El peletero/Los cocodrilos del alba (2)
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Las patas del ángel
Había días que pensaba que era un ganso pecoso de Australia, y otros una simple ave zancuda de extremidades largas. Siempre me han gustado las mujeres de piernas de jirafa, de caballo recién nacido o de grulla asilvestrada.
Sin embargo, los patos, y la mayoría de las aves marinas, son paticortos aunque muestran algunos de los mejores picos de todo el universo femenino. Las hembras oceánicas, como las pardelas, tienen los brazos delgados, los pies grandes y los agujeros de la nariz profundos como si fueran unos orificios tubulares. Yo prefiero los colimbos por humildes, pero las más bellas entre todas son las garzas y los ibis sagrados con sus bocas en forma de flecha y su cuello de azagaya lista para disparar palabras.
Marta parecía usar zancos, cuando se calzaba los zapatos de fiesta tocaba el cielo. Yo siempre la admiraba desde el suelo, y aunque la pobre no volaba mis dedos ni la rozaban.
Tenía el pico negro y la lengua dura de mujer, pero todavía conservaba los dientes como si no quisiera olvidar su pasado de pájaro joven.


Madeleine De Cubas dijo
Querido Peletero: Me gustan los hombres intrépidos que no se asustan con las alturas ni se marean con ellas. Sin embargo, por la descripción que haces de Marta, quien además de ser altísima era aficionada a los tacones, me luce que resultaba no sólo interminable sino "incómoda".
Me trajiste a la memoria una chica de mi época universitaria, que era tan alta, tan alta, que la llamaban "la oblea". No sé si sabes a lo que me refiero. Esa especie de waffle que se unta de arequipe y hay que doblarla para comerla. Besos.
2 Diciembre 2009 | 03:19 AM