gracies, Xitus. El text hauria d’haver estat escrit en català, però cadernera no rima amb pelleter.

Els peixos teniu cua d’escates i us falta bigoti, per això m’agraden les sirenes, no fan servir l’afaitadora i no sé si tenen casa, les gates i el gossos sí, casa i amo, les sargantanes no i a les caderneres no els hi cal.

Una abraçada.

5 Noviembre 2009 | 07:05 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Me gusta mucho este relato, querido Peletero, porque muestra las paradojas que a menudo tiene la vida: Dos animales antagónicos como una gata y un jilguero (al menos ellas se pasan la vida con deseos de comerse los pajaritos), que probablemente han llegado a convivir tanto y alcanzado tal grado de intimidad que la "cazadora" presiente y la entristece la desaparición de su "amigo". Extraña su canto, sus trinos y le duele ver la jaula vacía al punto que la muerte del jilguero quizá signifique también la muerte de ella. Yo ni lo dudo. Por el contrario, algunos seres humanos reaccionan a veces como animales y emulan a algunos de ellos en carencia de sentimientos. Esas son algunas de las ironías que guarda la vida. Besos.

6 Noviembre 2009 | 12:02 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Así es, querida Madeleine, los animales saben cosas que nosotros olvidamos cuando dejamos de serlo, por esa razón el narrador busca en el cuerpo de ella el centro de la tierra. No quiere dejar de cantar como su jilguero ni morir de pena ni de frío como su gata, quiere nacer, ser parido de nuevo, pero no es ningún dios ni tampoco un mirlo, sus plumas no son negras, ni sus escamas las de un pez, y siempre que la mira es como si la viera por última vez.

Saludos.

6 Noviembre 2009 | 11:52 AM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

"El narrador busca en el cuerpo de ella el centro de la tierra...", me fascina la metáfora. Lo busca y a lo mejor la encuentre. El narrador quiere ser parido de nuevo, pero no es un dios ni un mirlo y ni siquiera pez, y no obstante no dudo de que tenga la capacidad para reinventarse. Todos la tenemos, sólo que no hacemos uso de ella.

7 Noviembre 2009 | 06:00 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Madeleine, el centro de la tierra, el paraíso, el cielo, son metáforas muy hermosas del amor que resuelve el enigma primordial de la existencia.

Sin embargo, cada uno encuentra lo que busca y lo que busca puede ser cualquier cosa.

El “renacimiento” del que hablo no es tanto un reinvento, un empezar de nuevo, para mí es más un regreso al pasado, un revivir lo vivido, un regreso a casa, una vuelta al tiempo anterior al tiempo.

”Hicimos del día una gloria antigua y del bosque un paraíso. Desobedecimos a Dios en cada instante –y a los hombres- y probamos de todas las manzanas”.

Extracto de “Paraíso”, en “Baladas de amor”, de Juan Ramón Jiménez.

Saludos.

7 Noviembre 2009 | 01:04 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Regresar al pasado y revivir lo vivido? Eso sí lo veo muchísimo más difícil, por no decir que imposible, mi querido Peletero. Sí, a veces lo hacemos a través del privilegio de nuestra memoria, de los recuerdos y hasta logramos cantar de nuevo con Juan Ramón Jiménez sus baladas de amor, pero lo cierto es que ya nada es lo mismo. Las glorias antiguas y los tiempos en que hacíamos de los bosques un paraíso y desobedecíamos a Dios y a los hombres a cada instante y probábamos todas las manzanas, están idos.

Lo mejor es buscar nuevos días aunque no sean de tanta gloria y paraísos más reales. Por eso era que yo hablaba de reiventos y de comienzos, sólo por eso. Al fin y al cabo, cada día que cerramos los ojos no sabremos si volveremos a abrirlos hasta la mañana siguiente que marca un nuevo empezar. Besos.

10 Noviembre 2009 | 08:12 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Tienes razón, Madeleine, pero si eso hiciéramos nadie escribiría poesía, o al menos una clase de poesía.

Cuando hago filosofía soy ateo y materialista y digo que si la digestión es la función del estómago, el pensamiento lo es del cerebro. Que si no hay cerebro no hay nada. No me gustan los psicólogos y sí los neuropsiquiatras que recetan pastillas. No creo en Platón ni en almas ni en el más allá, ni en Dios ni en el cielo, el pasado no existe igual que el futuro, solamente la flecha del tiempo que marca que algo cae. ¿Hacia dónde?

Si respondo a la pregunta deberé decirte que este “Tiempo pequeño” son solamente palabras escritas en un papel, nada más, que su valor está en ellas mismas para el que sepa hallarlo, que son ensoñaciones, mezcolanzas entre recuerdos, imaginaciones y sueños. Que son también deseos y viejas esperanzas muertas que por estarlo las trato con el mismo respeto y amor de entonces, cuando estaban vivas y adornaban mi vida igual que lo hacen hoy.

Por eso pude escribir “Réquiem”, el post que publicaré el próximo viernes. Él es la razón de la dedicatoria, gracias a vosotras rescaté a alguien de la oscuridad, fue un instante, sucedió entonces y sucede cada día de mi vida.

Muchos besos de tu peletero catalán.

10 Noviembre 2009 | 09:08 PM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Tengo razón, querido Peletero y también la tienes tú. No todo puede ser tan prosaico. La poesía como creo que te he oído decir tantas veces es la única que nos salva. De otra manera nos hundiríamos en la locura o en la desesperación. La poesía para mí es el idioma de Dios, un idioma a menudo silente y de signos sencillos, pero contundentes. Ese lenguaje especial y muy íntimo que utilizamos para comunicarnos con nuestros seres queridos, ese lenguaje maravilloso pero incomprensible para muchos simplemente porque nace del corazón.

Esta serie de posts son casi unos de los más hermosos que te he leído y digo casi porque tienen mucha similitud con los que alguna vez escribiste para la sonrisa más linda del mundo y para luz de mandarina. Puedo apostar que todos han brotado de la misma fuente. Dime, cómo podría yo no creer en Dios? Besos.

12 Noviembre 2009 | 05:12 AM

el-peletero

el-peletero dijo

Querida Madeleine, gracias por tus palabras tan amables y cariñosas.

Es cierto, tenemos razón los dos, ambos llegamos al mismo sitio aunque sea por caminos que parecen opuestos. Cada uno con su caminar propio y con la sombra del cuerpo oscureciendo lados distintos de su rostro, aunque no del camino. El sol siempre sigue el mismo sendero.

En esta pequeña serie ha reaparecido una sensibilidad que tú conoces muy bien, es aquella que va siempre acompañada de partes de nosotros mismos, es un ejercicio duro que solamente podemos llevar a cabo en circunstancias especiales y en determinados momentos de comprensión y necesidad.

A veces tengo la sensación que una clase de poesía consiste en decir lo que no dijimos en su momento y deberíamos haber dicho. No podemos volver atrás, no se puede desandar el camino, podemos arrepentirnos, pero es imposible rectificar. Los muertos y los vivos no pueden resucitar ni nacer o morirse antes de tiempo.

Lo hicieron entonces, cuando en un solo árbol había todo un bosque.

Pero la vida sí nos permite y nos otorga un raro don, una manera muy peculiar de viajar a través de los años. Hablando y diciendo todo aquello que callamos, aunque sea delante de un espejo, frente a un muro o mirando el horizonte hay que hacerlo, decir lo que no dijimos.

Ya callaremos cuando estemos muertos.

Besos.

12 Noviembre 2009 | 11:54 AM

Madeleine  De Cubas

Madeleine De Cubas dijo

Exactamente, querido amigo. Ya callaremos cuando nos muramos, pero entre tanto, hagamos uso de ese maravilloso talento que Dios y la vida nos da. Así que viajemos inclusive a través de los años y expresemos y digamos todo aquello que callamos. Un "te quiero" o un "lo siento" a tiempo parecen frases tan simples y sin embargo obran maravillas en nosotros y los demás. Besos.

12 Noviembre 2009 | 07:55 PM

el-peletero

el-peletero dijo

Tienes razón, Madeleine, si algo hay que deba decirse debe ser dicho.

Besos.

13 Noviembre 2009 | 11:15 AM

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Sobre mí

Si desnudar a alguien no ha sido nunca una actividad baladí, vestirla tampoco lo es y mucho menos cuando la materia prima es algo tan sublime como la piel. Este es el hecho, sin más, y en él nos regocijamos y sobre él nos preguntamos y nos hacemos responsables, hasta las últimas consecuencias. ______________________________________________________________ __________________________________________________________________

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